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miércoles, 1 de julio de 2026

LA OFRENDA MUSICAL DE JOHAN SEBASTIAN BACH


«Si hubo alguna vez un dios fue Johan Sebastian Bach», cantaba Sheyla Blanco en la letra que compuso para la Badinerie de la suite Nº 2 en si menor de Johann Sebastian Bach.

Más modestos, pero en la misma dirección, el sello discográfico Passacaille proclama, desde la portada de lo edición de la Ofrenda musical, BWV 1079, que Johan Sebastian Bach es el rey.

sábado, 4 de abril de 2026

MOVER MADERA

«Mover madera» quiere decir jugar al ajedrez. Mejor dicho: jugar mal al ajedrez. Es la metáfora con la que los malos ajedrecistas, aquellos que estamos alejados de la profunda comprensión del juego que adorna a unos pocos elegidos, definimos nuestro juego; los grandes maestros juegan al ajedrez, los aficionados movemos madera.

Seguro estaba de que la expresión era una muestra más del genio popular y dado que es una expresión que por lo que sé se emplea por toda España también estaba seguro de que el anónimo creador de la expresión era español o al menos de habla hispana. Pero no. El autor será anónimo pero su origen es francés y viene avalado por argumentos de autoridad indiscutibles.

Aunque posiblemente ya fuera una frase que se escuchara en los cenáculos ajedrecísticos de manera irónica, fue en El sobrino de Rameau, una obra a la que Denis Diderot dedicó más de veinte años de su vida, en la que esta expresión tuvo su primera aparición literaria. 

En esta obra el filósofo dialoga con el sobrino del músico Jean-Philippe Rameau sobre la sociedad de la época, haciendo hincapié fundamental en las materias artísticas: la música, el teatro, el arte.

El encuentro entre los dos protagonistas del libro se produce en el celebre café de la Régence. Merece la pena reproducir lo que Diderot dice sobre él:

Si el tiempo es demasiado frío, o demasiado lluvioso, me refugio en el café de la Regencia; allí me distraigo viendo jugar al ajedrez. París es el lugar del mundo, y el café de la Regencia el lugar de París, donde mejor se juega a este juego. En casa de Rey es donde se enfrentan: Legal, el profundo, Philidor, el sutil, el sólido Mayot; donde se ven las jugadas más sorprendentes y se oyen las frases más absurdas; pues si bien se puede ser una persona inteligente y un gran jugador de ajedrez, como Legal, se puede ser también un gran jugador de ajedrez y un necio como Foubert o Mayot.
Cuando el sobrino de Rameau se percata de la presencia de Diderot se acerca a él mientras pronuncia las palabras que nos interesan:
—Ah, ah, heos aquí, señor filósofo; ¿y qué hacéis vos con esta panda de holgazanes? ¿Es que también perdéis el tiempo empujando maderas? Así es como se llama, despectivamente, a jugar al ajedrez o a las damas.

—No; pero cuando no tengo nada mejor que hacer, me entretengo mirando un rato a los que las empujan bien.

—En ese caso, os entretenéis raramente; excepto Legal y Philidor, el resto no sabe nada de esto.

—¿Y el señor de Bissy?

—Ese es, como jugador de ajedrez, lo que la señorita Clairon es como actriz. Saben de esos juegos, el uno y la otra, todo lo que se puede aprender sobre ellos.

—Sois exigente, y ya veo que solo perdonáis a los hombres sublimes.

—Sí, en el ajedrez, en las damas, en poesía, en elocuencia, en música y otras pamplinas por el estilo. ¿De qué sirve la mediocridad en esas cosas?

Portada de El sobrino de Rameau. Más sobre ella aquí.

FICHA TÉCNICA
DENIS DIDEROT
EL SOBRINO DE RAMEAU
NÓRDICA LIBROS. MADRID, 2008
TRADUCCIÓN DE ANA Mª PATRÓN

lunes, 8 de septiembre de 2025

ROUSSEAU ESTUDIANDO AJEDREZ


Ilustración de Maurice Leloir (1853-1940) para la edición de 1889, realizada por H. Launette & Cie, de Las confesiones. El pasaje ilustrado es el siguiente:
Ocurriósele entonces enseñarme el juego del ajedrez, que él conocía un poco; lo ensayé casi a pesar mío; y después de medio aprendida la marcha de las piezas, mi progreso fue tan rápido que antes de concluir la primera sesión yo le daba la torre, que él me había dado en las primeras partidas. Esto fue bastante para que ese juego absorbiese todo mi espíritu. Me proporcioné un tablero y compré el Calabrés; me encerré en mi cuarto, donde pasaba días y noches empeñado en aprender de memoria todas las partidas; quería encajarlas en mi entendimiento, de buen o mal grado, jugando a solas, sin descanso ni fin. Al cabo de dos o tres meses de este divertido ejercicio y de esfuerzos inauditos fui al café, delgado, amarillo y atontado. Me ensayé y volví a jugar con el señor Bagueret; me ganó una vez, dos, veinte veces; se habían enredado tantas combinaciones en mi mente, y mi imaginación se había ofuscado de tal manera, que delante de mí sólo veía una nube. Cuantas veces quise ejercitarme en el estudio de jugadas con el libro de Philidor o con el de Stamma, me ocurrió lo mismo, y después de haberme extenuado con la fatiga, me encontré más decaído que antes. Por lo demás, haya abandonado el ajedrez o jugando me haya repuesto, no he adelantado un ápice desde la primera sesión y me he encontrado siempre en el mismo punto en que me hallaba al concluirla.

Los libros citados son: 

Trattato del nobilissimo Gioco delli scacchi i quale è ritratto di guerra, et di ragion di stato (Tratado del muy noble juego del ajedrez, el cual es espejo de la guerra y de las razones de estado), por Gioacchimo Greco, Calabrés. Roma, 1619.

