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lunes, 9 de junio de 2025

JOSÉ RAÚL CAPABLANCA EN 1909


Retrato de José Raúl Capablanca custodiado en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos.

La ficha de la fotografía da como fecha aproximada 1909 y como título: José Raúl Capablanca, campeón de ajedrez cubano.

Se desconoce el nombre del fotógrafo. 

martes, 31 de diciembre de 2024

CAPABLANCA


Retrato del tercer Campeón del Mundo de Ajedrez, el cubano José Raúl Capablanca (1888-1942). 

El autor de la fotografía fue Nicolai Volkov (1908-1974). La fecha estimada es 1935 o 1936, ambos años se celebró un torneo en Moscú que contó con la participación de Capablanca y en cualquiera de ellos se pudo tomar la fotografía.

 

viernes, 25 de octubre de 2024

EL CEREBRO DE CAPABLANCA


El 5 de marzo de 1922 el diario Brooklyn Daily Eagle, del que fue editor durante dos años el poeta Walt Whitman (¡Oh, capitán, mi capitán!), publicó en su sección de deportes un curioso artículo, firmado por Ed. Hughes, relacionado con Capablanca, concretamente con el cerebro de Capablanca.

El artículo intentaba contestar a la pregunta de un aficionado sobre si cualquier atleta que poseyera un cerebro con características similares al de Capablanca podría alcanzar la excelencia en su especialidad.

Después de analizar ejemplos de la inteligencia necesaria para jugar al béisbol, al fútbol americano o para  boxear, el articulista concluye que no. Sin despreciar a los atletas, y reconociendo que los mejores en cada especialidad suelen ser los más inteligentes entre sus pares, considera que la agilidad, poseer nervios de acero o la fuerza, unido a una inteligencia promedio, es lo que hace destacar en el deporte.

Por supuesto, en el artículo no se plantea si es la inteligencia la piedra de toque del ajedrez. Para su seguro servidor, que en esto es unamuniano, para jugar al ajedrez se necesita la inteligencia necesaria para jugar al ajedrez, simplemente. En lo demás se puede ser un cateto.

miércoles, 4 de octubre de 2023

LA REVANCHA DE CAPABLANCA


La rivincita di Capablanca (La revancha de Capablanca) es una novela de Fabio Stassi publicada en 2008. Hasta la fecha, no ha merecido la gracia de ser traducida al español.

Arranca con una cita de Gesualdo Bufalino (sin citar de qué libro), quien preparaba una novela sobre la vida de Capablanca cuando murió.
Porque el ajedrez no es simplemente un juego. Es guerra, teatro y muerte. Esto es: la vida entera.
La novela parte de un hecho ficticio: un supuesto match disputado en Rio Preto entre Capablanca y un jugador norteamericano del que no sabemos el nombre, organizado por un empresario estadounidense, del que saldrá el retador al vigente campeón del mundo, Alekhine. 

Alekhine, contra todo pronóstico, había derrotado al cubano en 1927. La acción transcurre en 1940, veinte años después de que Capablanca obtuviera el título, y se plantea como la última esperanza de este de conseguir una revancha que, como sabemos, no pudo obtener en la realidad.

A partir de este punto se van desgranando anécdotas de la vida de Capablanca (también sobre la de Alekhine), algunas ciertas, otras inventadas. 

Ciertas son la sorpresa de su padre, cuando el niño le dice que había aprendido a jugar por sí mismo, solo mirando jugar a su progenitor; su victoria frente a Corzo, luego frente a Marshall; su trayectoria triunfante hacia el título del mundo; la fascinación que su juego ejerció sobre los aficionados y sus propios colegas...

Inventadas, la historia de Félix, un negro analfabeto, mejor jugador de ajedrez de Cuba, semental de esclavas en las plantaciones para generar nuevas camadas de esclavos sanos y fuertes, y del que se decía que había hecho tablas con Morphy en la visita de este a la isla. El niño Capablanca fantasea con la posibilidad de que gotas de la sangre de Félix corrieran por sus venas. También inventadas son las apuestas cruzadas entre él y Alekhine sobre quién sería el primero en seducir a la esposa del gran duque que organiza el torneo donde se conocieron. Y, sobre todo, la de Xavier, otro niño, al que enseña a jugar y que años después visita a Alekhine poco antes de su muerte para disputar una partida contra él. Un ladrillo más en el muro conspiranoico erigido en torno a la muerte de Alekhine. 

