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viernes, 19 de diciembre de 2025

CHAPLIN vs RESHEVSKY



Resulta difícil imaginar la inmensa popularidad que alcanzó Samuel Reshevsky (que en esos momentos mantenía su nombre polaco: Szmul Rzeszewski; 1911-1980) en los años veinte del siglo pasado. Su nombre ocupaba las portadas de la prensa generalista, que se maravillaba de que un niño tan pequeño pudiera derrotar en simultáneas a nutridos grupos de adultos.

Tan popular fue que se organizaron actos en los que se fotografiaba con estrellas de Hollywood. Las dos fotos de arriba muestran a Sammy con Charles Chaplin y Douglas Fairbanks durante el rodaje de Los tres mosqueteros (1921), y las dos de abajo muestran solo a Chaplin y Reshevsky durante el montaje de El chico, del mismo año que la anterior.

Se ha vertido cierta cantidad de tinta sobre si Charlot y Reshevsky jugaron realmente una partida. Incluso se han publicado las jugadas de esa supuesta partida. Pero, si acudimos a la autobiografía de Chaplin, la cosa queda meridianamente clara: Chaplin ni siquiera sabía jugar al ajedrez.

Veamos los párrafos en los que habla de Samuel Reshevsky.

Durante el montaje de El chico, Samuel Reshevsky, que a los siete años era campeón mundial de ajedrez de la categoría infantil, visitó el estudio. Iba a hacer una exhibición en el Athletic Club, jugando una partida con veinte adversarios al mismo tiempo, entre los que se encontraba el doctor Griffiths, campeón de California. Tenía una carita delgada, pálida y concentrada, con unos grandes ojos, que miraban desafiantes cuando hablaba con la gente. Me habían advertido que tenía un carácter algo esquinado y que muy raras veces daba la mano.

Después de que su representante nos presentara y dijera algunas palabras, el niño me contempló en silencio. Continué haciendo el montaje y examinando los rollos de la película. 

Al cabo de unos instantes me volví hacia él.

—¿Te gustan los melocotones?

—Sí —contestó.

—Bueno; pues tenemos un árbol cargado de ellos en el jardín; puedes trepar y coger algunos, y de paso, tráeme uno para mí.

Se le iluminó la cara.

—¡Oh! ¡Estupendo! ¿Dónde está el árbol?

—Carl te llevará —dije, refiriéndome a mi agente de publicidad.

Quince minutos después regresó, alborozado, con varios melocotones. Aquel fue el comienzo de nuestra amistad.

—¿Sabe usted jugar al ajedrez? —me preguntó.

Tuve que confesar que no.

—Yo le enseñaré. Venga a verme actuar esta noche; voy a jugar con veinte contrincantes a la vez —me dijo con orgullo.

Le prometí que iría, y le dije que después lo invitaría a cenar.

—Muy bien; terminaré enseguida.

No era necesario tener un profundo conocimiento del ajedrez para apreciar el interés de aquella noche: veinte hombres de mediana edad contemplaban atentamente sus tableros de ajedrez, enfrentados a un dilema por un niño de siete años, que incluso aparentaba menos edad de la que tenía. Observarle mientras se movía en el centro de las mesas, colocadas en forma de «U», yendo y viniendo de un tablero a otro, era ya un espectáculo en sí.

Había algo de irreal en la escena, mientras el público, compuesto de trescientas personas o más, permanecía sentado en dos filas a ambos lados del local. Contemplaba en silencio a un niño que se devanaba los sesos, enfrentado con hombres maduros. Algunos habían adoptado una actitud condescendiente. Estudiaban su tablero con sonrisas parecidas a las de Mona Lisa.

El niño era increíble y, sin embargo, me inquietó, pues mientras contemplaba aquella carita concentrada, que se ponía roja y después blanca, tuve la impresión de que pagaba un elevado precio derrochando su salud.

