En la cámara real, la reina jugaba al ajedrez con su esposo. Dinas se sentó junto a ella, en un escabel. Dos veces, fingiendo indicarle la jugada, puso la mano sobre el tablero para que Iseo viese el anillo. La reina lo reconoció y fingió estar hastiada del juego. Esperó a que el rey abandonase la sala y se retiró a sus habitaciones haciendo venir a Dinas.
miércoles, 25 de febrero de 2026
EL ESFORZADO CABALLERO DON TRISTÁN DE LEONÍS
lunes, 23 de febrero de 2026
TRISTÁN E ISOLDA
Esta nota se publicó originalmente el 2 de febrero de 2026 en el blog de Federico Marín Bellón Damas y reyes.
Señores, ¿os agradaría oír un hermoso cuento de amor y de muerte? Se trata de la historia de Tristán y de Iseo, la reina. Escuchad cómo, entre grandes alegrías y penas, se amaron y murieron el mismo día, él por ella y ella por él. El relato de sus amores se extendió por la verde Erín y la salvaje Escocia, se repitió en toda la isla de Miel, desde el muro de Adriano hasta la punta del Lagarto, halló sus ecos en los bordes del Sena, del Danubio y del Rhin, encantó a Inglaterra, Normandía, Francia, Italia, España, Alemania, Bohemia, Dinamarca y Noruega. Su memoria durará mientras exista el mundo.
Después de que Tristán e Iseo fueron dentro en la nao, el tiempo les hizo bueno e alzaron velas la vía de Cornualla. Y ellos yendo así, un día don Tristán e Iseo, jugando al axedrez, hacían gran fiesta. E no había entre ellos ningún pensamiento de amor carnal. Y ellos habían muy gran sed. E Tristán dijo a Gorvalán que les diese de beber.
Los sirvientes confunden las redomas y en vez de llevarles agua fresca les entregan el brebaje amoroso.
E luego que Tristán e Iseo hobieron bebido el brebaje, fueron así enamorados el uno del otro, que más no podía ser, e dexaron el juego del axedrez e subiéronse a una cama e comenzaron de hacer una tal obra que después en su vida no se les olvidó ni les salió del corazón por miedo de la muerte ni de otro peligro que acaescer pudiere. Por lo cual se vieron en grandes peligros y vergüenzas fasta la muerte.
E después que hobieron acabado su voluntad el uno del otro, tornaron a acabar el juego del axedrez que tenían comenzado.
Precisamente la miniatura siguiente, obra de Évrard d’Espinques de 1470, muestra el momento en que Tristán está ingiriendo el brebaje amoroso.
Vedla en aquella tienda, do juega al axedrez con Tristán.
domingo, 1 de febrero de 2026
LANZAROTE DEL LAGO. LA VULGATA
Se levantaba temprano y comía, pero ni jugaba al ajedrez, ni a las tablas, ni a ningún otro juego, a no ser de los de poca importancia.
Aprendió a jugar al ajedrez, a las tablas y a todos los juegos que veía con tanta facilidad que cuando llegó a la adolescencia no le faltaba nada que saber.
La prisión en aquel lugar era algo más soportable de lo que se puede imaginar, pues tenían bebida y comida según sus necesidades y cuanta querían, y tenían solaz en los prados y en las mesas, podían jugar al ajedrez y bailar y danzar durante todo el día con el entretenimiento de violas, de arpas y de otros instrumentos.
El escudero se marcha tan deprisa como puede y cabalga hasta llegar al castillo de Roevent, donde encuentra al tío de Quehedins sentado sobre una alfombra, jugando al ajedrez con una dama de extraordinaria belleza, que estaba sentada frente a él.
...que estaba lleno de doncellas, caballeros y criados que bailaban y cantaban unos mientras que los otros se entretenían en bohordar y jugando a las tablas y al ajedrez.
Mientras hablaban de este modo llegó a ellos un gran caballero, armado con armas pintadas como tablero de ajedrez.