Analyse du jeu des Échecs, por François-André Danican Philidor. París, 1749.

Essai sur le jeu des echecs, por Philip Stamma. París, 1737

 


 

miércoles, 30 de julio de 2025

ANASTASIA Y EL JUEGO DEL AJEDREZ, CARTAS DESDE ITALIA

 

El escritor alemán Wilhelm Heinse (1745-1803) logró escandalizar dos veces a la biempensante sociedad alemana de su época. La primera, en 1773, con una traducción sin censuras del Satiricon de Petronio. La crudeza erótica del original latino hizo las delicias del público culto, pero en privado. En público, el escándalo tomó tal carácter que nuestro autor tuvo que cambiar de nombre.

La segunda fue la publicación de la que es su obra más conocida, Ardinghello y las islas afortunadas, en 1787. Esta obra describe una utopía social en la que una comunidad establecida en las islas de Paros y Naxos se dota de una constitución que permite el voto de las mujeres, proclama el amor libre e instituye la comunidad de bienes. De nuevo el escándalo en público y la lectura en privado. Aunque, como esta vez había tenido la precaución de publicarla de forma anónima, las repercusiones no se lo llevaron por delante.

Entre medias, se dedicó a traducir a los clásicos italianos (entre ellos los tratados de ajedrez de Ercole del Rio y Giambattista Lolli); a viajar por Europa, especialmente por Italia; a publicar varias novelas; a editar revistas; y a trabajar como bibliotecario para un noble alemán. También frecuentó los círculos del Sturm und Drang (Tormenta e ímpetu), un movimiento cultural de carácter prerromántico. Precisamente con el autor que dio su nombre al grupo, Friedrich Maximilian Klinger (1752-1831) le unió una gran amistad. La influencia de Klinger fue decisiva en el libro que vamos a comentar.

En 1803, Heinse publicó su última obra, un extraño libro de ajedrez titulado Anastasia y el juego del ajedrez: cartas desde Italia por el autor de Ardinghello.

La primera edición, publicada en Fráncfort del Meno por Varrentrapp & Wenner, llevaba en su portada un grabado de Johann Konrad Felsing que muestra a una esfinge delante de un tablero contemplando una dama de ajedrez.


Vamos a tener que recurrir al tópico de llamar inclasificable a este libro. No es propiamente una novela ni tampoco es exactamente un tratado de ajedrez, por más que su interés sea proporcionar una enseñanza del juego a los lectores. A lo sumo un tratado arcaizante, donde lo técnico se acompaña de reflexiones sobre los orígenes, sean estos legendarios o no, del ajedrez y reflexiones sobre las virtudes que atesora el juego, sobre la moral y sobre su consideración en la sociedad.

Es un texto epistolar. El argumento del libro se desarrolla a través de siete cartas que un viajero alemán, que está recorriendo Italia, envía a un corresponsal de su propio país. Las cartas se fechan entre abril de 1781 y febrero de 1782, unos diez años antes de la publicación del libro.

En las cartas habla de la personas que conoce en sus viajes que le introducen en sociedad y le acercan a los círculos de ajedrecistas locales. Cada carta reproduce partidas o posiciones de ajedrez comentadas. En sus conversaciones se filosofa sobre la existencia de la suerte en el ajedrez —nuestro protagonista defiende que existe—; sobre qué es lo que distingue al buen del mal jugador —sería la práctica y el genio, definido como el talento natural, sin el que ni el más profundo estudio puede fructificar (Heinse toma esta idea del escritor español del siglo XVI Juan Huarte de San Juan, al que cita directamente en la obra)—; de la facilidad para el juego que parecen tener los judíos; de la diferencia de fuerza entre hombres y mujeres —defiende la capacidad de ellas para jugar bien—; y de la riqueza simbólica del ajedrez.

También se habla del origen del ajedrez, señalando la India y la imitación de la guerra como país y referencias más probables, pero no se desdeña comentar las leyendas fundacionales incluidas por el persa Firdusi a principios del siglo XI en su Libro de los reyes.

La consideración del ajedrez como imitación de la guerra es constante en el libro, aunque en un momento dado se comenta que en el tablero las piezas no sufren ataques de pánico ni huyen del enemigo ni, lo que es más importante, se cuestionan qué hacen en medio de una guerra, como sí pasa con los soldados y los generales en el campo de batalla.

Las apuestas, la necesidad ser prudente cuando no se conoce la fuerza real del rival, el estudio de las partidas de los grandes jugadores, el cuestionamiento de lo escrito en los libros, aunque venga de la pluma de Philidor, son otras de las reflexiones en las que se detiene el texto.

Hablando de Philidor, gran parte de la segunda mitad del libro se dedica a refutar las conclusiones del francés, en su celebérrimo Análisis del juego de ajedrez, al que se acusa de demasiado categórico y poco minucioso. Estas afirmaciones, dice el viajero, proceden de una obra anónima de larguísimo título. Hay consenso general en que dicha obra es Sopra il Giuoco degli Scacchi Osservazione Pratiche d'Anonimo Autore Modenese (Observaciones prácticas sobre el juego del ajedrez, por un autor anónimo de Módena), publicado de forma anónima en 1750. Posteriormente se supo que el libro había sido escrito por el abogado modenés Domenico Ercole del Rio (1718-1802). Trece años después, su trabajo fue notablemente aumentado por Giambattista Lolli en otra obra de larguísimo título: Osservazioni teorico pratiche sopra il giuoco degli scacchi ossia il giuoco degli scacchi esposto nel suo migliore lume, de Giambattista Lolli, modenese. (Observaciones teórico-prácticas sobre el juego del ajedrez, o el juego del ajedrez expuesto  a la mejor luz, por Giambattista Lolli, modenés), publicada en Bolonia en 1763.

