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lunes, 23 de marzo de 2026

ENTRE DOS GALAXIAS

El cohete Papua ha aterrizado. Schwartz, inclinándose sobre la mesa angosta en el salón del puerto aéreo, le dice a la azafata en un tono bajo e intenso:

—Mi vida estaba en crisis. Todos mis valores se estaban volviendo sin sentido. Estaba descubriendo que mi profesión elegida era vacía, tonta, tan inútil como... jugar al ajedrez.

—Qué horrible—, susurra Dawn suavemente.

Cita extraída del relato corto de Robert Silverberg Schwartz Between the Galaxies, publicado en la antología Stellar 1 editada por Ballantine en 1974. Existe una versión castellana de Antonio-Prometeo Moya traducida como Entre dos galaxias (Umbral cósmico. Caralt. Barcelona, 1976).

domingo, 15 de marzo de 2026

EL AJEDREZ Y EL AMOR ESTÁN PERPETUAMENTE REÑIDOS CON LA CORTESÍA

La frase que da título a esta nota se publicó el viernes 15 de enero de 1836 en un artículo firmado simplemente B, publicado en La Abeja, un periódico de información política y general, editado en Madrid, que estuvo en circulación entre 1834 y 1836.

El artículo cuenta la historia de un forastero en el Foro que fue presentado a una tertulia. El forastero cuenta que fue muy bien recibido por todos, excepto...

Solo dos ó tres parejas de enamorados que en otros tantos rincones de la sala pelaban la pava muy à su sabor, y otra pareja, asegurada ya de incendios, que jugaba al ajedrez en un estremo de la sala no lejos de un cuadro de Job, continuaron en sus tareas sin hacer maldito el caso de mí ; y no lo estrañé porque tengo aprendido dias ha que el amor y el ajedrez están perpetuamente reñidos con la cortesía.

Respetamos la ortografía y puntuación de la época. 

viernes, 30 de mayo de 2025

LA PASIÓN POR EL AJEDREZ ES UNA DE LAS MÁS IRRESPONSABLES DEL MUNDO, POR H. G. WELLS

Sobre el ajedrez. 

La pasión por el ajedrez es una de las más inexplicables del mundo. Es una bofetada en la cara de la Teoría de la Selección Natural. Es la más absorbente de las ocupaciones y la menos capaz de satisfacer los deseos, una excrecencia sin nombre de la vida. Puede aniquilar a un hombre. Pongamos por caso que Ud. quiere destruir a un político prometedor o a un artista emergente. La daga o la bomba son métodos arcaicos, torpes y poco fiables, pero enséñele, inocúlele el ajedrez. Quizá porque la forma correcta de enseñar ajedrez es tan poco conocida sea por lo que en la mayoría de los casos este plan fracasa, la daga se aparta. Si todos fuéramos jugadores de ajedrez, no habría nadie que se ocupase de los negocios del mundo. Nuestros estadistas se sentarían con sus tableros de bolsillo mientras el país se va al carajo, nuestros ejércitos se enterrarían en una contemplación escaqueada, nuestros procuradores de sustento se olvidarían de sus esposas en busca de mates imposibles. El mundo entero se desorganizaría. Puedo imaginarme este abominable hipnotismo que se forja en la constitución de los hombres que hasta los cocheros conducirían sus carruajes con movimientos de caballo calle arriba y calle abajo por la carretera de Charing Cross. Aquí y allá un suicida aparecería con está patética inscripción clavada en el pecho: «di jaque con la dama demasiado pronto. No puedo soportarlo». No hay peor remordimiento que el remordimiento por el ajedrez.  
Solo que, afortunadamente, como decíamos, el ajedrez se enseña al revés. La gente dispone el tablero delante del aprendiz con los trebejos dispuestos en orden de batalla, dieciséis por bando, con seis clases distintas de movimientos, y el pobre infeliz sencillamente es aplastado y apabullado. Pasan un montón de cosas, la mayoría desagradables, y al final un mate se cierne por entre la bruma de piezas. Así que se va, atemorizado pero ileso, con la intima convicción de que  todos los jugadores de ajedrez son unos farsantes y de que el ajedrez inteligente, que no es ni arriesgado ni aprendido de memoria, está más allá de la inteligencia humana. Pero, evidentemente, este es un método de instrucción muy poco razonable. Antes de que el principiante pueda entender los principios del juego ya tiene que conocer el final; ¿cómo puede comenzar a jugar antes de saber a qué está jugando? Es como dar la salida a los atletas de una carrera y dejarlos a ellos que adivinen dónde está escondida la línea de llegada.

El verdadero maestro de ajedrez, el sutil envenenador, el astuto Como₁ que convierte a los hombres en ajedrecistas opera de otro modo. El nos dará un rey, la dama y un peón y los dispondrá en cualquier posición, así Ud. dominará las posibilidades de la dama y el peón sin complicaciones desconcertantes. Luego, un rey, una dama y, quizá, un alfil; un rey, una dama y un caballo; y así sucesivamente. Se asegura de que usted, en esos felices días de la infancia ajedrecística, siempre tenga una posición ganadora y pruebe el dulce placer del ajedrez, el deleite de ganar a un rival superior. A continuación, posiciones más complicadas y al final regresará al comienzo normal. Usted empezará a comprender la razón de la disposición de las piezas y comprenderá porque un gambito difiere tanto de otro en gloria y virtud. Y la manía ajedrecística de su maestro se le contagiará desde ese momento para siempre.

Es una maldición para el hombre. No hay felicidad en el ajedrez. (El señor St. George Mivart, que es capaz de encontrar la felicidad en los sitios más inverosímiles, se quedaría sin palabras delante de un tablero.) El delicado placer de un bonito mate es la fase menos desdichada de ello. Pero, generalmente, advertimos que deberíamos haberlo dado dos movimientos antes o que un movimiento inadvertido habría capturado nuestra dama.