—Os ruego, pues, si me amáis, que hagáis otro hechizo por el que podamos divertirnos; que sea hecho con tanta sutileza que todos los que lo vean lo tengan como gran maravilla.
Él le contestó que así lo haría, ya que ella se lo pedía.
Entonces construyó un ajedrez de oro y de plata, el más rico y el más hermoso que nunca se hizo ni se vio, y él mismo hizo el tablero con una piedra preciosa que valía más de mil libras. Cuando ya tuvo las piezas y el tablero, los llevó un día después de cenar ante la doncella y le dijo:
—Mirad este juego de ajedrez, doncella, nunca visteis otro igual.
—¿Por qué?
—Por Dios, os lo voy a mostrar.
Coloca entonces las piezas en su sitio, como si fuera a empezar a jugar y le dice a la doncella que tome las que quiera, pues iban a jugar.
—¿Contra quién voy a jugar? No será contra vos, que no sabéis nada en comparación conmigo.
—Jugad lo mejor que podáis, pues no conseguiréis hacerlo tan bien como para que no os dé mate en el ángulo.
Al oír estas palabras, adelanta un peón para ver qué pasaba; al instante se adelantó otro peón sin que nadie lo tocara. Al ver que las piezas mismas juegan contra ella sin ayuda de nadie, se esforzó en jugar con gran habilidad, para ver el final; sabía más del juego del ajedrez que ninguna mujer de aquel tiempo; pero no supo jugar tan bien como para no recibir mate en el ángulo. Cuando vio el juego, dijo que allí había una gran maestría y que había sido construido con gran saber; luego le preguntó si recibirían mate todos los que jugaran.
—No, pues vendrá un caballero agradable y discreto, amado sobre todos los demás y que sabrá tanto del ajedrez y de otros juegos que no encontrará a nadie que se le pueda comparar en el mundo en sutileza; por él recibirán mate estas piezas y todos los demás perderán, menos él; la virtud de este juego durará mientras él viva, pero cuando muera, dejarán de jugar las piezas por sí mismas.
—Ahora, ya que esta aventura ha terminado, tengo que ver la del ajedrez, pues de otra manera no podría irme de aquí sin recibir afrenta.
El anciano ordena que traigan inmediatamente el ajedrez, y así lo hacen; lo colocan encima de una manta forrada. Lanzarote contempla las piezas un buen rato, pues eran bellas, ricas y labradas con gran habilidad; coloca las de plata y luego hace lo mismo con las de oro. Después de poner las piezas, tal como debía ser, empieza moviendo el peón de delante de la reina, y los otros hacen lo mismo. Después de jugar con el peón, mueve otras piezas hasta que acosa al rey en el ángulo y le dice: «Mate con un peón».
Cuando los de dentro ven esto, lo tienen por admirable y le dicen a Lanzarote:
—Señor, el juego es vuestro, pues habéis ganado la partida. Y ya que no habéis sido vencido aquí, tened por seguro que nunca en vuestra vida recibiréis mate, ni seréis derrotado por las armas, igual que no lo habéis sido por estas piezas, pues había sido hechas simbolizándoos a vos y a vuestra valentía.
Luego toma las piezas y el tablero de ajedrez, que estaba en un forro de seda, se arrodilla ante la reina y le dice:
—Señora, mi señor Lanzarote os envía este ajedrez convencido de que no habéis visto nunca uno tan admirable, aunque tal vez hayáis visto semejante en riqueza.
Cuando la reina oye esto, se pone muy contenta y toma el ajedrez para verlo; el rey y todos los demás nobles se vuelven a sentar, pues deseaban ver lo extraordinario del juego. El caballero les dice que es hermoso y rico, y en ello coinciden todos, diciendo que nunca vieron otro semejante en belleza y riqueza. Luego, el caballero coloca las piezas tal como deben estar, y cuando ya están preparadas para jugar le dice al rey:
—Señor, escoged al que más sepa y haced que juegue. Os digo que no sabrá tanto como para que no reciba mate en el ángulo.
