Bajo este título, tomado de la revista que Javier Carpintero editó a mediados de la década de los 90, pretendo comentar las relaciones que el ajedrez ha mantenido y mantiene con la literatura y las artes plásticas.
Esta nota se publicó originalmente el 2 de febrero de 2026 en el blog de Federico Marín Bellón Damas y reyes.
Señores, ¿os agradaría oír un hermoso cuento de amor y de muerte? Se trata de la historia de Tristán y de Iseo, la reina. Escuchad cómo, entre grandes alegrías y penas, se amaron y murieron el mismo día, él por ella y ella por él. El relato de sus amores se extendió por la verde Erín y la salvaje Escocia, se repitió en toda la isla de Miel, desde el muro de Adriano hasta la punta del Lagarto, halló sus ecos en los bordes del Sena, del Danubio y del Rhin, encantó a Inglaterra, Normandía, Francia, Italia, España, Alemania, Bohemia, Dinamarca y Noruega. Su memoria durará mientras exista el mundo.
Así comienza la versión de Tristán e Iseo(Isolda) editada por Alicia Yllera para Alianza Editorial en 1984. Originada en la Edad Media, los amores ilícitos del joven caballero Tristán y la princesa Iseo se han convertido en una de las historias de amor por antonomasia de la cultura occidental.
Su huella en la literatura y el arte ha sido enorme y duradera. Óperas, películas, series de televisión se han inspirado en la pareja irreprimiblemente atraída el uno por el otro, pese a todos los condicionamientos sociales.
Nuestra tesis es que el hecho de que Tristán e Iseo se enamoraran mientras jugaban al ajedrez es el motivo de la gran cantidad pinturas y grabados que muestran el proceso de galanteo, noviazgo y matrimonio de una pareja. Por eso hemos llamado repetidamente en las páginas de ARTEDREZ al ajedrez el juego del amor.
El ajedrez permite la intimidad antes de que exista el amor. Es, podríamos decir, la antesala del deseo. Con Tristán e Iseo se inaugura una tradición simbólica e iconográfica en la que el tablero se volverá el escenario donde el amor se muestre sin decirse, funcionará como una metáfora del vínculo en ciernes y acompañará a los amantes desde el primario deseo carnal hasta el equilibrio conyugal. Bajo la etiqueta AMANTES hemos publicado unos cuantos ejemplos de lo que decimos. Quedan muchos más.
Veamos qué dice una versión en castellano de la leyenda:
Después de que Tristán e Iseo fueron dentro en la nao, el tiempo les hizo bueno e alzaron velas la vía de Cornualla. Y ellos yendo así, un día don Tristán e Iseo, jugando al axedrez, hacían gran fiesta. E no había entre ellos ningún pensamiento de amor carnal. Y ellos habían muy gran sed. E Tristán dijo a Gorvalán que les diese de beber.
Los sirvientes confunden las redomas y en vez de llevarles agua fresca les entregan el brebaje amoroso.
E luego que Tristán e Iseo hobieron bebido el brebaje, fueron así enamorados el uno del otro, que más no podía ser, e dexaron el juego del axedrez e subiéronse a una cama e comenzaron de hacer una tal obra que después en su vida no se les olvidó ni les salió del corazón por miedo de la muerte ni de otro peligro que acaescer pudiere. Por lo cual se vieron en grandes peligros y vergüenzas fasta la muerte.
E después que hobieron acabado su voluntad el uno del otro, tornaron a acabar el juego del axedrez que tenían comenzado.
Precisamente la miniatura siguiente, obra de Évrard d’Espinques de 1470, muestra el momento en que Tristán está ingiriendo el brebaje amoroso.
Debieron de cogerle gusto tanto a la «obra» como al ajedrez porque más adelante en el libro, estando ya Iseo casada con el rey Mares, unos visitantes preguntaron por la reina y el rey les contestó:
Vedla en aquella tienda, do juega al axedrez con Tristán.
FICHA TÉCNICA
LIBRO DEL ESFORZADO CABALLERO DON TRISTÁN DE LEONÍS Y DE SUS GRANDES HECHOS DE ARMAS
ESPASA CALPE. BUENOS AIRES, 1943
EDICIÓN, PRÓLOGO Y GLOSARIO DE IGNACIO B. ANZOÁTEGI
Seis retratos en forma de tarjeta de visita, el formato en el que el fotógrafo francés André Adolphe Eugène Disdéri (1819-1889) presentaba sus fotografías, en los que aparece una pareja jugando al ajedrez.