Ningún jugador de ajedrez duerme bien. Después de la dolorosa estrategia del día, uno vuelve a disputarla otra vez. Se ve con mayor claridad que durante el día que era la torre y no el caballo lo que se debería haber movido. ¡No! ¡Es imposible! Ningún pecador, inocente de ajedrez, conoce esos abismos de remordimiento. Vastos tableros desiertos yacen para el jugador más allá de la puerta de los sueños. Una robusta torre se precipita sobre uno, los caballo vigilan de reojo, los peones propios están todos atados y un mate se cierne amenazador sin llegar nunca a descender. Una vez que se ha comenzado en el ajedrez de manera adecuada, es carne de tu carne, sangre de tu sangre. Te has vendido, el pacto está cerrado y el espíritu del mal ha penetrado. 

La válvula de escape apropiada para la ansiedad es la práctica de los juegos y hay una clase de hombres, sombríos, tristes, de aspecto irreal, que se reúnen en los cafés y juegan con un deseo que no muere y un fuego que no se extingue. Estos, se reúnen en clubes y juegan torneos, torneos tales que los de la Mesa Redonda no podrían haber imaginado jamás. Pero hay otros que tienen el vicio pero viven en el campo, en lugares remotos —curas, maestros, recaudadores de impuestos— que se consumen día a día sin encontrar la compañía adecuada y que necesitan encontrar una ventilación artificial para su energía mental. Nadie ha calculado cuántos problemas correctos son posibles y no hay duda de que la gente de Investigación Psicológica estaría agradecida de que el profesor Karl Pierson₃ prestara atención al asunto. Todas las posibles disposiciones de las piezas alcanzan un número tan vasto, sin embargo, que de acuerdo a la teoría de las probabilidades, y permitiendo unos cuantos miles de posiciones cada día, el mismo problema no debería aparecer más de dos veces en un siglo. Precisamente —y ello debe ser causado por algún defecto en la teoría de las probabilidades— el mismo problema encuentra el modo de aparecer en diferentes publicaciones varias veces en un mes. Puede ser, por supuesto, que después de todo el número de problemas correctos sea limitado y que continuamos inventándolos y reinventándolos, y si se llevara un registro, todo el sistema, hasta cuatro o cinco movimientos, podría clasificarse y contabilizarse en el transcurso de unos pocos años. Realmente, si elimináramos aquellos movimientos evidentemente malos descubriríamos que el número de partidas razonables se habría limitado bastante y que incluso nuestro brillante Lasker no está sino repitiendo la inspiración de algún persa enterrado hace mucho tiempo, de algún indio sobre el que ha caído un ignominioso silencio, muertos y olvidados hace siglos. Puede que sobre cada partida de ajedrez penda la mirada de los precursores olvidados de los jugadores y que el ajedrez sea realmente un juego muerto, un juego embrujado, desarrollado hace siglos como, sin ninguna duda, es el juego de las damas.

El temperamento artístico, el elemento alegre e irresponsable de la mente, hace lo que puede para aligerar la gravedad de este juego tan intelectual. Para un mortal hay algo indescriptiblemente horrible en esos campeones con sus cuatro movimientos por hora —la simple idea de esas operaciones mentales durante quince minutos le da a uno un poco de dolor de cabeza—. El movimiento rápido y obligatorio es la clave de la alegría y por ello, aunque veneramos a Steinitz y a Lasker, es a Bird a quien amamos. Sus victorias resplandecen. Sus errores son magníficos. El verdadero placer del ajedrez, si es que esconde alguno, es ver arrebatada una victoria, por alguna feliz impertinencia, de la sombra de un aparente desastre. Y hablando de alegría recuerdo la histórica partida de ajedrez de Lowson. Lowson dijo que en ocasiones había sido alegre... !estando borracho! ¡Qué dios nos libre! Retado, él hubiera probado mediante alguna pequeña prueba de pronunciación, algunas contraseñas
 de los buenos templarios. Se ofreció a caminar por la acera, a resolver cualquier problema de matemáticas que pudiera concebir y finalmente a jugar al ajedrez con MacBryde. El otro caballero fue designado juez y después de ponerse el antimacassar en la cabeza se desplomó dormido en el sofá. El juego empezó con gran solemnidad, según me han dicho. MacBryde, según me contó después, balanceaba sus manos jugueteando con sus dedos de forma extraña, y dijo que la partida fue así. El juego fue fiero pero breve. Se descubrió que ambos reyes habían sido capturados. Lowson fue difícil de convencer, pero esto se le vino a la cabeza. «Tío», se dice que dijo a MacBryde, «estoy borracho. No hay la menor duda. Me avergüenzo de mi mismo». Se acordó declarar la partida tablas. La posición, tal y como la vi a la mañana siguiente, era muy interesante. La dama de Lowson estaba en seis caballo de rey y el alfil en tres alfil dama, tenía varios peones y su caballo ocupaba una posición dominante en la intersección de cuatro casillas. MacBryde tenía cuatro peones, dos torres, la dama, una dama de damas y un pequeño mantel ornamental dispuesto en semicírculo a través del tablero. No tengo ninguna duda de que los exquisitos del ajedrez se burlan de esta posición, pero en mi opinión es una de las más divertidas que he visto jamás. Recuerdo que la admire un largo rato, a pesar de un ligero dolor de cabeza y aún hoy es la única partida de ajedrez que recuerdo con genuino placer. Y he jugado muchas partidas.

La diatriba contra el ajedrez que acaban de leer es una obra de H. G. Wells (1866-1946), publicada en 1897 dentro de la colección de ensayos  Certain Personal Matters (Algunos asuntos personales).

Para clarificar algunos puntos del texto, hemos redactado las siguientes notas:

1. Como. Dios griego, compañero de Dioniso, es la personificación de la fiesta y el desenfreno. 

2. Charles Mivart fue un biólogo inglés que intento hacer compatible el evolucionismo con la religión, con el resultado de ser condenado por ambas creencias.

