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domingo, 26 de abril de 2026

TRỌNG GIA NGUYỄN



Trọng Gia Nguyễn (1971) es un artista multidisciplinar vietnamita, algunos de cuyos trabajos han tomado el ajedrez como elemento simbólico, posiblemente por su interés en Marcel Duchamp.

En la imagen aparece disputando una partida con el actor francés de origen islandés Tómas Lemarquis (1977) dentro de la performance «Duchamp vs Fischer» que se desarrolló a lo largo de 2008 en dos espacios distintos.

Los dos protagonistas encarnan los espíritus de Marcel Duchamp y Robert Fischer, quienes dirimen un encuentro a tres partidas. Dos de ellas se disputaron en Nueva York, en el verano de 2008, con victoria por 1,5 a 0,5 a favor de Duchamp. La tercera se disputó en Reikiavik el 14 de octubre de 2008, sin que hayamos podido averiguar el resultado.





miércoles, 22 de abril de 2026

BERNARD COOKSON


 La verdad es que yo tampoco estoy muy conforme con mis condiciones. Diez años en Siberia si pierdo.

Viñeta de Bernard Cookson (1937-2016) publicada el 5 de julio de 1972 en el Evening News. El contexto de la imagen son las peticiones de Robert Fischer antes de enfrentarse a Boris Spassky en lo que se conoció como el match del siglo (XX, se entiende).

En un ambiente muy crispado por la guerra fría, la exigencias de Fischer para sentarse a jugar el match contra Spassky pusieron en riesgo la propia disputa del encuentro, que comenzó el 11 de julio de 1972, solo seis días después de que se publicara la caricatura. En el momento de la publicación, su disputa estaba todavía en el aire.

martes, 20 de enero de 2026

NIXON Y KISSINGER, POR ETTA HULME


Caricatura de Etta Hulme (1923-2014), editorialista gráfica del diario Fort Worth Star-Telegram, para el que empezó a trabajar en 1972 y terminó en 2009. Fue una de las primeras mujeres en triunfar como editorialista gráfica en los EE. UU.

En la caricatura aparecen el presidente Richard Nixon (1913-1994) y Henry Kissinger (1923-2023), secretario de Estado. Nixon le dice a Kissinger:
—Pon una también en Reikiavik, Islandia, Henry. El match Fischer Spassky se va a celebrar.
Nixon se refiere a un alfiler con el símbolo de la paz que el secretario de Estado va a poner sobre Corea.

Es bien sabido que los esfuerzos de Henry Kissinger fueron decisivos para convencer a Fischer de que no abandonara el match. Lo que da una idea de la importancia que, en el contexto de la guerra fría, el match de Reikiavik tenía para el gobierno norteamericano.

Dadas las fechas, debió ser uno de los primeros trabajos de Hulme para el Fort Worth Star-Telegram.

martes, 21 de octubre de 2025

TODO ESTO EXISTE

Fotografía de Antonio Benítez Barrios

En Todo esto existe, una novela del arquitecto bilbaíno Íñigo Redondo de 2020, el ajedrez tiene una presencia notable en su trama.

La novela parte de la alienación y la soledad que campan en las sociedades contemporáneas, de la indiferencia supina ante las vidas de nuestros vecinos, de la ignorancia de las necesidades o los miedos de los otros.

La acción se desarrolla en una ciudad indeterminada, triste, empobrecida, fría y gris, que poco a poco vamos ubicando en el mapa: la URSS, Ucrania, bañada por el Dniéper, hasta que un dato en concreto nos lleva a pensar, como así será, que puede ser Prípiat, la ciudad arrasada por el accidente nuclear de Chernobyl.

El discurso se centra en dos personas heridas, dolorosamente heridas: un hombre y una adolescente. Ambos emprenden una desesperada huida. El hombre hacia la anestesia que proporciona el alcohol, al ser abandonado por su esposa; la adolescente hacia no sabe dónde, después de sufrir abusos en su familia. El azar los reúne en una convivencia imposible, peligrosa, condenada al fracaso de antemano.

El ajedrez, en este contexto, juega dos papeles importantes. En primer lugar, enmarca geográfica y cronológicamente la historia. El ajedrez durante la época en que transcurre la obra, entre finales de los sesenta del siglo XX y 1986, fecha en que el desastre de Chernobyl marca el clímax de la novela, era el estandarte deportivo de la URSS. La afición al ajedrez estaba a pie de calle. Muchos soviéticos sabían jugarlo y, por lo tanto, es normal que el protagonista, Alexei, una vez olvidada su intención infantil de ser cosmonauta, se interesara por él.