«¡Ven aquí!», le decía un jugador. Y el niño se dirigía hacia él, observaba el tablero durante unos segundos y luego, bruscamente, movía una pieza o decía: «¡Jaque mate!». Y el público estallaba en risas. Le vi dar jaque mate a ocho jugadores seguidos, lo cual produjo entre el público más risas y aplausos.

Ahora analizaba el tablero del doctor Griffiths. El público guardaba silencio. De repente movió una pieza, luego se volvió y me vio. Su cara se iluminó y me hizo una seña con la mano, indicándome que no tardaría mucho en terminar.

Después de dar jaque mate a varios otros jugadores, volvió ante el doctor Griffiths, que seguía profundamente concentrado.

—¿Todavía no ha movido? —dijo el niño con impaciencia.

El doctor negó con un gesto de la cabeza.

—¡Oh! Vamos, dese prisa.

Griffiths sonrió.

El niño lo miró con orgullo.

—¡No puede derrotarme! ¡Si mueve usted aquí, yo moveré ahí! ¡Y si usted mueve en esta forma, yo moveré así! —enumeró con rapidez seis o siete posibles jugadas—. Nos pasaremos aquí toda la noche; así que digamos que hemos hecho tablas.

El doctor asintió.



FICHA TÉCNICA
CHARLES CHAPLIN
HISTORIA DE MI VIDA
TAURUS. MADRID, 1964
TRADUCCIÓN DE JULIO GÓMEZ DE LA SERNA

viernes, 23 de mayo de 2025

DYLAN SE HACE ELÉCTRICO

Bob Dylan jugando al ajedrez en la piscina del hotel Parmelia Hilton en Perth, Australia, en 1986.
Foto de Steve Lloyd-Smith

Que Bob Dylan es aficionado al ajedrez es algo bien sabido.

Aquí hemos publicado algunas cosas sobre él.

El libro de Elijah Wald Dylan goes electric no hace más que confirmarlo

Dylan pasó innumerables noches con Van Ronk, durmiendo en su sofá, asimilando canciones y técnicas de guitarra, y desempeñando trabajos ocasionales a través de Terri, la mujer de Dave, que actuaba como mánager y agente de contratación a tiempo parcial. La relación no se limitaba a la música. Bebían mucho vino, jugaban mucho al ajedrez y fumaban una buena cantidad de droga, y Van Ronk hizo todo lo que pudo para instruir a Dylan en literatura y política de izquierdas: tras su ruda apariencia de bluesman, era un lector increíble y un trotskista convencido con una cierta inclinación hacia el anarcosindicalismo.

FICHA TÉCNICA
ELIJAH WALD
DYLAN GOES ELECTRIC! 
NEWPORT, SEEGER, DYLAN AND THE NIGHT THAT SPLIT THE SIXTIES
DEY STREET BOOKS. NUEVA YORK, 2016



miércoles, 6 de noviembre de 2024

ROPA DE CASA, POR IGNACIO MARTÍNEZ DE PISÓN

En el último libro de Ignacio Martínez de Pisón (1960), el autobiográfico Ropa de casa (Seix-Barral. Barcelona, 2024), el autor nos cuenta que se reunía con un amigo durante años en el bar Velódromo de la calle Muntaner, en Zaragoza, a jugar al billar. Durante las partidas se entretenían componiendo palíndromos —esas frases que pueden leerse igual de adelante hacia atrás o de atrás hacia adelante—. Esta actividad le merece la siguiente reflexión:

Era un entretenimiento adictivo, como el juego del ajedrez, que, diseñado para representar la realidad, acaba generando una realidad autónoma, independiente.

FICHA TÉCNICA
IGNACIO MARTÍNEZ DE PISÓN
ROPA DE CASA
ANAGRAMA. BARCELONA, 2024

miércoles, 30 de marzo de 2022

TODAVÍA ESTOY VIVO

El escritor y periodista italiano Roberto Saviano (1979) ha manifestado siempre que ha tenido ocasión su amor por el ajedrez.