Las imágenes están fechadas en Verriers, un lugar que no hemos logrado identificar con precisión, entre el 7 de enero y el 30 de marzo de 1903, y vienen firmadas por una tal Emma Urlich (aunque el apellido no es seguro). Ignoramos si Emma es la fotógrafa, la protagonista de la escena, la remitente de las tarjetas o su destinataria.
La invención de Disdéri —una cámara dotada de entre seis y doce objetivos que permitía impresionar el mismo número de imágenes sobre una única placa— tuvo tal éxito que lo convirtió en el fotógrafo más importante del mundo. Su invento contribuyó de forma decisiva a la popularización de la fotografía.
Además, las tarjetas de visita permitían contar historias. El tema representado en las fotografías que presentamos hoy, el proceso de seducción y noviazgo, contaba ya una amplia tradición pictórica y literaria, que hunde sus raíces en las leyendas medievales recogidas en lo que se conoce como la materia de Bretaña, el ciclo que narra las andanzas de los caballeros del rey Arturo en busca del grial.
Nuestra hipótesis es que la partida de ajedrez representa una metáfora del proceso de galanteo, noviazgo y matrimonio de una pareja. Un gran número de representaciones gráficas del siglo XIX y anteriores, muestran alguno de los tres estados.
El tema, como vemos, seguía plenamente vigente a comienzos del siglo XX. La obra que mostramos hoy representaría el primer estadio: el galanteo y su resolución en noviazgo. Para interpretar correctamente la escena, creemos necesario leer la tira superior de izquierda a derecha: en la primera tarjeta la pareja juega una partida de ajedrez; en la segunda, el hombre comienza su galanteo; y en la tercera, ya besa la mano de su amada, derribando las piezas del tablero.
Sin embargo, para que la secuencia tenga pleno sentido narrativo, la tira inferior debe leerse de derecha a izquierda: en la primera tarjeta el galán se arrodilla para recoger las piezas caídas, pero es detenido por la mujer que le pide que se alce; en la segunda, se abrazan amorosamente; en la tercera, el galán ya se ha sentado al lado de la amada. Ya no están en bandos opuestos, la batalla amorosa ha terminado.
La reconstrucción que proponemos no encaja por completo con las fechas escritas en las tarjetas, que son las siguientes, leídas todas de izquierda a derecha:
tarjeta 1 - 7 de enero de 1903
tarjeta 2 - 18 de enero de 1903
tarjeta 3 - 5 de febrero de 1903
tarjeta 4 - 19 de marzo de 1903
tarjeta 5 - 30 de marzo de 1903
tarjeta 6 - 19 de febrero de 1903
Por lo tanto, es muy probable que existan otras posibles reconstrucciones, pero la que ofrecemos es la que nos parece que posee mayor coherencia narrativa.
Leídas de este modo, las tarjetas no solo documentan una escena doméstica, sino que actualizan una metáfora de larga tradición visual: el ajedrez como espacio simbólico del cortejo. Más allá de las incertidumbres cronológicas, la secuencia revela cómo, incluso en la fotografía seriada de comienzos del siglo XX, el amor sigue representándose como una partida que solo termina cuando los dos jugadores ocupan el mismo lado del tablero.
Tarjeta postal francesa, probablemente de las primeras décadas del siglo XX. Toca un tema muy querido para este blog: que el ajedrez es el juego del amor.
El texto es un diálogo galante que parodia el lenguaje ajedrecístico. Lo transcribimos de forma aproximada.
LOS JUEGOS DEL AMOR. EL AJEDREZ
—¡Jaque a la reina!
—Aún puedo cubrirme con la torre.
—Pero la derribaré con mi audaz caballo. Está perdida. ¡Jaque mate!
—Aún me queda un peón.
—Sí, pero está perdido, ya que la reina se ha rendido.
En 1961, el sello RCA Victor lanzó el LP Rosie Solves the Swingin' Riddle!, interpretado por Rosemary Clooney (1928-2002), con dirección y arreglos de Nelson Riddle (1921-1985).