3. Karl Pierson. Matemático británico, que estableció la disciplina de la estadística matemática.

4. Macassar era un ungüento para el pelo. Antimacassar eran lo trozos de tela que se ponían en los sofás y sillones para protegerlos de las manchas.









domingo, 15 de diciembre de 2024

EL LIBRO INFIERNO

El libro infierno es una novela de 2002 del ítalo-español Carlo Frabetti  (1945). A la manera de Dante, este libro relata un descenso a los nueve círculos infernales. Solo que el infierno es una biblioteca y el demonio es el propio bibliotecario. Como hemos visto en otras ocasiones, Frabetti es muy crítico con los que dedican demasiado tiempo al ajedrez.

Otras entradas sobre Carlo Frabetti.

EL QUINTO CÍRCULO

—Éste es el Quinto Círculo, el de los iracundos y los acidiosos —dijo el demonio...

(...)

—La amenaza es peor que la ejecución —intervine para cortar su acceso de elocuencia incontenida.

—Así es —dijo reabsorbiendo su metafórico (o metonímico, según se mire) ojo compuesto—. Y no en vano has evocado esa vieja máxima ajedrecística, pues hay aquí numerosos tratados de ajedrez.

—¿Tratados de ajedrez? —repetí con incredulidad—. ¿Qué tienen que ver con la ira?

—Mucho. Y también con la acidia, su vicio contrario.

—¿Por qué la ira y la pereza son vicios contrarios?

—En primer lugar, «acidia» y «pereza» no son términos estrictamente sinónimos. La acidia es (o puede ser) también negligencia, desidia, indolencia, flojedad, incluso melancolía... Y puesto que la ira es una exuberancia de energía mal encauzada, un entusiasmo negativo y desmesurado, la acidia, como bien sabía el colérico Dante, es su vicio contrario-complementario, la otra cara de la (falsa) moneda. Volviendo al ajedrez, tomárselo en serio (es decir, olvidar que es sólo un juego) supone una excesiva y perversa concentración de la energía, de esa forma degradada de la energía vital que es la competitividad. El ajedrecista (el que toma en serio el ajedrez) pone las tres potencias del alma (memoria, entendimiento y voluntad) al servicio de una obsesiva y feroz lucha por la supremacía, cuyo objetivo es la aniquilación simbólica del contrincante. Basta observar el entrecejo de un Kaspárov para darse cuenta de que el ajedrez (su ajedrez, el de muchos) es un álgebra de la ira. Y por otra parte, paradójicamente (pero una paradoja no es sino una verdad cabeza abajo), el ajedrez es una ocupación típica de los indolentes y los melancólicos, de los que dan la espalda a la vida... La vida es demasiado corta para jugar al ajedrez (para tomárselo en serio, quiero decir), y por eso es un vicio propio de los seudointelectuales y los eruditos, pero no de las personas realmente inteligentes...

—No me negarás que en el ajedrez se demuestra y se ejercita la inteligencia —repliqué un tanto molesto, dada mi afición al juego.

Tras dedicarme una mirada displicente, el bibliotecario puso cara de narrador oral y dijo:

—Había una vez un rey que buscaba un consejero. Se presentaron varios candidatos, y el rey los puso a prueba jugando con ellos al ajedrez. Sólo dos consiguieron ganarle, y los demás fueron despedidos. A continuación, el rey dispuso que los dos candidatos que le habían ganado se enfrentaran a lo largo y ancho de doce partidas, y uno de ellos las ganó todas. Y para sorpresa de sus cortesanos, el rey eligió como consejero al perdedor, decisión que justificó en estos términos: «Jugar bien al ajedrez suele ser signo de inteligencia, pero jugar muy bien suele ser signo de necedad o locura, pues sólo un necio o un loco le dedicaría a este juego todo el tiempo y el esfuerzo que requiere llegar a dominarlo».

—Hay aquí muchos libros, y no creo que sean todos de ajedrez —dije tras una pausa.

EL LIBRO INFIERNO

Tu apólogo de los ajedrecistas es muy instructivo. Hay que ser un necio para dedicar más tiempo a jugar al ajedrez, o a escribir, que a vivir.


FICHA TÉCNICA
EL LIBRO INFIERNO
CARLO FRABETTI
ALFAGUARA. MADRID, 2002

sábado, 16 de marzo de 2024

LA MÁQUINA DE PENSAR, DE JACQUES FUTRELLE

Jacques Futrelle (1875-1912) fue un periodista y escritor de novelas policíacas y de misterio  norteamericano. Su fama se cimentó en las obras protagonizadas por el detective profesor Augustus S. F. X. Van Dusen, eminencia científica en varias ramas del saber, conocido en el siglo como «la máquina de pensar». Van Dusen protagonizó una novela y al menos cuatro colecciones de cuentos que obtuvieron bastante éxito, aunque hoy en día están prácticamente olvidadas. En español, no ha tenido demasiada fortuna y son pocas las ediciones existentes.

El método de trabajo del profesor Van Dusen consiste en la rigurosa aplicación de la lógica a los hechos que tiene que investigar. Como suele ser habitual en este tipo de literatura, el superdotado detective va acompañado de un amigo notablemente obtuso (Sherlock Holmes y Watson; Hércules Poirot y el capitán Hastings; Pepe Carvalho y Biscúter) para que destaque más la inteligencia del protagonista. En el caso de Van Dusen es el periodista Hutchinson Hatch, reportero del ficticio diario The Daily New Yorker, quien narra, además, las aventuras.

En la gestación literaria del personaje, el ajedrez tuvo una importancia decisiva. Veamos cómo fue.

En El enigma de la celda 13, la primera aparición del profesor Van Dusen (The Problem of Cell 13; publicado entre el 30 de octubre y el 5 de noviembre de 1905 en el periódico Boston American), se cuenta como se había ganado su apodo.

El mundo entero había tenido noticias de la existencia del profesor Van Dusen bajo el sobrenombre de La máquina de pensar. Se trataba de un apodo que le había dado la prensa con ocasión de una notable exhibición de ajedrez; demostró que alguien totalmente ajeno al juego podía, por la fuerza de la lógica inevitable, vencer a un campeón que había dedicado toda una vida a su estudio. «¡La Máquina de pensar!» Tal vez ese apodo lo describiera mejor que todos sus títulos, porque pasaba semana tras semana, mes tras mes, en el retiro de su pequeño laboratorio, del que habían surgido pensamientos que asombraron a los científicos y conmovieron profundamente al mundo entero.

