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jueves, 9 de enero de 2025

EL CORREO DE LAS DAMAS. NUEVO MODO DE JUGAR AL AJEDREZ. UN TEXTO DECIMONÓNICO

En el número 4 de El correo de las damas, publicado en Madrid el 24 de julio de 1833, podemos leer el siguiente texto. Hemos respetado la ortografía y puntuación de la época.

NUEVO MODO DE JUGAR AL AJEDREZ

Sabido es que las provincias de Shenee y Shanse encierran los hombres mas opulentos de la China. En los últimos años de la vida del Emperador Keaking vivía en el distrito de Taeyoentoe una opulenta viuda llamada Chun, en compañía de un hijo: éste tenia entre otros vicios el de jugar al ajedrez; pero el ajedrez de madera , de marfil etc. es un pobrísimo ajedrez. Nuestro refinado chino concibió una idea digna de un gran calculista. Dispuso un gran salón, y arregló su piso taraceado como un enorme tablero de damas de anchísimas casillas; poniendo mesas á uno y otro estremo para él y sus adversarios. Para representar las diversas piezas del juego compró una colección de lindísimas esclavas, que vistió á la ligera , y las adiestró para ejecutar á la menor señal los movimientos, y cambios estratégicos de este juego militar. El gran jugador se ahorraba de ese modo el trabajo de mover él mismo las piezas, y aun hubo malas lenguas que dijeron, que interrumpía de vez en cuando el largo juego para contemplar á su placer la configuración esmerada de las piezas enemigas que iba comiendo. Confesemos que este ingenioso chino sabia amenizar, aligerar y variar los juegos mas pesados. Llegó sin embargo este refinamiento de gusto á oidos del Emperador , quien celoso é indignado al ver que un vasallo hubiese podido aventajarle en lujo é imaginativa, condenó al buen chino á la módica multa de tres millones de taels, desterrándole de paso á orillas del rio del Dragen negro para toda su vida, y asegurándole con la mayor afabilidad que se dignaba dejarle la cabeza sobre los hombros. ¡Qué bondad! En un país de otra especie se le hubiera conferido á Chun un privilegio exclusivo. ¡En la China está visto que se tiene en poco la invención!

El correo de las damas fue una publicación dirigida a un público femenino que se editó en Madrid entre 1833 y 1835. Iba dirigido a mujeres de la aristocracia y la alta burguesía —la lista de suscriptoras la encabezaban la reina Isabel II, «la de los tristes destinos», y su madre, la regente María Cristina— y trataba fundamentalmente de moda, aunque también dejaba espacio para la crónica de sociedad, la literatura y la crítica de teatro, danza, etc.

Inspirada en publicaciones francesas similares, durante su primer año el encargado de la redacción fue Mariano José de Larra (1809-1837), quien le dio un tono anticasticista, mundano y afrancesado. En 1835 fue sustituido por el escritor costumbrista  Antonio María Segovia (1808-1874), el Estudiante, que volvió sin complejos a lo castizo, lanzando una apasionada defensa de la mantilla como prenda patriótica.

Su lema era un latinajo extraído de las elegías de Propercio: Formosis levitas semper ámica fuit (lo que quiere decir: Las bellas gustan de ligereza y variedad). Toda una declaración de principios.

De periodicidad variable, aunque fundamentalmente semanal, se vendía al precio de 5 reales por número (0,0075 €), aunque había posibilidades de abaratar el coste mediante diversos tipos de suscripción.

Deteniéndonos un instante en el texto ambientado en China (aunque los nombres suenan bastante poco chinos) y dejando a un lado la concepción del ajedrez como un vicio y el tópico de ser un juego militar, no acierto a comprender que un cuento que habla de la cosificación de esclavas semidesnudas como piezas de ajedrez, lo que parece más bien una fantasía masculina de lector de revistas pulp, se publicara en una revista femenina dirigida a un público elegante. 


miércoles, 14 de febrero de 2018

HYPNEROTOMACHIA POLIPHILI

La Hypnerotomachia Poliphili, en español «La lucha de amor en sueños de Polífilo» o, simplemente, «El sueño de Polífilo», es uno de los más intrigantes libros que se han escrito y, para algunos, el incunable (aquellos libros impresos antes de 1500) más bello jamás editado. Lo imprimió el humanista italiano Aldo Manuzio en Venecia en 1499 y fue sufragado por Leonardo Grassi. Y esto es de lo poco seguro que sabemos sobre este libro. No sabemos quién lo escribió; no sabemos quién dibujó las hermosas xilografías que lo adornan; apenas sabemos qué significa o qué quiso decir su autor; tampoco qué motivos llevaron a su mecenas a dar a la luz un libro como este. 