El rey responde que jugará él personalmente.
—No lo hagáis, señor —le contestan sus nobles—, pero dejad que sea mi señora la reina la que juegue, que sabe más que todos los que estamos aquí dentro.
El rey lo acepta. Hace que la reina se siente a jugar y ésta comienza lo mejor que sabe; pronto se sorprenden los presentes al ver que las piezas juegan ellas solas contra la reina: lo consideran encantamiento, y así era sin lugar a dudas. La reina se esfuerza en jugar bien y pone todo su entendimiento en ello, porque habían venido a ver el juego muchos hombres importantes; pero a pesar de todo, no supo lo suficiente como para no recibir mate al final. Comienza a reírse todo el mundo en el salón al ver que la reina ha perdido el juego, el rey se burla de ella y la reina le pregunta al caballero que lo había traído si Lanzarote había jugado con el ajedrez.
—Señora, sí.
—¿Y cómo le fue? ¿Fue burlado?
—Señora, no, sino que ganó el juego.
—¿Qué puedo decir de Lanzarote? —dice el rey. Ni en valor, ni en belleza, ni en ninguna virtud del caballero puede ser superado. Que Dios no me ayude, señora, si no os ha hecho un regalo muy hermoso enviándoos este ajedrez; agradecédselo cuando lo veáis, pues nunca ningún caballero hizo tan buen regalo a una reina.
(Lanzarote del Lago. El libro de Agravaín, capítulo CLIV)
A lo largo de todo este episodio se repite constantemente la expresión «mate en el ángulo». Se refiere a dar jaque mate en una de las esquinas del tablero. Esta forma de acabar la partida era muy apreciada en la época medieval y es citada de forma constante en multitud de romances y cantares de gesta.
...entra en el salón con la espada en la mano; allí se encuentra hasta veinte caballeros, que estaban contemplando a dos que estaban jugando al ajedrez.
El rey ordenó que le llevaran el juego de ajedrez, para que jugara cada uno de aquellos caballeros. La reina hizo que lo trajeran de inmediato y el rey Bandemagus se puso a jugar una partida pensando que nadie sabía más que él; fueron muchos los que se admiraron al ver las piezas que jugaban contra el rey. Durante mucho rato jugó el rey Bandemagus, pero finalmente recibió mate, de forma tan mala que todos los que estaban presentes se burlaron de él. Después jugó el emperador y el rey de Norgales y fueron objeto de más burla que el rey Bandemagus. A continuación, rogaron a mi señor Galván que jugara, y recibió mate de forma peor que todos los anteriores. Entonces, éste le dijo a la reina:
—Señora, jugad, pues vos sabéis bien.
Esta contesta que no jugará, pero le rogaron tanto que se sentó ante el tablero; jugó de tal forma que todos dijeron que llevaba la mejor parte, y a pesar de todo recibió mate. A continuación, la reina le dijo a Lanzarote:
—Señor, yo he recibido mate, vengadme.
—Señora, con mucho gusto, pues así lo deseáis.
—Señor —le dice el rey—, por Dios no juguéis, pues sólo serviría para que os enfadarais.
—Señor —contesta Lanzarote—, no me enfadaré, por Dios, si recibo mate, y tampoco seré el primero en recibirlo y por eso no me importa ser matado.
Coloca las piezas delante de él y juega tan hábilmente que todos los que los ven se sorprenden; lleva el juego de tal forma con fuerza e ingenio que hace que las piezas reciban mate y gana la partida gracias a su habilidad.
Se santiguan todos lo que están presentes por lo sorprendidos que se quedan, pues no pensaban que nadie pudiera saber tanto.
Mandó que trajeran el ajedrez que Lanzarote había llevado a la corte y jugaron para aburrirse menos; pero todos los que lo hicieron recibieron mate. Cuando el rey vio esto dijo:
—¡Ay, Dios, por qué no estará aquí Lanzarote! Si estuviera podríamos ver una de sus maestrías.
lunes, 18 de agosto de 2025
EL LIBRO DE LA DUQUESA, DE GEOFFREY CHAUCER
Geoffrey Chaucer es un autor de lo que el historiador Huizinga bautizó como «el otoño de la Edad Media», los últimos años medievales, en los que las nuevas tendencias que desembocarán en el Renacimiento conviven con la herencia medieval.