El transcurrir del tiempo se va a marcar en Todo esto existe fundamentalmente por diversos hitos ajedrecísticos: el triunfo de Anatoly Kárpov en el Campeonato Mundial de Ajedrez Juvenil de 1969; la victoria de Bobby Fischer sobre Borís Spassky en 1972, algo que conmocionó a un imperio que había hecho del ajedrez una suerte de religión laica; la renuncia al título de Fischer en 1975 (aunque en la novela se dice erróneamente que fue en 1973); el primer e interminable encuentro entre Kárpov y Garry Kaspárov de 1985; la suspensión de este match por parte del presidente de la Federación Internacional de Ajedrez, el filipino Florencio Campomanes, después de cuarenta y ocho partidas y seis meses de juego; el segundo encuentro entre Kárpov y Kaspárov, también en 1985, sobre cuyo resultado los protagonistas cruzarán una apuesta que resultará decisiva —y funesta— para la culminación de la novela.

Fotografía de Liz Burkinshaw

En segundo lugar, el ajedrez marcará el progreso emocional de la adolescente, Irina, en sus relaciones con Alexei. Desde que él descubre que ella ha estado trasteando con los trebejos y decide enseñarle a jugar, uno y otra jugarán, dejarán partidas interrumpidas, se desafiarán y verán en el tablero un termómetro con el que calibrar el estado de ánimo del otro. Irina va progresando desde los primeros balbuceos, después de aprender las reglas, mediante el estudio que le permite las muchas horas libres de las que dispone. La competencia en el juego hace que Irina bascule desde la adolescente desvalida del principio de la obra hasta la joven que empieza a dominar la situación. El cambio de rol se manifiesta tempranamente en la escena de celos que monta Irina cuando Alexei es invitado a jugar por una vecina. Es su casa, su hombre, su ajedrez. Y viene ratificado por su primera victoria sobre Alexei. Irina, a partir de este momento, será el elemento dominante de la pareja. Y cuando el reactor nº 4 de Chernobyl estalle y provoque la evacuación de la ciudad, Irina reclamará el pago de la deuda contraída por Alexei por la victoria Kaspárov frente a Kárpov, lo que desencadenará la tragedia.

La importancia del ajedrez en la trama queda resaltada por el hecho de que en la huida de la atormentada ciudad de Prípiat, el tablero de ajedrez con sus piezas sea una de las pocas cosas que los protagonistas se llevan en su equipaje. Después, algunas de las piezas serán de los pocos objetos que se recuperaran y de las pocas cosas que escaparan al acto de purificación final.

Sin embargo, en la parte técnica, la novela pierde un poco el pie en lo que al ajedrez se refiere, quizá por un conocimiento superficial del mismo por parte del autor. No por esparcir algunos términos técnicos, como profilaxis o fiancheto, o mencionar esquemas de apertura, como la apertura Sokolsky (que para mí será siempre la apertura Orangután) se da coherencia ajedrecística a un texto literario. Por ejemplo, se insiste mucho, cuando la muchacha está aprendiendo a jugar, en que en un momento dado Irina pone un alfil negro sobre una casilla blanca, como si esto fuera un error. Una vecina, que ve casualmente el tablero con una posición determinada, sin más datos, dictamina que Alexei juega mejor con negras. Se sugiere que la mejora del juego de Irina se debe a que esta «juega contra sí misma», aunque hubiera sido más consistente decir que estudiaba ajedrez. Y cuando se describe la partida decisiva del segundo match de 1985 entre Kárpov y Kaspárov las imprecisiones son notables. Por poner solo un ejemplo, se dice que las blancas abren con la Siciliana y las negras responden con la Scheveningen. Evidentemente, lo correcto hubiera sido decir que las blancas abrieron de rey y las negras plantearon la defensa Siciliana, variante Scheveningen.

Y aprovechando la circunstancia favorable, la partida mencionada:

Aunque esto solo molestará a un puñado de ajedrecistas irritables, ya que no afecta a la comprensión cabal del sentido de la novela, no podemos, en este blog, dejar de señalarlo.

Las fotografías que acompañan a esta nota pertenecen a un juego de ajedrez, retratado por dos fotógrafos distintos, abandonado en la ciudad de Prípiat en 1986, después del accidente de la central nuclear de Chernobyl. Parecen hechas a propósito para ilustrar nuestro artículo.

Para saber más sobre los fotógrafos, pinche aquí.

Fotografía de Liz Burkinshaw

FICHA TÉCNICA
ÍÑIGO REDONDO
TODO EXISTE
RANDOM HOUSE ESPAÑA. BARCELONA, 2020

martes, 25 de febrero de 2025

OTRAS TARDES: UN LIBRO DE LUIS LOAYZA

El último capítulo del muy estimable libro del peruano Luis Loayza (1934-2018) Otras tardes se titula Fragmentos: ajedrez. Son tres breves y deliciosos textos relacionados con una misma figura, «el tío Eduardo», miembro de una familia de la alta burguesía limeña que busca —y encuentra— en el ajedrez un vía de escape a una vida que le parece insoportablemente banal y provinciana.

Narrados por un sobrino, parecen apuntes para desarrollar un relato más largo, aunque tienen entidad propia y pueden leerse como pequeños cuentos.