Si componemos un acróstico con la primera letra de cada uno de sus capítulos aparece la frase POLIAM FRATER FRANCISCVS COLVMNA PERAMAVIT (el hermano Francesco Colonna ha amado mucho a Polia), a partir de la cual se ha supuesto que la autoría del libro correspondía a un religioso llamado Francesco Colonna. Pero aunque se han localizado varios Colonna contemporáneos a la Hypnerotomachia, no se ha podido relacionar de forma concluyente a ninguno de ellos con el autor del libro.

Tampoco se conoce el nombre del artista encargado de diseñar las 68 xilografías que ilustran el libro. La repercusión de estas ilustraciones ha sido enorme en el transcurso de los siglos y podemos detectar su influencia en sitios tan dispares como el claustro de la catedral de Salamanca o la obra del ilustrador británico Aubrey Beardsley. 

La historia narrada en la Hypnerotomachia viene contada por dos voces distintas, la primera es la del propio Polífilo quien,  contando sueños que se van desarrollando dentro de otros sueños, declara su amor por Polia. La segunda voz, la de la propia Polia, narra desde su punto de vista su relación con Polífilo. Retoma posteriormente el hilo Polífilo para contar que después de muchas peripecias Venus ha bendecido su amor y los amantes van a estar juntos por fin. Cuando van a consumar su unión, sin embargo, Polia desaparece y Polífilo despierta.

Todo esto está escrito en un italiano entreverado de latín y griego, con aportes de español y hebreo y hasta algún pasaje escrito en lenguaje jeroglífico, y con un estilo críptico, oscuro y enrevesado, repleto de alusiones a los más distintos saberes: mitología, arquitectura, gastronomía, ciencia, ajedrez (¡oh, sí, ajedrez!), danza, liturgia, epigrafía... Examinar las múltiples interpretaciones, algunas francamente contradictorias, que ha generado el libro rebasaría con mucho la capacidad del autor y las dimensiones razonables que debe tener este post.

Así que, sin más preámbulos, ármese de valor, Lector, y sumérjase en el siguiente pasaje de la obra donde asistirá a un baile que es también una partida de ajedrez.

