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lunes, 2 de enero de 2023

JERJES, FILÓSOFO, INVENTOR DEL AJEDREZ



El Liber chronicarum o Crónica de Núremberg de Hartmann Schedel es una historia ilustrada del mundo que abarca desde la creación hasta 1492. Se editó en 1493 por Antonius Koberger con 1804 xilografías creadas en los talleres de  Michael Wolgemut, donde en esa misma época aprendía el oficio Alberto Durero, y Wilhelm Pleydenwurff. Es uno de los más valiosos incunables salidos de las imprentas alemanas y un libro hermoso e influyente que se convirtió en un superventas de la época.

A la manera medieval, el libro considera que los acontecimientos históricos se dividen en seis edades (el libro añade una séptima, todavía por conocer e indicada por unas cuantas páginas en blanco, que iría desde la publicación del libro hasta el día del Juicio Final) que siguen la narración bíblica de la historia. La cuarta edad del mundo discurre entre la muerte del rey David y el Cautiverio de Babilonia.

Es en esta cuarta parte donde aparece la pequeña xilografía que representa al filósofo Jerjes delante de un tablero de ajedrez que mostramos sobre estas líneas. En el texto latino que acompaña a la ilustración se cuenta que «el juego del ajedrez fue inventado por el filósofo Jerjes para corregir al tirano Evilmerodac». 

La atribución de la invención del ajedrez a Jerjes viene de la obra de Jacobo de Cessolis El juego del ajedrez o dechado de fortuna. En esta obra, escrita en el siglo XIV, el fraile dominico que la compuso dice que Jerjes inventó el juego del ajedrez teniendo en cuenta tres aspectos. El primero, como ya se ha dicho, corregir la conducta del rey Evilmerodac, tenido por injusto, lascivo y cruel. El segundo, apartar a los hombres de la ociosidad y la melancolía. Y el tercero, satisfacer la necesidad de novedades y el ansia de conocimientos de la humanidad.

¡Gloria al filósofo Jerjes que nos defiende de los tiranos, nos consuela de nuestros pesares y angustias ahuyentando la melancolía y nos causa deleite y placer!

miércoles, 5 de junio de 2019

EL BREVIARIO DE TOURNAI


Dos simios se enfrentan en una partida de ajedrez en el Breviario de Tournai, un códice miniado conservado en la Biblioteca Municipal de Cambrai bajo la signatura ms. 104. Está fechado a principios del siglo XV, aproximadamente sobre 1407.

Las representaciones de simios parodiando el comportamiento humano son frecuentes a lo largo de toda la Edad Media con una intencionalidad satírica y humorística. 

Una curiosa referencia sobre lo que se pensaba de los simios en la época medieval podemos encontrarla en la obra de Bernardo Silvestre, poeta y filósofo francés del siglo XII, que en su «Cosmographia o De Mundi universitate sive Megacosmus et Microcosmus» dice que los monos fueron el último esfuerzo de Dios antes de la creación de Adán.


miércoles, 14 de febrero de 2018

HYPNEROTOMACHIA POLIPHILI

La Hypnerotomachia Poliphili, en español «La lucha de amor en sueños de Polífilo» o, simplemente, «El sueño de Polífilo», es uno de los más intrigantes libros que se han escrito y, para algunos, el incunable (aquellos libros impresos antes de 1500) más bello jamás editado. Lo imprimió el humanista italiano Aldo Manuzio en Venecia en 1499 y fue sufragado por Leonardo Grassi. Y esto es de lo poco seguro que sabemos sobre este libro. No sabemos quién lo escribió; no sabemos quién dibujó las hermosas xilografías que lo adornan; apenas sabemos qué significa o qué quiso decir su autor; tampoco qué motivos llevaron a su mecenas a dar a la luz un libro como este. 

Si componemos un acróstico con la primera letra de cada uno de sus capítulos aparece la frase POLIAM FRATER FRANCISCVS COLVMNA PERAMAVIT (el hermano Francesco Colonna ha amado mucho a Polia), a partir de la cual se ha supuesto que la autoría del libro correspondía a un religioso llamado Francesco Colonna. Pero aunque se han localizado varios Colonna contemporáneos a la Hypnerotomachia, no se ha podido relacionar de forma concluyente a ninguno de ellos con el autor del libro.