Aunque la perspectiva de la novela sea la de Capablanca, la historia se ve lastrada por un notable grado de maniqueísmo. Que Alekhine no fue el más simpático de los hombres es algo atestiguado por sus contemporáneos; que tuvo comportamientos reprobables, cierto, pero ¿alguien no?; que fue colaboracionista con los nazis por acción u omisión, sabido. Pero, desde luego, no escribió, como se dice en la novela, que Capablanca fuera un mestizo, descendiente de una clase parasitaria y pusilánime, cobarde en su juego, en el que no se aprecia la luz de la inteligencia. Alekhine, mejor que nadie, sabía cómo jugaba Capablanca. En el prólogo, el autor pide perdón al ajedrecista cubano por la haber tomado prestados su nombre y su vida para hacer una novela. Creo que Alekhine hubiera merecido todavía más esas escusas.

Como suele ser habitual, la descripción del juego es muy floja, aunque el autor ha hecho un buen trabajo de documentación sobre la vida de Capablanca y el ajedrez en la primera mitad del siglo XX.

El diseño de la ilustración de cubierta es de Riccardo Falcinelli y el dibujo de Luigi Bicco.



FICHA TÉCNICA
FABIO STASSI
LA RIVINCITA DI CAPABLANCA
MINIMUM FAX. ROMA, 2008

martes, 29 de diciembre de 2020

LASKER vs CAPABLANCA


Caricatura de Tom Webster (1886-1962) sobre el Campeonato del Mundo de Ajedrez disputado entre Emanuel Lasker y José Raúl Capablanca y celebrado en La Habana en 1921. Fue publicada en el Daily Mail.

Los insertos dicen lo siguiente:

El campeonato de ajedrez día a día.

¡Dale aire al muchacho!

Hielo

Después del movimiento sexagésimo cuarto, el doctor Lasker pensó concentradamente durante cincuenta minutos antes de rendirse frente al señor Capablanca.

Por el número de jugadas mencionado, suponemos que la caricatura hace referencia a la décima partida del match, disputada el 4 de agosto de 1921, que permitió al cubano situarse con dos puntos de ventaja en la competición. 

La partida fue así:

jueves, 13 de junio de 2019

CAPABLANCA POR BLEZ


Joaquín Blez Marcé (1886-1974) fue un fotógrafo cubano especializado en retrato de estudio. Autotitulado «el fotógrafo del mundo elegante», por su estudio de La Habana pasó lo más granado de la burguesía cubana de la primera mitad del siglo XX. Entre ellos, el tercer campeón del mundo de ajedrez, José Raúl Capablanca, que posó ante el fotógrafo en 1937, justo cuando el cubano esperaba que el resultado del match de revancha entre Euwe y Alekhine le permitiera volver a optar al título mundial.

Este retrato, que era totalmente desconocido para mí, se exhibe en La Casa de América de Madrid dentro de la exposición colectiva «La imagen sin límites. Exposición antológica de fotografía cubana» enmarcada en el festival «PhotoEspaña 2019».

viernes, 8 de marzo de 2019

EL FANTASMA DE CAPABLANCA


Fotografías de Mary Beth Koeth que sirvieron para ilustrar el artículo de Brin-Jonathan Butler The Ghost of Capablanca, publicado en la revista SouthWest. The Magazine en junio de 2017. En el artículo se analiza el legado ajedrecístico de Capablanca, que está en la base del enorme amor por el ajedrez que hay en la isla. Paralelamente, se compara la lucha ajedrecística con el esfuerzo por sobrevivir de los cubanos de a pie.



miércoles, 25 de enero de 2017

UN JAQUE MUY MATE

Conocida en España como «Un atraco de ida y vuelta», Uno scacco tutto matto es una coproducción hispano-italiana de 1968 que abunda en el conocido tema humorístico del atraco perfecto frustrado por la propia incompetencia de los ladrones, siguiendo la estela de I soliti ignoti (Lux Films/Cinecittà; 1958 —en España conocida como Rufufú—), la comedia de Mario Monicelli que parodiaba el gran éxito del cine negro francés Rififi (Jules Dassen. Pathé Cinema; 1955). En España, el género rozó la genialidad en «Atraco a las tres» (José María Forqué; Hesperia Films, 1962).