En su autobiografía gráfica Sono Ancora Vivo (Todavía estoy vivo), editada en colaboración con el dibujante israelí Asaf Hanuka (1974), se menciona este hecho.

Como es lógico, el libro centra en las repercusiones que tuvo la denuncia de Saviano contra la Camorra en su libro Gomorra (Mondadori. Milano, 2006). Sus acusaciones le han costado vivir bajo protección policial y fuera de su país desde la publicación del libro, por las amenazas de muerte recibidas por parte del crimen organizado.

Cuando Saviano supo que se había puesto precio a su vida, el Estado italiano lo envió a una isla donde era más sencillo garantizar su seguridad. En la isla el escritor apenas tenía distracciones y pasaba mucho tiempo jugando al ajedrez. En un momento dado, Saviano no pudo evitar verse a sí mismo como un rey acosado por los jaques de las piezas enemigas al que se le van acabando las casillas para escapar.

AMENAZAS
Recuerdo la hora en que se supo que mi vida corría peligro

El teléfono no tenía cobertura. Estaba solo jugando al ajedrez y leyendo. Me parecía una absurda concesión del Estado. Yo ahí, en la isla y los criminales campando por sus respetos, libres.
Me sentía en jaque y echaba la cuenta atrás pensando en cuándo me quedaría sin movimientos para escapar de  mis adversarios


FICHA TÉCNICA
ROBERTO SAVIANO Y HASAF HANUKA
SONO ANCORA VIVO
BAO. MILANO, 2021

martes, 1 de febrero de 2022

MARK TWAIN EN EL MISISIPÍ


Life on the Mississippi fue el primer original mecanografiado que llegó a una editorial (James R. Osgood & Co. Boston, 1883) y es un libro de carácter autobiográfico de Samuel Langhorne Clemens (1835-1910), mejor conocido como Mark Twain.

Mark Twain había crecido en un pueblo a orillas del Misisipí y el río tiene una presencia importante en su vida y en su obra, sobre todo en sus grandes novelas Las aventuras de Tom Sawyer y Las aventuras de Huckleberry Finn

En su juventud, Twain se había ganado la vida como piloto en los barcos de vapor que recorrían el río, transportando personas y mercancías, y que contribuyeron de forma importante al desarrollo económico del país. 

En La vida en el Misisipí, la primera parte del libro describe el proceso de aprendizaje de un río siempre cambiante en el que los aprendices de piloto tenían que memorizar cada centímetro de ribera, tanto en sentido norte como en sentido sur, tanto de día como de noche, para poder evitar los bajíos, los bancos de arena, los escollos y otros accidentes geográficos que hacían peligrosísima la navegación. 

La segunda mitad, describe un viaje hecho por el río por un Mark Twain ya maduro en el que reflexiona sobre la decadencia del transporte fluvial, arruinado por el ferrocarril, y se desgranan multitud de pequeños cuentos sobre las gentes que habitaban las orillas del río.

Durante su periodo de aprendizaje, Twain navegó con muchos pilotos experimentados. De uno de ellos, George Ealer, cuenta lo siguiente:
Cuando hacíamos alguna parada, escuchaba a George Ealer tocar la flauta o leer párrafos de sus dos biblias —Goldsmith y Shakespeare—, o jugaba con él al ajedrez. Incluso alguna vez pude haberle ganado, pero siempre retiraba su último movimiento y cambiaba su juego.

Las aficiones de Ealer eran intensas. En un terrible accidente, el estallido de las calderas de un vapor que pilotaba...

Todos los que respiraron ese vapor murieron —y fueron muchos—; ninguno se salvó. Pero Ealer no lo respiró. Se abrió camino hasta donde había aire limpio tan rápido como pudo y, en cuanto el vapor se despejó, regresó y volvió a subir a las calderas, donde con paciencia buscó y reunió todas y cada una de las figuras de su ajedrez y los pedazos de su flauta.

