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viernes, 20 de junio de 2025

EL HOMBRE DE LONDRES, DE BÉLA TARR

A londoni férfi (El hombre de Londres) es una película de 2007 de Béla Tarr inspirada en la novela homónima de Georges Simenon. Fiel al libro, pero con el  peculiar estilo de Tarr.

Un trabajador de los ferrocarriles es testigo de un crimen y se apodera de una maleta que contiene una gran cantidad de dinero que el asesino ha perdido en su huida. Consigue apoderarse de ella, pero a partir de ahí, el deseo de cambiar de vida y los remordimientos luchan en su interior.

El protagonista es cliente habitual de un bar en el que juega al ajedrez contra el patrón por pequeñas apuestas. 

El dinero bajo el tablero...

...que, por cierto, está mal colocado.

 

miércoles, 16 de noviembre de 2022

EL HOMBRE QUE MIRABA PASAR LOS TRENES

El hombre que miraba pasar los trenes es una de las llamadas novelas «duras» de Georges Simenon. Cuando la publicó —1938— ya había alcanzado primero la fortuna y luego fortuna y fama escribiendo. Primero, novelas populares escritas a un tanto la palabra (solo su asombrosa prolificidad le permitió ganar dinero con esa fórmula), luego su mundialmente reconocida serie de novelas policiacas protagonizadas por el comisario Maigret. Con todo, para Simenon, estas novelas duras fueron lo más importante de su producción.

El hombre que miraba pasar los trenes es una obra compleja. La mayoría de los comentaristas se refiere a ella como una «novela sicológica». Y si por ello se refieren a la profunda introspección que su protagonista realiza, estaríamos en lo cierto.

Pero nos parece que es algo más. El análisis de los medios de comunicación, con su necesidad de atraer al público a costa de la verdad; el París nocturno, con sus brasseries, bistrós y guinguettes; las fiestas populares; incluso el mundo de la prostitución y el hampa tienen cabida en libro.

Sin embargo, es la personalidad de su protagonista, Kees Popinga, la que llena completamente la acción. Popinga es un perfecto burgués. Encargado de una empresa de suministros navales, lleva una vida intachable: honrado, hogareño, buen padre, buen empleado. Apenas una noche a la semana, se acerca al club de ajedrez a jugar unas partidas. Una actividad tan respetable como el propio protagonista.

Solo pasar ante algunos de esos establecimientos contrarios a las buenas costumbres y ver partir a los trenes que marchan hacia destinos ignotos y lejanos turban su ánimo y plantean una duda sobre su intachable fachada.

La ordenada vida de Kees Popinga salta por los aires cuando el dueño de su empresa le revela que abandona trabajo y familia. Que ha desfalcado los fondos de la empresa y huye con amante y dinero a otro país, dejándolo todo atrás.

La huida del dueño significa la ruina de Popinga. Sin trabajo, sin poder hacer frente a la hipoteca que pesa sobre us hogar, con un alto nivel de vida: buena casa, buena ropa, buen colegio para sus hijos, Popinga entra en crisis. Huye a París e intenta ocupar simbólicamente el lugar de su jefe, seduciendo a su amante. Y cuando esta se ríe de su pretensión, él la mata. Popinga es ahora un prófugo.

Todo lo que antecede es apenas el prólogo de la novela. El resto es el desesperado intento de Popinga por definirse a sí mismo, por medirse con la imagen que los medios de comunicación dan de él. Por saber quién es realmente. Si el anterior honrado comerciante, o el desalmado criminal de ahora.

La huida de Popinga por París se estructura como un duelo entre el jefe de la policía (un antiguo ayudante del comisario Maigret, el ahora inspector Lucas) y él mismo y en varios momentos lo define como una partida de ajedrez. Pese a todos los intentos de no dejar pistas que lleven a su detención, Kees no se ha logrado desprender del todo de las costumbres burguesas. Y siempre que puede busca algún café donde se juegue al ajedrez.

Con relación al juego hay una anécdota jugosa en el libro que da idea de cómo es Popinga. Un día, en su club de ajedrez, en un ataque de fanfarronería se jactó de poder derrotar a un contrincante ofreciéndole ventaja de material, pero perdió. Como su adversario jugaba con su propio tablero y sus propias piezas, fabricados en materiales nobles  y de magnífica factura, Popinga descargó su frustración distrayendo una pieza del tablero y metiéndola en una jarra de cerveza negra que había sobre la mesa. Cuando rememora la escena, se regocija de que la pieza nunca fuera encontrada por su propietario.

Como ya sabemos la historia se repite, la primera vez como tragedia y la segunda como farsa. Años después, frente al sicólogo forense que intentaba comprender la personalidad de Popinga. Al recordar la anécdota, quiere repetirla. Pero la taza de café donde intenta esconder la pieza no es lo suficientemente alta como para ocultarla del todo y queda burdamente al descubierto. Casi podríamos decir, que ello sella su derrota final.

De todas las ediciones que hemos visto de la novela, solo una —la de la colección Folio de Gallimard, editada en 1980— tiene un motivo ajedrecístico en su cubierta. ¡Y muy bien traído, por cierto! Una dama blanca estilo Régence cerca de una taza de café y una copa de cerveza. Como en la anécdota que protagoniza Kees Popinga en la novela.




