El ajedrez y los dioses es un brevísimo cuento de Rodolfo Walsh publicado en 1953 en el número 1 de la revista estudiantil Fénix.
En él, Walsh abunda en la idea del paralelismo entre el microcosmos, el tablero de ajedrez, y el macrocosmos, el universo real, y pone en cuestión ideas como la capacidad de decidir o la libertad individual. Unos dioses amorales que solo siguen sus propias reglas mueven los hilos, indiferentes a las consecuencias de sus actos.
Tratándose de Walsh, es probable que el cuento tenga una lectura más política que metafísica. Los dioses podrían entenderse como el sistema frío e impersonal que controla con lógica implacable el mundo sin preocuparse de los individuos, débiles y reemplazables.
Como colofón, veamos el cierre de la narración de Walsh.
Se ha dicho pobremente que las fuerzas de un bando simbolizan el bien; las otras el mal. Cualquiera puede comprobar la estúpida mentira de esa creencia. Los dioses no tienen idea del bien y del mal. De lo contrario no podrían existir. En el preciso instante en que la sola idea del bien o del mal entrara furtivamente en la voluntad que mueve las piezas sobre el tablero, éste saltaría en pedazos como una gigantesca copa de cristal.
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