En la ilustración de María José Acosta, Mark Twain rememora esas aventuras juveniles en el cuarto de derrota de un barco en cuya mesa de cartas náuticas hay un tablero de ajedrez.


FICHA TÉCNICA
MARK TWAIN
ILUSTRACIONES DE EMUND H. GARRRETT, JOHN HARLEY Y A. BURNHAM SHUTE
LA VIDA EN EL MISISIPI
REINO DE CORDELIA. MADRID, 2021
TRADUCCIÓN DE SUSANA CARRAL



 

 

viernes, 8 de mayo de 2020

ASIMOV Y EL AJEDREZ

En los años siguientes descubrí que todo el mundo me ganaba, independientemente de su raza, color o religión. Sencillamente, era el peor jugador de todos los tiempos y, con los años, dejé de jugar al ajedrez.
Ilustración de Grazia de Nimio Azar, 2020

En su libro autobiográfico Memorias, publicado póstumamente en 1994, Isaac Asimov explica su pesadumbre por no haber podido nunca jugar decentemente al ajedrez. Esto le molestaba enormemente porque Asimov se consideraba a sí mismo un hombre muy inteligente. Y lo era en verdad. Y el ajedrez y la inteligencia suelen asociarse con frecuencia.

Veamos lo que dice Asimov:
Nunca me ha importado no hacer un buen papel en los deportes (...) pero me molestaba mi fracaso en el ajedrez. (...) conseguí convencer a mi padre de que me comprara las piezas de verdad. Después enseñé a mi hermana las jugadas y empecé a echar partidas con ella. Los dos jugábamos bastante mal. Mi hermano Stanley, que nos miraba mientras competíamos, aprendió las jugadas y me preguntó si podía probar suerte. Como su condescendiente hermano mayor le dije que sí y me preparé para darle una paliza. El problema fue que en la primera partida de su vida me ganó.
En los años siguientes descubrí que todo el mundo me ganaba, independientemente de su raza, color o religión. Sencillamente, era el peor jugador de todos los tiempos y, con los años, dejé de jugar al ajedrez.
Por supuesto, esto no podía dejar indiferente a una personalidad con la enorme curiosidad científica que tenía Isaac Asimov. Así pues, resolvió investigar por qué pasaba esto y qué estaba detrás de su fracaso como ajedrecista. 
Este fracaso me dolió realmente. Estaba en total contradicción con mi «inteligencia», pero ahora sé (o al menos eso me han dicho) que los grandes jugadores de ajedrez logran sus resultados estudiando durante años y años partidas de ajedrez, memorizando gran cantidad de complejas «combinaciones». No ven el ajedrez como una sucesión de jugadas sino como un patrón. Sé lo que eso significa porque yo veo los artículos o los relatos como patrones.
Pero son aptitudes diferentes. Kasparov considera el juego de ajedrez como un patrón, pero para él, un artículo no es más que una mera sucesión de palabras. Yo veo los artículos como patrones y las partidas de ajedrez como meras sucesiones de movimientos. Así que él puede jugar al ajedrez y yo puedo escribir artículos, pero no al revés.
Sin embargo, esto no es suficiente. Nunca pensé en compararme con grandes maestros del ajedrez. ¡Lo que me molestaba era mi incapacidad de ganar a nadie! La conclusión a que llegué finalmente (cierta o equivocada) era que no estaba dispuesto a estudiar el tablero y sopesar las consecuencias de cada uno de los movimientos posibles. Incluso la gente que no es capaz de ver patrones complejos por lo menos puede deducir las dos o tres jugadas siguientes, pero yo no. Muevo por impulsos, cuando no al azar, y soy incapaz de hacer nada más. Esto quiere decir que tengo todas las probabilidades de perder. 
Y una vez más, ¿por qué? A mí, me parece obvio. Mi capacidad para comprender y recordar todo enseguida es lo que me inutiliza. Esperaba ver las cosas de inmediato y me negaba a aceptar una situación en la que algo así no era posible. (Igual que cuando me negaba a estudiar en el instituto y en el college).
Tengo la gran suerte de poder ver los patrones de inmediato, sin esfuerzo, cuando escribo y cuando doy conferencias. Si tuviese que pensarlo, supongo que habría fracasado en ambas cosas. (Y no me sorprendería que mi falta de disposición para tomarme el tiempo para pensar las cosas haya contribuido a mi fracaso como científico).

