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miércoles, 17 de junio de 2026

JAQUE-MATE

Hace tiempo hablamos de Jaque-mate. Periódico maldiciente, una publicación de finales del siglo XIX y comentamos el artículo El ajedrez, artículo bufo. Además de la cabecera y el artículo citado, el ajedrez estaba presente en muchas de sus secciones. Por ejemplo, una, llamada Piezas jugadas, que se presentaba así:
A la discreción del público dejamos el comprender la índole de esta sección de Jaque Mate y de los trabajos que en ella insertaremos.
Pieza tocada.
Pieza jugada.
Así dicen los aficionados al ajedrez. 
A la ligera serán tratadas las cuestiones que tratemos en esta parte; pero, una vez tocadas, las jugaremos sea cual sea la consecuencia.


 

 


jueves, 11 de junio de 2026

NIKOLÁI ADLERBERG


Anónimo ruso del siglo XIX. Probablemente representa al conde Nikolái Vladímirovich Adlerberg jugando al ajedrez en Zakhan-Yurta. Imperio ruso, 1841. 

Adlerberg participó en la llamada Guerra del Cáucaso, una serie de conflictos que se extendieron entre 1817 y 1864 y participó en las batallas acaecidas en la mencionada localidad chechena. 

FICHA TÉCNICA
ANÓNIMO
NIKOLÁI ADLERBERG JUGANDO AL AJEDREZ EN ZAKHAN-YURTA
ACUARELA SOBRE PAPEL. 22,5 x 15,3 cm.
COLECCIÓN PARTICULAR

 

miércoles, 3 de junio de 2026

PINOCHO DE GUILLERMO DEL TORO


Grillo y Spazzatura juegan al ajedrez, mientras Pinocho y Geppetto conversan al fondo, en este fotograma del Pinocho de Guillermo del Toro (Netflix, 2022).

domingo, 10 de mayo de 2026

FRANZ VON DEFREGGER


Dibujo de Franz von Defregger (1835-1921).

FICHA TÉCNICA
FRANZ VON DEFREGGER
DIE SCHACHSPIELER (LOS JUGADORES DE AJEDREZ)
LÁPIZ SOBRE PAPEL. 19,3 x 11,5 cm.
COLECCIÓN PARTICULAR

 

viernes, 8 de mayo de 2026

FRANZ VON DEFREGGER


Franz von Defregger (1835-1921) fue un pintor austriaco especializado en retratos, escenas de género y pintura de historia.

Esta partida de ajedrez fue realizada en 1880.

FICHA TÉCNICA
FRANZ VON DEFREGGER
DIE SCHACHPARTIE (LA PARTIDA DE AJEDREZ), 1880
ÓLEO SOBRE LIENZO. 63 x 50 cm.
COLECCIÓN PARTICULAR


jueves, 30 de abril de 2026

ANDERS ZORN


Un grabado de Anders Zorn (1860-1920) que muestra a Hugo Fallander y Emma Zorn jugando al ajedrez en el estudio que el autor tenía en París en 1891.

De Hugo Fallander no hemos podido averiguar gran cosa, pero Emma Zorn (1860-1942), esposa del artista, realizó importantes contribuciones a la etnología y a la historia del arte, además de a la preservación del patrimonio cultural y la artesanía de Suecia. Se involucró también activamente en el llamado Folkbildning: trabajo educativo gratuito que pretende llevar al ciudadano a nuevos conocimientos, alejado de la tutela del Estado o de las instituciones privadas.

Anders Zorn fue un pintor y fotógrafo conocido fundamentalmente por sus retratos. Después de convertirse en el retratista de la clase alta sueca, triunfó internacionalmente, obteniendo encargos en Inglaterra, Francia, donde estableció su estudio, España, Portugal y, posteriormente, Estados Unidos, donde retrató a tres presidentes, y Rusia. Su obra se inscribe dentro de la tradición impresionista.

FICHA TÉCNICA
ANDERS ZORN
SCHACKSPELARE (LOS JUGADORES DE AJEDREZ), 1891
GRABADO SOBRE PAPEL VERJURADO. 13,5 × 9,6 cm.
INSTITUTO DE ARTE DE CHICAGO


 

sábado, 18 de abril de 2026

EL MARISCAL DE CAMPO HELMUTH VON MOLTKE, POR ANDRÉ GILL


El mariscal de campo Helmuth von Moltke (1800-1891), discípulo de Clausewitz, llamado «el arquitecto militar de la unidad alemana», dibujado por André Gill (1840-1885). 

Gill, quien además de caricaturista fue cantautor, publicaba cotidianamente en la prensa satírica francesa. Su estilo, de personajes con gigantescas cabezas sobre cuerpos diminutos, fue muy imitado posteriormente. Fue un feroz combatiente contra la censura y un bohemio de primera categoría. 

sábado, 6 de diciembre de 2025

GUSTAVE DORÉ


Carlomagno jugando al ajedrez con el duque Naymes de Baviera es una ilustración de La leyenda de Croque-Mitaine libro de 1863 escrito por Ernest-Louis-Victor-Jules L'Épine (1826-1893).

Es un libro humorístico, dedicado a un público juvenil, donde los grandes personajes, como Carlomagno y sus caballeros, son tratados de forma irreverente y paródica, mientras se enfrentan con monstruos (Croque-Mitaine es nuestro Coco) y maravillas. 