Chaucer —funcionario real, diplomático, acaso espía, viajó frecuentemente por Francia, los estados italianos y los reinos peninsulares, lo que le granjeó un buen conocimiento de otras literaturas— está considerado como el escritor que dio rango literario al idioma inglés.
Desenfadado y con un punto de ironía y humor es conocido fundamentalmente por Los cuentos de Canterbury, de los que Pier Paolo Pasolini realizó una versión cinematográfica en 1972.
El libro de la duquesa es el primer poema de importancia escrito por Chaucer. Es un poema elegiaco dedicado a conmemorar la muerte de Blanca de Lancaster (1345-1369), encargado probablemente por su viudo, Juan de Gante (1349-1399). Su redacción se fecha entre 1369, fecha del fallecimiento de la duquesa, y 1371, cuando Juan contrae nuevas nupcias.
En la introducción a la edición publicada por Siruela, Jesús Serrano Reyes lo incluye en el género de las visiones del sueño, que se caracterizaría por las experiencias oníricas del narrador, quien durante el sueño experimenta ciertas situaciones que le proporcionan algún tipo de aprendizaje.
El libro de la duquesa comienza con un insomne narrador...
Hace poco, la otra noche, cuando me di cuenta de que no podía dormir, me senté sobre mi cama y mandé a alguien que me trajera un libro, la Metamorfosis de Ovidio; y me lo trajo para leer y pasar la noche. Me pareció que era mejor que jugar al ajedrez o al backgamon.
En dicho libro lee la historia de Ceix y Alcione en la que los dioses del sueño tiene un papel importante e invoca a Morfeo pidiéndole que le haga dormir, lo que le es concedido.
En el sueño aparece en un bosque maravilloso donde un caballero vestido de negro se lamenta de la pérdida de su dama. La forma en que explica su pesar es comparando lo acontecido con una partida de ajedrez.
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| La fortuna y el caballero juegan al ajedrez, por María José Acosta |
¡Maldito el día que la falsa Fortuna jugó al ajedrez conmigo! La falsa traicionera y astuta que lo promete todo y no cumple nada.
(...)
«¿Qué ha hecho?», os preguntaréis. Por nuestro Señor, os lo contaré. Empezó a jugar conmigo al ajedrez. Con sus movimientos falsos y hostiles me robó y se llevó a mi reina [1]. Cuando vi a mi reina ausente, ¡ay!, no pude jugar durante más tiempo y dije: «¡Adiós cariño!; y, seguramente, ¡adiós para siempre». Con un peón adelantado en medio del tablero [2] la Fortuna gritó entonces: «¡Jaque a la reina y mate!». Ella era una jugadora más habilidosa que Átalo [3] (ése era su nombre), que fue el inventor de este juego. ¡Dios hubiera querido que yo hubiera sabido lo mismo o el doble de lo que sabía Pitágoras [4]. Habría jugado mejor y habría protegido mejor a mi reina. Aunque ¿para qué? Creo, de verdad, que no hubiera merecido la pena. No me hubiera ido mejor, pues la Fortuna sabe todos los trucos que hay y pocos conocen sus engaños.
El caballero sigue lamentándose y expresa su deseo de morir. A lo que el narrador, que ha tomado literalmente las palabras del caballero, responde:
—Recordad a Sócrates, a quien le importaba tres pimientos lo que la Fortuna pudiera hacer.
—No —replicó él, no puedo hacer eso.
—¿Por qué?, buen señor —le pregunté—. Sí, ¡por Dios! De verdad, no digáis eso. Aunque hubierais perdido la doce piezas [5] y de dolor os suicidarais, seríais condenado en este caso.