Tampoco se conoce el nombre del artista encargado de diseñar las 68 xilografías que ilustran el libro. La repercusión de estas ilustraciones ha sido enorme en el transcurso de los siglos y podemos detectar su influencia en sitios tan dispares como el claustro de la catedral de Salamanca o la obra del ilustrador británico Aubrey Beardsley. 

La historia narrada en la Hypnerotomachia viene contada por dos voces distintas, la primera es la del propio Polífilo quien,  contando sueños que se van desarrollando dentro de otros sueños, declara su amor por Polia. La segunda voz, la de la propia Polia, narra desde su punto de vista su relación con Polífilo. Retoma posteriormente el hilo Polífilo para contar que después de muchas peripecias Venus ha bendecido su amor y los amantes van a estar juntos por fin. Cuando van a consumar su unión, sin embargo, Polia desaparece y Polífilo despierta.

Todo esto está escrito en un italiano entreverado de latín y griego, con aportes de español y hebreo y hasta algún pasaje escrito en lenguaje jeroglífico, y con un estilo críptico, oscuro y enrevesado, repleto de alusiones a los más distintos saberes: mitología, arquitectura, gastronomía, ciencia, ajedrez (¡oh, sí, ajedrez!), danza, liturgia, epigrafía... Examinar las múltiples interpretaciones, algunas francamente contradictorias, que ha generado el libro rebasaría con mucho la capacidad del autor y las dimensiones razonables que debe tener este post.

Así que, sin más preámbulos, ármese de valor, Lector, y sumérjase en el siguiente pasaje de la obra donde asistirá a un baile que es también una partida de ajedrez.

Ilustración Pepa Acosta

Además de todo lo que hasta aquí he dicho, quiso la reina, para mayor ostentación, mostrar la grandeza y la abundancia del universo en toda clase de excelentes y rarísimas magnificencias, así que, estando todos sentados en nuestros sitios, después de la maravilla del suntuoso banquete, ordenó sin tardanza un juego admirable, digno no solo de verse sino de recordarse eternamente, que además fue un hermoso baile, con el siguiente modo y procedimiento: por la puerta de las cortinas entraron treinta y dos muchachitas, de las que dieciséis estaban vestidas de tejido de oro —ocho de ellas iguales—; a una de las vestidas de oro le fue puesto un manto real y a otra un vestido de reina y estaban acompañadas de dos capitanes de fortaleza, dos muditos o secretarios y dos caballeros. Las otras estaban vestidas de plata y llevaban la misma jefatura. Todas se dispusieron según su oficio, colocándose sobre los cuadrados del pavimento; es decir las dieciséis vestidas de oro en una parte y las dieciséis de plata en la opuesta. Las muchachas músicas empezaron a tocar con consonancia suavísima y entonada melodía tres instrumentos de osada invención y que armonizaban perfectamente. Al tiempo medido por el sonido y según ordenaba el rey, se movían en sus cuadrados las ágiles y saltarinas bailarinas. Haciendo reverencia al rey y a la reina, saltaban con graciosísimas vueltas sobre el otro cuadrado, realizando una agradable inclinación. Cuando la música comenzó de nuevo, el rey de plata mandó a la que estaba delante de la reina que se pusiera enfrente de aquella. Esta, avanzando con los mismo gestos de respeto, hizo el movimiento y se detuvo. Por este orden, según la medida del tiempo musical, se cambiaban así de lugar o bien, permaneciendo en su cuadrado continuamente, bailaban hasta que, tomadas o arrojadas, salían, siempre por mandato del rey. Las ocho que estaban vestidas igual, invertían cada tiempo del sonido en trasladarse a otro cuadrado; no podían retroceder sino por haber saltado inmunes sobre la línea de los cuadrados donde residía el rey, ni avanzar más que diagonalmente.
Un secretario y un caballero atravesaban en cada tiempo tres cuadrados, el secretario diagonalmente, el caballero dos en línea recta y uno transversal, y podían trasladarse por todos los lados. Los custodios de la fortaleza podían traspasar muchos cuadrados en línea recta y libremente, es decir, en un tiempo podían desplazarse tres, cuatro o cinco cuadrados, guardando la medida y apretando el paso. El rey podía situarse sobre cualquier cuadrado no ocupado o indefenso y le estaban vedados los cuadros a los que otros pudieran saltar y, si lo hacía, debía ceder, precediendo una advertencia. La reina, por el contrario, podía moverse por cualquier cuadrado del color donde primero se asentó, aunque lo mejor es que permaneciera siempre al lado de su marido.
Cada vez que los oficiales de uno u otro rey encontraban a uno del contrario sin custodia ni protección le hacían prisionero y, besándose ambas muchachas, el vencido salía fuera. Siguiendo estas reglas, hicieron al mismo tiempo un notabilísimo juego y un elegante baile, danzando y jugando festivamente según la medida del sonido con alegría, solaz y aplauso, quedando vencedora la plata. Esta solemne fiesta duró, entre los encuentros huidas y defensas, una hora, y fueron tan armoniosas las evoluciones, reverencias, pausas y modestas inclinaciones, que me invadió tal deleite que pensé, no sin motivos, que había sido llevado a las supremas delicias e inaudita felicidad del Olimpo.
Terminado el primer juego en forma de baile, todas volvieron a su correspondiente cuadrado; y, vueltas a sus lugares ordenadamente, hicieron lo mismo que la primera vez, pero las que tocaban los instrumentos aceleraban el ritmo, de modo que los movimientos y gestos de los bailarines-jugadores eran más rápidos, aunque observaban el tiempo del sonido de un modo tan hábil y con tan apropiada gesticulación y arte, que no cabía pedir más. 

