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lunes, 8 de septiembre de 2025

ROUSSEAU ESTUDIANDO AJEDREZ


Ilustración de Maurice Leloir (1853-1940) para la edición de 1889, realizada por H. Launette & Cie, de Las confesiones. El pasaje ilustrado es el siguiente:
Ocurriósele entonces enseñarme el juego del ajedrez, que él conocía un poco; lo ensayé casi a pesar mío; y después de medio aprendida la marcha de las piezas, mi progreso fue tan rápido que antes de concluir la primera sesión yo le daba la torre, que él me había dado en las primeras partidas. Esto fue bastante para que ese juego absorbiese todo mi espíritu. Me proporcioné un tablero y compré el Calabrés; me encerré en mi cuarto, donde pasaba días y noches empeñado en aprender de memoria todas las partidas; quería encajarlas en mi entendimiento, de buen o mal grado, jugando a solas, sin descanso ni fin. Al cabo de dos o tres meses de este divertido ejercicio y de esfuerzos inauditos fui al café, delgado, amarillo y atontado. Me ensayé y volví a jugar con el señor Bagueret; me ganó una vez, dos, veinte veces; se habían enredado tantas combinaciones en mi mente, y mi imaginación se había ofuscado de tal manera, que delante de mí sólo veía una nube. Cuantas veces quise ejercitarme en el estudio de jugadas con el libro de Philidor o con el de Stamma, me ocurrió lo mismo, y después de haberme extenuado con la fatiga, me encontré más decaído que antes. Por lo demás, haya abandonado el ajedrez o jugando me haya repuesto, no he adelantado un ápice desde la primera sesión y me he encontrado siempre en el mismo punto en que me hallaba al concluirla.

Los libros citados son: 

Trattato del nobilissimo Gioco delli scacchi i quale è ritratto di guerra, et di ragion di stato (Tratado del muy noble juego del ajedrez, el cual es espejo de la guerra y de las razones de estado), por Gioacchimo Greco, Calabrés. Roma, 1619.

Analyse du jeu des Échecs, por François-André Danican Philidor. París, 1749.

Essai sur le jeu des echecs, por Philip Stamma. París, 1737

 


 

martes, 4 de junio de 2024

ROUSSEAU vs CONTI


La partida de ajedrez entre Jean—Jacques Rousseau (1712-1778) y el príncipe de Conti (Luis Francisco I de Borbón-Conti; 1717-1176) según un grabado de Maurice Leloir (1853-1940). La imagen se publicó en la edición de 1889, realizada por H. Launette & Cie, de Las confesiones.

Esto es lo que dice Rousseau del encuentro.
En medio de todas estas mezquindades literarias, que me confirmaban más y más en mi resolución, recibí el honor más grande que las letras me han proporcionado y el que más me ha lisonjeado, con la visita que el príncipe de Conti se dignó hacerme por dos veces, una en la quinta y otra en Mont-Louis, escogiendo además ambas veces la ocasión de que la señora de Luxembourg no estaba en Montmorency, con el objeto de hacer más evidente que venía para mí. Nunca he dudado que las primeras bondades de este príncipe las debo a la señora de Luxembourg, y a la de Boufflers; mas tampoco me cabe duda de que debo a sus propios sentimientos y a mí mismo las que no ha cesado de dispensarme desde entonces.
Como mi habitación de Mont-Louis era muy pequeña, y la situación de la torrecilla era bellísima, conduje allí al príncipe, quien, para colmo de mercedes, quiso que tuviese el honor de jugar con él al ajedrez. Yo sabía que él ganaba al caballero Lorenzi, el cual jugaba más que yo. Sin embargo, a pesar de los signos y gestos del caballero y demás asistentes, que fingí no ver, gané las dos partidas que jugamos. Al concluir, le dije con tono respetuoso, pero grave: «Monseñor, venero demasiado a V. A. Serenísima para no ganarle siempre en el ajedrez». Este gran príncipe, dotado de ingenio y de luces, tan digno de no ser adulado, conoció en efecto, a lo menos así lo creo, que no había allí sino yo que le tratase como hombre, y tengo motivos para creer que me lo agradeció realmente.