El caballero sigue contando su historia, glosando cómo conoció a la dama, las gracias y virtudes que la adornaban, lo felices que fueron juntos y la desolación en que vivía después de su pérdida.
Al final el narrador descubre que el juego de ajedrez era una metáfora de lo ocurrido a los protagonistas y que la amada dama estaba reamente muerta.
Vamos a hacer unos breves comentarios sobre los aspectos ajedrecísticos mencionados en el texto. Muchos de estos aspectos fueron estudiados por Larry Dean Benson en su monumental The Riverside Chaucer (Houghton Mifflin Company. Boston, 1867)
1 - El término empleado por Chaucer es fers, lo que en castellano se conocía como alferza. Durante la Edad Media y a lo largo de toda Europa es una pieza femenina que terminará convirtiéndose en la dama moderna.
2 - Murray nos recuerda que en los primeros siglos del ajedrez medieval dar mate en el centro del tablero era muy estimado. El peón adelantado es en original poun errant (peón viajero). Era común que los repertorios de problemas medievales llamaran así al peón que da mate.
3 - Átalo es Átalo III Philometor Euergetes (170-173 a. C.), último rey de Pérgamo, reino que legó, a su muerte, al Imperio Romano. La atribución de la invención del ajedrez a este personaje se halla en el poema medieval Roman de la Rose, compuesto por Guillaume de Lorris y Jean de Meun entre 1225 y 1240. Es probable que dicha atribución se deba a que Átalo no estuvo muy interesado en las labores de gobierno y prefirió dedicarse al estudio. Según Murray, Juan de Salisbury en su Policratus, citando a antiguos historiadores paganos, considera que Átalo investigó sobre juegos matemáticos.
4 - También según Juan de Salisbury, Pitágoras intentó facilitar el acceso a los problemas filosóficos mediante juegos de carácter matemático.
5 - En el original dice «aunque hayas perdido las 12 ferses (damas)». Naturalmente, no hay doce damas en un juego de ajedrez para un solo bando, ni aún coronando todos los peones. Por lo tanto se han aventurado las siguientes soluciones:
a) Se ha sugerido que están jugando a las damas, que efectivamente tienen doce piezas (en el caso de jugarse en un tablero de 8x8). Pero las piezas de las damas se llaman peones. También puede ser un error del narrador, que confundiera los juegos en medio de la narración.
b) También se ha especulado que se refiriese, por metonimia, a que fueran doce las partidas perdidas por el caballero.
c) Y por último, se ha pensado que la partida se desarrollaba en un tablero de 12x8, como en el conocido como Courier Chess, que estuvo muy de moda en Alemania en la época medieval.
martes, 7 de mayo de 2024
URRACA I DE LEÓN
Urraca es una novela de Lourdes Ortiz (1943) publicada en 1982.
Urraca es Urraca I de León (1081-1126). Urraca la Temeraria. La primera mujer en Europa que ocupó un trono de pleno derecho sin compañía de varón.
La novela adopta la forma de una crónica narrada por la propia reina. Mientras está presa, en manos de su hijo y del obispo Gelmírez, Urraca decide tomar posesión de su voz, ser su propia cronista. Y empieza contando su historia, la de su padre, Alfonso VI, llamado «el Bravo» y la de su madre, Costanza de Borgoña. Urraca cree que aunando la fortaleza de su padre, que no dudó en tomar el poder, aun a costa de litigar y matar a sus propios hermanos, con la astucia diplomática de su madre podrá alcanzar la corona.
Hay pues una dura reflexión sobre el poder, sobre lo que significa el poder, sobre los sacrificios y ofensas que hay que padecer y cometer para alcanzarlo y mantenerlo. Esta lucha por el poder está caracterizada desde el principio como un juego. Y en la época medieval, ese juego no puede ser otro que el ajedrez. El juego que simboliza como ningún otro la sociedad estamental.
«El reino es como un tablero», repetía mi padre y pasaba tardes enteras desplazando las piezas, avanzando, acorralando el enemigo.