En el primero, el sobrino cuenta como saber jugar al ajedrez le granjeó el acceso al despacho de su tío, sanctasanctórum vedado a la mayoría:
Un compañero de clase me enseñó a mover las piezas y durante unos días jugamos a algo que creíamos ajedrez. Supongo que se lo conté a mi madre, que lo repitió en casa de los tíos, y un día, hecho inesperado, sin precedentes, el tío Eduardo me invitó a que lo visitara.

En su escritorio, el tío Eduardo, tiene un ajedrez Staunton original, con piezas de boj y ébano que se guardaban en una caja que tenía en su interior una etiqueta con un número y la firma autógrafa del propio Staunton. 

Esa primera tarde, el tío se conformó con hacer una sola pregunta a su sobrino:

Dispuso sobre el tablero vacío los dos reyes y un peón blanco. ¿Era posible coronar el peón con apoyo del rey?

Después de varias tentativas infructuosas por parte del muchacho, el tío Eduardo le explicó el principio de la oposición. El tío quedó satisfecho con el desempeño de su sobrino porque lo invitó a que volviera.

Para los lectores no técnicos del blog, la oposición es una condición de los reyes en los finales de partida que permite, a quien la gana, penetrar en el campo enemigo.

En el segundo texto se intenta explicar qué es lo que atraía del ajedrez al tío Eduardo. Jugaba pocas veces, reproducía partidas clásicas de libros, estaba suscrito al British Chess Magazine, admiraba a Capablanca y el juego clásico y posicional, pero carecía totalmente de espíritu competitivo. Su sobrino intenta aclararlo definiendo los distintos tipos de jugadores que conoce:

He conocido a muchos ajedrecistas. A casi todos les halaga ganar, se sienten poderosos porque derrotan al adversario y le dan muerte, aunque sea simbólicamente. (...) Otros jugadores, los menos, quieren crear o construir algo, pues el ajedrez es un arte menor y una buena partida, una obra de melodías no escuchadas —las variantes previstas que no llegaron a jugarse— que suscita en los conocedores una impresión estética. Al tío Eduardo no le interesaba ganar, ni tampoco crear, o tratar de crear, él mismo: le bastaba con disfrutar de las obras ajenas, fue un contemplador del ajedrez, como se es amante de la pintura o de la música, y en la vida no hizo nada que le importara más que su contemplación.

Y en el tercero se profundiza en la personalidad del tío Eduardo. Ingeniero de profesión, nunca ejerció porque una dolencia cardiaca hacía que la menor preocupación pudiera serle fatal. Hombre silencioso, rehuía el contacto social, hasta en el ámbito de la familia. Solo le interesaba el ajedrez. Diariamente se enfrascaba con sus libros y revistas en su despacho, donde solo era admitido su sobrino y un grupo selecto de amigos aficionados.

Falleció (de cáncer) pasados los setenta años.

...en los últimos días la resistencia del corazón asombró a los médicos. Ahora, por supuesto, se hablaría en su caso de una enfermedad sicosomática (lo que quizá no explica gran cosa), se comprobaría con cien análisis su buena salud y se le obligaría a aceptar la vida a la que estaba destinado por nacimiento, la de un caballero limeño, un hombre de acción, un político quizá, como su padre. Él había rechazado esa vida, le había opuesto una enfermedad al corazón, gran defensa. Su verdadera vida fue secreta, transcurrió dentro de los límites del tablero, en el mundo fantasmal, terrible, suficiente del ajedrez.

Algo así no puede escribirse sin sentir pasión por el ajedrez. Y efectivamente, Loayza la sentía. Jugaba algún que otro torneo y consiguió un logro al alcance de muy pocos mortales: derrotar al undécimo campeón del mundo de ajedrez: Bobby Fischer.

La partida se disputó el 26 de junio de 1965 en una exhibición de simultáneas que Fischer disputó frente a miembros del club de ajedrez de la ONU (Loayza era traductor en organismos internacionales). Se jugaron veintiséis partidas con un resultado de veintiuna victorias, tres tablas y dos derrotas a favor de Fischer.

Al Horowitz escribió una crónica sobre el evento en The New York Times.



A continuación vamos a ver la partida, intentando llegar a esas «melodías no escuchadas» a las que se refiere Loayza. Aunque eso nos lleve, en contra de nuestra costumbre cuando comentamos partidas, a ofrecer unas cuantas variantes.


FICHA TÉCNICA
LUIS LOAYZA
OTRAS TARDES
EDITORIAL PRE-TEXTOS. VALENCIA, 2017

jueves, 19 de septiembre de 2024

BÁRBARA BRÄNDLI

La exposición de la fotógrafa suizo-venezolana Bárbara Brändli (1932-2011) Poética del gesto, política del documento, actualmente en exhibición en el centro cultural CentroCentro de Madrid, dentro de la sección oficial de PHotoESPAÑA 2024, esconde una sorpresa. Veamos la siguiente fotografía:


El pie de foto solo dice: s/t [Musical Godspell, Caracas], 1972. 