Ilustración Pepa Acosta

Además de todo lo que hasta aquí he dicho, quiso la reina, para mayor ostentación, mostrar la grandeza y la abundancia del universo en toda clase de excelentes y rarísimas magnificencias, así que, estando todos sentados en nuestros sitios, después de la maravilla del suntuoso banquete, ordenó sin tardanza un juego admirable, digno no solo de verse sino de recordarse eternamente, que además fue un hermoso baile, con el siguiente modo y procedimiento: por la puerta de las cortinas entraron treinta y dos muchachitas, de las que dieciséis estaban vestidas de tejido de oro —ocho de ellas iguales—; a una de las vestidas de oro le fue puesto un manto real y a otra un vestido de reina y estaban acompañadas de dos capitanes de fortaleza, dos muditos o secretarios y dos caballeros. Las otras estaban vestidas de plata y llevaban la misma jefatura. Todas se dispusieron según su oficio, colocándose sobre los cuadrados del pavimento; es decir las dieciséis vestidas de oro en una parte y las dieciséis de plata en la opuesta. Las muchachas músicas empezaron a tocar con consonancia suavísima y entonada melodía tres instrumentos de osada invención y que armonizaban perfectamente. Al tiempo medido por el sonido y según ordenaba el rey, se movían en sus cuadrados las ágiles y saltarinas bailarinas. Haciendo reverencia al rey y a la reina, saltaban con graciosísimas vueltas sobre el otro cuadrado, realizando una agradable inclinación. Cuando la música comenzó de nuevo, el rey de plata mandó a la que estaba delante de la reina que se pusiera enfrente de aquella. Esta, avanzando con los mismo gestos de respeto, hizo el movimiento y se detuvo. Por este orden, según la medida del tiempo musical, se cambiaban así de lugar o bien, permaneciendo en su cuadrado continuamente, bailaban hasta que, tomadas o arrojadas, salían, siempre por mandato del rey. Las ocho que estaban vestidas igual, invertían cada tiempo del sonido en trasladarse a otro cuadrado; no podían retroceder sino por haber saltado inmunes sobre la línea de los cuadrados donde residía el rey, ni avanzar más que diagonalmente.
Un secretario y un caballero atravesaban en cada tiempo tres cuadrados, el secretario diagonalmente, el caballero dos en línea recta y uno transversal, y podían trasladarse por todos los lados. Los custodios de la fortaleza podían traspasar muchos cuadrados en línea recta y libremente, es decir, en un tiempo podían desplazarse tres, cuatro o cinco cuadrados, guardando la medida y apretando el paso. El rey podía situarse sobre cualquier cuadrado no ocupado o indefenso y le estaban vedados los cuadros a los que otros pudieran saltar y, si lo hacía, debía ceder, precediendo una advertencia. La reina, por el contrario, podía moverse por cualquier cuadrado del color donde primero se asentó, aunque lo mejor es que permaneciera siempre al lado de su marido.
Cada vez que los oficiales de uno u otro rey encontraban a uno del contrario sin custodia ni protección le hacían prisionero y, besándose ambas muchachas, el vencido salía fuera. Siguiendo estas reglas, hicieron al mismo tiempo un notabilísimo juego y un elegante baile, danzando y jugando festivamente según la medida del sonido con alegría, solaz y aplauso, quedando vencedora la plata. Esta solemne fiesta duró, entre los encuentros huidas y defensas, una hora, y fueron tan armoniosas las evoluciones, reverencias, pausas y modestas inclinaciones, que me invadió tal deleite que pensé, no sin motivos, que había sido llevado a las supremas delicias e inaudita felicidad del Olimpo.
Terminado el primer juego en forma de baile, todas volvieron a su correspondiente cuadrado; y, vueltas a sus lugares ordenadamente, hicieron lo mismo que la primera vez, pero las que tocaban los instrumentos aceleraban el ritmo, de modo que los movimientos y gestos de los bailarines-jugadores eran más rápidos, aunque observaban el tiempo del sonido de un modo tan hábil y con tan apropiada gesticulación y arte, que no cabía pedir más. 

 Muy expertas, las damiselas saltaban, la cabeza coronada 
de olorosas violetas y las abundantes trenzas
acompañando el movimiento, bien sobre los
delicados hombros, ya a las espaldas.
Cuando alguna era aprisionada,
levantaban los brazos y
entrechocaban las palmas de
las manos. Así, jugando y bailando,
volvió a ganar por segunda vez el primer color.

Cuando todos estuvieron distribuidos de nuevo en sus lugares correspondientes para el tercer baile, los músicos apresuraron aún más la medida del tiempo, con un tono y modo frigio tan excitante como nunca supo inventar el propio Marsias de Frigia. En el primer movimiento, el rey vestido de oro hizo correrse a la jovencita que estaba delante de la reina sobre el tercer cuadrado. Por esta causa, comenzó inmediatamente una gran lucha, un torneo delicioso, a una velocidad cada vez mayor. Se inclinaban hasta el suelo, dando luego un salto repentino y dos revoluciones en el aire, una al contrario de la otra, y luego sin interrupción, puesto el pie derecho en el suelo, daban tres vueltas y después cambiaban de pie. Todo esto lo realizaban en un tiempo, tan hábilmente y con tanta agilidad y con profundas inclinaciones, compuestas vueltas, fáciles saltos y hermosos gestos, que nunca se pudo ver ni fue inventada cosa mejor. No se obstaculizaban entre sí, pero quien era apresado, tras haberle dado el raptor al instante un beso dulce como el mosto, salía del juego. Y cuanto menor número quedaba, tanto más graciosa habilidad había en el mutuo engaño. Este orden y modo tan dignos fueron observados por cada uno sin falta, tanto más cuanto mayor era la rapidez de la medida de las sabias y excelentes muchachas y músicas, e incitaba incluso a tales movimientos a todos los que estaban presentes, a causa de la armonía del sonido con el alma, sobre todo porque había aquí sumo y concordante consenso de la buena disposición de los cuerpos. Por esta razón, pensé cálidamente en el poder de Timoteo, habilísimo músico que con su canto había obligado al ejército del gran macedónico  a tomar de nuevo las armas; y luego, bajando la voz y el tono, les había incitado a que, abandonándolas, desistieran todos. En este tercer juego triunfó gloriosamente la muchacha vestida de rey de oro.
Ilustración Pepa Acosta