miércoles, 3 de octubre de 2018

MILLONARIO Y COMUNISTA, EL EDITOR GUERRILLERO


Giangiacomo Feltrinelli (1926-1972), heredero de la mayor fortuna de Italia, creador de la editorial que lleva su nombre, activista político y revolucionario, retratado por John Philips en la segunda mitad de la década de los cincuenta del siglo XX. 

Comunista desde su primera juventud, Feltrinelli primero quiso hacer la revolución a través de los libros, publicando a los clásicos del marxismo, ensayo político o literatura social... Pero al editar contra viento y marea, en 1957, Doctor Zhivago de Boris Pasternak cayó en desgracia. Fue expulsado del Partido Comunista Italiano y comenzó su radicalización política. 

En 1970, el hombre más rico de Italia decide hacer la revolución mediante las armas, pasa a la clandestinidad y con el nombre de guerra de Osvaldo funda los Gruppi d'Azione Partigiana. En una acción de uno de estos grupos, el intento de voladura de una torre de alta tensión cerca de Milán, el artefacto explosivo que portaba Feltrinelli explotó antes de tiempo, causando la muerte del editor. ¿Accidente o sabotaje? Nunca se ha aclarado del todo.

Todas estas andanzas están contadas pormenorizadamente en Senior Service. Biografía de un editor (Anagrama. Barcelona, 2016) escrita por el hijo del editor y hoy en día presidente del Grupo Editorial Feltrinelli.


Giangiacomo Feltrinelli con su hijo Carlo en una fotografía de finales de los años sesenta del pasado siglo.

martes, 10 de julio de 2018

JAQUE MATE. UNA HISTORIA DE SUPERVIVENCIA

Encontraba en el ajedrez un dulce aunque momentáneo olvido
Desgarrador relato de superación personal, Jaque mate. Una historia de superviviencia es un libro autobiográfico de Delia Salvatore. Un trágico acontecimiento familiar arruinó la vida de sus padres y marcó decisivamente los primeros años de la autora. El abandono, la pobreza y el dolor parecían determinar un futuro nada halagüeño para una niña pequeña en la Rumanía poscomunista. Sin embargo, un hecho singular, que posteriormente se revelaría providencial, vino a cambiar su destino: un anciano profesor le enseñó a jugar al ajedrez. 


En el juego Delia encontró no solo ese «dulce aunque momentáneo olvido» de sus penas con el que encabezamos esta nota, encontró sobre todo una herramienta de superación, un estímulo para el combate, una coraza ante la adversidad. A lo largo de los torneos infantiles en los que participó fue desarrollando las habilidades que le permitieron sobrevivir, en primer lugar, y luego sobreponerse a las dificultades que aun estaban por llegar; que no fueron pocas ni leves.


Años después, instalada en España y al frente de su propio negocio, y ya con la creación del Club Ajedrez Cervantes en mente, Delia eligió, no podía ser de otro modo, el ajedrez como la línea directriz que le iba a permitir contar su historia y exorcizar definitivamente su pasado.

Jaque mate.

FICHA TÉCNICA
DELIA SALVATORE
JAQUE MATE. UNA HISTORIA DE SUPERVIVENCIA
NIRAM ART EDITORIAL
MADRID, 2018

FOTOGRAFÍAS DE PORTADA E INTERIOR DE BOGDAN ATER (2018)