El título juega con el apellido del arreglista, compositor y, a la sazón, amante de la vocalista que significa juego o enigma. La parte de atrás de la cubierta muestra un dibujo en el que Rosemary lee las partituras (problemas) de Riddle en un álbum ajedrezado, mientras él observa la escena.
Una cubierta alternativa también insiste en el tema ajedrecístico.
The Thomas Crown Affair (El caso Thomas Crown en España)es una película policial de 1968 dirigida por Norman Jewison (1926-2024). Se encuadra dentro del subgénero de películas de robos y fue protagonizada por Steve McQueen y Faye Dunaway en sus principales papeles. El filme explota sin ambages el atractivo sensual de la pareja protagonista.
Un excéntrico millonario llamado Thomas Crown (Steve McQueen; Manuel Cano en el doblaje español), amante del lujo y de los deportes exclusivos, y aburrido por eso mismo de la vida (o poseído por el ennui, si preferimos decirlo a lo fino), planifica un robo con pretensiones de perfecto. Crown no se mancha las manos: los perpetradores no se conocen entre ellos ni han visto ni oído al instigador; por lo tanto, aunque fueran localizados, serían incapaces de ofrecer una pista ni siquiera una sospecha sobre su identidad.
Sin embargo, Crown encuentra en la investigadora de la compañía de seguros encargada del caso una rival a su altura. Vicky Anderson (Faye Dunaway; Elsa Fábregas en la versión doblada) infiere quién puede ser el culpable al revisar una lista de clientes del banco atracado. Y se dispone a desenmascararlo.
Empieza un juego que es a medias el juego del gato y el ratón —sin que quede claro quién es el felino y quién el roedor— y a medias un juego de seducción. Investigadora e investigado se gustan, se respetan, intentan atraer al otro a su bando y, entre juego y juego, la película empieza a derrochar glamur y sensualidad por los cuatro costados.
Faye luce hasta treinta y un conjuntos diferentes (las jóvenes los llaman outfits) a cual más sofisticado y seductor, conduce un Ferrari 250 GT —un personaje de la película se refiere al coche como «una de esas cosas italianas rojas»— y se deja llevar por el ritmo de vida desenfrenado de Steve, quien a su vez, conduce un Rolls Royce —o un buggy 4X4 cuando va a la playa—, o exhibe en su muñeca un Cartier Tank Cintrée (29.000 €) o saca del bolsillo un Patek Philippe de oro (46.660 €) cada vez que quiere saber la hora. Por supuesto, vive en una mansión con mayordomo y, la primera vez que la cámara se acerca a su biblioteca, vemos un juego de ajedrez británico de inspiración india, probablemente de marfil o hueso, bellamente tallado, con un tablero antiguo que muestra el paso del tiempo en las irregularidades de su superficie. Toda una antigüedad.
Cuando Vicky repara en el tablero, Thomas le pregunta que si juega. La respuesta de ella es toda una invitación: «pruébeme».
Steve —¿Juega?
Vicky —Pruébeme
En ese juego de ajedrez se va a disputar la escena ajedrecística más tórrida —y quizá con mejor tempo— que se haya filmado jamás.
A los acordes de una apertura española, variante Jänish-Schliemann, Vicky Anderson despliega todo su poder de seducción. El cruce de miradas, los gestos insinuantes, el deseo contenido puntean la partida de ajedrez que dura nada más y nada menos que siete minutos. ¡Siete minutos de ajedrez en pantalla! ¡Sin duda un récord!
El duelo intelectual que el ajedrez plantea se resuelve en una escena de sexo. Pero esto no disminuye la tensión entre ellos. Se convierten en amantes, pero cada uno seguirá intentando atrapar al otro.
A continuación, para su deleite, lector, la secuencia completa:
Consciente de la importancia de la escena ajedrecística como punto central de la trama que, como el resto de la película mantiene la ambigüedad sobre quién es el cazador y quién la presa, Jewison preparó concienzudamente la escena. En una entrevista recordó que el guion de Alan R. Trustman, un antiguo empleado de banca que fantaseaba con desvalijar el banco en el que trabajaba, describía la escena como «ajedrez con sexo», así que rodó «ajedrez con sexo» durante un total de ocho horas repartidas en tres días. El director de fotografía utilizó una cámara de mano y se montó en una tabla de skate que empujaban sus ayudantes. El montaje acentuó el ritmo lento de la grabación, que fue realizada con planos muy cortos. El resultado ya lo han visto ustedes.