Este fragmento de la Hypnerotomachia Poliphli contiene una de las primeras referencias claras a una partida de ajedrez viviente. Aunque se atribuye frecuentemente a Carlos Martel la organización de la primera partida de ajedrez viviente, las fechas de su vida (686-741) lo hacen poco probable. Quizá ni siquiera el ajedrez fuera conocido entre los francos en esa época, tanto más si tenemos en cuenta que la mayoría de los historiadores dan por buena la tesis de Levi-Provençal de que la aparición del ajedrez en la Europa occidental se da en la Córdoba omeya en el siglo IX, casi cien años después de la muerte de Carlos Martel.

Aunque en 1499, fecha de publicación del libro, ya habían aparecido diversas obras con  las reglas del ajedrez moderno —el poema Scachs d'amor, (Francí de CastelvíBernart Fenollar y Narcís Vinyoles; Valencia, 1475), probablemente el Llibre dels jochs partits dels schacs en nombre de 100, (Francesch Vicent; Valencia, 1495) y La repetición de amores y arte del ajedrez, (Lucena; Salamanca, 1497)— en el propio libro se sugiere que la Hypnerotomachia fue redactada en 1467 lo que explicaría fácilmente  el porqué sigue esta las reglas del ajedrez medieval. Porque pese a sus graciosos nombres, los movimientos de las piezas que se describen en el texto son los del ajedrez medieval. Sin embargo, en el aspecto ajedrológico queda todo por hacer: identificar las posibles fuentes de la escena e investigar la verosimilitud histórica de las partidas vivientes, rastrear la etimología de los nombres de las piezas —en el original italiano son así: equites (caballero), el actual caballo. Secretario o taciturnulo (secretario o mudito), el alfil. El custodio de la roccha, o del arce, (los capitanes de la fortaleza), las torres. El rey y la reina, sin embargo, mantienen sus nombres y los peones no reciben nombre alguno en el texto— y, por supuesto, intentar aclarar su posible significado.

La influencia de este pasaje puede detectarse en algunos textos en los que el ajedrez forma parte de la trama. Por ejemplo, en la nomenclatura de las piezas del Scacchia Ludus, de Marco Girolamo Vida, y, sobre todo, en el baile ajedrecístico del último libro del Gargantúa y Pantagruel de Rabelais.

FICHA TÉCNICA
FRANCESCO COLONNA
EL SUEÑO DE POLÍFILO
ACANTILADO. BARCELONA, 1999
EDICIÓN Y TRADUCCIÓN DE PILAR PEDRAZA


viernes, 4 de marzo de 2011

STRÖBECK, LA CIUDAD DEL AJEDREZ


Este escudo es el de la ciudad alemana de Ströbeck y sí, la historia de esta ciudad está tan unida con el ajedrez como para merecerlo.

La relación de esta ciudad con el ajedrez se debe a Gunzelin de Kuckenburg, Margrave de Meissen. Gunzelin fue capturado en 1009 por las tropas del obispo de Halberstadt y puesto en prisión en la torre de Ströbeck donde padeció ocho años de cautiverio. Hasta aquí, los hechos más o menos históricos. A partir de ahora, los más o menos legendarios.

Gunzelin se aburría en su cautiverio como solo los moluscos vivalvos que se alimentan de fitoplancton y viven enterrados en la arena pueden hacerlo. Para intentar paliar su aburrimiento decidió jugar al ajedrez. Talló un tablero con sus correspondientes trebejos y enseñó a jugar a sus guardianes. Esto era absolutamente necesario ya que en la época en la que transcurre la historia, principios del siglo XI, era imposible encontrar gente que supiera jugar al ajedrez fuera de los estamentos nobiliario y clerical. El hecho es que el juego fascinó a los carceleros que lo enseñaron a su vez a sus familias y a sus vecinos extendiéndose en poco tiempo por todo el término municipal de Ströbeck.