Urraca escribe desde la pérdida del reino, pero en sus reflexiones no hay otro lamento que el no haber comprendido bien la situación, como un jugador de ajedrez. No se esconde, no apela a la mala suerte ni a la voluntad divina ni a la traición de sus amigos. Solo:
Yo he fallado; bajé la guardia; perdí un peón o una torre, cuando la partida aún estaba sin decidir y, en este jaque mate final, constato que no supe aprovechar del todo las enseñanzas de mi padre.
Este es un juego preciso en el que nadie puede distraerse, porque si pierdes el caballo estás debilitando al rey. Yo, Urraca, la hija de Alfonso, en un momento que se me escapa, perdí la partida.
Y la solución pasa por esperar la oportunidad, recolocar las piezas, volver a empezar:
Había que reforzar la autoridad, demasiado quebrantada, devolver cada pieza del juego a su posición de origen.
Las intrigas cortesanas, las guerras contra los almorávides, el matrimonio impuesto, el enfrentamiento con su hijo siguen interpretándose como un juego de estrategia, pero al mismo tiempo el discurso se complica. Urraca comienza a reflexionar sobre el hecho mismo de narrar, sobre lo difícil que es contar algo, lo difícil que es reducir una vida a unas pocas líneas de texto.
Y en paralelo, piensa en lo manipulables que son los discursos, lo que elegimos para contar y lo que elegimos para callar, la luz que le damos a unos acontecimientos y la sombra que proyectamos sobre otros.
—Si supieras jugar al ajedrez…
...le dice al hermano Roberto, el monje que la acompaña y que es confidente y testigo de sus palabras. Como si al no saber jugar no pudiera entender del todo las sutilezas, las estrategias, la profundidad de la intriga política, de la lucha por el poder.
Para enseñarle a jugar le propone que fabrique un juego de ajedrez:
Lo sugerí hace una semana y desde entonces el hermano Roberto talla las piezas en delgadas ramas de álamo. Prometí enseñarle y él concluye un caballo al que ha puesto nombre, Lucero, y me describe cómo será la reina, imagen en madera de esa que a su lado se adormece y se deja llevar por la melancolía. Hablamos del reino, y yo, como mi padre, intento compararlo con un tablero, donde el monarca hábil debe mover las piezas. Roberto me habla entonces del ángel de la muerte.
También el rey, le digo, encarna al ángel. Yo, tu reina, dispuse de la vida de mis súbditos, y ellos, peones sin nombre de mi tablero, cayeron en batallas que yo decidía. Yo fui señora de la muerte, porque puedo moverme de un lado para otro y puedo en un momento determinado dar jaque al rey.
A modo de enseñanza, Urraca cuenta una anécdota legendaria que nosotros contamos hace unos años en una entrada dedicada al rey abadí de la taifa de Sevilla al-Mutamid y que puede leerse aquí.
Lourdes Ortiz lo cuenta así:
—¿Sabes? —le digo—, mi padre se prendó cierto día de un ajedrez extraordinario, cuyas piezas estaban talladas en sándalo, áloe y ébano. Hubiera dado su reino porque aquel ajedrez fuera suyo. No dio el reino, pero perdió una batalla, sin plantear combate.
El monje se entristece y mira sus toscas piezas, pidiéndome disculpas.
—Cuando las dé color… —dice, y sonríe al pensar en el dorado y en el azul, en el manto rojo que cubrirá a la reina.
—Un ajedrez de áloe, sándalo y ébano —y el monje se cuelga del sonido de las palabras y yo presiento la codicia y la decepción de mi padre. Él, que no se resignaba a perder, que no admitía un solo fracaso, tuvo que retirar sus tropas; no consiguió el ajedrez y tuvo que aceptar que Aben Ammar saboreara el doble triunfo.
—¿Y aquella partida?
Claro. Es mejor que vuelva a las jugadas de mi padre, a sus cabezonadas de niño; el juego del ajedrez no hace ningún daño, y un rey debe saber perder, aunque se vea obligado a retirar sus ejércitos.