En la propia exposición descubrimos que Bárbara Brändli había realizado un reportaje sobre los ensayos del musical Godspell, que estaba a punto de estrenarse en Caracas. Como es poco probable que dentro de la dramaturgia de esta obra —una opera rock basada en el evangelio según San Mateo— entrara una partida de ajedrez,  podemos suponer que algún miembro del equipo estaba jugando o analizando una partida de ajedrez en algún momento de descanso. Al mirar detenidamente la posición descubrimos que pertenece a una partida famosa o al menos muy conocida para los aficionados al ajedrez  de aquella época.


Corresponde a la situación que se dio después de la cuadragésima jugada de las negras en la decimosegunda partida del match entre Robert James Fischer y Borís Spassky, celebrado en Reikiavik, que coronó al primero como undécimo campeón del mundo de ajedrez. La partida fue aplazada en ese momento y terminó en tablas al día siguiente después de unas cuantas jugadas más.

La partida se disputó el 8 de agosto de 1972 y el reportaje fotográfico se publicó en la revista El séptimo día el 10 de septiembre del mismo año. El match había terminado el 1 de septiembre, por lo que era aún de plena actualidad para los aficionados.

Como siempre, ofrecemos la partida en cuestión en un tablero interactivo.


Bárbara Brändl, formada en ballet clásico y modelo en su juventud, se dedicó desde su traslado a Venezuela en 1959 a la fotografía. Allí desarrolló una intensa carrera como retratista y fotorreportera, siendo fundamentales sus trabajos sobre las tribus indígenas del país y sobre el teatro y la danza contemporáneas de Venezuela. 

domingo, 21 de julio de 2024

ROBERT FISCHER, POR ROBERT BENTLEY




Robert Bentley (1975) es un artista canadiense que realiza un trabajo figurativo, inspirado frecuentemente en el mundo de la música o el deporte. El retrato de Bobby Fischer que mostramos fue portada de la revista Chess Life en agosto de 2022 con motivo del cincuentenario del match por el título del mundo que disputaron en Reikiavik en 1972 el GM norteamericano y el soviético Boris Spassky

FICHA TÉCNICA
RETRATO DE BOBBY FISCHER (2022)
LÁPIZ DE COLORES Y TINTA. 35,56 x 43,28 cm.
COLECCIÓN PARTICULAR

lunes, 17 de junio de 2024

EN LAS TERMAS


Dos pensionistas juegan al ajedrez en los baños turcos Rudas de Budapest. El agua está a 30 grados. Se cuenta que a estos baños solía acudir Bobby Fischer cuando residía en la capital húngara.

Fueron fotografiados por el bilbaíno Fernando Moleres (1963) 

martes, 14 de mayo de 2024

SEEKING JUSTICE (EL PACTO)

Seeking Justice (estrenada en España como El Pacto) es una película dirigida por Roger Donaldson en 2011. Está protagonizada por Nicolas Cage, January Jones y Guy Pierce. Cuenta la historia de un sencillo profesor de secundaria cuya ordenada vida se ve sacudida por la brutal violación de su esposa a manos de un delincuente sexual reincidente. La sospecha de que la justicia no va a cumplir sus expectativas le hace involucrarse con una organización que promete llevar «justicia» donde la justicia no llega.

El profesor, interpretado por Nicolas Cage, es socio de un club de ajedrez.






Precisamente, la noche en que su mujer es asaltada, el profesor está jugando con un amigo en un club de Nueva Orleans. El club está bien ambientado. Mesas largas que albergan varios tableros, relojes digitales, planillas, murales, piezas sucias...

Apenas se ven las jugadas, pero una mirada más detenida nos revela una sorpresa escondida.

El gambito Evans

Desviación de la dama...

... y mate

En uno de los primeros planos se ve que las blancas plantean el muy romántico gambito Evans. 1 e4 e5 2 ♘f3 ♞c6 3 ♗c4 ♝c5 4 b4. Luego hay una serie de planos y contraplanos de los rostros de los jugadores, alternados con vistas generales de la sala de juego. La cámara vuelve al tablero para el final de la partida. Vemos como el blanco ofrece un cambio de damas para desviar la dama negra y da mate con un alfil.

La partida es muy conocida. Enfrentó a Bobby Fischer contra Reuben Fine en 1963. Aunque fue una partida amistosa celebrada a ritmo rápido, la belleza de la combinación final hizo que Fischer la incluyera en su libro My 60 memorable games.

He aquí la partida:

En la partida Fine abandonó después de 17 ♕g3.