Las ilustraciones fueron dibujadas por Gustave Doré (1832-1883) y grabadas en madera por Charles Maurand (1824-1904) y responden perfectamente al tono humorístico del texto. La que mostramos corresponde al capítulo VI de la segunda parte. Carlomagno y el duque Naymes  de Baviera están jugando al ajedrez mientras esperan el regreso de un caballero. El texto indica que Carlomagno está de muy mal humor porque ha perdido cinco de las siete partidas disputadas.

FICHA TÉCNICA
LA LEGENDE DE CROQUE-MITAINE
ERNST L'EPINE. GUSTAVE DORÉ
HACHETTE. PARÍS, 1863

sábado, 29 de noviembre de 2025

BRETÓN DE LOS HERREROS

Fue Manuel Bretón de los Herreros un prolífico poeta, dramaturgo y periodista, miembro de la Real Academia Española de la Lengua. Hoy está prácticamente olvidado, salvo en el callejero de algunas ciudades españolas.

En 1852, publicó Escuela de matrimonio, una comedia de costumbres en verso sobre los peligros que acechan al matrimonio.

En la escena XV del acto II, uno de los personajes persigue durante una fiesta a su pretendida amante mientras su mujer, poco dotada para el baile, juega al ajedrez. 

LA ESCUELA DE MATRIMONIO
ACTO II
ESCENA XV

¡Gracias, inmenso Poder,
que un breve instante me zafo
de la perdurable Safo
que me diste por mujer!
Como ya en el baile es cero,
aunque dama de alta prez,
jugando está al ajedrez
con un literato huero.
Yo en tanto sigo la pista
de mi amada. Entrar la vi;

(...)

Cesó el baile. Aquí otra vez
vendrá... ¿Y la otra? ¡Ay!, si lo sabe...
Volvamos antes que acabe
la partida de ajedrez.

lunes, 8 de septiembre de 2025

ROUSSEAU ESTUDIANDO AJEDREZ


Ilustración de Maurice Leloir (1853-1940) para la edición de 1889, realizada por H. Launette & Cie, de Las confesiones. El pasaje ilustrado es el siguiente:
Ocurriósele entonces enseñarme el juego del ajedrez, que él conocía un poco; lo ensayé casi a pesar mío; y después de medio aprendida la marcha de las piezas, mi progreso fue tan rápido que antes de concluir la primera sesión yo le daba la torre, que él me había dado en las primeras partidas. Esto fue bastante para que ese juego absorbiese todo mi espíritu. Me proporcioné un tablero y compré el Calabrés; me encerré en mi cuarto, donde pasaba días y noches empeñado en aprender de memoria todas las partidas; quería encajarlas en mi entendimiento, de buen o mal grado, jugando a solas, sin descanso ni fin. Al cabo de dos o tres meses de este divertido ejercicio y de esfuerzos inauditos fui al café, delgado, amarillo y atontado. Me ensayé y volví a jugar con el señor Bagueret; me ganó una vez, dos, veinte veces; se habían enredado tantas combinaciones en mi mente, y mi imaginación se había ofuscado de tal manera, que delante de mí sólo veía una nube. Cuantas veces quise ejercitarme en el estudio de jugadas con el libro de Philidor o con el de Stamma, me ocurrió lo mismo, y después de haberme extenuado con la fatiga, me encontré más decaído que antes. Por lo demás, haya abandonado el ajedrez o jugando me haya repuesto, no he adelantado un ápice desde la primera sesión y me he encontrado siempre en el mismo punto en que me hallaba al concluirla.

Los libros citados son: 

Trattato del nobilissimo Gioco delli scacchi i quale è ritratto di guerra, et di ragion di stato (Tratado del muy noble juego del ajedrez, el cual es espejo de la guerra y de las razones de estado), por Gioacchimo Greco, Calabrés. Roma, 1619.

Analyse du jeu des Échecs, por François-André Danican Philidor. París, 1749.

Essai sur le jeu des echecs, por Philip Stamma. París, 1737

 


 

miércoles, 13 de agosto de 2025

EN EL CAFÉ PROCOPE


Los jugadores de ajedrez del café Procope según un grabado publicado en el Tableau de Paris (1853), publicación en la que el poeta y periodista francés Edmond Texier (1815-1887) describía escenas de la vida cotidiana de la capital francesa.

El café Procope es uno de los más antiguos de París (se fundó en 1686 y sigue abierto hoy en día). Ha sido tradicionalmente un nido de intelectuales: filósofos como Voltaire, Rousseau y Diderot (todos relacionados con el ajedrez); científicos y políticos como Benjamin Franklin (también ajedrecista); y revolucionarios como Danton y Marat se sentaron en sus veladores.

No tiene la fama ajedrecística del café de la Régence, pero entre sus muros también se jugó buen ajedrez.

Los jugadores de ajedrez representados en la imagen son del siglo XVIII (Philidor también pasaría por allí). La imagen está firmada por Jules Noël.

miércoles, 30 de julio de 2025

ANASTASIA Y EL JUEGO DEL AJEDREZ, CARTAS DESDE ITALIA

 

El escritor alemán Wilhelm Heinse (1745-1803) logró escandalizar dos veces a la biempensante sociedad alemana de su época. La primera, en 1773, con una traducción sin censuras del Satiricon de Petronio. La crudeza erótica del original latino hizo las delicias del público culto, pero en privado. En público, el escándalo tomó tal carácter que nuestro autor tuvo que cambiar de nombre.