Heinse traduce al pie de la letra fragmentos enteros de Lolli aunque, dado que Lolli lo reconoce explícitamente en su libro, la inspiración primera de la refutación a Philidor hay que atribuirla a Ercole del Rio. Hay que recordar que Heinse había traducido los tratados de ambos escritores italianos.

La Anastasia del título es una joven griega que juega muy bien al ajedrez y a la que los caballeros declaran «musa del ajedrez». Anastasia llegará a convertirse en profesional y jugará por dinero y fama.

Aunque Heinse no bautizó ninguno de los muchos problemas que salen en el libro con el nombre de Anastasia, tradicionalmente se ha llamado mate Anastasia a la posición siguiente:

Esta posición se halla en el libro, justo en el último capítulo, en el final de partida número dieciséis, dentro del apartado de mates en cuatro jugadas.

La posición aparece sin ninguna variación en el libro mencionado de Ercole del Rio:

Ercole del Rio
Sopra il giuoco degli scacchi, 1750
#4                                          (5+7)
Veamos la solución del problema en un tablero interactivo:

La parte práctica del libro se compone de posiciones, partidas y problemas comentados, aunque también tienen importancia las consideraciones generales sobre el juego. El valor relativo de las piezas, la controversia alfil frente a caballo, la importancia de tener la salida. Las partidas transcurren mayoritariamente por los caminos de la apertura italiana, aunque también aparecen otros sistemas de empezar el juego —gambitos de rey y de dama, apertura de alfil—.

Como conclusión, parece que los aspectos novelados, junto con las especulaciones filosóficas y los comentarios históricos del libro pertenecen propiamente a Heinse, mientras que la parte práctica es una recopilación de ideas, cuando no una mera traducción, de los textos de del Rio y Lolli.

Una peculiaridad importante es que el libro está escrito bajo las reglas del ajedrez italiano, que Heinse defiende ardorosamente frente al europeo, que diferían del juego practicado en el resto de los países en varios aspectos fundamentales:

La promoción del peón. En Italia cuando un peón llegaba a la octava fila solo podía promocionar en alguna pieza que ya hubiera sido capturada. Si no había ninguna, permanecía «en suspenso» hasta que una captura permitiera su transformación automática en la pieza capturada.

Passar battaglia que básicamente significa la prohibición de capturar al paso.

Y lo más importante: el enroque italiano, el enroque libre. El rey y la torre se pueden colocar libremente en cualquiera de las casillas intermedias: el rey puede ir a h1, g1 o f1 y la torre puede ir a f1 o e1 en el corto; lo mismo pasaba por el lado largo.

[Quizá, además del Free Style, tan de moda en estos días, se podía volver a las viejas normas italianas, que también dinamitan buena parte de la teoría de las aperturas pero permiten un juego idéntico al tradicional. Sería cosa de pensarlo.]

Como hemos dicho, el libro debe mucho a la correspondencia que su autor mantuvo con su amigo Klingser. Ambos jugaron al ajedrez por correspondencia y prácticamente todos los temas tratados en Anastasia fueron discutidos por ellos en sus cartas

Es una lástima que un libro de tanta importancia para los estudiosos del ajedrez histórico, que ha tenido mala suerte con las traducciones, se haya presentado en una edición tan desmañada: sin guardas ni páginas de respeto, con el texto sin marginar, sin índice general, sin índice onomástico o de materias... Todo ello dificulta notablemente las consultas posteriores a la primera lectura. El libro bien merecía una edición crítica que clarificara algunos pasajes oscuros del texto.

martes, 4 de junio de 2024

ROUSSEAU vs CONTI


La partida de ajedrez entre Jean—Jacques Rousseau (1712-1778) y el príncipe de Conti (Luis Francisco I de Borbón-Conti; 1717-1176) según un grabado de Maurice Leloir (1853-1940). La imagen se publicó en la edición de 1889, realizada por H. Launette & Cie, de Las confesiones.

Esto es lo que dice Rousseau del encuentro.
En medio de todas estas mezquindades literarias, que me confirmaban más y más en mi resolución, recibí el honor más grande que las letras me han proporcionado y el que más me ha lisonjeado, con la visita que el príncipe de Conti se dignó hacerme por dos veces, una en la quinta y otra en Mont-Louis, escogiendo además ambas veces la ocasión de que la señora de Luxembourg no estaba en Montmorency, con el objeto de hacer más evidente que venía para mí. Nunca he dudado que las primeras bondades de este príncipe las debo a la señora de Luxembourg, y a la de Boufflers; mas tampoco me cabe duda de que debo a sus propios sentimientos y a mí mismo las que no ha cesado de dispensarme desde entonces.
Como mi habitación de Mont-Louis era muy pequeña, y la situación de la torrecilla era bellísima, conduje allí al príncipe, quien, para colmo de mercedes, quiso que tuviese el honor de jugar con él al ajedrez. Yo sabía que él ganaba al caballero Lorenzi, el cual jugaba más que yo. Sin embargo, a pesar de los signos y gestos del caballero y demás asistentes, que fingí no ver, gané las dos partidas que jugamos. Al concluir, le dije con tono respetuoso, pero grave: «Monseñor, venero demasiado a V. A. Serenísima para no ganarle siempre en el ajedrez». Este gran príncipe, dotado de ingenio y de luces, tan digno de no ser adulado, conoció en efecto, a lo menos así lo creo, que no había allí sino yo que le tratase como hombre, y tengo motivos para creer que me lo agradeció realmente.


domingo, 5 de mayo de 2024

AJEDREZ, ARTE Y CULTURA


Ajedrez, arte y cultura es un proyecto de la Universidad de la República (UdelaR), la Universidad pública de Uruguay, que ha reunido a un conjunto de autores hispanoamericanos para escribir sobre el tema que da nombre al volumen.