La película reunió a una gran estrella de Hollywood en horas bajas, Edward G. Robinson, con un elenco internacional de actores en el que abundaban los españoles: Jorge Rigaud, Manolo Zarzo, José Bódalo y mi buen amigo Ruperto Ares, entre otros. El contrapunto sexy corrió a cargo de Maria Grazia Buccella.

La trama es así: Un tal MacDowell —Edward G. Robinson—, ladrón de guante blanco, descubre que una su sobrina es clavadita a la secretaria de un poderoso banquero y se le ocurre una idea genial: si consigue sustituir a varios de los empleados del banco por unos sosias adecuados, podrá dar un golpe perfecto y apropiarse fácilmente y sin riesgos de las nóminas que custodia el banco. Detto, fatto que dicen los italianos. Manos a la obra y el robo está hecho. Pero todo se complica después, y el maletín con el botín cambiará con gran presteza de manos mientras la policía va cercando a los ladrones.



El inspector Vogel, encargado del caso, interpretado por José Bódalo, sospecha de MacDowell y por ello lo pone bajo arresto domiciliario. Cuando va a comunicar a McDowell que no puede abandonar su domicilio, lo encuentra estudiando una partida de ajedrez. «Capablanca, 1936» —dice Vogel, tras observar un momento la posición. «Exacto» —dice McDowell— «es el movimiento que estaba estudiando». No sé si los guionistas tuvieron alguna partida en concreto en la mente al escribir esta escena, la posición que se ve en pantalla no parece corresponder a ninguna partida real, pero puestos a fantasear bien pudiera haber sido la espectacular partida que le ganó a William Winter en el Torneo de Nothingham de 1936.


Al ver que Vogel es aficionado al ajedrez, McDowell invita al inspector a jugar una partida. Y es en el transcurso de esa partida cuando da con la clave que les va a permitir escapar de la difícil situación en la que se encuentran. En un momento dado, Vogel pretende rectificar una jugada. «Es fácil resolver una situación apurada si se tiene la posibilidad de volver atrás» —reflexiona McDowell ante ese hecho.


Y con esa reflexión llega la solución, volverán atrás una jugada, devolverán el dinero al banco para fingir que no ha pasado nada. Así salvarán la piel ya que, al no haber delito, no habrá tampoco castigo. No tendrán premio, pero siempre les quedará la emoción de preparar una nueva aventura.

viernes, 21 de octubre de 2011

RAFAEL BLANCO

El artista y ajedrecista cubano Rafael Blanco Estera es el autor de esta caricatura de Emanuel Lasker que aparece bajo estas líneas. Fue realizada en 1906, cuando su autor era aún estudiante en la Academia de Bellas Artes de San Alejandro en La Habana. Se publicó el 4 de marzo del mismo año en la revista El Fígaro con el título: "Caricatura del maestro Lasker por el joven aficionado de ajedrez, señor Rafael Blanco". 


Lo de joven aficionado de ajedrez no era una figura retórica, con el tiempo Blanco se convertiría en un fuerte jugador, hasta el punto de proclamarse tres veces campeón de Cuba, en 1914, 1920 y 1937, además de formar parte del equipo cubano que, capitaneado por Capablanca, participó en las Olimpiadas de 1939 en Buenos Aires.

Aunque su producción es amplia: pintura, dibujo, caricatura, es en este último aspecto donde destaca sobremanera, siendo reconocido como una de los grandes caricaturistas cubanos. A lo largo de su vida colaboró asiduamente con la prensa de su país hasta su fallecimiento en 1955.

En 1912, y también en El Fígaro, publica otra viñeta de tema ajedrecístico titulada: "Una partida de ajedrez entre Paredes y Corzo" 


Los contendientes son dos notables del ajedrez cubano de la época. A la izquierda León Paredes, directivo del Club de Ajedrez de La Habana. A la derecha, Juan Corzo, cinco veces campeón de Cuba, aunque paradójicamente su fama se debe no a los campeonatos que ganó sino al que perdió, en 1901, ante un adolescente de trece años, José Raúl Capablanca.