En la película, el vencedor de la partida le dice al derrotado profesor: «eres demasiado precavido. Tienes que arriesgarte. Jugar para no perder significa una derrota segura». Es como una premonición de lo que tendrá que hacer en la vida real a partir de ese momento.

domingo, 21 de mayo de 2023

BOBBY FISCHER, POR AL HIRSCHFELD


Caricatura del undécimo campeón del mundo de ajedrez, el norteamericano Robert «Bobby» Fischer (1943-2008), por Al Hirschfeld (1903-2003). 

Al Hisrschfeld fue un caricaturista al que su extraordinaria longevidad, vivió 99 años, le permitió estar trabajando setenta años para el mismo medio: The New York Times. Sus modelos fueron fundamentalmente celebridades del mundo del espectáculo y famosos en general. 

En su página web hemos encontrado caricaturas desde 1930 (Edward G. Robinson) hasta 2000 (Neil Young). Entre medias, todos los que puedan imaginar. 

La caricatura de Fischer fue publicada en The New York Times en diciembre de 1979.

El estilo de Hirschfeld es muy peculiar y ha sido extraordinariamente influyente. Ha sido definido como caligráfico. Es lineal,  utilizando la mayoría de las veces solamente tinta negra sobre el soporte blanco (se dice que utilizaba una pluma de cuervo como instrumento de trabajo). A veces, como en el caso de la caricatura de Fischer, el dibujo es prácticamente una sola línea que resuelve sin interrupción la figura.

miércoles, 22 de junio de 2022

ELKIN OBREGÓN


Elkin Obregón (1940-2021) fue un escritor, poeta, periodista, caricaturista y musicólogo colombiano, aunque es conocido fundamentalmente por su trabajo como caricaturista. Referente por muchos años de la cultura de Medellín, fue un decidido aficionado al ajedrez.

En 1972, cubrió para el diario antioqueño El Mundo el desarrollo del match entre Fischer y Spassky en Reikiavik. La caricatura que presentamos formó parte de ese trabajo.



domingo, 20 de marzo de 2022

EL DUELO, ARNALDUR INDRIÐASON


Publicada en España con diez años de retraso con respecto a la edición original islandesa, El duelo es la decimoquinta novela de Arnaldur Indriðason; un policiaco nórdico que no está protagonizado por Erlendur Sveinsson, el detective habitual de Arnaldur, por más que haga una fugaz aparición al final de la obra, sino por el que fuera su mentor, el comisario Marion Briem.

Lo primero que hay que hacer notar es un pequeño detalle, pero importante, sobre la traducción del título. El duelo al que hace referencia el libro es el que disputaron en 1972 en Reikiavik Bobby Fischer y Boris Spassky por el título de Campeón del Mundo de Ajedrez. El enfrentamiento en plena guerra fría de un soviético y un estadounidense en una disciplina tan sensible para la nomenclatura soviética como era el ajedrez (disciplina en la que la supremacía de los jugadores soviéticos era vista como la constatación práctica de la superioridad de la sociedad soviética sobre la capitalista) puso un foco mediático de inmensa potencia sobre la capital de Islandia. No en vano allí se disputaba una batalla de cierta importancia dentro de la guerra global.

El detalle sobre el que llamábamos la atención es que en al ámbito español a dicho acontecimiento nos hemos referido mayoritariamente con el anglicismo match. El match del siglo, concretamente. Los artículos contemporáneos al encuentro, los libros escritos inmediatamente (o muchos años después) siempre se han referido a este acontecimiento como el match del siglo. «El duelo» me gusta como título, pero a mis oídos de ajedrecista les chirriaba la palabra cuando me la encontraba en el texto.

Fischer y Spassky sobrevuelan por todas las páginas de libro, lo que es comprensible. La conmoción que causó en la sociedad islandesa la disputa del match (me perdonarán ustedes) fue tremenda. Durante su disputa no hubo nadie en el país que no conociera de primera mano a alguien que a su vez hubiera conocido a alguno de los ajedrecistas personalmente. O bien Spassky había desayunado en la cafetería del primo de alguien, o el hermano de otro pertenecía al cuerpo de policía encargado de proteger a Fischer. Las historias sobre la caballerosidad de Spassky y las excentricidades de Fischer corrían de boca en boca.

El autor de la novela tenía ya once años cuando se disputó el match, por lo que recordará perfectamente la conmoción causada por el mismo en la vida cotidiana de la capital islandesa. En general, la documentación sobre los acontecimientos que rodearon el encuentro es adecuada, salvo algún error puntual que no sé si atribuir al autor o a la traducción. El más notable insistir que la tercera partida, que se disputó a puerta cerrada, se jugó sobre una mesa de pimpón (en realidad se jugó en una habitación donde se jugaba al pimpón).

El eje argumental del libro gira sobre un extraño asesinato cometido en un cine durante la proyección de una película. El detective encargado del caso pronto se pregunta si tiene algo que ver con el match. ¿Están los servicios secretos de Estados Unidos y/o la Unión Soviética involucrados? ¿Hay una conspiración encaminada a alterar el resultado de las partidas? ¿Está en peligro la vida de alguno de los contendientes? 

