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miércoles, 28 de mayo de 2025

LA REVOLUCIÓN FRANCESA


Ilustración del británico Edmund J. Sullivan (1869-1933) para la edición de Chapman and Hall (Londres, 1910) de La revolución francesa de Thomas Carlyle.

Una mujer, armada con unas tijeras, se dispone a mover una pieza. Está vendada, como la justicia, y sus cabellos son serpientes, como la gorgona Medusa. Un angelote parece querer impedir su movimiento. ¿Va a cortar la cabeza de los reyes?

Su rival, vestido como el doctor de la commedia dell'arte, y con un laúd enorme a la espalda, está sentado sobre una pila de libros.

En diagrama contenido en la ilustración muestra los siguientes personajes:

Locura contra destino.

Rey blanco: Luis XVI
Dama blanca: María Antonieta
Alfil blanco: Cardenal de Rohan
Caballo blanco: Conde Fersen
Torre blanca: La Bastilla (tomada)

Rey negro: Terminus
Dama negra: la diosa de la Razón
peones negros: el pueblo

NEGRAS: DESTINO
BLANCAS: LOCURA

Las negras, el pueblo guillotinarán fácilmente a María Antonieta mediante 1 ... d5. Después de que la reina se sacrifique mediante 2. Dd5, la Razón y el pueblo aliados forzarían el mate mediante 2 ...ed5#

Sin embargo, si jugaran las blancas podrían imponerse mediante 1. Dd4 Rb5 2. Db6 Ra4 3. Cd4 y la nobleza y el clero doblegarán al pueblo.

El dramatis personae de la obra es el siguiente:

El cardenal de Rohan. Heredero de una de las grandes familias de Francia. Riquísimo y poseído por una enorme ambición, defectos que se veían atemperados por su gusto por la vida disoluta, fue engañado por un grupo de conspiradores para comprar un valiosísimo collar para la reina María Antonieta. Rohan pretendía por este medio granjearse el favor de la soberana y que esta le ayudara en su pretensión de ser primer ministro. María Antonieta no sabía nada del asunto y Rohan había sido por lo tanto estafado. El juicio público arruinó la reputación de la reina y facilitó en parte la revolución. Rohan no era precisamente muy listo. Toda el affaire se conoce como «El asunto del collar».

Conde Fersen. Hans Axel von Fersen, noble y diplomático sueco, muy cercano a María Antonieta, de quien, según se rumoreó con insistencia, fue amante.  Intentó desesperadamente evitar la ejecución de los reyes e intentó formar una coalición contrarrevolucionaria para intervenir en Francia. Fracasado su empeño, volvió a su Suecia natal donde siguió intrigando a favor de unos y de otros. Murió pisoteado por una muchedumbre ante sus propias tropas que se abstuvieron de intervenir.

La Bastilla. Fortaleza parisina utilizada desde tiempo inmemorial como prisión. Aunque en la época de la revolución apenas albergaba prisioneros, su valor simbólico como representación del Antiguo Regimen hizo de su toma el punto de arranque de la revolución francesa. El marqués de Sade fue uno de sus inquilinos más famosos.

Terminus. El dios romano de los límites, fronteras e hitos.

Diosa de la Razón. Los jacobinos franceses abolieron el catolicismo y lo sustituyeron por el culto de la Razón y del Ser Supremo.

El Pueblo. El tercer Estado, todo lo que no era nobleza o clero, el motor de la Revolución francesa.

 

jueves, 29 de octubre de 2020

LA SENTENCIA ES DE FITZGERALD


La traducción que hizo Edward FitzGerald (1809-1883) en 1859 de los poemas del matemático, astrónomo y poeta persa Omar Jayam (1048-1131) granjeó al escritor medieval, hasta entonces desconocido en occidente, un éxito extraordinario. FitzGerald llamó Rubaiyat (cuartetos) a la recopilación de los poemas de Jayam que publicó en una traducción muy libre, tanto que se considera más una reinterpretación que una traducción. Pese a todo, su trabajo abrió la puerta al conocimiento de una poesía que sigue conmoviendo hoy en día a un buen número de lectores.

Uno de los cuartetos de Jayam es muy conocido por los aficionados al ajedrez, sobre todo por el famoso soneto de Jorge Luis Borges titulado Ajedrez. ¿Recuerdan aquello de «la sentencia es de Omar»? Pues este es el Omar al que se refiere Borges.

FitzGerald tradujo así al inglés el original persa:

'Tis all a Chequer-board of Nights and Days
Where Destiny with Men for Pieces plays:
Hither and thither moves, and mates, and slays,
And one by one back in the Closet lays.

Muchas traducciones castellanas de estos versos se han basado en la versión de FitzGerald y en ellas abundan las referencias aunque sean tácitas al ajedrez.

Sin embargo, últimamente se ha puesto en duda que el original de Jayam hablara de ajedrez. Una traducción literal de esa cuartera (traducida directamente por Shahriar Shariari al inglés y por nosotros al castellano) sería algo así:

Somos marionetas y el destino es el titiritero.
No es una metáfora sino la sincera verdad.
En el escenario, el destino nos maneja.
Hasta que, en la nada, uno a uno desaparecemos.

La idea de que la vida humana es algo azaroso que depende enteramente del destino permanece en estos versos, pero el ajedrez han desaparecido totalmente. 

La primera vez que leí que quizá la traducción de FitzGerald había incluido una referencia al ajedrez que no existía en el original fue en el artículo La sentencia no es de Omar en el blog Ajedrez Rosarino, un sitio muy interesante que actualmente está, para nuestra desgracia, inactivo. Me he tomado la libertad de parafrasear el título de dicho artículo en esta entrada de ARTEDREZ. 

Suponemos que no se ha dicho aún la última palabra sobre el tema. Pero dejemos a los traductores con su paciente trabajo.

La ilustración que encabeza esta nota es obra de Edmund J. Sullivan (1869-1933) y corresponde a una edición de 1913 (Rubáiyát of Omar Khayyám. Methuen & Co, London, 1913).

Es una ilustración curiosa. La mano, hemos de suponer que representando al destino, se dispone a mover una pieza en un tablero en el que además de torres y peones normales podemos ver a Napoleón, una pieza que parece representar a un papa y otra que parece una dama. Es imposible saber qué pieza va a mover la mano. Al otro lado del tablero, una figura masculina desnuda, cuyos cabellos son serpientes, como si se tratara de la gorgona Medusa, espera pensativo la jugada. 

miércoles, 1 de abril de 2020

CIENTÍFICO TRABAJANDO


De lo más pequeño a lo más grande, desde lo más alejado hasta lo más cercano, todo  le interesa al científico. Y encima de su mesa de trabajo, entre los instrumentos de sus investigaciones, un tablero de ajedrez en el que entretener su ocio.

Científico trabajando es una obra del ilustrador inglés Edmund J. Sullivan (1869-1933) realizada en 1931.

Hoy más que nunca, la callada labor del científico debe ser reconocida en toda la extensión de la palabra.