El coordinador del proyecto ha sido Esteban Jaureguizar, experto en ajedrez educativo y coordinador del Programa Ajedrez UdelaR, en el Servicio  Central de Inlcusión y Bienestar de la Universidad de la República; y también del programa Ajedrez para la convivencia, del Ministerio de Educación y Cultura, enfocado a alumnos de educación primaria y secundaria. Es miembro del Consejo Directivo de la Comisión de Educación de la Federación Internacional de Ajedrez.

Precisamente, Esteban Jaureguizar firma el primer capítulo del libro: «El nudo de la Régence. Un modelo didáctico, un capítulo ajedrecístico». El trabajo de Esteban se centra en el celebérrimo café de la Régence de París. En cómo, como anuncia el título, es un nudo del que salen innumerable cabos que se diseminan por todo el espectro de la inteligencia humana. Así mismo es el distribuidor desde el que se presentan el resto de los capítulos que componen el volumen.

El café de la Régence no solo era el lugar donde se reunían los ajedrecistas, que eran los mejores de la época, por cierto: Legal, Philidor, Morphy, Andersen, etc. Era también donde se encontraban los intelectuales (los enciclopedistas, d'Alembert y Diderot, lo frecuentaban, también Rousseau), conspiradores y políticos (Robespierre y Napoleón; Marx y Engels). O científicos, como el psicólogo Alfred Binet, quien encontró inspiración para su trabajo sobre la memoria y la inteligencia mientras veía en el café una exhibición de simultáneas a la ciega.

En lo personal, solo puedo agradecer la gentileza de Estaban Jaureguizar al invitarme a participar en el libro en compañía de grandes especialistas en la materia. Un honor probablemente inmerecido.


miércoles, 10 de abril de 2024

LOS ENCICLOPEDISTAS


Página dedicada al ajedrez en el cómic Los enciclopedistas, publicado por Astiberri en 2018 con guion de José A. Pérez Ledo y dibujo de Alex Orbe.

Como corresponde a la época, la gente se reúne a jugar en los cafés (quizá La Régence de París). Denis Diderot y Jean le Rond d’Alembert, los impulsores de la Enciclopedia, se reúnen a jugar al ajedrez y a comentar las dificultades que está encontrando su obra para ser publicada.


Si descendemos al detalle, las cosas no están tan bien en el tablero. Parece que lo que se ha intentado es terminar la partida con un mate de la coz, previo sacrificio de las dos torres negras. Este mate también recibe incorrectamente el nombre de «mate Philidor», lo que estaría en consonancia con la época en la que transcurre la historia ya que Philidor fue el mejor jugador del mundo en el siglo XVIII. Pero hay un evidente error. En la tercera y cuarta viñetas, las blancas tienen tres alfiles, dos de ellos de casillas negras.

En la tercera viñeta todo está dispuesto para dar el mate de la coz, pero en la cuarta se comete otro error, tristemente común. Es sabido que en ajedrez no se captura el rey. Adjuntamos un diagrama con la posición del penúltimo diagrama y como se da el mate final. 

Quizá, dado que los enciclopedistas eran contrarios a la monarquía, se quiera resaltar que las ideas terminarán imponiéndose a la monarquía que se mostró muy crítica con el trabajo de los enciclopedistas. El rey derribado sería el mejor símbolo de esto. Pero el rey, insistimos, no se captura en el juego del ajedrez.






FICHA TÉCNICA
LOS ENCICLOPEDISTAS
JOSÉ A. PÉREZ LEDO (GUIÓN) & ALEX ORBE (DIBUJO)
ASTIBERRI. BILBAO, 2018



 


jueves, 9 de marzo de 2023

¡Y TRES SI PHILIDOR GANA EL TORNEO!


Howard «Harry» Harrison fue uno de los ilustradores principales de Chess Review. Y como ya hemos dicho en alguna ocasión en los años 40 y 50 del siglo XX publicó una sección fija titulada Chess Review of History.

La leyenda superior dice: «Boston, 1775. En vísperas de la revolución americana, Paul Revere aguarda un importante mensaje». En la inferior, Revere dice a una mujer: «...dos si es por mar ¡y tres si Philidor gana el torneo!».

Por poner en contexto la viñeta, Paul Revere fue un patriota norteamericano encargado de poner en marcha un sistema de espionaje para alertar de los movimientos de las tropas británicas.

jueves, 13 de agosto de 2020

JAQUE MATE


Grabado de Benoît-Louis Henriquez (1732-1806) sobre una obra del pintor francés Charles Amédée Philippe van Loo (1719-1795) que no he logrado identificar. La obra se publicó en 1768.

La imagen muestra una escena conocida. Una pareja de enamorados está jugando una partida de ajedrez, que como sabemos era una de las actividades en la que los novios podían permitirse una cierta intimidad, aunque la familia se mantuviera vigilante en un segundo plano. 

En el transcurso de la partida la joven logra vencer a su adversario, lo que viene a significar el fin del cortejo y la consolidación del vínculo. Los novios pronto serán marido y mujer.

miércoles, 5 de agosto de 2020

COUCHI


Gustaf Lundberg (1685-1796) fue un retratista sueco de estilo rococó y el autor de este cuadro. 