 Muy expertas, las damiselas saltaban, la cabeza coronada 
de olorosas violetas y las abundantes trenzas
acompañando el movimiento, bien sobre los
delicados hombros, ya a las espaldas.
Cuando alguna era aprisionada,
levantaban los brazos y
entrechocaban las palmas de
las manos. Así, jugando y bailando,
volvió a ganar por segunda vez el primer color.

Cuando todos estuvieron distribuidos de nuevo en sus lugares correspondientes para el tercer baile, los músicos apresuraron aún más la medida del tiempo, con un tono y modo frigio tan excitante como nunca supo inventar el propio Marsias de Frigia. En el primer movimiento, el rey vestido de oro hizo correrse a la jovencita que estaba delante de la reina sobre el tercer cuadrado. Por esta causa, comenzó inmediatamente una gran lucha, un torneo delicioso, a una velocidad cada vez mayor. Se inclinaban hasta el suelo, dando luego un salto repentino y dos revoluciones en el aire, una al contrario de la otra, y luego sin interrupción, puesto el pie derecho en el suelo, daban tres vueltas y después cambiaban de pie. Todo esto lo realizaban en un tiempo, tan hábilmente y con tanta agilidad y con profundas inclinaciones, compuestas vueltas, fáciles saltos y hermosos gestos, que nunca se pudo ver ni fue inventada cosa mejor. No se obstaculizaban entre sí, pero quien era apresado, tras haberle dado el raptor al instante un beso dulce como el mosto, salía del juego. Y cuanto menor número quedaba, tanto más graciosa habilidad había en el mutuo engaño. Este orden y modo tan dignos fueron observados por cada uno sin falta, tanto más cuanto mayor era la rapidez de la medida de las sabias y excelentes muchachas y músicas, e incitaba incluso a tales movimientos a todos los que estaban presentes, a causa de la armonía del sonido con el alma, sobre todo porque había aquí sumo y concordante consenso de la buena disposición de los cuerpos. Por esta razón, pensé cálidamente en el poder de Timoteo, habilísimo músico que con su canto había obligado al ejército del gran macedónico  a tomar de nuevo las armas; y luego, bajando la voz y el tono, les había incitado a que, abandonándolas, desistieran todos. En este tercer juego triunfó gloriosamente la muchacha vestida de rey de oro.
Ilustración Pepa Acosta

Este fragmento de la Hypnerotomachia Poliphli contiene una de las primeras referencias claras a una partida de ajedrez viviente. Aunque se atribuye frecuentemente a Carlos Martel la organización de la primera partida de ajedrez viviente, las fechas de su vida (686-741) lo hacen poco probable. Quizá ni siquiera el ajedrez fuera conocido entre los francos en esa época, tanto más si tenemos en cuenta que la mayoría de los historiadores dan por buena la tesis de Levi-Provençal de que la aparición del ajedrez en la Europa occidental se da en la Córdoba omeya en el siglo IX, casi cien años después de la muerte de Carlos Martel.