La segunda fue la publicación de la que es su obra más conocida, Ardinghello y las islas afortunadas, en 1787. Esta obra describe una utopía social en la que una comunidad establecida en las islas de Paros y Naxos se dota de una constitución que permite el voto de las mujeres, proclama el amor libre e instituye la comunidad de bienes. De nuevo el escándalo en público y la lectura en privado. Aunque, como esta vez había tenido la precaución de publicarla de forma anónima, las repercusiones no se lo llevaron por delante.

Entre medias, se dedicó a traducir a los clásicos italianos (entre ellos los tratados de ajedrez de Ercole del Rio y Giambattista Lolli); a viajar por Europa, especialmente por Italia; a publicar varias novelas; a editar revistas; y a trabajar como bibliotecario para un noble alemán. También frecuentó los círculos del Sturm und Drang (Tormenta e ímpetu), un movimiento cultural de carácter prerromántico. Precisamente con el autor que dio su nombre al grupo, Friedrich Maximilian Klinger (1752-1831) le unió una gran amistad. La influencia de Klinger fue decisiva en el libro que vamos a comentar.

En 1803, Heinse publicó su última obra, un extraño libro de ajedrez titulado Anastasia y el juego del ajedrez: cartas desde Italia por el autor de Ardinghello.

La primera edición, publicada en Fráncfort del Meno por Varrentrapp & Wenner, llevaba en su portada un grabado de Johann Konrad Felsing que muestra a una esfinge delante de un tablero contemplando una dama de ajedrez.


Vamos a tener que recurrir al tópico de llamar inclasificable a este libro. No es propiamente una novela ni tampoco es exactamente un tratado de ajedrez, por más que su interés sea proporcionar una enseñanza del juego a los lectores. A lo sumo un tratado arcaizante, donde lo técnico se acompaña de reflexiones sobre los orígenes, sean estos legendarios o no, del ajedrez y reflexiones sobre las virtudes que atesora el juego, sobre la moral y sobre su consideración en la sociedad.

Es un texto epistolar. El argumento del libro se desarrolla a través de siete cartas que un viajero alemán, que está recorriendo Italia, envía a un corresponsal de su propio país. Las cartas se fechan entre abril de 1781 y febrero de 1782, unos diez años antes de la publicación del libro.

En las cartas habla de la personas que conoce en sus viajes que le introducen en sociedad y le acercan a los círculos de ajedrecistas locales. Cada carta reproduce partidas o posiciones de ajedrez comentadas. En sus conversaciones se filosofa sobre la existencia de la suerte en el ajedrez —nuestro protagonista defiende que existe—; sobre qué es lo que distingue al buen del mal jugador —sería la práctica y el genio, definido como el talento natural, sin el que ni el más profundo estudio puede fructificar (Heinse toma esta idea del escritor español del siglo XVI Juan Huarte de San Juan, al que cita directamente en la obra)—; de la facilidad para el juego que parecen tener los judíos; de la diferencia de fuerza entre hombres y mujeres —defiende la capacidad de ellas para jugar bien—; y de la riqueza simbólica del ajedrez.

También se habla del origen del ajedrez, señalando la India y la imitación de la guerra como país y referencias más probables, pero no se desdeña comentar las leyendas fundacionales incluidas por el persa Firdusi a principios del siglo XI en su Libro de los reyes.

La consideración del ajedrez como imitación de la guerra es constante en el libro, aunque en un momento dado se comenta que en el tablero las piezas no sufren ataques de pánico ni huyen del enemigo ni, lo que es más importante, se cuestionan qué hacen en medio de una guerra, como sí pasa con los soldados y los generales en el campo de batalla.

Las apuestas, la necesidad ser prudente cuando no se conoce la fuerza real del rival, el estudio de las partidas de los grandes jugadores, el cuestionamiento de lo escrito en los libros, aunque venga de la pluma de Philidor, son otras de las reflexiones en las que se detiene el texto.

Hablando de Philidor, gran parte de la segunda mitad del libro se dedica a refutar las conclusiones del francés, en su celebérrimo Análisis del juego de ajedrez, al que se acusa de demasiado categórico y poco minucioso. Estas afirmaciones, dice el viajero, proceden de una obra anónima de larguísimo título. Hay consenso general en que dicha obra es Sopra il Giuoco degli Scacchi Osservazione Pratiche d'Anonimo Autore Modenese (Observaciones prácticas sobre el juego del ajedrez, por un autor anónimo de Módena), publicado de forma anónima en 1750. Posteriormente se supo que el libro había sido escrito por el abogado modenés Domenico Ercole del Rio (1718-1802). Trece años después, su trabajo fue notablemente aumentado por Giambattista Lolli en otra obra de larguísimo título: Osservazioni teorico pratiche sopra il giuoco degli scacchi ossia il giuoco degli scacchi esposto nel suo migliore lume, de Giambattista Lolli, modenese. (Observaciones teórico-prácticas sobre el juego del ajedrez, o el juego del ajedrez expuesto  a la mejor luz, por Giambattista Lolli, modenés), publicada en Bolonia en 1763.