Futrelle debió pensar que este párrafo merecía un ulterior desarrollo. Lo hizo en el cuento La máquina pensante (The Thinking Machine. Associated Sunday Magazines. Minneapolis, 2 de septiembre de 1906), donde el ajedrez no queda precisamente en buen lugar.

Van Dusen estaba acostumbrado a la polémica, aunque con el paso del tiempo todas sus afirmaciones, por más irreverentes, heterodoxas o disparatadas que parecieran, se revelaban ciertas. Pese a ello, cuando un comentario casual, hecho delante de un aficionado al ajedrez, trascendió, el mundo del ajedrez se alborotó. Veamos lo que dijo:

—El ajedrez es una vergonzosa perversión de las funciones cerebrales —declaró el profesor Van Dusen con su voz siempre irritada—. Es una pura pérdida de tiempo. Mayor si cabe porque posiblemente sea el más difícil de todos los problemas abstractos fijos. Por supuesto se resuelve mediante la lógica. La lógica resuelve cualquier problema, no la mayoría, sino cualquier problema. Un conocimiento profundo de sus reglas permitiría a cualquiera derrotar a los mejores jugadores de ajedrez. Sería inevitable, tan inevitable como que dos y dos son cuatro, no algunas veces sino siempre. Yo no sé ajedrez porque nunca hago cosas inútiles, pero con unas horas de adecuada instrucción podría derrotar a un hombre que ha dedicado su vida a ello. Su mente está constreñida a la lógica del ajedrez. La mía no; la mía emplea la lógica en su más amplio espectro.

Cuando el aficionado al ajedrez le habló de las innumerables combinaciones posibles en ajedrez, Van Dusen confesó que no sabía nada del juego, pero se reafirmó en su pretensión:

...sostengo que un verdadero lógico puede derrotar al experto en ajedrez mediante las puras reglas mecánicas de la lógica. Me tomaré un tiempo para estudiarlo, me familiarizaré con los movimientos de las piezas y le derrotaré para convencerle.
Poco después, se reunieron en Boston los veinticinco mejores jugadores de ajedrez del mundo. Se acordó que Van Dusen se enfrentaría al ganador. Este fue Tschaikowsky, el campeón del mundo ruso, quien detentaba la corona desde hacía seis años. El desarrollo de la partida fue como sigue:
El ruso sonrió al sentarse a la mesa de ajedrez. Tenía la impresión de estar siguiendo la corriente a un loco. Los demás maestros estaban agrupados cerca de él, curiosamente expectantes. El profesor Van Dusen comenzó la partida con un gambito de dama. Después de la quinta jugada, realizada sin la menor vacilación, la sonrisa abandonó el rostro del ruso. En la décima, los maestros se revolvieron inquietos. El campeón ruso se jugaba ahora el honor. La decimocuarta jugada del profesor Van Dusen fue torre de rey cuatro dama.

—Jaque —anunció.

Tras estudiar detenidamente el tablero, el ruso protegió su rey con un caballo. El profesor Van Dusen tomó nota de la jugada y se reclinó en su silla con las puntas de los dedos juntas. Sus ojos se apartaron del tablero y estudiaron soñadoramente el techo. Durante al menos diez minutos nada se oyó, no hubo movimiento alguno:

—Mate en quince movimientos —dijo en voz baja.

Cabe imaginar el asombro de los espectadores cuando se comprobó la veracidad del anuncio. El campeón ruso, anonadado, solo acertó a decir: 

—¿Nunca había jugado al ajedrez? —le preguntó.

—Nunca.

—¡Mon Dieu! Usted no es un hombre, es un cerebro, una máquina, una máquina de pensar.

—Es un juego de niños —dijo bruscamente el científico.

Hutchinson Hatch escuchó las palabras de Tschaikowsky y tituló con ellas su articulo para The Daily New Yorker. A partir de entonces el profesor Augustus S. F. X. Van Dusen fue conocido como «la máquina de pensar».

Una edición de relatos de Jacques Futrelle editada en inglés por Hachette India en 2023

Futrelle falleció en el hundimiento del Titanic, después de negarse a ocupar un puesto en uno de los botes salvavidas en beneficio de su esposa, la también escritora Lily May Peel.

Cubierta de una edición alemana de 2022 por la editorial Molino


sábado, 25 de noviembre de 2023

¡ODIO EL AJEDREZ!



Jim Unger (1937-2012) fue un dibujante canadiense conocido fundamentalmente por la serie Herman que en su punto álgido se publicó en seiscientos periódicos de veinticinco países. 

Su humor, que reduce al absurdo situaciones perfectamente cotidianas, protagonizado por personas vulgares, de mediana edad y resuelto en una sola viñeta, cuando la moda era la tira, se hizo muy popular en todo el mundo.

¡Odio el ajedrez! se publicó el 11 de marzo de 2010.

domingo, 27 de marzo de 2022

EL AJEDREZ NO ES MAS QUE UN TEDIOSO PASATIEMPO PARA GENERALES PRUSIANOS ABURRIDOS


Sentencia pronunciada por el Dr. Josef Bartok (interpretado por Oliver Masucci) en la película The Royal Game (Philipp Stölzl, 2021) basada libremente en la Schachnovelle de Stefan Zweig.

Fragmento de un grabado alemán de 1875 representando a Otto von Bismarck.

lunes, 21 de agosto de 2017

en los tiempos ya passados, axedrez, tablas & dados, me fezieron mucho mal


Alfonso Álvarez de Villasandino fue un poeta castellano de época medieval que vivió a caballo entre los siglos XIV y XV. Fue un poeta profesional, es decir que se ganaba el sustento con la pluma, por lo que mucha de su producción entra de lleno en lo que se llama «poesía de circunstancias», poesía escrita para festejar acontecimientos, celebrar las virtudes de una dama (o la ausencia de ellas) y, sobre todo, halagar a nobles y reyes, cuya munificencia se esperaba. Poesía considerada menor, aunque ello no implique necesariamente menos calidad. Poesía culta y cortesana para solaz de los señores.