—Mi padre presionaba en las tierras de al-Mutamid y del rey de Sevilla. Aben Ammar dirigía entonces las huestes de su señor; sabia que mi padre amaba el juego y conocía sus debilidades de coleccionista e hizo llegar hasta sus oídos el rumor de que poseía el más hermoso ajedrez que jamás fuera tallado y que estaba dispuesto a jugárselo. Mi padre aceptó el desafío.
Mi padre se dejó tentar; era el ajedrez a cambio de un deseo que Aben Ammar no formularía hasta el final de la partida. Cuando ganó, el moro puso condiciones: las tropas cristianas tendrían que alejarse de la frontera.
La parte final de la novela es una reflexión metaliteraria sobre el discurso, la palabra y la escritura. La narración termina en el momento en que su hijo decide reclamarla a la corte, poniendo fin a su cautiverio...
Y todo lo demás son vaivenes de una misma historia de encuentros y desencuentros; episodios de una larga partida de ajedrez.
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| Pieza de ajedrez medieval de procedencia española. Siglo XII. Museo Walters de Baltimore |
URRACA
PUNTUAL EDICIONES. MADRID, 1982
martes, 5 de septiembre de 2023
GUILLERMO DE TIRO
Miniatura de la Historia rerum in partibus transmarinis gestarum (Historia de los acontecimientos acaecidos en tierras de ultramar), también conocida como Historia Hierosolymitana (Historia de Jerusalén), escrita por Guillermo (1130 aprox. - 1185), arzobispo de Tiro, en veintitrés libros.
La Historia rerum... cubre la primera Cruzada, la formación del reino de Jerusalén y la evolución posterior de este reino. Cronológicamente abarca desde 1169 hasta 1184. Es, por lo tanto contemporánea a los hechos relatados.
La miniatura ilustra un momento del sitio de Shaizar (1138), en la actual Siria, por las fuerzas combinadas del emperador bizantino, Juan II Comneno, Joscelino II de Courtenay, conde de Edesa, y Raimundo I de Poitiers, príncipe de Antioquía. El recelo tradicional de los reinos latinos de Oriente hacia Constantinopla hizo que Joscelino y Raimundo se mostraran renuentes a entrar en batalla, dejando a Juan el peso de las hostilidades.
El ilustrador medieval enfatizó este hecho dividiendo la miniatura en dos partes bien diferenciadas. A la derecha, Juan se afana en la guerra ante los muros de Shaizar; a la izquierda, Joscelino y Raimundo se solazan con sus cortes jugando al ajedrez. Al parecer, la mención al ajedrez es una interpolación del traductor medieval francés, ya que el original latino habla de dados.
lunes, 2 de enero de 2023
JERJES, FILÓSOFO, INVENTOR DEL AJEDREZ
A la manera medieval, el libro considera que los acontecimientos históricos se dividen en seis edades (el libro añade una séptima, todavía por conocer e indicada por unas cuantas páginas en blanco, que iría desde la publicación del libro hasta el día del Juicio Final) que siguen la narración bíblica de la historia. La cuarta edad del mundo discurre entre la muerte del rey David y el Cautiverio de Babilonia.
Es en esta cuarta parte donde aparece la pequeña xilografía que representa al filósofo Jerjes delante de un tablero de ajedrez que mostramos sobre estas líneas. En el texto latino que acompaña a la ilustración se cuenta que «el juego del ajedrez fue inventado por el filósofo Jerjes para corregir al tirano Evilmerodac».
La atribución de la invención del ajedrez a Jerjes viene de la obra de Jacobo de Cessolis El juego del ajedrez o dechado de fortuna. En esta obra, escrita en el siglo XIV, el fraile dominico que la compuso dice que Jerjes inventó el juego del ajedrez teniendo en cuenta tres aspectos. El primero, como ya se ha dicho, corregir la conducta del rey Evilmerodac, tenido por injusto, lascivo y cruel. El segundo, apartar a los hombres de la ociosidad y la melancolía. Y el tercero, satisfacer la necesidad de novedades y el ansia de conocimientos de la humanidad.