Aunque en 1499, fecha de publicación del libro, ya habían aparecido diversas obras con  las reglas del ajedrez moderno —el poema Scachs d'amor, (Francí de CastelvíBernart Fenollar y Narcís Vinyoles; Valencia, 1475), probablemente el Llibre dels jochs partits dels schacs en nombre de 100, (Francesch Vicent; Valencia, 1495) y La repetición de amores y arte del ajedrez, (Lucena; Salamanca, 1497)— en el propio libro se sugiere que la Hypnerotomachia fue redactada en 1467 lo que explicaría fácilmente  el porqué sigue esta las reglas del ajedrez medieval. Porque pese a sus graciosos nombres, los movimientos de las piezas que se describen en el texto son los del ajedrez medieval. Sin embargo, en el aspecto ajedrológico queda todo por hacer: identificar las posibles fuentes de la escena e investigar la verosimilitud histórica de las partidas vivientes, rastrear la etimología de los nombres de las piezas —en el original italiano son así: equites (caballero), el actual caballo. Secretario o taciturnulo (secretario o mudito), el alfil. El custodio de la roccha, o del arce, (los capitanes de la fortaleza), las torres. El rey y la reina, sin embargo, mantienen sus nombres y los peones no reciben nombre alguno en el texto— y, por supuesto, intentar aclarar su posible significado.

La influencia de este pasaje puede detectarse en algunos textos en los que el ajedrez forma parte de la trama. Por ejemplo, en la nomenclatura de las piezas del Scacchia Ludus, de Marco Girolamo Vida, y, sobre todo, en el baile ajedrecístico del último libro del Gargantúa y Pantagruel de Rabelais.

FICHA TÉCNICA
FRANCESCO COLONNA
EL SUEÑO DE POLÍFILO
ACANTILADO. BARCELONA, 1999
EDICIÓN Y TRADUCCIÓN DE PILAR PEDRAZA


lunes, 21 de agosto de 2017

en los tiempos ya passados, axedrez, tablas & dados, me fezieron mucho mal


Alfonso Álvarez de Villasandino fue un poeta castellano de época medieval que vivió a caballo entre los siglos XIV y XV. Fue un poeta profesional, es decir que se ganaba el sustento con la pluma, por lo que mucha de su producción entra de lleno en lo que se llama «poesía de circunstancias», poesía escrita para festejar acontecimientos, celebrar las virtudes de una dama (o la ausencia de ellas) y, sobre todo, halagar a nobles y reyes, cuya munificencia se esperaba. Poesía considerada menor, aunque ello no implique necesariamente menos calidad. Poesía culta y cortesana para solaz de los señores.

Su obra se conoce fundamentalmente por el Cancionero de Baena, el primer cancionero en lengua castellana, que compiló Juan Alfonso de Baena a mediados del siglo XV. Como me encantan los extensos títulos de los libros medievales no me resisto a copiarlo entero aquí. Dice: Cancionero de poetas antiguos que fizo é ordenó e compuso é acopiló el judino Johan Alfon de Baena. El original se halla en la Biblioteca Nacional de Francia bajo la signatura Esp. 37. Los motivos por los que el manuscrito del primer cancionero en lengua castellana está en Francia, después de pertenecer a la Biblioteca del Monasterio de El Escorial, constituyen una triste historia. Y no, no se lo llevaron los soldados de Napoleón.

En este cancionero, el de Villasandino incluyó unas notas biográficas en un poema en el que se dirige al rey para quejarse de su situación económica, algo muy frecuente en la temática de Alfonso Álvarez, pedir la merced regia y, de paso, defender el arte de los trobadores como profesión liberal. 
Sy con enbidia mortal
ay algunos escolares
que qujebre por los yjares
non me pueden dezir mal
saluo que por mjs pecados
enlos tiempos ya passados
axedrez tablas & dados
me fezieron mucho mal
con porfia acidental.