Al recobrar la libertad, y sus privilegios feudales, Gunzelin, en agradecimiento al buen trato que le habían dispensado los habitantes de Ströbeck, les otorgó la exención de impuestos siempre que en la ciudad se transmitiera de generación en generación el aprendizaje del juego del ajedrez.

Así empezó una tradición que dejó una profunda huella en las costumbres, folklore y cotidianidad de los habitantes del pueblo.


En su libro de 1616, Das Schach oder Königsspiel (El ajedrez o el juego de los reyes), Gustavo Selenio menciona Ströbeck en relación a la modalidad de ajedrez conocida como Courier game del que ya hemos hecho mención en varias entradas de este blog.

Hemos de suponer que los habitantes de Ströbeck permanecieron fieles a las recomendaciones de Gunzelin porque en en 1651 el Gran Elector Federico Guillermo de Brandemburgo regaló a los habitantes del pueblo un tablero dotado de trebejos de plata. Los trebejos terminaron desapareciendo pero el tablero aún se conserva en el museo dedicado al ajedrez que existe en el pueblo.

Una de las costumbres que se estableció era invitar a todos los forasteros que llegaban al pueblo a jugar una partida de ajedrez contra el alcalde del pueblo. A esta tradición no escaparon ni los reyes. En 1773, Federico II jugó, y perdió, cuando pernoctó en Ströbeck en un viaje por la región.

En el siglo XVII, los mozos que querían pasar por el altar tenían que "ganar" a su novia jugando al ajedrez contra el alcalde de la localidad. En caso de perder tenían que pagar un impuesto especial a las arcas municipales.

En 1823, la relación del ajedrez con Ströbeck recibió el espaldarazo definitivo al introducirse el ajedrez como materia obligatoria dentro de los planes de estudio, un caso único en aquellas fechas. El resultado a corto plazo fue que Ströbeck sea la única localidad del mundo donde todos sus habitantes saben jugar al ajedrez.

Ajedrez en la escuela
Los estudiantes compiten anualmente por ganar un tablero de ajedrez, que solo se entrega a los tres primeros de cada categoría, y que es considerado un honor por lo que ocupa un lugar preferente en el domicilio de los ganadores. Los nombres de los ganadores se graban, desde 1823, en una placa conmemorativa.

Sin embargo, en 2004, la escuela secundaria de Ströbeck tuvo que cerrar, entre las protestas de los vecinos, por no llegar al mínimo de alumnos requeridos por las leyes federales alemanas. La tradición de enseñanza de ajedrez se mantiene aún en la escuela primaria.

Niños camino de la escuela llevando cada uno su propio tablero
Desde 1926 es costumbre que grandes maestros de fama mundial disputen exhibiciones de simultáneas en el pueblo. Entre la lista de maestros figuran Berthold Lasker, Bogoljubow, Suetin, Tal, Ulhmann, Hort...

Aprovechando estas circunstancias, mitad reales, mitad legendarias (no hay noticias contrastadas hasta el siglo XVI), la ciudad de Ströbeck ha hecho del ajedrez uno de sus reclamos turísticos más importantes.

Plaza del ajedrez. Tienda de ajedrez. Museo del ajedrez

Fotografía de Dagobert Kohlmeyer

En 1991, se inauguró el único museo público que hay en Alemania dedicado al ajedrez para guardar memoria de la historia de la ciudad y de los acontecimientos vinculados al juego que conformaron su identidad.

A finales de mayo se celebra un gran festival de ajedrez que cuenta como atractivos fundamentales un torneo que reune a un gran número de participantes y una representación de ajedrez viviente que se viene representando anualmente desde 1688.

Ajedrez viviente en la plaza de Ströbeck hace algunos años

Ajedrez viviente en la plaza de Ströbeck en la actualidad

Fotografía de Dagobert Kohlmeyer
Más datos sobre la ciudad del ajedrez pueden encontrarse en Sarah Chess' Journal y en la página oficial del Museo del ajedrez de Ströbeck.