Su obra se conoce fundamentalmente por el Cancionero de Baena, el primer cancionero en lengua castellana, que compiló Juan Alfonso de Baena a mediados del siglo XV. Como me encantan los extensos títulos de los libros medievales no me resisto a copiarlo entero aquí. Dice: Cancionero de poetas antiguos que fizo é ordenó e compuso é acopiló el judino Johan Alfon de Baena. El original se halla en la Biblioteca Nacional de Francia bajo la signatura Esp. 37. Los motivos por los que el manuscrito del primer cancionero en lengua castellana está en Francia, después de pertenecer a la Biblioteca del Monasterio de El Escorial, constituyen una triste historia. Y no, no se lo llevaron los soldados de Napoleón.

En este cancionero, el de Villasandino incluyó unas notas biográficas en un poema en el que se dirige al rey para quejarse de su situación económica, algo muy frecuente en la temática de Alfonso Álvarez, pedir la merced regia y, de paso, defender el arte de los trobadores como profesión liberal. 
Sy con enbidia mortal
ay algunos escolares
que qujebre por los yjares
non me pueden dezir mal
saluo que por mjs pecados
enlos tiempos ya passados
axedrez tablas & dados
me fezieron mucho mal
con porfia acidental.

En su defensa ante el rey, Alfonso Álvarez señala que sus enemigos solo le pueden achacar una quizá excesiva afición al juego que se remonta a su juventud y que está ya superada. Para tranquilidad general, hacemos notar que el mal que le «fizo» el ajedrez al poeta no provino del estudio de la ciencia ajedrecística sino, con toda probabilidad, de las apuestas que se cruzaban en el juego. Durante la Edad Media era extraño que se jugara a algo sin que mediara una apuesta por medio y el ajedrez no escapaba a la regla. El hecho queda acreditado en multitud de obras literarias donde se apuestan sumas de dinero, grandes y pequeñas; bienes que podían llegar a ser tan cuantiosos como para incluir ciudades enteras; e incluso, en ocasiones, la vida. En la Edad Moderna no habían cambiado mucho las cosas —aunque algo si se había moderado la cuantía de las apuestas— y los primeros tratadistas del juego (Lucena, por ejemplo) advierten sobre ello.

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El texto proviene de una copia manuscrita del siglo XIX conservada en la Biblioteca Nacional de España. Signatura MSS 5636

Sobre las apuestas en ARTEDREZ


miércoles, 12 de julio de 2017

ELOGIO DE LA LOCURA

¿Qué os puedo decir que ya no sepáis de los cortesanos? Los más sumisos, serviles, estúpidos y abyectos de los hombres. (...) Duermen hasta el mediodía; oyen la misa casi desde la cama, que un curilla a sueldo les dice deprisa y corriendo. Viene luego el desayuno, que apenas terminado, reclama la comida. Siguen a continuación los dados, el ajedrez, juegos de azar, parásitos, bufones, cómicos, cortesanos, chistes y pasatiempos. Todo ello entre sorbete y sorbete. Por fin, la cena, y tras ella, rondas de bebidas, no pocas, por Júpiter. Así, transcurren horas, días, meses y siglos sin ningún tedio de la vida.



FICHA TÉCNICA
ERASMO DE ROTTERDAM
ELOGIO DE LA LOCURA
ALIANZA EDITORIAL. MADRID, 1993
TRADUCCIÓN DE PEDRO RODRÍGUEZ SANTIDRIÁN

MARÍA JOSÉ ACOSTA MALO
ERASMO RECHAZANDO EL AJEDREZ (A LA MANERA DE HOLBEIN), 2017
LÁPIZ SOBRE PAPEL. 16,8 x 21 cm.
COLECCIÓN PARTICULAR

viernes, 6 de mayo de 2016

GREAT LAKE WARRIORS

Las damas es un juego para los que trabajamos en un remolcador. Hay que pensar rápido. El ajedrez es para los que trabajan en una oficina, en un despacho. ¿Sabéis por qué el general Patton era tan bueno? Porque era jugador de damas, no de ajedrez.

Capitán Ted Long. Patrón de un remolcador de los Grandes Lagos.
Great Lake Warriors (Towers Productions, 2012)



Puede que George S. Patton fuera un jugador de damas y no de ajedrez pero en el juego que mostramos encima de estas líneas es precisamente un rey de ajedrez.

lunes, 15 de febrero de 2016

1.000 ENTRADAS, 1.000

Pues sí, Lector, hoy publicamos la entrada 1.000 del blog y lo vamos a celebrar con algo de beber y un feroz alegato contra el ajedrez, para no ser demasiado complacientes con nosotros mismos.

Ya hemos hablado aquí de «The Imagery of Chess», la exposición que organizaron al alimón Marcel Duchamp, Max Ernst y Julien Levy en la galería de este último en 1945. Obligatoriamente, todas las obras presentadas a esta exposición debían girar en torno al ajedrez. Cada artista pudo presentar lo que estimó oportuno: cuadros, esculturas, trebejos. Los poetas André Breton y Nicolas Calas decidieron presentar un juego de ajedrez que terminaría haciendo fortuna aunque las muchas versiones modernas olviden con frecuencia su origen: el Wine Glass Chess Set.

A Breton no le gustaba mucho el ajedrez, probablemente porque culpaba al juego de que Duchamp le dedicara tantísimo tiempo en vez de dedicarse a las cosas que Breton creía que debía dedicarse. Ya en «Los pasos perdidos» (Alianza editorial. Madrid, 1972) se quejaba amargamente de ello: «Ya lo sé, Duchamp no hace más que dedicarse al ajedrez y ya sería suficiente para él mostrarse un día inigualable en este juego». Su participación en la muestra parece pues una especie de ajuste de cuentas con el organizador principal, Duchamp, ya que no se entiende que aceptara participar en ella con una obra que de alguna forma era una enmienda a la totalidad del tema de la exposición.