En el material promocional anejo al DVD publicado por Metro-Goldwyn-Mayer en España, se cuenta que se contrató a un experto en ajedrez como consejero técnico. En el folleto se menciona a Alfred Sheinwold, aunque este fue un experto en bridge sin relación alguna, por lo que he podido averiguar, con el ajedrez.
Sea como fuere, se buscó una partida para que Faye Dunaway y Steve McQueen la siguieran durante la escena; una partida en la que la dama negra, trasunto del personaje de Vicky Anderson, ejerciese un papel decisivo, tal y como se insinuaba en ese momento de la acción. La elección recayó en una partida disputada en Viena el 25 de marzo de 1899 entre dos jugadores aficionados: el coronel Hippolyt Walter von Walthoffen (1830-1912) y el doctor Gustav Zeissl.
Y, efectivamente, será la dama negra la que dé el jaque definitivo en una combinación que pudo ser defendida mejor por las blancas. Cuando Vicky da el jaque que precede al mate, Thomas se levanta y propone otro juego. El cambio de actividad viene sellado por un prolongado beso.
The Thomas Crown Affair fue una película de alto presupuesto que aprovechó las últimas novedades de la industria. Aunque la técnica de ofrecer varias imágenes simultáneas en la pantalla es casi tan antigua como el cine, a mediados de los sesenta la técnica se desarrolló enormemente. Jewison hizo un uso frecuente de ella para ofrecer distintas acciones a la vez.
La excomponente del grupo musical británico Spice Girls Geri Halliwell jugando al ajedrez contra su marido Christian Horner durante su luna de miel en el sur de Francia en 2015.
Un anciano con vocación de voyeur espía desde la ventana de su casa la vida de una joven pareja en el relato Alusión al tiempo, publicado dentro del volumen Alguien te observa en secreto (Anagrama. Barcelona, 1985). En una de sus observaciones anota:
...la implacable regularidad que durante estos días ha regido los actos de la pareja: paseo matinal, fotos al mediodía, a las tres la comida, leer o conversar por la tarde, hacer el amor a las ocho y por la noche jugar a las cartas o al ajedrez, tocar la guitarra marcando el ritmo con un pie.
No es la primera vez que vemos a una pareja de amantes jugando al ajedrez. El juego del amor lo hemos llamado en alguna ocasión.
Lee van Cleef fue el malo por antonomasia del cine negro y del western de los años cincuenta y sesenta. En Solo ante el peligro, El hombre que mató a Liberty Valance, Kansas City Confidential, Duelo en OK corral y otro puñado de películas se pudo ver su mirada aviesa y sus modales de matón, siempre en pequeños papeles. Fue precisamente haciendo de «El malo», en el spaguetti western de Sergio Leone El bueno, el feo y el malo, como consiguió alcanzar el estatus de estrella de la pantalla. A partir de ahí pasó a hacer protagonistas. Tanto se identificó con los papeles de villano que su epitafio reza: «El mejor de los malos».
En la foto, Lee van Cleef (1925-1989) juega al ajedrez contra su esposa Barbara Havelone (1950) en su casa de Oxnard, California, a finales de los años 80 del siglo XX. El actor fue muy aficionado a la pintura y el cuadro que cuelga encima de la pareja es un autorretrato de Lee van Cleef con el sombrero que llevaba en su película más conocida.
Knut Ekwall (1843-1912) fue un pintor sueco especializado en retrato y pintura de género con una preferencia destacada por el mundo de la infancia y el universo femenino. Obtuvo un notable éxito en vida y sus obras fueron muy apreciadas en el mercado norteamericano, donde también se vendieron muchísimas fotografías de sus obras, lo que contribuyó notablemente a aumentar sus ingresos.
En 1880, pintó La proposición, un tema muy conocido en la pintura de género. El hombre declara su amor por su prometida durante una partida de ajedrez. Un interior suntuario, con objetos de lujo: obras de arte, porcelana, ricas telas, plumas de pavo real, trebejos de calidad. Todos los detalles nos hablan del público al que iban dirigidas las obras de Ekwall.
Igor Alexandrovich Lazarev es un pintor ruso nacido en 1962.