En su defensa ante el rey, Alfonso Álvarez señala que sus enemigos solo le pueden achacar una quizá excesiva afición al juego que se remonta a su juventud y que está ya superada. Para tranquilidad general, hacemos notar que el mal que le «fizo» el ajedrez al poeta no provino del estudio de la ciencia ajedrecística sino, con toda probabilidad, de las apuestas que se cruzaban en el juego. Durante la Edad Media era extraño que se jugara a algo sin que mediara una apuesta por medio y el ajedrez no escapaba a la regla. El hecho queda acreditado en multitud de obras literarias donde se apuestan sumas de dinero, grandes y pequeñas; bienes que podían llegar a ser tan cuantiosos como para incluir ciudades enteras; e incluso, en ocasiones, la vida. En la Edad Moderna no habían cambiado mucho las cosas —aunque algo si se había moderado la cuantía de las apuestas— y los primeros tratadistas del juego (Lucena, por ejemplo) advierten sobre ello.

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El texto proviene de una copia manuscrita del siglo XIX conservada en la Biblioteca Nacional de España. Signatura MSS 5636

Sobre las apuestas en ARTEDREZ


lunes, 12 de junio de 2017

UN CUENTO DE LA VIEJA ESPAÑA


«Un cuento de la vieja España» es un poema del norteamericano Tudor Jenks publicado en junio de 1882 en la revista juvenil St. Nicholas con Ilustraciones de Reginal Bathurst Birch.

El poema esta basado en una leyenda sobre la entronización del decimocuarto sultán nazarí de Granada, Yūsuf III.

Comienza el siglo XV en el último bastión del poder musulmán en la península ibérica, el reino nazarí de Granada. Yúsuf lleva dieciséis años prisionero en el castillo de Xalabania (Salobreña) por orden de su hermano Muḥammad VII, quien le ha despojado de sus legítimos derechos dinásticos. Yūsuf está jugando al ajedrez con el alcaide y el rumbo de la partida le es muy desfavorable. 
—Tu rey está cercado —dijo el alcaide—. La partida es mía.
—La partida no está definitivamente perdida hasta que el juego no acaba —contestó Yūsuf.
—Pero mira, has perdido una torre, un caballo y un peón. Y acabas de perder la otra torre. Además —dijo moviendo la dama— recibirás mate en tres jugadas hagas lo que hagas.
En ese momento, un mensajero interrumpe la partida. Muḥammad sintiendo la proximidad de la muerte y queriendo asegurar la sucesión del trono para su hijo ha ordenado eliminar a todos los posibles pretendientes. Su hermano Yūsuf, que es el legítimo heredero, el primero. Por ello ordena al alcaide de Xalabania que ejecute al prisionero inmediatamente y que le envíe como prueba su cabeza con el mismo mensajero que ha llevado la noticia. Pese a que el alcaide siente afecto por Yūsuf, debe cumplir los deseos del sultán. El príncipe pide permiso para despedirse de familiares y amigos pero le es denegado. La ejecución se emplaza para dentro de una hora.
—Está bien —replicó tranquilamente Yūsuf— hasta que esa hora se cumpla mi tiempo es mío. Sigamos con el juego hasta perder o ganar.
El alcaide, conmovido en lo más profundo por la entereza de Yūsuf y con los ojos anegados en lágrimas, ha perdido totalmente la concentración. Va perdiendo pieza tras pieza y termina recibiendo jaque mate. 
—Ya has visto que «la partida no está definitivamente perdida hasta que el juego no acaba» —dijo sonriente Yūsuf.
 —Lamento que el juego haya terminado —suspiró el alcaide.
 —Ten confianza —replicó calmadamente Yūsuf— aún quedan cinco minutos.
El plazo ha expirado y el verdugo está preparado para cumplir con su trabajo. Yūsuf ya tiene su cabeza en el tajo cuando otro mensajero entra apresuradamente en escena y ordena detener la ejecución. Muḥammad había fallecido el la Alhambra y el pueblo estaba aclamando a su hermano. Yūsuf era el nuevo sultán de Granada.
 —Alcaide —recuerda Yūsuf— la noche nunca llega antes de que se ponga el sol y «la partida no está definitivamente perdida hasta que el juego no acaba».