Heinse traduce al pie de la letra fragmentos enteros de Lolli aunque, dado que Lolli lo reconoce explícitamente en su libro, la inspiración primera de la refutación a Philidor hay que atribuirla a Ercole del Rio. Hay que recordar que Heinse había traducido los tratados de ambos escritores italianos.

La Anastasia del título es una joven griega que juega muy bien al ajedrez y a la que los caballeros declaran «musa del ajedrez». Anastasia llegará a convertirse en profesional y jugará por dinero y fama.

Aunque Heinse no bautizó ninguno de los muchos problemas que salen en el libro con el nombre de Anastasia, tradicionalmente se ha llamado mate Anastasia a la posición siguiente:

Esta posición se halla en el libro, justo en el último capítulo, en el final de partida número dieciséis, dentro del apartado de mates en cuatro jugadas.

La posición aparece sin ninguna variación en el libro mencionado de Ercole del Rio:

Ercole del Rio
Sopra il giuoco degli scacchi, 1750
#4                                          (5+7)
Veamos la solución del problema en un tablero interactivo:

La parte práctica del libro se compone de posiciones, partidas y problemas comentados, aunque también tienen importancia las consideraciones generales sobre el juego. El valor relativo de las piezas, la controversia alfil frente a caballo, la importancia de tener la salida. Las partidas transcurren mayoritariamente por los caminos de la apertura italiana, aunque también aparecen otros sistemas de empezar el juego —gambitos de rey y de dama, apertura de alfil—.

Como conclusión, parece que los aspectos novelados, junto con las especulaciones filosóficas y los comentarios históricos del libro pertenecen propiamente a Heinse, mientras que la parte práctica es una recopilación de ideas, cuando no una mera traducción, de los textos de del Rio y Lolli.

Una peculiaridad importante es que el libro está escrito bajo las reglas del ajedrez italiano, que Heinse defiende ardorosamente frente al europeo, que diferían del juego practicado en el resto de los países en varios aspectos fundamentales:

La promoción del peón. En Italia cuando un peón llegaba a la octava fila solo podía promocionar en alguna pieza que ya hubiera sido capturada. Si no había ninguna, permanecía «en suspenso» hasta que una captura permitiera su transformación automática en la pieza capturada.

Passar battaglia que básicamente significa la prohibición de capturar al paso.

Y lo más importante: el enroque italiano, el enroque libre. El rey y la torre se pueden colocar libremente en cualquiera de las casillas intermedias: el rey puede ir a h1, g1 o f1 y la torre puede ir a f1 o e1 en el corto; lo mismo pasaba por el lado largo.

[Quizá, además del Free Style, tan de moda en estos días, se podía volver a las viejas normas italianas, que también dinamitan buena parte de la teoría de las aperturas pero permiten un juego idéntico al tradicional. Sería cosa de pensarlo.]

Como hemos dicho, el libro debe mucho a la correspondencia que su autor mantuvo con su amigo Klingser. Ambos jugaron al ajedrez por correspondencia y prácticamente todos los temas tratados en Anastasia fueron discutidos por ellos en sus cartas

Es una lástima que un libro de tanta importancia para los estudiosos del ajedrez histórico, que ha tenido mala suerte con las traducciones, se haya presentado en una edición tan desmañada: sin guardas ni páginas de respeto, con el texto sin marginar, sin índice general, sin índice onomástico o de materias... Todo ello dificulta notablemente las consultas posteriores a la primera lectura. El libro bien merecía una edición crítica que clarificara algunos pasajes oscuros del texto.

lunes, 7 de julio de 2025

EN EL TALLER DEL ESCULTOR


Estos «Ajedrecistas en el estudio de un escultor» son un obra del pintor academicista austriaco Joseph Eugen Hörwarter (1854-1925).

Su trabajo se centró en realizar grandes pinturas de historia, pinturas de género, retratos. También cultivó la ilustración de clásicos de la Literatura.

FICHA TÉCNICA
JOSEPH EUGEN HÖRWARTER
DIE SCHACHSPIELER IM BILDHAUER ATELIER (LOS AJEDRECISTAS EN EL ESTUDIO DE UN ESCULTOR), 1865
PLUMA SOBRE PAPEL. 11,2 × 15,1 cm.
COLECCIÓN PARTICULAR



 

miércoles, 2 de julio de 2025

ÉLISE RANSONNET-VILLEZ


Élise Ransonnet-Villez (1843-1899) fue una pintora austro-húngara. Cultivó el retrato y, como vemos en la imagen que presentamos, la pintura de casacón.


FICHA TÉCNICA
ÉLISE RANSONNET-VILLEZ
SAKK (AJEDREZ), 1876
ÓLEO SOBRE LIENZO. 127 x 113 cm.
GALERÍA NACIONAL DE HUNGRÍA

 

viernes, 30 de mayo de 2025

LA PASIÓN POR EL AJEDREZ ES UNA DE LAS MÁS IRRESPONSABLES DEL MUNDO, POR H. G. WELLS

Sobre el ajedrez. 