La pintura de Lazarev se inspira en la literatura. La mitologías y los cuentos y leyendas, en especial los de la Edad Media y el Renacimiento, están en el centro de su producción. En su obra abunda lo fantástico y lo burlón, con abundantes referencias a pintores del pasado, insólitas metamorfosis y perspectivas imposibles, y una mayor profundidad de lo que lo aparentemente ingenuo de su figuración sugiere.
En el caso que nos ocupa, la leyenda medieval de Tristán e Isolda, los amantes toman el filtro que les hará concebir la profunda pasión que sentirán el uno por el otro durante toda su vida mientras jugaban una partida de ajedrez. Por ello, como en este blog venimos insistiendo sin desmayo, el ajedrez debe ser considerado por antonomasia el juego del amor.
Lamentablemente, la web de Lazarev no da información sobre fechas, materiales o localización. Así que no vamos a quedar con las ganas de saber estos datos.
La producción de Lazarev abunda en motivos ajedrecísticos que iremos viendo en el futuro.
Sensualidad y ajedrez en la bañera en tres tiras de la serie 9 Chickweed Lane de Brooke McEldowneypublicadas entre los días 16 y 18 de octubre de este año.
—He preparado el tablero para jugar una partida de ajedrez en el mar. ¿Te apuntas?
AMOS
—¿Ajedrez en el mar? ¿Ya te has comido mi alfil?
EDDA
—No te distraigas.
AMOS ¿Y ahora que te has comido mi alfil, qué vas a hacer?
EDDA Enterrarlo en el mar.
AMOS Es evidente que un alfil tiene la ventaja de la oración. *
EDDA
—¿Qué ha pasado con mi torre?
AMOS
—Creo que estoy sentado sobre ella.
EDDA
—¿Cómo puedes saberlo?
AMOS
—Intento ser lo más descriptivo posible, sin llegar a lo personal. Y deja de intentar robármela con los dedos de los pies. Va contra las reglas y me estás haciendo cosquillas.
*Hay que recordar que la palabra inglesa bishop puede traducirse tanto por obispo como por alfil.
Fotografía que ilustraba el artículo Let Your Marriage Last Forever, publicado en la revista The Instructor, órgano oficial de comunicación de La iglesia de Jesucristo de los santos de los últimos días con sede en Utah, EE. UU., por Joseph Fielding Smith, jr. Los seguidores de estas creencias son llamados mormones.
En el artículo, el autor explica el significado de este sacramento desde la perspectiva de su iglesia. La imagen tenía un pie de foto que rezaba: «si una pareja está considerando contraer matrimonio o jugar al ajedrez, tener un buen comienzo es importante».
La presencia de un peón en c1 (y probablemente que el rey y la dama hayan intercalado sus posiciones iniciales) nos hace temer que nuestra simpática pareja no llegara a consumar su noviazgo.
La publicación no incluía créditos de las fotografías.
Masi es una obra de la directora teatral neozelandesa Nina Nawalowalo. El nombre de la obra se refiere a un tejido tradicional de varias islas del Pacífico fabricado con corteza de árbol. La obra mezcla danza y motivos gráficos tradicionales con la trama.
Masi es también una historia de amor.
En los años 50, los padres de la directora, el gran jefe Ratu Noa Nawalowalo, de la isla de Kadavu, en el archipiélago de las Fiyi, y Mary Tancock, la hija de dos profesores ingleses de la Universidad de Cambridge, coincidieron en Wellington, la capital de Nueva Zelanda. El gran jefe estaba allí para completar sus estudios; Mary, de vacaciones.
Ambos estaban interesados en el ajedrez y el azar los reunió en un club. Al cabo de unas cuantas partidas comenzó el romance. Poco después se casaron.
Quiso la casualidad que la compañera de piso de la joven Mary fuera una fotógrafa que estaba que estaba dando sus primeros pasos con la cámara, Ans Westra, quien recogió el idilio de la pareja. Las fotos de Westra forman parte del decorado de la función, de forma que podemos ver al mismo tiempo a los protagonistas de la historia con los actores que los interpretan en la ficción.
Ya sabemos que el ajedrez es buenísimo para el amor. Desde Tristán e Isolda hasta la fecha.