El retratado es Adolf Ludvig Gustav Fredrik Albert Badin, llamado Couchi en su país natal. Capturado como esclavo de niño, fue regalado a la reina de Suecia Luisa Ulrika de Prusia y a su hija, la princesa Sofía Albertina. La reina, que estaba muy interesada en las ciencias y había leído a Rousseau y a Linneo, decidió efectuar un experimento y educar al niño. Se crió en la cercanía de la familia real y llegado a la edad adulta desempeñó diversos trabajos para la corte. Maestro de ballet, chambelán, secretario, asesor. Supongo que el experimento se consideraría un éxito. O no, ¿quién sabe?

Se le recuerda como hombre inteligente, reunió una notable biblioteca y escribió unos diarios en los que muestra su lealtad a la familia real. A la muerte de la reina se retiró al campo para administrar unas granjas que esta le había dejado en herencia. 

Como puede verse en el cuadro de Lundberg, la educación que recibió en la corte sueca incluyó el ajedrez.

jueves, 21 de mayo de 2020

ANGELICA KAUFFMAN


Angelica Kauffman fue una popular pintora del periodo neoclásico. Suiza de ascendencia austriaca, su vida transcurrió entre Londres y Roma, donde su trabajo pictórico le granjeó grandes éxitos y una excelente reputación artística. Fue amiga de algunos de los más notables intelectuales y artistas de su época: Wincklemann, Goethe, Reynolds, por ejemplo. De enorme precocidad, y muy dotada para múltiples disciplinas —destacaba en música, cantaba muy bien y tenía una enorme facilidad para los idiomas— sus mayores logros los consiguió en el campo de la pintura como retratista y autora de escenas mitológicas y paisajes, pese a que su principal interés era la pintura de historia.

Fue una de las firmantes de la carta en la que se pedía al rey Jorge III que instituyese una Academia Real de Pintura y Escultura y, una vez conseguido, fue una de las dos primeras fundadoras y miembros de pleno derecho  —la otra fue Mary Moser— de la misma.

En 1778, la Academia comisionó a Angelica Kauffman para pintar una serie de cuadros que representaran los cuatro elementos del arte. Esas pinturas se encuadraban en un conjunto más amplio que debía decorar la sala del consejo en la sede de la Academia en el palacio de Somerset House.

De acuerdo con las ideas estéticas imperantes, formuladas fundamentalmente por sir Joshua Reynolds, estos elementos serían dos aspectos prácticos y sensibles, el dibujo y el color, y otros dos técnicos e intelectuales: la invención y la composición. Angelica Kauffman desarrolló esta idea mediante cuatro figuras alegóricas, en las que se advierte la influencia de las sibilas de Miguel Ángel de la bóveda de la Capilla Sixtina del Vaticano.

La composición, que es la que ilustra la imagen que acompaña a esta nota, viene representada por una mujer ensimismada, en los que algunos han creído ver un autorretrato de la propia Kauffman, que lleva un compás en la mano y se apoya en un cuerpo arquitectónico sobre el que descansa un tablero de ajedrez. A su lado, en el suelo, yacen un pincel y unas hojas de papel.

La figura se sitúa en el límite entre lo humano, las construcciones arquitectónicas, y lo natural, el paisaje, queriendo simbolizar que el arte debe participar de los dos mundos. La composición viste de blanco, porque su intención es pura. El compás que lleva en su mano es el símbolo emblemático tradicional de la creación; por su forma se relaciona con la letra A, el origen de todas las cosas. Significa también la equidad, la capacidad de medir con justeza las cosas, sin desviarse de la verdad. El arte debe transmitir, pues, la verdad. El pincel y las hojas nos hablan de la necesaria unión de la creación con la mano, de la necesidad del boceto previo y el dibujo preparatorio. Por último, el tablero de ajedrez nos remite a la dimensión intelectual del arte, a la necesidad de planificación, de la estrategia, de la idea.

Angelica murió en Roma, en 1807, en olor de multitudes. Sus honras fúnebres fueron dirigidas por el escultor Antonio Cánova y el cortejo reunió a todos los miembros  de la Academia de San Luca, que acompañaron el féretro hasta la basílica de Sant'Andrea delle Fratte, donde fue sepultada, mientras la multitud portaba en andas dos de las mejores obras de la pintora, como se había hecho años antes en el entierro de Rafael.

FICHA TÉCNICA
ANGELICA KAUFFMAN
COMPOSITION (1778-1780)
ÓLEO SOBRE LIENZO. 126 x 148,5 cm.
ROYAL ACADEMY OF ARTS

lunes, 18 de mayo de 2020

ZADIG

En Zadig, una novela filosófica de Françoise-Marie Arouet, dicho Voltaire, encontramos esta referencia al ajedrez:
Él enseñó a leer y escribir a los hombres, y a él debe la tierra entera el juego del ajedrez.
El contexto es el siguiente. En una reunión en la que participan un egipcio, un indio del Ganges, un habitante de Catay, un griego, un celta y aún otros representantes de diversas zonas de la tierra, pronto empiezan unos a otros a echarse en cara sus respectivas creencias, calificándolas de supersticiosas y bárbaras. La frase reseñada la dice, claro está, el indio para explicar qué es lo que había hecho Brama por la humanidad.

La novela parece pensada para ejemplificar el conocido apotegma que dice que «ninguna buena acción queda sin castigo». Todos los intentos de Zadig, un filósofo babilonio, por mejorar la vida de las personas, hacer prevalecer la razón y la justicia y evitar sufrimientos inútiles a la gente, le acarrean problemas cada vez mayores: procesos sin cuento, acusaciones de blasfemia e impiedad, penas de destierro, esclavitud y hasta una condena a ser quemado a fuego lento. Casi como el propio Voltaire en su siglo.

Voltaire aplaudió en varias de sus obras el talento de los indios para las matemáticas y celebró efusivamente la invención del juego del ajedrez por sus sabios.