La obra original se perdió y solo se conoce por una descripción aparecida en Newsweek en diciembre de 1944:
Del lado de los bromistas está el brebaje preparado por los escritores surrealistas Nicolas Calas y André Breton (cuyo manifiesto de 1924 marcó el nacimiento oficial del movimiento surrealista). Estos dos piensan que el ajedrez es un juego tonto e inútil, además de narcisista. Su tablero está hecho de espejos, para que los «narcisistas» de los jugadores puedan verse a sí mismos y las piezas son copas de vino de diferentes formas y tamaños. Las «negras» llenas de vino tinto; las «blancas», de vino blanco. Cuando un jugador captura una pieza «debe beber de forma simbólica la sangre de la victima». Breton y Calas también colgaron un manifiesto llamado Profanación cuyo corolario era: «es el juego lo que debe cambiarse, no las piezas».
A partir de esta descripción se han hecho varios intentos de reconstrucción. Por ejemplo, la que el noruego Anders Nordby incluyó en su instalación de 2012, significativamente titulada «Gambito de dama rehusado», realizada en la sala Standard de Oslo.


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La aportación de Breton y Calas a «The Imagery of Chess» había pasado bastante desapercibida hasta la publicacion de «The Imagery of Chess Revisited» (Larry List e Ingrid Schaffner; George Braziller Ed., 2005) donde también se proponía una reconstrucción de la obra.


Ignoro si la artista fluxus Takako Saito conocía la obra de Breton y Calas cuando realizó su Liquor Chess aunque probablemente no. El juego de Saito formaba parte de una serie, «Disrupted Chess», que requería de los jugadores que reconocieran los trebejos, todos iguales, mediante los sentidos. En el caso del licor, mediante el gusto, pero realizó otros para la vista, el tacto, el olfato y el oído. En esta entrada hablamos de su obra.


La industria terminó por recoger la idea y comercializar unos vasos de chupito en los que se han serigrafiado los perfiles de las distintas piezas. Perdida toda su carga simbólica, la obra de arte se ha convertido en vulgar mercancía. Pero me sirve para brindar con ustedes. ¡¡A su salud!!




lunes, 10 de agosto de 2015

DE VARIA INVENCIÓN LXXXIX

De vez en cuando, y para descansar de pláticas y polémicas, me entregaba al noble juego del ajedrez, teniendo la honra de contender con el campeón valenciano Sr. Roselló. Fue éste mi único vicio (yo no he bebido ni fumado). Más adelante contaré cómo me desprendí de un juego que absorbía con exceso mis modestas fuerzas mentales. En él no se apuesta dinero, como dicen sus panegiristas, pero se apuesta algo más: el propio cerebro, el más grande de nuestros capitales.

 FICHA TÉCNICA
SANTIAGO RAMÓN Y CAJAL
RECUERDOS DE MI VIDA
CENTRO VIRTUAL CERVANTES, 1997-2015 

MARTIN WALDBAUER
DESPERATE, 2011

lunes, 25 de mayo de 2015

SANTIAGO RAMÓN Y CAJAL


El premio Nobel de Fisiología y Medicina español Santiago Ramón y Cajal fue muy aficionado al ajedrez en diversas épocas de su vida. Como le ocurría con cualquier cosa que le apasionase, en esas épocas se dedicaba con un ahínco sorprendente a estudiar el juego para afinar su comprensión del mismo y mejorar sus prestaciones competitivas. Sin embargo, como les ocurriera a otros científicos e intelectuales como Montaigne o Unamuno, llegó un momento en el que se detuvo presa del vértigo ante un abismo que parecía ser insondable. Sintió que los esfuerzos que debía acometer para mejorar sustancialmente en ajedrez le apartarían de su principal pasión, la ciencia. Pero, pese a todo, no conseguía dejarlo. Tal era su obsesión con el ajedrez que llegó a considerarlo un vicio que amenazaba con arruinar su vida. Sin embargo, se las ingenió para lograrlo de una forma que sorprende por lo original y creativa y que define, además, perfectamente su personalidad.

En sus "Recuerdos de mi vida" (Revista de Aragón, 1901-1904), obra que no me cansaré nunca de recomendar porque al lado del científico brillante surge un personaje de una estatura moral y un sentido cívico que harían sonrojar a cualquier político actual que se aventurara a leerlo, en este libro, decía, explica el proceso con el que consiguió superar su dependencia de lo que denominaba un "aristocrático recreo".