Tiene todo el aspecto de ser una leyenda ya que las crónicas contemporáneas, como La crónica de Juan II, no hacen referencia al tema al hablar de la muerte de Muḥammad VII, limitándose a decir que falleció «de su dolencia» y que se mandó llamar a su hermano, preso en Salobreña, para ocupar el trono. Los cronistas posteriores incluyeron la anécdota del ajedrez, posiblemente para enaltecer la figura del nuevo sultán. Lo más probable es que Muḥammad falleciera envenenado víctima de una conjura palaciega encabezada por los partidarios de su hermano Yūsuf quien, recordémoslo, había sido despojado de sus derechos de forma violenta por Muḥammad.

Para terminar solo mencionar que en el ajedrez medieval no existía la dama sino el firzān (alferza). La dama no se incorporaría al juego hasta finales del siglo XV. La inclusión en el poema de esta pieza por parte de Tudor Jenks es, por lo tanto, un anacronismo.

viernes, 19 de mayo de 2017

LOS JUGADORES DE AJEDREZ DE LIBERALE DA VERONA


Liberale da Verona fue un pintor y miniaturista italiano del Renacimiento. Procedente de una familia de pintores, en su estilo se encuentra la influencia de los artistas veroneses Jacopo Bellini y Andrea Mantegna y la de Gerolamo da Cremona, artista con el que colaboró en distintas obras y con el que a veces se le confunde. El estilo de Liberale está en la transición entre el gótico tardío y el primer arte del quattrocento.

Con el nombre conjunto de Novella dei giocatori di scacchi (novela de los jugadores de ajedrez) se conoce a dos tablas realizadas por este autor que se conservan en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York (MET); siendo una de ellas, conocida individualmente como Los jugadores de ajedrez, la que encabeza estas líneas y la otra, Escena de una novela, la que puede verse siguiendo este enlace. Son dos temperas sobre tabla que se cree que sirvieron como decoración para los paneles frontales de un cassone nupcial. Ambas obras se realizaron sobre el año 1475 y, antes de acreditarse la autoría de Liberale, fueron a atribuidas a Francesco di Giorgio o a Gerolamo da Cremona.

Los cassoni, llamados en España arcas de boda, eran cofres o arcones que se instalaban en la cámara nupcial el día de los esponsales con objeto de albergar la dote que la familia de la novia aportaba al matrimonio. Eran un elemento suntuario y probablemente constituían la pieza más importante del mobiliario de la nueva familia y solían colocarse a los pies de la cama. La costumbre de regalar estos cofres se inició en los últimos años de la Alta Edad Media y principios del Renacimiento en el norte de Italia. Su propia naturaleza facilitó que fueran lujosamente decorados y algunos de los mejores pintores de la época, como es el caso de Liberale da Verona, recibían el encargo realizarlos.

Al tratarse de un objeto privado, perteneciente al ámbito doméstico, la iconografía presente en estos cassoni solía ser profana y, dada su finalidad como regalo de boda, su temática celebraba con frecuencia el triunfo del amor. 

Con el paso del tiempo, muchos de estos cassoni cayeron en manos de coleccionistas privados o de anticuarios que valoraban más las pinturas que los decoraban que los muebles en su conjunto. Así, muchos de ellos fueron desmontados para conservar las pinturas mientras que los armazones que las contenían fueron desechados. Aparte de romper y descontextualizar la obra en concreto, esta práctica propició la pérdida de algunas de las tablas y la separación de otras, que por distintos avatares terminaron en colecciones o museos distintos, dificultando la compresión de los programas iconográficos que se idearon para ellas. Tal es el caso de la Novella dei giocatori di scacchi. Tradicionalmente, se pensaba que las dos tablas mencionadas, que con posterioridad llegaron al MET procedentes de colecciones distintas, formaban parte de una misma obra pero se tardó más en relacionar una tercera tabla, conservada en Florencia, que es la prolongación de la parte izquierda de Los jugadores de ajedrez. Aunque así, por lo menos, ha quedado completo este panel, aún se ignora si faltan todavía por aparecer otras piezas que pudieran completar la decoración de otras partes del cassone.

Un fotomontaje digital de los tres fragmentos da el siguiente resultado:


Los historiadores piensan que la obra así reconstruida representa dos escenas sucesivas de una misma novella (la novella renacentista era más bien un cuento corto que una novela tal y como hoy las concebimos). Pese a todo, ha sido imposible establecer con seguridad a qué novella pertenecen las escenas representadas.