Para ilustrar la frase de Voltaire traemos este aguafuerte de 1764 obra de Jean Huber, pintor destacado por Catalina la Grande para documentar el día a día de Voltaire, como una suerte de biógrafo gráfico del siglo XVIII. Probablemente fue un apunte para el óleo con el mismo tema que se conserva en el museo del Hermitage de San Petersburgo y que publicamos hace tiempo.

En el aguafuerte se ve a Voltaire jugando contra el padre Adam, un jesuita al que alojó en su residencia de Ferny cuando los miembros de la Compañía de Jesús fueron expulsados de Francia en 1762. A Voltaire le gustaba mucho jugar contra el religioso. Según testimonios de algunos visitantes, a las siete de la tarde, Voltaire tocaba la campana y pedía que se avisara al padre Adam. Era la hora del ajedrez. 

martes, 26 de noviembre de 2019

EL CABALLERO D'ÉON

Charles-Geneviève-Louis-Auguste-André-Thimothée d'Éon de Beaumont fue un fascinante personaje del siglo XVIII. Espía, diplomático, militar al servicio de Felipe XV de Francia, causó sensación en la sociedad de su época por las incógnitas que suscitaba su identidad sexual. D’Éon podía presentarse tanto como un hombre —el chevalier d’Éon— o como una mujer —la chevalière d’Éon o mademoiselle de Beaumont—. El interés por el caso fue tal que las apuestas por determinar su sexo alcanzaron en Inglaterra un monto de 300.000 libras esterlinas. D'Éon mantuvo siempre una calculada ambigüedad sobre el asunto.

D’Èon ejerció su labor diplomática (o de espionaje) en Francia, Rusia e Inglaterra. Sus éxitos profesionales, su inteligencia, su conversación chispeante y su ingenio agudo pronto le granjearon un lugar de honor en los salones. Pero también poderosos enemigos. Incurrió en cuantiosas deudas y se vio acosado por los acreedores.

Para intentar optar a una pensión oficial se vio obligado a desvelar su sexo. Declaró que era una mujer. A partir de ahí se le prohibió vestir como hombre y se trasladó a Londres. La Revolución cortó definitivamente la pensión que d’Éon recibía del Estado francés. A partir de ahí tuvo que vivir de vender sus joyas y libros, de la beneficencia y de dar exhibiciones de esgrima; d´Eon fue uno de los mejores tiradores de esgrima de su tiempo. Los grabados contemporáneos lo muestran con sus ropajes femeninos enfrentándose a los mejores esgrimistas de la época, a los que solía derrotar pese a lo avanzado de su edad y el incordio que representaban las faldas. Complementaba sus ingresos, y por ello el caballero d’Éon entra por la puerta grande en ARTEDREZ, jugando al ajedrez, disciplina que había aprendido con Philidor. La tarifa que tenían que satisfacer quienes quisieran jugar con él/ella era de cinco chelines. De considerar a d’Éon chevalière, habría sido la primera mujer en jugar al ajedrez en público.



En cuanto a su aspecto físico los testimonios de la época difieren. Para Casanova, quien tiene fama de entender de mujeres, d’Éon era claramente una belle femme. Voltaire, en cambio, dice que apenas podía disimular los pelos negros y espinosos que poblaban su mentón. A su muerte, la autopsia no dejó lugar a dudas, d’Éon era un hombre. En total, de los 82 años que vivió, 33 los hizo como mujer y 49 como hombre. Puede que no fuera la primera mujer en jugar al ajedrez en público pero desde luego fue el primer travesti en hacerlo.

La historia del caballero d'Éon la he recogido del extraño y fascinante libro de Richard Cohen Blandir la espada. Historia de los gladiadores, mosqueteros, samurai, espadachines y campeones olímpicos. Destino. Barcelona, 2003

domingo, 17 de noviembre de 2019

PALABRAS BAJO EL MAR

El escritor y economista español Fernando Trías de Bes publicó en 2006 la novela Palabras bajo el mar en la que narra la decadencia de una familia madrileña que se sume en la ruina, la enfermedad y la muerte. A través de los ojos de un niño vemos al abuelo de la familia tocar incesantemente los 24 preludios de Chopin, deteniéndose siempre en la misma nota, sin terminar jamás la obra. Y a su padre, sumido en la locura, encerrarse a escribir lo que denomina «el poema perfecto» sin lograr nunca no ya un poema perfecto sino tan siquiera uno publicable. Acosada por las deudas, la familia emigra a un lugar indeterminado, llamado simplemente «el páramo».

Convencido de que la clave para entender la desgracia de su familia está en el abuelo, Leo intenta acercarse a él. Y para ello emplea la única cosa, además de la música, que interesa al anciano: el ajedrez.

Leo pide a su abuelo que le enseñe a jugar, pero este se niega aduciendo que no tienen un tablero ni las piezas necesarias para hacerlo. Así que Leo emprenderá la tarea de de fabricar él mismo uno para poder enfrentarse al abuelo. 

El tablero no le presentará mayores problemas, unas teselas blanquinegras del alicatado  cerámico de una antigua fuente se lo proporcionarán casi hecho, pero los trebejos supondrán una mayor dificultad y un gran esfuerzo. Quiere sorprender a su abuelo con unas piezas originales, ya que piensa que ganándose su respeto le será más fácil ahondar en el secreto familiar.


Por fin se decide. Consigue dieciséis botones blancos y otros dieciséis negros y encima de estos botones pegará insectos. ¡Insectos vivos!