Estamos en el taller de un pintor. Así lo dicen los bocetos y los dibujos tirados por el suelo, los botes con pinceles, el tiento apoyado sobre un cuadro sin acabar, los objetos exóticos —biombos, abanicos y sombrillas orientales, plumas de marabú— los cuadros cubiertos por telas, la paleta con los colores aún sobre ella.
La mujer del cuadro, en una escena que nos es familiar, está jugando una partida de ajedrez contra un hombre joven, mientras otro hombre, este de mayor edad, contempla la pugna.
Para los lectores del blog no habrá duda de lo que está pasando en el cuadro ni de lo que significa. La mujer va a ganar la partida. Así lo demuestran su alegría, la expresión de regocijo del anciano (probablemente el padre de ella) y la expresión apesadumbrada del hombre, cuya mano izquierda se crispa sobre una tela mientras que la derecha se detiene en el aire, con una pieza en la mano, sin saber dónde ponerla. El significado está claro. La derrota del joven pintor sella de forma simbólica su compromiso matrimonial. El retrato en proceso, que cuelga de la pared de la izquierda, ya no será el de su prometida sino el de su esposa.
Arturo Ricci (1854-1919) el autor de este cuadro fue un exitoso pintor especializado en escenas costumbristas ambientadas en el pasado. Lo que se denominó «pintura de casacones». A mediados del siglo XIX, la alta burguesía ilustrada había adquirido la costumbre de encargar cuadros de pequeño formato para decorar sus viviendas. Los temas preferidos fueron aquellos que recreaban un mundo idealizado y supuestamente glorioso, en plena sintonía con los ideales de la Restauración, que encontraron en la época Rococó, antes de que los procesos revolucionarios acabaran con los estados absolutistas y amargaran la vida a la nobleza. Esta es la corriente en la que se inscribe esta Sala artística de 1884.
Curiosamente, al año siguiente, Ricci repitió modelos, accesorios y tema en La partida de ajedrez, lo que nos da idea del éxito que debió obtener la composición. Al igual que su precedente, está realizada con un estilo minuciosamente detallista, preciosista, con un interés extraordinario por la exactitud en el tratamiento de las telas y las texturas de los materiales. Un arte comercial, en definitiva, hecho al gusto de las clases adineradas que lo encargaban, que veían reflejado en él su concepción del mundo.
Albrecht Frans Lieven de Vriendt (1843-1900) fue un pintor belga de origen flamenco que cultivó fundamentalmente la pintura de Historia, con incursiones en la pintura de género y costumbrista.
Heredero del Romanticismo, sus temas preferidos se hunden en la Flandes medieval. De alguna forma, su trabajo contribuye a la construcción de la identidad nacional belga, país que había accedido a la independencia en 1830. Muchas de sus obras fueron encargos públicos destinados a decorar edificios administrativos.
En el cuadro, a veces llamado Su turno y en otras ocasiones La partida de ajedrez, vemos a una pareja jugando una partida de ajedrez en un interior palaciego.
FICHA TÉCNICA
ALBRECHT FRANS LIEVEN DE VRIENDT SU JUGADA (1868) ÓLEO SOBRE TELA. 59 x 86, cm. COLECCIÓN PARTICULAR
Un matrimonio de conveniencia es una obra del francés Louis-Auguste-Georges Loustaunau (1846-1898) presentada al salón de 1879. Lo que mostramos es una copia litográfica editada por A. Legras.
El texto del British Museum, donde se conserva una copia de la litografía, describe la escena de la siguiente manera: «un viejo oficial y una mujer joven juegan al ajedrez en una terraza sobre un parque».
Loustaunau fue un pintor academicista que se especializó en escenas de género contemporáneas, con algunas incursiones en el tema militar, realizadas en pequeño formato y con una técnica cercana al preciosismo.
Grabado de Benoît-Louis Henriquez (1732-1806) sobre una obra del pintor francés Charles Amédée Philippe van Loo (1719-1795) que no he logrado identificar. La obra se publicó en 1768.
La imagen muestra una escena conocida. Una pareja de enamorados está jugando una partida de ajedrez, que como sabemos era una de las actividades en la que los novios podían permitirse una cierta intimidad, aunque la familia se mantuviera vigilante en un segundo plano.
En el transcurso de la partida la joven logra vencer a su adversario, lo que viene a significar el fin del cortejo y la consolidación del vínculo. Los novios pronto serán marido y mujer.