Un de los momentos clave de la novela ocurre durante el transcurso de la decimotercera partida del match, que paralelamente fue también importante en el desarrollo del encuentro y en la victoria final de Fischer. Para el lector interesado, esta fue la partida:


Como lector discontinuo de Arnaldur Indriðason, esta novela, con su cortejo de espías, servicios secretos y guerra fría, se aleja de lo que más me ha interesado de él. El análisis de una sociedad moderna y con uno de los niveles de vida más altos del mundo, surgida en pocas décadas de una comunidad de pescadores y agricultores extremadamente pobres. Y de las tensiones que eso generó.

FICHA TÉCNICA
ARNALDUR INDRIÐASON
EL DUELO
RBA. BARCELONA, 2011
TRADUCCIÓN DE FABIO TEIXIDÓ

lunes, 22 de noviembre de 2021

BLANCO Y NEGRO. AUGE Y CAÍDA DE BOBBY FISCHER


Blanco y negro. Auge y caída de Bobby Fischer es una novela gráfica firmada por el alemán Julian Voloj (guion) y el brasileño Wagner William (dibujo) sobre la vida del undécimo campeón del mundo de ajedrez y uno de los grandes por antonomasia de este juego.

La obra comprende desde el día en que Bobby descubre el ajedrez, de la mano de su hermana Joan, hasta el de su muerte, sesenta y cuatro años después, en una Islandia que acudió en su ayuda, en el momento más bajo de su vida, ofreciéndole asilo y un consuelo imposible.

Realizada enteramente en blanco y negro y apoyada de una forma exhaustiva en la abundante documentación gráfica que existe sobre Fischer (el norteamericano fue muy mediático desde sus comienzos y existe una asombrosa cantidad de fotos de él prácticamente desde que aprendió a jugar) y siguiendo en los aspectos biográficos el libro de Frank Brady Endgame (Teell, 2015; edición original de 2011), cuyas anécdotas va desgranando una detrás de otra, Auge y caída de Bobby Fischer es, en general, y salvo algunos errores puntuales, una obra muy fiel a lo que conocemos de la vida del jugador norteamericano. 

Personalmente encuentro algo desproporcionada la cantidad de espacio dedicada a narrar su infancia y adolescencia, nada más y nada menos que 90 páginas, más otras cuarenta y cinco centradas en los pormenores de su vida posteriores al match de Reikiavik, dejando solo veinte páginas para contar lo que ha hecho de Fischer un referente del ajedrez de todas las épocas, sus asombrosos resultados entre 1969 y 1972, que le auparon a lo más alto del escalafón ajedrecístico y que culminaron con su victoria en el campeonato del mundo que le enfrentó, guerra fría y caliente de por medio, a Borís Spassky. Y además, esas veinte páginas están centradas casi en exclusiva en los tensos prolegómenos del encuentro.


Una narración correcta, quizá un poco convencional, lastrada en mi opinión por la desafortunada idea de mostrar la mente de Fischer como propensa a sufrir alucinaciones en las que las personas que le rodean se convierten en piezas de ajedrez. Piezas que se acometen unas a otras en las calles de Nueva York. Una licencia que resta fuerza a la narración y trivializa la enfermedad de Fischer.

En los aspectos meramente técnicos hay, como de costumbre, algún tablero mal colocado y, sobre todo, la insistencia en subrayar el abandono en las partidas derribando el propio rey sobre el tablero (algo que como ya sabemos no pasa en el ámbito profesional).



Los últimos capítulos del libro muestran el lamentable destino de Fischer: su deambular por medio mundo solo, enfermo de cuerpo y alma, enfrentado progresivamente a todos, a los que fueron sus amigos, a su país, renegando del juego que le dio la fama. Una estremecedora imagen nos lo muestra en el lecho mortuorio, aferrando un rey y una dama entre sus manos. Triste final para alguien que alcanzó la cima del ajedrez.



FICHA TÉCNICA
JULIAN VOLOJ (GUION) & WAGNER WILLIAM (DIBUJO)
BLANCO Y NEGRO. AUGE Y CAÍDA DE BOBBY FISCHER
SALAMANDRA GRAPHIC. BARCELONA, 2021
TRADUCCIÓN DE REGINA LÓPEZ MUÑOZ




miércoles, 3 de febrero de 2021

EL ALFIL PERDIDO, POR RINUS VAN DE VELDE

Rinus van de Velde (1983) es un artista flamenco con una peculiar manera de acercarse al hecho artístico. Habitualmente, su práctica consiste en el montaje de grandes lienzos, dibujados al carboncillo, en los que la figuración se alterna con textos que pueden ser explicativos de la propia obra o bien reflexiones sobre el arte o sobre la condición humana en general. Además, el propio artista es el protagonista de todos los cuadros. Como si fuera un actor, Van de Velde toma el lugar de otras personas —bien imaginarias, como el artista William Crowder o reales, como el explorador Richard Burton, el vulcanólogo Haroun Tazieff o el ajedrecista Bobby Fischer— y se autorretrata interpretando su papel.