Unas avispas serán los alfiles; la legendaria capacidad de salto de los saltamontes les convierte en buenos caballos; unas crisálidas de mariposa harán la función de reyes. Los verdaderos problemas se los ocasionarán las damas. Quiere algo especial para esta pieza, de la que su abuelo le ha dicho que es la más poderosa del juego. La dama blanca, además, tiene una notable importancia simbólica en la novela, asociándose a la abuela muerta, a la madre ausente, a la hermana enferma... Un día tropezará con una mantis religiosa: la pieza perfecta, pero solo será capaz de encontrar una. El tiempo apremia y decide presentarse frente a su abuelo con una sola dama en el tablero.


Las partidas contra el abuelo desatarán una auténtica tormenta a través de la cual se desvelará el secreto familiar y se generará una catarsis después de la cual se sentarán las bases de la recuperación de la familia. 

Pese a ser el ajedrez el nudo de la novela, algunos comentario sobre el juego no son muy afortunados (sin entrar a valorar la dificultad de jugar al ajedrez con insectos vivos tan peligrosos como las avispas como piezas). Por ejemplo al describir el nivel del abuelo se dice: 
No era buen jugador, sino más bien mediocre y torpe. Acometía absurdos movimientos, en especial con el caballo y los peones, a los que despreciaba y sacrificaba con aires de heredero manirroto. 
Movimientos absurdos hay muchos a la disposición de los jugadores, pero que esos movimientos sean cometidos especialmente con el caballo no tiene sentido ajedrecístico.

Ni tampoco en la explicación de los movimientos de las piezas que, como lamentablemente pasa a menudo, es muy poco acorde con lo que es el juego en realidad. Así podemos leer cosas como «la reina no tiene piedad» (¿acaso la tiene cualquier otra pieza que tenga a su disposición un buen movimiento?), «la reina mata por conservar a su rey», «La reina es la que mata a la mayoría de las piezas del contrario» y otras similares para el resto de las piezas.

Para terminar con el libro transcribo dos frase que el abuelo dice a Leo sobre el ajedrez y que son más un intento de explicar la sicología del anciano que una definición consecuente de lo que simboliza el juego.
—Blancas y negras, Leo. Como las teclas del piano. Sin matices, como la vida. Porque las cosas son o no son. No tienen término medio, los grises no existen, hijo, no existen.
Y
Rey blanco contra rey negro. Luz contra oscuridad. Dolor contra esperanza.
Como en la novela, aunque no con animales vivos, al menos se han fabricado en la historia dos juegos de ajedrez cuyos trebejos son fundamentalmente insectos.


Las tres primeras fotografías de esta entrada muestran un juego de ajedrez elaborado en Italia sobre 1790 con piezas de marfil y ébano. Los reyes y las damas son mariposas, los alfiles, saltamontes; libélulas, los caballos; y orugas, las torres. Los peones son distintos tipos de mariposas. En la base de cada pieza viene su nombre científico. No se conoce el nombre del artesano que lo fabricó.


Las tres restantes muestran un juego de ajedrez diseñado por el británico Alastair Mackie. Unos cilindros de resina contienen diversos especímenes de insectos. Las blancas están representadas por insectos voladores y las negras por insectos terrestres (me parece que entre estos a Mackie se le ha colado un arácnido). El tablero, que es monocromo, está iluminado desde abajo para facilitar la visibilidad de los animales.


La obra de Mackie se titula Amorphous organic (algo así como orgánico amorfo) y está hecha de madera de turbera, mesa de luz, vidrio, baterías, latón, copal, resina e insectos. Fue realizada en 2009


lunes, 23 de abril de 2018

EL DR DE C JUGANDO AL AJEDREZ CONTRA LA MUERTE


Remi-Fursy Descarsin fue un pintor francés del siglo XVIII especializado en retratos del que poco se sabe, salvo que se movió cerca de los circulos aristocráticos y realistas del conde de Provenza, el futuro Luis XVIII. Sus simpatías contrarrevolucionarias le hicieron perder la cabeza en el sentido más literal de la expresión, en la guillotina. Pero antes nos dejó un cuadro singular que ilustra perfectamente el pensamiento del siglo de las luces.

Se trata de «El doctor de C. jugando al ajedrez contra la Muerte», realizado en el emblemático años de 1793, año en el que Luis XVII fue ejecutado y el Comité de Salvación Pública desató la Terreur. El significado de  la composición viene explicado en las dos cartelas dispuestas sobre el marco del cuadro. La de la izquierda, la más significativa, dice:
RETRATO DEL DR. DE C. QUE ACABA DE SALVAR A UN PACIENTE. LA MUERTE, SORPRENDIDA Y VENCIDA, HA RECIBIDO JAQUE MATE. PINTADO EN NANTES POR REMI-FURSY DESCARSIN QUIEN FUE DECAPITADO EN 1793 (LA MANO DEL DOCTOR NO FUE TERMINADA DE HACER)
El siglo XVIII se caracterizó por la confianza en la razón y en el progreso de la ciencia y el conocimiento. En este contexto, la lucha de la medicina contra la enfermedad se institucionaliza. La enfermedad deja de ser cosa del diablo y la superstición y la fe dejan paso a la investigación y la ciencia; el brujo y el sacerdote, al farmacéutico y al médico. Paralelamente, se van a sentar las bases de la futura sanidad pública. La inocencia de la época imaginó un futuro en el que la enfermedad sería erradicada por la Razón.