Lo que vemos en las obras es lo siguiente: 

En la tabla Escena de una novela vemos a un joven, sentado sobre unas rocas, conversando con una muchacha que se asoma desde el balcón de una edificación. El hombre va acompañado por otros tres jóvenes que permanecen de pie detrás de él. La gestualidad de los dos protagonistas principales es compleja y difícil de interpretar intuitivamente. Tradicionalmente se ha pensado que esta escena muestra el desarrollo de un cortejo amoroso (la tradición de apostarse frente a la ventana de la amada ha durado hasta hace bien poco y ha dejado una huella profunda en todas las artes).

En la tabla de Los jugadores de ajedrez vemos a los dos mismos protagonistas sentados a una mesa delante de un tablero de ajedrez. Detrás del hombre están, aparentemente (hay algún cambio en la vestimenta), los tres mismos compañeros de la tabla precedente y más atrás aún, otro grupo de jóvenes. Todos ellos parecen seguir con expectación la partida. Detrás de la mujer se disponen otras tres jóvenes, más una cuarta medio tapada, y podemos suponer que si las dimensiones del cassone hubieran permitido prolongar la escena habría un número de mujeres similar al de hombres que hay al otro lado de la composición. A diferencia de los hombres, las mujeres parecen desentenderse de la partida y sus rostros reflejan unas emociones más intensas que las de aquellos: enfado, angustia, tristeza o disgusto. Tampoco la cara de la protagonista parece expresar una gran dicha precisamente. De este hecho, algunos investigadores deducen que la pintura representa el momento en el que la mujer acaba (o está a punto) de perder la partida. 

Se ignora para qué novios se realizó este cassone. Se ha sugerido, en cualquier caso, que debía ser para unos contrayentes pertenecientes a la burguesía y no a la aristocracia por la ausencia de componentes heráldicos en la composición. En cualquier caso, la finalidad como regalo nupcial de este objeto no casa muy bien con una interpretación que sugiera que el enlace representa una pérdida para la novia.

De todas formas, una mirada de cerca al tablero no nos aclara el tema de quién ganó la partida porque la representación del juego no es realista. Están jugando sobre un extraño tablero de 14 por 8 casillas en el que todas las piezas son del mismo color. Lo seguro es que el hombre esta ejecutando una jugada sosteniendo entre el pulgar y el índice de su mano izquierda una pieza difícil de identificar.


Para intentar comprender qué quiere decir lo representado se ha recurrido, como hemos dicho, a la literatura. Inicialmente se propuso como fuente de inspiración para esta escena un cantar de gesta francés del siglo XIII, Huon de Burdeos. El argumento de este cantar es el siguiente: Huon, que ha matado accidentalmente al hijo del emperador Carlomagno, será condenado a muerte sino cumple una serie misiones aparentemente imposibles de realizar. Básicamente tiene que viajar allende el Mar Rojo, ir a la corte de Gaudisse, emir de Babilonia, entrar en su palacio cuando estén sentados a comer, matar al primer caballero que le salga al paso, besar tres veces a Esclaramunda, la hija del emir, y:

le demandaréis de mi parte —dice Carlomagno— que me envíe mil gavilanes mudados, mil osos, mil perros de presa bien encadenados, mil jóvenes de noble linaje, mil doncellas de gran belleza. Y de su barba, el blanco bigote; y de su boca, cuatro muelas.

Carlomagno, con este encargo, realmente estaba condenando a muerte a Huon.

En esas de cumplir el encargo estaba Huon cuando fue capturado por Yvorin, el hermano de Gaudisse. Yvorin preguntó al cristiano que qué sabía hacer y este le contestó que, entre otras muchas cosas, jugaba muy bien al ajedrez. Yvorin, entonces, le propuso un reto: se enfrentaría con su hija que nunca había perdido una partida de ajedrez y era una doncella de gran belleza. Si ganara, permitirá que Huon pasara la noche con su hija y le recompensaría con una gran suma; si perdiera, perdería también la cabeza.