Van de Velde se documenta exhaustivamente antes de emprender cada serie de dibujos y muchas de sus obras remiten inmediatamente a la fotografía del personaje en la que se ha basado. Sin embargo, y pese a que el uso del blanco y negro y el realismo del conjunto le den cierto aspecto fotográfico, no hay que caer en la tentación de pensar que el conjunto no es nada más que la ilustración de un acontecimiento real. Al contrario, van de Velde añade cosas de su cosecha que remarcan el sentido que quiere dar a sus composiciones.

Una de sus series, presentada en la Bienal de Bucarest de 2012, se titula The Lost Bishop y tiene como protagonista a Bobby Fischer, el undécimo Campeón del Mundo de Ajedrez. El título remite a la primera partida del match por el título del mundo celebrada en Reikiavik en la que Fischer capturó de forma aparentemente imprudente el peón de h2 de Spassky, lo que ocasionó la pérdida de la partida. Todavía se discute si dicha jugada fue un error de cálculo fatal o un intento de llevar la lucha hasta las últimas consecuencias, pero lo cierto es que dejó al aspirante en una delicadísima situación nada más empezar el match. 

Veamos la partida:

Este hecho sirvió a Van de Velde para acentuar el carácter épico de la actuación de Bobby Fischer en Reikiavik, su carácter de lucha solitaria contra un imperio, él solo contra todos.

Al margen, al ser el propio artista el protagonista de todos sus cuadros, según progresa su obra se va desarrollando un personaje proteico, camaleónico, que lo mismo explora un territorio virgen, que da simultáneas de ajedrez o estudia una erupción volcánica. 

Momento en el que se captura el peón de h2. Como en el resto de los cuadros de la serie, el peón blanco de la columna a está mal colocado. Debía esta en a3.

Otro cuadro del instante que se captura el peón de h2. Como en el resto de los cuadros de la serie, el peón blanco de la columna a está mal colocado. Debía esta en a3.




La posición de la 1ª partida del match de Reikiavik después del movimiento 28 de las blancas.
Hay un pequeño error, el peón blanco de a2 debería estar en a3.


Un momento del montaje de la exposición en la Bienal de Bucarest.

Aspecto de la exposición

Aspecto de la exposición

Aspecto de la exposición






sábado, 25 de julio de 2020

EL DILEMA DE SPASSKY

La primera novela de Juan Carlos Domínguez, profesor de Filosofía del Derecho y antiguo directivo de la Federación Canaria de Ajedrez, plantea un interesante problema relacionado con el ajedrez, como su título, El dilema de Spassky, anticipa.

La novela, bajo la apariencia de una historia de intriga, con muertes sospechosas e intereses encontrados, plantea la vieja oposición entre la tradición y la modernidad o, dicho de otro modo, entre el conservacionismo y la gentrificación que nuestro mundo globalizado ha puesto en el centro del desarrollo económico.



Un joven periodista canario va a cubrir la muerte de un arqueólogo peninsular que está trabajando en la excavación de un antiguo convento franciscano. Lo que parecía un accidente laboral sin más pronto toma un aspecto preocupante. La obra está en el centro de un conflicto clásico entre conservacionismo y desarrollo económico.

Nuestro protagonista está pasando un mal momento personal. Abandonado por su mujer, sin hogar, duerme un viejo barco que le ha dejado un amigo. Es bohemio y escéptico, aunque sin llegar a ser un cínico. Desde el principio sabemos que es aficionado al ajedrez

Me levantaba temprano, comía por la playa, leía cuentos de Monterroso, por las noches jugaba al ajedrez por Internet.

Además tiene interiorizado el juego hasta el punto de referenciar la realidad con comparaciones alusivas al juego. Me explico. La primera vez que acude a la excavación observa que los arqueólogos han cuadriculado el terreno con un eje numérico y otro alfabético. Se detiene delante de h8 y comenta que en vez de una torre negra hay un agujero.

El planteamiento básico queda rápidamente claro. Una muerte —posteriormente serán dos— sospechosa en un contexto que plantea el enfrentamiento entre un grupo de inversores, que quieren convertir en un resort de lujo un ruinoso monasterio situado en un lugar dejado de la mano de dios (sin ningún respeto por la fidelidad histórica, claro está) con un grupo ecologista, ruidoso pero con poco apoyo económico y político. El pueblo se divide igualmente entre los que ven el negocio y los que apelan a las tradiciones y al fundamentalismo religioso para oponerse.

El desarrollo del argumento se pierde quizá en demasiadas vueltas: la historia de la majorería, la de Betancuria, la de Raimon Llull —todas ellas fascinantes, desde luego—, los problemas del turismo y el desarrollo económico frente a la protección del patrimonio y las costumbres autóctonas. Al autor le pasa factura su propia erudición —por ahí deambulan Freud, Jung y hasta Propp y sus teorías sobre el cuento tradicional— y una acusada tendencia a querer meterlo todo en el libro. Tanto hay que a veces se nos olvida de qué va la historia.