FICHA TÉCNICA
GEORGES SIMENON
EL HOMBRE QUE MIRABA PASAR LOS TRENES
TUSQUETS. BARCELONA, 1997
TRADUCCION DE EMMA CALATAYUD

1ª EDICIÓN 
L'HOMME QUI REGARDAIT PASSER LES TRAINS
GALLIMARD. PARIS, 1938




lunes, 13 de abril de 2020

MI AMIGO MAIGRET

Dibujo de María José Acosta

Anna y yo jugábamos al ajedrez

Mi amigo Maigret es la trigésimo primera novela dedicada al comisario Maigret, el célebre personaje del novelista belga George Simenon.

En esta ocasión Maigret abandona el Quai des Orfèvres para ir a investigar a una isla del Mediterráneo. Además, va acompañado por un policía de Scotland Yard que se ha trasladado a París para estudiar los métodos del comisario.

La frase que encabeza esta nota —Anna y yo jugábamos al ajedrez— es la coartada que esgrime uno de los sospechosos del asesinato de un delincuente de poca monta reconvertido en pescador.

Mr. Pyke, el observador inglés, llega a jugar una partida con el sospechoso que le sirve para analizar el carácter de este. La conclusión es demoledora:
Creo que aquí, en su país, un muchacho de buena familia puede cometer tonterías, como dicen ustedes para darse la gran vida, para disponer de mujeres, coches, o jugar en los casinos. ¿Juegan sus tarambanas al ajedrez? Lo dido. ¿Leen a Kant, a Nietsche, a Schopenhauer y a Kierkegaard? Es poco probable, ¿no? Solo tienen ganas de vivir su vida sin esperar a la herencia de sus padres.

FICHA TÉCNICA

GEORGES SIMENON
MI AMIGO MAIGRET (MON AMI MAIGRET, 1949)
PLANETA. BARCELONA, 2005
TRADUCCIÓN DE JAVIER ALBIÑANA

MARÍA JOSÉ ACOSTA
ILUSTRACIÓN PARA «MI AMIGO MAIGRET», 2020
LÁPICES DE COLORES SOBRE PAPEL CANSON. 14,8 x 21
COLECCIÓN PARTICULAR

lunes, 23 de marzo de 2020

MAIGRET Y LAS BUENAS PERSONAS


Maigret y las buenas personas (Maigret et les braves gens. Publicada por entregas en el diario Le Figaro entre mayo y junio de 1962) es la quincuagésima octava (¡¡¡58, sí!!!) entrega de la serie de novelas noir protagonizadas por el comisario Jules Maigret, el más conocido de los personajes inventados por Georges Simenon (1903-1989), del que supongo que no habrá que hacer mayor presentación.

El desarrollo de la acción es el mismo al que estamos acostumbrados por otras novelas de la serie. El comisario Maigret va investigando el caso metódicamente, exprimiendo al máximo la rutina policial, movilizando todos lo recursos a su cargo, con una mirada siempre sensible al sufrimiento de las personas. Mientras, el progreso de la trama nos va mostrando la vida cotidiana de la gente involucrada en el caso, las glorias y miserias de la sociedad de la época.

En Maigret y las buenas personas hay una pequeña mención al ajedrez. La víctima del caso que investiga el comisario ha sido asesinada mientras jugaba una partida de ajedrez contra su yerno. En medio de la partida este, pediatra de profesión, recibe una llamada urgente y debe ausentarse para asistir a un paciente. Poco después, su suegro es asesinado.

Simenon no profundiza mucho en el juego, que apenas aparece un par de veces en las reflexiones de Maigret quien se pregunta qué haría el asesinado cuando su yerno tuvo que abandonar abruptamente la partida:
¿Se habría quedado realmente solo ante el tablero de ajedrez y habría continuado solo la partida durante algún tiempo, empujando alternativamente las piezas negras y blancas?
O cómo habría sido la velada entre los dos, momento en el que se le escapa a Simenon un pequeño prejuicio sobre los ajedrecistas.
Maigret se esforzaba en reconstruir la escena: los dos hombres delante del tablero de ajedrez, silenciosos y graves, como todos los aficionados a ese juego.
O en la descripción de la escena del crimen:
Sobre una mesita, efectivamente, se veía un tablero de ajedrez con las piezas dispuestas como si la partida se hubiera interrumpido bruscamente.
Y poco más. Es simplemente una pincelada costumbrista que pretende mostrar cómo se entretienen las personas de la pequeña burguesía, clase social a la que pertenecen los protagonistas de la novela, pero no tiene nada que ver con el desarrollo ni la resolución del caso. 

Justamente fue esa escena, la del cadáver delante del tablero de ajedrez, la elegida por Vicenç Ballestar (1929-2014) para la ilustración de la cubierta de la primera edición española del libro, puesta en circulación en 1962 por la editorial Caralt. La misma editorial recuperó la ilustración de Ballestar para su edición de 1982, aunque reproduciéndola en un blanco y negro más sobrio y prescindiendo del retrato de Jean Gabin —que tantas veces interpretó a Maigret en el cine— que presidía la cubierta original.

Vicenç Ballestar fue uno de los más prolíficos ilustradores españoles de mediados de siglo XX. Suyas son cientos de cubiertas de novelas de serie negra, de fantasía y del Oeste de editoriales populares. Su fama traspasó las fronteras españolas y trabajó para gran número de editoriales europeas. 


FICHA TÉCNICA
GEORGES SIMENON
MAIGRET Y LAS BUENAS PERSONAS
CARALT. BARCELONA, 1963
ILUSTRACIÓN DE VICENÇ BALLESTAR
TRADUCCIÓN DE FERNANDO SÁNCHEZ DRAGÓ