La pasión por el ajedrez es una de las más inexplicables del mundo. Es una bofetada en la cara de la Teoría de la Selección Natural. Es la más absorbente de las ocupaciones y la menos capaz de satisfacer los deseos, una excrecencia sin nombre de la vida. Puede aniquilar a un hombre. Pongamos por caso que Ud. quiere destruir a un político prometedor o a un artista emergente. La daga o la bomba son métodos arcaicos, torpes y poco fiables, pero enséñele, inocúlele el ajedrez. Quizá porque la forma correcta de enseñar ajedrez es tan poco conocida sea por lo que en la mayoría de los casos este plan fracasa, la daga se aparta. Si todos fuéramos jugadores de ajedrez, no habría nadie que se ocupase de los negocios del mundo. Nuestros estadistas se sentarían con sus tableros de bolsillo mientras el país se va al carajo, nuestros ejércitos se enterrarían en una contemplación escaqueada, nuestros procuradores de sustento se olvidarían de sus esposas en busca de mates imposibles. El mundo entero se desorganizaría. Puedo imaginarme este abominable hipnotismo que se forja en la constitución de los hombres que hasta los cocheros conducirían sus carruajes con movimientos de caballo calle arriba y calle abajo por la carretera de Charing Cross. Aquí y allá un suicida aparecería con está patética inscripción clavada en el pecho: «di jaque con la dama demasiado pronto. No puedo soportarlo». No hay peor remordimiento que el remordimiento por el ajedrez.  
Solo que, afortunadamente, como decíamos, el ajedrez se enseña al revés. La gente dispone el tablero delante del aprendiz con los trebejos dispuestos en orden de batalla, dieciséis por bando, con seis clases distintas de movimientos, y el pobre infeliz sencillamente es aplastado y apabullado. Pasan un montón de cosas, la mayoría desagradables, y al final un mate se cierne por entre la bruma de piezas. Así que se va, atemorizado pero ileso, con la intima convicción de que  todos los jugadores de ajedrez son unos farsantes y de que el ajedrez inteligente, que no es ni arriesgado ni aprendido de memoria, está más allá de la inteligencia humana. Pero, evidentemente, este es un método de instrucción muy poco razonable. Antes de que el principiante pueda entender los principios del juego ya tiene que conocer el final; ¿cómo puede comenzar a jugar antes de saber a qué está jugando? Es como dar la salida a los atletas de una carrera y dejarlos a ellos que adivinen dónde está escondida la línea de llegada.

El verdadero maestro de ajedrez, el sutil envenenador, el astuto Como₁ que convierte a los hombres en ajedrecistas opera de otro modo. El nos dará un rey, la dama y un peón y los dispondrá en cualquier posición, así Ud. dominará las posibilidades de la dama y el peón sin complicaciones desconcertantes. Luego, un rey, una dama y, quizá, un alfil; un rey, una dama y un caballo; y así sucesivamente. Se asegura de que usted, en esos felices días de la infancia ajedrecística, siempre tenga una posición ganadora y pruebe el dulce placer del ajedrez, el deleite de ganar a un rival superior. A continuación, posiciones más complicadas y al final regresará al comienzo normal. Usted empezará a comprender la razón de la disposición de las piezas y comprenderá porque un gambito difiere tanto de otro en gloria y virtud. Y la manía ajedrecística de su maestro se le contagiará desde ese momento para siempre.

Es una maldición para el hombre. No hay felicidad en el ajedrez. (El señor St. George Mivart, que es capaz de encontrar la felicidad en los sitios más inverosímiles, se quedaría sin palabras delante de un tablero.) El delicado placer de un bonito mate es la fase menos desdichada de ello. Pero, generalmente, advertimos que deberíamos haberlo dado dos movimientos antes o que un movimiento inadvertido habría capturado nuestra dama.

Ningún jugador de ajedrez duerme bien. Después de la dolorosa estrategia del día, uno vuelve a disputarla otra vez. Se ve con mayor claridad que durante el día que era la torre y no el caballo lo que se debería haber movido. ¡No! ¡Es imposible! Ningún pecador, inocente de ajedrez, conoce esos abismos de remordimiento. Vastos tableros desiertos yacen para el jugador más allá de la puerta de los sueños. Una robusta torre se precipita sobre uno, los caballo vigilan de reojo, los peones propios están todos atados y un mate se cierne amenazador sin llegar nunca a descender. Una vez que se ha comenzado en el ajedrez de manera adecuada, es carne de tu carne, sangre de tu sangre. Te has vendido, el pacto está cerrado y el espíritu del mal ha penetrado. 

La válvula de escape apropiada para la ansiedad es la práctica de los juegos y hay una clase de hombres, sombríos, tristes, de aspecto irreal, que se reúnen en los cafés y juegan con un deseo que no muere y un fuego que no se extingue. Estos, se reúnen en clubes y juegan torneos, torneos tales que los de la Mesa Redonda no podrían haber imaginado jamás. Pero hay otros que tienen el vicio pero viven en el campo, en lugares remotos —curas, maestros, recaudadores de impuestos— que se consumen día a día sin encontrar la compañía adecuada y que necesitan encontrar una ventilación artificial para su energía mental. Nadie ha calculado cuántos problemas correctos son posibles y no hay duda de que la gente de Investigación Psicológica estaría agradecida de que el profesor Karl Pierson₃ prestara atención al asunto. Todas las posibles disposiciones de las piezas alcanzan un número tan vasto, sin embargo, que de acuerdo a la teoría de las probabilidades, y permitiendo unos cuantos miles de posiciones cada día, el mismo problema no debería aparecer más de dos veces en un siglo. Precisamente —y ello debe ser causado por algún defecto en la teoría de las probabilidades— el mismo problema encuentra el modo de aparecer en diferentes publicaciones varias veces en un mes. Puede ser, por supuesto, que después de todo el número de problemas correctos sea limitado y que continuamos inventándolos y reinventándolos, y si se llevara un registro, todo el sistema, hasta cuatro o cinco movimientos, podría clasificarse y contabilizarse en el transcurso de unos pocos años. Realmente, si elimináramos aquellos movimientos evidentemente malos descubriríamos que el número de partidas razonables se habría limitado bastante y que incluso nuestro brillante Lasker no está sino repitiendo la inspiración de algún persa enterrado hace mucho tiempo, de algún indio sobre el que ha caído un ignominioso silencio, muertos y olvidados hace siglos. Puede que sobre cada partida de ajedrez penda la mirada de los precursores olvidados de los jugadores y que el ajedrez sea realmente un juego muerto, un juego embrujado, desarrollado hace siglos como, sin ninguna duda, es el juego de las damas.