¡Gloria al filósofo Jerjes que nos defiende de los tiranos, nos consuela de nuestros pesares y angustias ahuyentando la melancolía y nos causa deleite y placer!
lunes, 18 de abril de 2022
LOS MISTERIOS DOLOROSOS DEL HERMANO ATHELSTAN
Iba para cura, pero reculó a medio camino para terminar doctorándose en Historia, especializándose en la Baja Edad Media inglesa, en especial en la Guerra de los Cien Años.
En su producción literaria destacan series de intriga históricas, fundamentalmente ambientadas en el medioevo, aunque también en la época de Alejandro Magno o en el antiguo Egipto (y aún en otras épocas y culturas).
Posiblemente su serie más famosa sea la titulada The Sorrowful Mysteries of Brother Athelstan (Los misterios dolorosos del hermano Athelstan), conocida en España como la serie de fray Athelstan.
Ambientada en el siglo XIV, durante el reinado de Ricardo II de Inglaterra y la regencia de Juan de Gante, la serie está compuesta, de momento, por veintiuna novelas de intriga que se desarrollan fundamentalmente en Londres. Está protagonizada por sir John Cranston, coroner de Londres (en las dos novelas que he leído coroner se ha traducido por «forense», aunque la labor desarrollada es más la de un juez instructor) y el fraile dominico Athelstan.
Athelstan, de buena familia y educación y con una prometedora carrera por delante, rompió sus votos para ir a la guerra. Arrepentido, volvió al redil. Pero recibió como castigo encargarse de una iglesia marginal en un barrio muy pobre de Londres y ser escribano de sir John. La serie juega con el contraste entre el sanguíneo y bebedor Cranston y el flemático y ascético Athelstan. Sir John pone el atrevimiento y la fuerza, el fraile la inteligencia.
El brillante fray Athelstan, con su educación en Oxford, tiene que purgar sus pecados entre prostitutas, delincuentes y pícaros. Por la noche mira las estrellas, lee libros de astronomía y una de sus aficiones es el ajedrez.
Además, al menos en dos de sus novelas (que son casualmente las dos que he leído, no sé si será una constante en toda la serie) el ajedrez está presente en las tramas.
En La galería del ruiseñor un lujoso juego de ajedrez, botín de guerra de una Cruzada, tiene una parte destacada y malévola en la trama. En La charada del asesino, se reflexiona sobre el tópico del poder igualador de la muerte, simbolizada por el juego del ajedrez, donde al final de la partida todos terminan en el mismo lugar: la sepultura.
Tratándose de un historiador, no sorprenderá que para mí lo mejor de las novelas sea la vívida descripción de la vida cotidiana de Londres, con sus olores (casi ninguno bueno), sus monumentos, sus ruidos y las gentes que la pueblan.
El pop-up de María José Acosta nos presenta a fray Athelstan en su iglesia, acompañado de su gato Buenaventura y rodeado de sus aficiones: la astronomía y el ajedrez.
miércoles, 26 de enero de 2022
ARAGON vs AL ANDALUS
miércoles, 24 de noviembre de 2021
¡TIRA LOS DADOS!
lunes, 25 de enero de 2021
JAQUE AL DESTINO
domingo, 17 de mayo de 2020
GUILLERMO DE INGLATERRA
Subió a bordo entonces la dama, que no cesaba de mirar al rey. Nada más verle, le dio un vuelco el corazón, porque pensó que ya le había visto en otra parte. El rey manda disponer ante ella lo más precioso: telas dignas de una emperatriz, bordados de orifrés, tableros de ajedrez en plata con trebejos de oro.
GUILLERMO DE INGLATERRA
ALIANZA EDITORIAL.MADRID, 1997
TRDUCCIÓN DE MARIE-JOSÉ LEMARCHAND




