DescarsIn ilustra esta idea por medio de la partida de ajedrez entre el doctor (el hecho de ser anónimo lo universaliza, por lo que podemos decir que representa a la Medicina misma) y la Muerte, que aparece representada de una manera tradicional: un esqueleto cubierto por un sudario y portando una guadaña. El triunfo de la ciencia hace retroceder a la Muerte. Que este triunfo no es fácil queda patente por la posición del tablero. El buen doctor ha tenido que dar a la Muerte el más difícil de los mates elementales, el de alfil y caballo (este dato se lo debo al anónimo redactor de la Wikipedia rusa)





El modelo de trebejos utilizado en el cuadro es el conocido como Régence porque es el que se usaba en el más célebre de los cafés donde se jugaba al ajedrez: el café de la Régence de París. En un modelo como este jugaron por lo tanto Philidor y su maestro, el señor de Légal; Deschapelles y La Bourdonnais; Morphy y Anderssen. Incidentalmente, también jugó de tanto en tanto Robespierre. 

La segunda cartela explica el cuadro que cuelga detrás de la guadaña de La Parca. Dice:
EN LA PARED UN CUADRO ALEGÓRICO EN EL QUE JÚPITER, A PETICIÓN DE PLUTÓN, ESTÁ A PUNTO DE DERRIBAR A ESCULAPIO POR HABER DEVUELTO LA VIDA A HIPÓLITO
Esculapio (Asclepio para los griegos) es, como es sabido, el dios de la medicina. Devolver la vida a Hipólito le costó la suya —y de paso la divinización— por el temor de Zeus de que el más allá se le quedase vacío a fuerza de resurrecciones. Evidentemente, Esculapio simboliza la medicina.


FICHA TÉCNICA
REMI-FURSY DESCARSIN
PORTRAIT DU DR DU C. JOUANT AUX ÉCHECS AVEC LA MORT (1793)
ÓLEO SOBRE LIENZO 135,5 x 105 cm.
MUSEO DE LA REVOLUCIÓN FRANCESA. VIZILLE, FRANCIA




miércoles, 8 de noviembre de 2017

ADELAIDA vs EL OBISPO DE BAMBERG

Wilhelm von Kaulbach fue un pintor e ilustrador alemán del siglo XIX. Como ilustrador, se inspiró frecuentemente en las obras de Wolfgang von Goethe. Parte de estos trabajos fueron recogidos por Rebecca Warren Brown en The Goethe Gallery: from the original drawings of Wilhelm von Kaulbach; Houghton, Osgood and Company. Boston, 1879. Hay edición digital en archive.org.



Entre las ilustraciones seleccionadas encontramos una que describe parte de la escena I del acto II de Goetz von Berlichingen, un drama de Goethe de 1773. Es en esta obra donde se dice una célebre frase sobre el ajedrez que está presente en todos los repertorios de citas sobre el tema.

Es verdaderamente (el ajedrez) la piedra de toque de la inteligencia

(Es ist wahr, dies Spiel ist ein Probierstein des Gehirns)

Veamos el contexto de la cita. El drama de Goethe se inspira en la autobiografía del caballero Gottfried von Berlichingen de Hornberg, noble alemán de finales del siglo XV y principios del XVI, quien participó como caballero de fortuna en todo cuanto conflicto armado se le puso a tiro, sin importarle mucho de parte de quién combatía. 

Goethe trata el tema con gran libertad y convierte a Goetz en un héroe de características románticas que defiende su integridad frente a una sociedad decadente e injusta que soslaya los derechos de los nobles y los pueblos con intrigas palaciegas. Leal y amigo de sus amigos es traicionado y, malherido, muere en prisión con la palabra Libertad, así en mayúsculas, en los labios.

La ilustración de Wilhelm von Kaulbach representa el momento en que en la corte del obispo de Bamberg, enemigo de Goetz en la realidad y en el arte, se está tramando la perdición del caballero. Liebtraut, un cortesano —representado en la escena tocando el laúd— será el encargado de atraer a Adelbert von Weislingen, amigo de la infancia de Goetz y prometido de su hermana, a Bamberg donde la bella sin escrúpulos Adelaida se encargará de seducirlo e instarle a traicionar a Goetz. Detrás de las cortinas se esconden el abate de Fulda, otro cortesano del obispo de Bamberg, y Franz, el escudero enamorado que perecerá víctima de todas sus traiciones. La bella Adelaida y el obispo juegan al ajedrez.

El diálogo que mantienen es el siguiente:

ADELAIDA
—Vuestra mente no está en el juego. Jaque. 
BAMBERG
—Aún puedo salvarme.
ADELAIDA
—No lo lograréis durante mucho rato. Jaque.
LIEBTRAUT
—Si yo fuera un príncipe poderoso, no jugaría a este juego. Es más, lo prohibiría en la corte y en todo mi reino.
ADELAIDA
—Es verdaderamente la piedra de toque de la inteligencia. Mate.

ADENDA ESCATOLÓGICA

Célebre, por el escándalo que promovió, se hizo un parlamento de la escena XXXI del acto III de esta obra en la que el protagonista, rodeado en su castillo por el ejército imperial, es conminado a rendirse por un emisario del capitán que comanda las tropas: «¿Rendirme a discreción?» —replicó Goetz—. «¿A quién creéis que habláis? Decidle a vuestro amo que tocante a Su Majestad Imperial, ni antes ni ahora ni jamás dejaré de respetarle, como cumple a mi honor; pero en lo tocante a él, decidle y repetidle que bien puede besarme el culo». La frase textual solo aparece en la primera edición, en las siguientes se consideró preferible sustituir «el culo» por unos puntos suspensivos. La expresión «la frase de Goetz» se  convirtió en una forma eufemística de explicar claramente a un interlocutor lo que se pensaba de él.

Pero aún hay más. A Mozart le hizo gracia la frase y compuso un canon para seis voces en si bemol mayor K231 con el título Leck mich im Arsch (Bésame el culo) inspirada de forma expresa en esa frase de Goetz von Berlichingen. Probablemente, no fuera más que un divertimento para entretener a sus amigos pero ahí ha quedado, dentro del corpus mozartiano.