El temperamento artístico, el elemento alegre e irresponsable de la mente, hace lo que puede para aligerar la gravedad de este juego tan intelectual. Para un mortal hay algo indescriptiblemente horrible en esos campeones con sus cuatro movimientos por hora —la simple idea de esas operaciones mentales durante quince minutos le da a uno un poco de dolor de cabeza—. El movimiento rápido y obligatorio es la clave de la alegría y por ello, aunque veneramos a Steinitz y a Lasker, es a Bird a quien amamos. Sus victorias resplandecen. Sus errores son magníficos. El verdadero placer del ajedrez, si es que esconde alguno, es ver arrebatada una victoria, por alguna feliz impertinencia, de la sombra de un aparente desastre. Y hablando de alegría recuerdo la histórica partida de ajedrez de Lowson. Lowson dijo que en ocasiones había sido alegre... !estando borracho! ¡Qué dios nos libre! Retado, él hubiera probado mediante alguna pequeña prueba de pronunciación, algunas contraseñas
 de los buenos templarios. Se ofreció a caminar por la acera, a resolver cualquier problema de matemáticas que pudiera concebir y finalmente a jugar al ajedrez con MacBryde. El otro caballero fue designado juez y después de ponerse el antimacassar en la cabeza se desplomó dormido en el sofá. El juego empezó con gran solemnidad, según me han dicho. MacBryde, según me contó después, balanceaba sus manos jugueteando con sus dedos de forma extraña, y dijo que la partida fue así. El juego fue fiero pero breve. Se descubrió que ambos reyes habían sido capturados. Lowson fue difícil de convencer, pero esto se le vino a la cabeza. «Tío», se dice que dijo a MacBryde, «estoy borracho. No hay la menor duda. Me avergüenzo de mi mismo». Se acordó declarar la partida tablas. La posición, tal y como la vi a la mañana siguiente, era muy interesante. La dama de Lowson estaba en seis caballo de rey y el alfil en tres alfil dama, tenía varios peones y su caballo ocupaba una posición dominante en la intersección de cuatro casillas. MacBryde tenía cuatro peones, dos torres, la dama, una dama de damas y un pequeño mantel ornamental dispuesto en semicírculo a través del tablero. No tengo ninguna duda de que los exquisitos del ajedrez se burlan de esta posición, pero en mi opinión es una de las más divertidas que he visto jamás. Recuerdo que la admire un largo rato, a pesar de un ligero dolor de cabeza y aún hoy es la única partida de ajedrez que recuerdo con genuino placer. Y he jugado muchas partidas.

La diatriba contra el ajedrez que acaban de leer es una obra de H. G. Wells (1866-1946), publicada en 1897 dentro de la colección de ensayos  Certain Personal Matters (Algunos asuntos personales).

Para clarificar algunos puntos del texto, hemos redactado las siguientes notas:

1. Como. Dios griego, compañero de Dioniso, es la personificación de la fiesta y el desenfreno. 

2. Charles Mivart fue un biólogo inglés que intento hacer compatible el evolucionismo con la religión, con el resultado de ser condenado por ambas creencias.

3. Karl Pierson. Matemático británico, que estableció la disciplina de la estadística matemática.

4. Macassar era un ungüento para el pelo. Antimacassar eran lo trozos de tela que se ponían en los sofás y sillones para protegerlos de las manchas.









miércoles, 28 de mayo de 2025

LA REVOLUCIÓN FRANCESA


Ilustración del británico Edmund J. Sullivan (1869-1933) para la edición de Chapman and Hall (Londres, 1910) de La revolución francesa de Thomas Carlyle.

Una mujer, armada con unas tijeras, se dispone a mover una pieza. Está vendada, como la justicia, y sus cabellos son serpientes, como la gorgona Medusa. Un angelote parece querer impedir su movimiento. ¿Va a cortar la cabeza de los reyes?

Su rival, vestido como el doctor de la commedia dell'arte, y con un laúd enorme a la espalda, está sentado sobre una pila de libros.

En diagrama contenido en la ilustración muestra los siguientes personajes:

Locura contra destino.