SEGUNDA PARTE. HISTORIA DE MI LABOR CIENTÍFICA
CAPÍTULO IV
...deseo contar aquí cómo me libré de un vicio tenaz e inveterado, el ajedrez, que amenazaba seriamente mis veladas.
Conocedores de mi afición al noble juego de Ruy López y Philidor, varios contertulios del Casino Militar me invitaron a hacerme socio.
Tuve la flaqueza de acceder; me estrené con varia fortuna midiéndome con aficionados de alguna talla; creció un tanto mi destreza y con ella el afán morboso de sobrepujar a mis adversarios. En mi necia vanidad, llegué a jugar cuatro partidas simultáneas, defendidas por sendos campeones, amén de numerosos mirones que discutían prolijamente las consecuencias de cada jugada. Partida hubo que duró dos o tres días. En mi empeño de lucirme a toda costa y confiando en mi pasadera memoria visual, llegué a jugar sin mirar al tablero.
Excusado es decir que adquirí cuantos libros del aristocrático recreo llegaron a mis manos y hasta caí en la inocencia de enviar a las ilustraciones extranjeras soluciones de problemas. Arrastrado por la creciente pasión, mis sueños eran interrumpidos por ensueños y pesadillas, en las cuales armaban frenética zarabanda peones, caballos, reinas y alfiles. Derrotado la víspera en una o varias partidas, ocurríame a menudo despertarme sobresaltado durante las primeras horas matinales, con el cerebro enardecido y vibrante, prorrumpiendo en frases de irritación y despecho. «¡Torpe de mí! —exclamaba—; había un jaque mate a la cuarta jugada y no supe verlo.» Y, en efecto, puesto el tablero sobre la mesa, comprobaba apenado la tardía clarividencia de mi inconsciente que había laborado por mí durante las escasas horas de reposo.
Esto no podía continuar. La fatiga y la congestión cerebral casi permanentes me enervaban. Si en el juego del ajedrez no se pierde dinero, se pierde tiempo y cerebro, que valen infinitamente más.Y se despolariza nuestra voluntad, que corre por cauces extraviados. En mi sentir, lejos de ejercitar la inteligencia, como se ha dicho por muchos, el ajedrez la descentra y la gasta. Consciente del peligro de mi situación, temblaba ante la desconsoladora perspectiva de convertirme en uno de esos tipos amorfos, sedentarios y ventripotentes que envejecen infecunda e insensiblemente en torno de una mesa de tresillo o de ajedrez, sin suscitar un afecto sincero, ni provocar, cuando llega la inevitable apoplejía o la terrible uremia, más que un sentimiento de fría y ritual conmiseración. —¡Lástima de Pérez!... ¡Era un buen punto! Habrá que pensar en reemplazarlo—. Porque el jugador de Club o de Casino no es más que un pie de mesa, algo así como el cuadro vulgar que ocupa un lugar en la sala, para hacer pendant con los demás.
Pero ¿cómo curarme radicalmente? Sintiéndome incapaz del inexorable «no juego más», patrimonio de las férreas voluntades; acuciado constantemente por el ansia de desquite —el genio maléfico de todo jugador—, sólo se me ocurrió como recurso supremo un remedo del similia similibus de los homeópatas: estudiar a fondo los tratados de ajedrez, y reproducir las más célebres partidas; y además, disciplinar mis nervios harto impresionables, aumentando al sumo la tensión imaginativa y reflexiva. Era inexcusable también abandonar mi estilo de juego, consistente en ataques románticos y audaces, para atenerme a las normas de la más cautelosa prudencia.
De esta suerte y gastando en mi empeño toda mi capacidad de inhibición, alcancé al fin mi codiciado propósito. El cual consistía —lo habrá adivinado el lector— en lisonjear y adormecer mi insaciable amor propio con la derrota, durante una semana, de mis hábiles y ladinos competidores. Demostrada, eventual o casualmente, mi superioridad, el diablillo del orgullo sonrió satisfecho. Y temeroso de reincidir, dime de baja en el Casino, no volviendo a mover un peón durante más de veinticinco años. Gracias a mi ardid psicológico, emancipé mi modesto intelecto, secuestrado por tan rudas y estériles porfías, y pude consagrarle, plena y serenamente, al noble culto de la ciencia.
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La fotografía que encabeza esta nota muestra a Santiago Ramón y Cajal jugando una partida de ajedrez contra su amigo Federico Olóriz. Se realizó el año 1898 en el municipio madrileño de Miraflores de la Sierra. El fotógrafo fue uno de los hijos de Ramón y Cajal. 


FICHA TÉCNICA
SANTIAGO RAMÓN Y CAJAL
RECUERDOS DE MI VIDA
CENTRO VIRTUAL CERVANTES, 1997.2015 

martes, 25 de enero de 2011

DOCTOR EN ALASKA

In memoriam A. Q.

"Doctor en Alaska" (Northern Exposure) fue una serie de televisión de la CBS emitida en los Estados Unidos, su país de origen, entre 1990 y 1995. Narraba las desventuras de un joven doctor neoyorquino, (Joel Fleishman, interpretado por Rob Morrow y con la voz de Rafa Romero en su versión española) judío e irreductible urbanita para más señas, en un remoto pueblo de Alaska, Cicely. No es solo a la naturaleza agreste y salvaje del medio con lo que debe enfrentarse el joven doctor, los vecinos del pueblo forman una singular colección de excéntricos cuya conducta tiende de forma natural al surrealismo.

En el capítulo titulado "Guerra y Paz", correspondiente al sexto episodio de la segunda temporada, Cicely recibe la visita de Nikolai "Kolia" Ivanovich Appolanov (Elya Baskin, con la voz de Aparicio Rivero en la versión española), un exitoso cantante pop soviético que tiene una larga relación de amistad con los habitantes del pueblo.

Durante su estancia la radio emite "la Internacional", el locutor lee "Guerra y Paz" en antena, los vecinos se esmeran en preparar la mejor sopa borsch posible y el vodka corre como si estuviéramos en tierra de cosacos. Todo es alegría y zapatetas. Pero Appolanov tiene un enemigo, Maurice Minnifield (Barry Corbin con la voz de Fernando Hernández), el muy conservador ex-astronauta, empresario y terrateniente del pueblo.


Todo el pueblo se reune para ver la partida Appolanov vs Minnifield.

La enemistad de estos dos personajes se resuelve tradicionalmente en una partida de ajedrez a la que acude todo el pueblo y en la que no falta un tablero mural, como en cualquier competición internacional que se precie.

Ruth Anne Miller (Peg Phillips, Ana Mª Saizar) es la encargada del tablero mural.

Por cierto, cuando nuestro doctor está presenciando la partida suelta una perla que merece entrar con todos los honores en la antología "contra el ajedrez": ¿Se supone que esto es un deporte espectáculo? Me he divertido más viendo derretirse la nieve.

Como no podía ser menos, el soviético vence. Pero Minnifield no está de acuerdo, aduce que en la última jugada Kolia pulsó el reloj antes de efectuar su movimiento y que por lo tanto fue un movimiento antirreglamentario. Hubo voces por este motivo y la cuestión deberá saldarse en un duelo, pero esta vez con pistolas.