Huon aceptó y ya al poco de comenzar la partida parecía claro que iba a perder la cabeza en su lentido lato. Pero la hija de Yvorin pensaba de otra manera, se había enamorado de Huon y se dejó ganar la partida. Huon, vencedor inesperado, aceptó el premio en metálico pero rehusó pasar la noche con la princesa lo que motivó la cólera de esta y su arrepentimiento por no haber dado mate a Huon. Al final y con la ayuda de Oberón, rey de las hadas, Huon logrará cumplir el encargo de Carlomagno y regresar a Francia.

Sin embargo, hoy en día los historiadores rechazan que sea Huon de Burdeos la fuente iconográfica de estas dos tablas. Sobre todo porque la Escena de una novela no puede relacionarse con nada de lo que pasa en el cantar de gesta. Aparte de que los jóvenes, vestidos a la moda de Siena, que acompañan al protagonista de la tabla Los jugadores de ajedrez mal se acomodan como feroces piratas sarracenos. Tampoco se ha encontrado nada que se corresponda adecuadamente con lo visto en las muchas obras medievales en las que el ajedrez hace presencia.

Así pues, el significado de esta obra permanece oculto, aumentando el fascinante misterio que emana de la tabla. ¿Quiénes son las personas retratadas? ¿Qué significa la partida de ajedrez? ¿Representa realmente a unos novios? ¿Qué apuesta había en juego que fuera lo suficientemente alta para explicar la turbación de las doncellas que acompañan a la dama protagonista? Quizá, un día, un hallazgo casual o el acierto de un historiador nos permita interpretar adecuadamente esta obra.

FICHA TÉCNICA
LIBERALE DA VERONA
LOS JUGADORES DE AJEDREZ circa 1475
TEMPERA SOBRE TABLA. 34,9 x 41,3 cm.
MUSEO METROPOLITANO DE ARTE DE NUEVA YORK

ANÓNIMO
HUON DE BURDEOS
SIRUELA. MADRID, 2002
TRADUCCIÓN DE JAVIER MARTÍN LALANDA

viernes, 25 de noviembre de 2016

BODAS EN BURGOS


Fueron se pora Burgos      quanto ir se podieron,
Luego que alli llegaron,     grandes bodas fezieron:
Non alongaron plazo,     bendiciones prendieron,
Todos, grandes e chicos,     muy grand gozo ovieron.
Alançavan tablados     todos los caballeros,
A tablas e escaques     jugan los escuderos,
d’otra parte matavan     los toros los monteros
avie y muchas çitulas     e muchos de violeros.
Fazian muy grand gozo     que mayor no podian,
Dos bodas, que non una,     castellanos fazian:
Una, por su señor,     que cobrado avian,
Otra por que entramos     bendiciones prendian.

La ilustración procede del blog St. Thomas guild

Versión actualizada por la página Condado de Castilla.

Se fueron para Burgos en cuanto pudieron, / una vez que llegaron, grandes bodas hicieron: / no alargaron el plazo, bendiciones pidieron, / todos, grandes y chicos, mucha alegría tuvieron. / Alanceaban tablados todos los caballeros,/ a tablas y ajedreces juegan los escuderos, / de otra parte mataban toros los monteros, / había allí muchos citoles y muchos violeros. / Mostraban un gran gozo, más no podían, / dos bodas, que no una, los castellanos hacían: / una, por su señor, que recobrado habían, / otra, porque los dos bendiciones recibían.

FICHA TÉCNICA 
POEMA DE FERNÁN GONZÁLEZ
EDICIÓN A CARGO DE JUAN VICTORIO
CÁTEDRA. MADRID, 1981

ILUSTRACIÓN
DOS HOMBRES JUGANDO AL AJEDREZ
SCHACHZABELBUCH, 1464/1465

viernes, 11 de noviembre de 2016

EL LIBRO DE ALEXANDRE

Los unos tenien armas       quebrantauan taulados
los otros trebeiauan       axadrezes & dados
los otros fazien juegos       menudos e granados
non preçiauan un figo       los lazerios passados.


FICHA TÉCNICA

LIBRO DE ALEXANDRE
ESTUDIO Y EDICIÓN DE FRANCISCO MARCOS MARTÍN

Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes
www.cervantesvirtual.com

ILUSTRACIÓN
THE ROMANCE OF ALEXANDER IN FRANCH VERSE, 1338/44
BIBLIOTECA BODLEIAN