Rey blanco: Luis XVI
Dama blanca: María Antonieta
Alfil blanco: Cardenal de Rohan
Caballo blanco: Conde Fersen
Torre blanca: La Bastilla (tomada)

Rey negro: Terminus
Dama negra: la diosa de la Razón
peones negros: el pueblo

NEGRAS: DESTINO
BLANCAS: LOCURA

Las negras, el pueblo guillotinarán fácilmente a María Antonieta mediante 1 ... d5. Después de que la reina se sacrifique mediante 2. Dd5, la Razón y el pueblo aliados forzarían el mate mediante 2 ...ed5#

Sin embargo, si jugaran las blancas podrían imponerse mediante 1. Dd4 Rb5 2. Db6 Ra4 3. Cd4 y la nobleza y el clero doblegarán al pueblo.

El dramatis personae de la obra es el siguiente:

El cardenal de Rohan. Heredero de una de las grandes familias de Francia. Riquísimo y poseído por una enorme ambición, defectos que se veían atemperados por su gusto por la vida disoluta, fue engañado por un grupo de conspiradores para comprar un valiosísimo collar para la reina María Antonieta. Rohan pretendía por este medio granjearse el favor de la soberana y que esta le ayudara en su pretensión de ser primer ministro. María Antonieta no sabía nada del asunto y Rohan había sido por lo tanto estafado. El juicio público arruinó la reputación de la reina y facilitó en parte la revolución. Rohan no era precisamente muy listo. Toda el affaire se conoce como «El asunto del collar».

Conde Fersen. Hans Axel von Fersen, noble y diplomático sueco, muy cercano a María Antonieta, de quien, según se rumoreó con insistencia, fue amante.  Intentó desesperadamente evitar la ejecución de los reyes e intentó formar una coalición contrarrevolucionaria para intervenir en Francia. Fracasado su empeño, volvió a su Suecia natal donde siguió intrigando a favor de unos y de otros. Murió pisoteado por una muchedumbre ante sus propias tropas que se abstuvieron de intervenir.

La Bastilla. Fortaleza parisina utilizada desde tiempo inmemorial como prisión. Aunque en la época de la revolución apenas albergaba prisioneros, su valor simbólico como representación del Antiguo Regimen hizo de su toma el punto de arranque de la revolución francesa. El marqués de Sade fue uno de sus inquilinos más famosos.

Terminus. El dios romano de los límites, fronteras e hitos.

Diosa de la Razón. Los jacobinos franceses abolieron el catolicismo y lo sustituyeron por el culto de la Razón y del Ser Supremo.

El Pueblo. El tercer Estado, todo lo que no era nobleza o clero, el motor de la Revolución francesa.

 

viernes, 16 de mayo de 2025

ISAAC ASIMOV SOBRE UNA CURIOSA OMISIÓN DE LEWIS CARROLL

Es bien sabido que la segunda de las novelas de Alicia escritas por Lewis Carroll (1832-1898), Through the Looking-Glass and What Alice Found There (A través del espejo y lo que Alicia encontró allí), gira en torno a una posición de ajedrez y que las piezas de este juego son personajes recurrentes en la trama.

Desde el principio de la novela, justo después de que atraviese el espejo, Alicia se encuentra con que:
¡Las piezas deambulaban de aquí para allá, por parejas!

—Ahí están el Rey Rojo y la Reina Roja —dijo Alicia en un susurro por temor a asustarlas—; y allá, el Rey Blanco y la Reina Blanca, sentados en el borde de la paleta; y ahí van las dos torres paseando del brazo...

A lo largo de la novela, diversas piezas, como las dos reinas, los dos reyes, dos de los caballos —caballeros en el libro— e incluso los peones —la propia Alicia es un peón blanco— comparten momentos de protagonismo. Las torres tienen menos presencia, pero aún así son citadas en el texto. Lo que no aparece por ninguna parte son los alfiles. Ni una sola referencia en toda la novela.

Se ha especulado con que, siendo Charles Dodgson (el verdadero nombre de Carroll) un diácono de la Iglesia Anglicana, y siendo los alfiles una clara alusión al clero —en inglés su nombre es bishops (obispos)—, no quisiera que la religión se mezclara con un asunto tan frívolo como, para la mentalidad de la época, podía serlo un libro de humor para niños.

Sea como fuere, lo cierto es que no hay alfiles en el texto de Carroll. Sí los hay en el libro, pese a todo, porque el ilustrador John Tenniel (1820-1914) los incluyó, como podemos ver en la siguiente imagen, donde un alfil blanco lee cómodamente un diario sentado en unas piedras. Detrás, los dos alfiles negros conversan. 

Pero Tenniel no es Carroll.


Aprovechando esta curiosa omisión de Lewis Carroll, el escritor norteamericano Isaac Asimov (1920-1992) publicó en 1974 un cuento titulado precisamente The Curious Omission, dentro del volumen Tales of the Black Widowers (hay edición en castellano: Cuentos de los viudos negros. Alianza Editorial, 1990).

Los Viudos Negros es un club de hombres que se reúnen mensualmente para debatir sobre distintos problemas, que a veces pueden llegar a ser delictivos, presentados por el invitado que cada uno de ellos lleva en su turno de anfitrión. Sin embargo, los problemas los resuelve indefectiblemente Harry, el camarero que los atiende.

El caso en que se plantea la «curiosa omisión» es el siguiente: dos amigos, Jeremy Atwood y Lyon Sanders, se reúnen semanalmente para jugar a todo tipo de juegos: backgammon, monopoly, ajedrez, damas, damas chinas, tres en raya y una larga lista más.