Después de examinar tanto el tablero mural como en el que están jugando me atrevería a asegurar que la posición de la partida es ésta:


Se trata con toda seguridad de una posición inventada e imposible de alcanzar en una partida normal sobre todo porque no se vislumbra cómo pudo, de forma natural, llegar la torre que está en a7 a dicha casilla. Por otra parte, las negras, el bando que defiende Maurice, están irremisiblemente perdidas. La resolución de la partida fue así: 1 ... g4 2. Ae7 (Kolia deja escapar un mate en 4 bastante sencillo: 2. Th8 Rh8 3. Dh1 Rg8 4. Dh7 Rf8 5. Dh8 mate) 2 ... bc4 (hay una jugada blanca que no se ve por lo que debemos deducir que Kolia omite por segunda vez la combinación de mate) 3 ... gf3 y, aquí sí, Kolia juega 4. Th8 y anuncia mate en dos con 4 ... Rh8 5. Dh1 Rg8 6. Dh7# 

En descargo de Appolanov debemos decir que la infracción que cometió es bastante leve y que tiene por todo castigo añadir dos minutos suplementarios en el reloj del contrario. Poco para un duelo, pero ya hemos comentado como son los habitantes de Cicely, Alaska.

martes, 27 de octubre de 2009

DE VARIA INVENCIÓN XXVIII (CONTRA EL AJEDREZ V)

MIGUEL DE UNAMUNO

He conocido muchos jugadores de ajedrez y he jugado a su juego con muchos de ellos. Y debo declarar que la mayor pericia en el juego no coincidía necesariamente con la mayor inteligencia. Junto a hombres muy inteligentes y grandes jugadores de ajedrez he conocido ajedrecistas distinguidísimos que eran hombres de una mentalidad menos que ordinaria, y he conocido, en cambio, hombres de ingenio torpísimo, de pésimas dotes de observación, de inteligencia confusa y tarda, que jugaban admirablemente bien al ajedrez. El ser un coloso en el ajedrez, como un Philidor, un Morphy, un Steinitz, un Tchigorin, un Golmayo, un Martínez, un Mackenzie, un Lasker..., no prueba sino que se es un coloso en el ajedrez. En los demás puede ser coloso, hombre ordinario o pigmeo.

FICHA TÉCNICA

MIGUEL DE UNAMUNO
CONTRA ESTO Y AQUELLLO
ESPASA CALPE, S.A. MADRID, 1941

jueves, 13 de noviembre de 2008

DE VARIA INVENCIÓN XII (CONTRA EL AJEDREZ IV)

HERMAN MELVILLE

El marinero es franqueza; el hombre de tierra es sutileza. La vida no es para el marinero un juego que requiera una gran cabeza; no es una intrincada partida de ajedrez en que pocos movimientos se realizan por derecho, y el objetivo se alcanza de modo indirecto; un juego oblicuo, tedioso, estéril, que apenas vale la pobre candela que se consume jugándolo.

FICHA TÉCNICA

HERMAN MELVILLE.
BILLY BUDD, MARINERO.
ALIANZA EDITORIAL. MADRID, 1975.
TRADUCCIÓN JOSÉ MARÍA VALVERDE

lunes, 4 de agosto de 2008

DE VARIA INVENCIÓN X (CONTRA EL AJEDREZ III)

EDGAR ALLAN POE

Aprovecharé, por tanto, esta ocasión para asegurar que las facultades más importantes de la inteligencia reflexiva trabajan con mayor decisión y provecho en el sencillo juego de las damas que en toda esa frivolidad primorosa del ajedrez. En este último, donde las piezas tienen distintos y “bizarres” movimientos, con diversos y variables valores, lo que tan solo es complicado, se toma equivocadamente -error muy común- por profundo.

FICHA TÉCNICA

EDGAR ALLAN POE
LOS ASESINATOS DE LA RUE MORGUE
HISTORIAS EXTRAORDINARIAS. POEMAS
PLAZA Y JANÉS. BARCELONA, 1973
TRADUCCIÓN DE DIEGO NAVARRO

miércoles, 14 de mayo de 2008

DE VARIA INVENCIÓN V (CONTRA EL AJEDREZ II)

CARLO FRABETTI

—La mejor defensa es el ataque: es una de las máximas de los ajedrecistas. Hablemos pues del ajedrez, que rima con estupidez…

—El ajedrez desarrolla la inteligencia.

—El ejercicio físico desarrolla los músculos. Pero el culturismo hipertrofia una parte del cuerpo en detrimento del todo. Y los ajedrecistas son culturistas de la mente. Por eso jugar bien al ajedrez suele ser un signo de inteligencia, mientras que jugar muy bien suele ser un signo de estupidez: hay que ser un estúpido para dedicarle a ese juego todo el tiempo que requiere llegar a dominarlo.


FICHA TÉCNICA

CARLO FRABETTI
EL CUARTO PURGATORIO
EDICIONES LENGUA DE TRAPO. MADRID, 2006

martes, 22 de abril de 2008

DE VARIA INVENCIÓN III (CONTRA EL AJEDREZ I)


Lo odio y lo rehúyo (el ajedrez) por no ser bastante juego y por entretenernos seriamente, avergonzándome de prestarle una atención que convendría a alguna cosa buena.


FICHA TÉCNICA
ENSAYOS
CÁTEDRA. MADRID, 1985
TRADUCCIÓN DE Mª DOLORES PICAZO Y ALMUDENA MONTOJO

viernes, 11 de abril de 2008

DE VARIA INVENCIÓN II (ODIO EL AJEDREZ)


MARTIN AMIS

—Jaque —dije.

Selina alzó la vista indignada. Sus acerados ojos regresaron al tablero. Soltó un suspiro, y movió su alfil en una zona en absoluto relacionada con el problema.

—Jaque —repetí.

—¿Y qué?

—Quiere decir que tu rey puede morir. Que puedo matarlo.

—Mátalo. Tanto trabajo para nada.

—Mira, Selina. No lo entiendes. La clave del ajedrez ...

—Voy a darme un baño. Odio el ajedrez.


FICHA TÉCNICA

MARTIN AMIS
DINERO. CARTA DE UN SUICIDA
ANAGRAMA. BARCELONA, 1988
TRADUCCIÓN DE ENRIQUE MURILLO
FOTOGRAFÍA DE BERTRAM BAHNER