Sanders es un estudioso de los juegos y los práctica por interés científico; Atwood, más por placer y por amistad. Cuando Sanders enferma, anuncia a Atwood que le va a dejar un sustancioso legado en su herencia, pero le advierte: «no te lo voy a poner fácil, seguiremos jugando hasta el final». Al poco tiempo, muere.

Al abrir el testamento, el legado de Atwood, en verdad sustancioso, queda pendiente de la resolución por parte de este de un acertijo que reza: «la curiosa omisión de Alicia». Si no logra descifrarlo en un tiempo determinado, se dispondrá del dinero de otra manera.

A partir de ese momento, Atwood se enfrasca en una frenética búsqueda: registra pormenorizadamente su propia casa, donde jugaban; busca acrósticos en el mensaje; bucea en la biografía de su amigo en busca de alguna Alicia. Todo en vano.

Desesperado por el implacable paso del tiempo, por fin reparó en la Alicia de Lewis Carroll, que había sido una de las lecturas preferidas de su amigo. Recordó que un sobrino suyo era profesor de literatura y le pidió ayuda. Este tampoco atinó con la solución, pero le puso en contacto con los Viudos Negros.

Los viudos destriparon Alicia en el País de las Maravillas. No quedó sin escrutar ni el menor de los juegos de palabras, ni la más disparatada de las paradojas lingüísticas, ni el más ilógico de los silogismos lógicos, ni los poemas, ni las prosas, pasando por la criptozoología, los gatos y los juegos de cartas basados en la baraja francesa. 

Fracaso. 

Como último recurso, tuvieron que recurrir al camarero.

Fue Henry el que recordó que hubo una continuación de Alicia, A través del espejo, cuyo tema era el ajedrez. Recordando el libro, Henry rememora:
—Entonces tenemos el rey, la reina, la torre, el caballo y el peón. Pero hay una sexta pieza del ajedrez: el alfil. ¿Desempeña algún papel en el libro o se lo menciona alguna vez?

Avalon dijo:

—No.

Atwood dijo:

—En una de las ilustraciones del primer capítulo aparecen dos alfiles. [Con la ilustración delante sabemos que son tres, pero Asimov probablemente lo fio a la memoria].

—Eso es obra de Tenniel —dijo Henry—, no de Carroll. Ahora bien, la total ausencia del alfil ¿no es una curiosa omisión?

 Y la pregunta definitiva:

—¿Tiene usted un juego de ajedrez, sr. Atwood?

Y no necesitamos decir más, pues el sagaz lector ya habrá adivinado dónde se encondía la clave que permitirá a Atwood acceder al legado de Sanders. 



FICHA TÉCNICA
LEWIS CARROLL
ALICIA ANOTADA
AKAL. MADRID, 2017
EDICIÓN DE MARTIN GARDNER
TRADUCCIÓN DE FRANCISCO TORRES OLIVER

ISAAC ASIMOV
CUENTOS DE LOS VIUDOS NEGROS
ALIANZA EDITORIAL. MADRID, 1990
TRADUCCIÓN PILAR AGRAMUNT

viernes, 18 de abril de 2025

L'ECLIPSE


Portada de la revista francesa L'Eclipse, publicada el 15 de octubre de 1871. Bajo el título de Échec et mat (Jaque mate) se publicaba una ilustración firmada por el caricaturista Alfred le Petit (1841–1909).

El texto reza:
Son las blancas las que juegan. Pero solo les queda una pieza: ¡el Rey! A su Majestad le gustaría avanzar, pero está bloqueado. La dama (la República), la torre (París), el caballo (D'Aumale) y el alfil (Rouher) mantienen a raya al nieto de San Luis. El rey está en jaque mate.
El contexto es el siguiente: después de la derrota en la guerra franco-prusiana de 1870, el Segundo Imperio se desmorona y Napoleón III es destronado. Enrique de Artois intenta restaurar la monarquía en su persona. Sin embargo, la mayoría republicana en la Asamblea Nacional de París, el político Eugène Rouher, que defendía la candidatura de Louis-Napoléon, hijo de Napoléon III, y Enrique de Orleans (duque de Aumale), que sería candidato a Presidente de la III República francesa, se lo impidieron.



martes, 18 de febrero de 2025

FREDERICK ARTHUR BRIDGMAN


Frederick Arthur Bridgman (1847-1928) fue un pintor norteamericano discípulo de Jean-Léon Gérôme, de quién tomó el preciosismo del dibujo y el gusto por el orientalismo. Entre 1872 y 1886 realizó varios viajes por todo el Norte de África, desde Marruecos hasta Egipto. Durante los viajes realizaba cientos de bocetos y compraba multitud de objetos que utilizaba posteriormente en sus óleos.

Una característica de Bridgman era que, a diferencia de otros orientalista, exploraba el universo femenino el mundo árabe. Fue condecorado con la Legión de Honor y su obra alcanzó una muy alta cotización en vida.

Que se trate de ajedrez lo que están jugando los personajes del cuadro es más un acto de fe hacia el título que algo que podamos identificar a simple vista: apenas si se ve una esquinita del tablero.

FICHA TÉCNICA
FREDERICK ARTHUR BRIDGMAN
CHESS PLAYERS (JUGADORES DE AJEDREZ), 1880
ÓLEO SOBRE LIENZO. 32 x 41,5 cm.
COLECCIÓN PARTICULAR