Al final, en un giro inesperado y ciertamente original, descubrimos que no hay caso o, al menos que este no era lo que los protagonistas habían pensado. Lo que había sucedido era más banal —ruego que no se lea como peyorativo—: infidelidades, intereses económicos, xenofobia (que ya sabemos que casi siempre es aporofobia). En fin, la vida misma...

Y pasando a lo que nos interesa, que es el ajedrez, vemos que ya desde el título está presente en la novela: El dilema de Spassky. En muchas novelas, especialmente en las de serie negra, se da un encuentro entre los antagonistas, encuentro en el que se miden, se estudian y calculan sus fuerzas. En El dilema de Spassky este hecho se da entre el periodista protagonista y un empresario que tiene todos los pronunciamientos favorables para ser el malo de la película. Este encuentro se da entorno a una partida de ajedrez. Ambos personajes son aficionados y tienen idea, aunque sea somera, de aperturas, estrategia e historia del juego. La partida que disputan transcurre por los senderos de la variante Najdorf de la defensa Siciliana, una de las más populares del ajedrez magistral. Concretamente juegan la subvariante llamada «del peón envenenado», la favorita del undécimo Campeón del Mundo de Ajedrez, Robert James Fischer.

Mientras los personajes se tantean, nos enteramos del desarrollo de la partida.

1. e4 c5 2. ♘f3 d6 3. d4 cd4 4. ♘d4 ♞f6 5. ♘c3 a6 6. ♗g5 e6 7. f4 ♛b6 8. ♕d2 ♛b2 9. ♘b3 ♛a3 10. ♗f6 gf6 11. ♗e2 h5 12. O-O ♞c6 13. ♔h1 ♝d7

Se ha seguido jugada a jugada la undécima partida del match por el título del mundo disputado entre Boris Spassky y Robert Fischer en Reikiavik en 1972. En este momento, después de la decimotercera jugada de las negras, el empresario, que defendía ese bando, dice al periodista que debe «enfrentarse al dilema de Spassky». Ante la incomprensión de su rival, le explica lo que quiere decir: Antes de comenzar el match, se suponía que uno de los talones de Aquiles de Fischer era la previsibilidad de sus aperturas. Era de suponer que Spassky estaría bien preparado contra el repertorio habitual de Fischer (peón envenenado incluido). Fischer se encargó rápidamente de echar por tierra aquella presunción empleando un buen número de de aperturas inéditas en su práctica anterior. Así pues, en la undécima partida, Spassky podría por fin verificar lo acertado de su preparación teórica. El dilema sería que durante la partida, el campeón ruso descubriría una jugada no prevista en sus análisis caseros. Dicha jugada parecía ser mejor que lo analizado por su equipo, pero por supuesto, era más arriesgado. ¿Debía Spassky arriesgarse o no? ¿Seguir su inspiración o resignarse a lo ya conocido? ¿Qué repercusión podría tener su decisión? ¿Podría ser considerado un acto de individualismo (un grave defecto a los ojos de la ortodoxia soviética)?


Posición en que se planteó el supuesto dilema de Spassky

El empresario plantea esta cuestión de forma deliberada. Está intentando corromper al periodista. Pone ante él lo que a su modo de ver fue «el dilema de Spassky»: seguir instalado en sus pequeñas certezas o arriesgarse a entrar en un terreno desconocido pero excitante.

Spassky jugó 14. b1 después de más de veinte minutos de reflexión. Arguyó que había encontrado la jugada sobre el tablero y que no era, por tanto, fruto de la preparación casera. Habría escogido, pues, lo nuevo. En la época era un lugar común hablar de la «pereza» de Spassky a la hora de prepararse y estudiar. Siempre confiando en que sabría encontrar las respuestas sobre el tablero. En cualquier caso, es casi seguro que debió ir bien preparado contra el repertorio de Fischer, en el que el peón envenenado ocupaba un lugar destacado. Sin embargo, no se menciona en la novela que en la séptima partida del match ya se había jugado la variante del peón envenenado. En esa partida, Spassky eligió una jugada diferente. Fischer se había puesto por delante en el marcador después de su victoria en la sexta partida. Es de suponer que lo que tuviera preparado el laboratorio soviético fuera lo jugado en esa partida (que terminó en tablas después de un juego muy complicado y en el que ambos jugadores desperdiciaron ocasiones). Lo sucedido en la undécima sería solo el plan B, algo preparado en Reikiavik sobre la marcha, o algo que efectivamente Spassky halló sobre el tablero.

Los críticos con Spassky argumentan que la casi media hora que el soviético empleó en 14. b1 la empleó en recordar las variantes o incluso en disimular para que Fischer se confiase. Todo, defienden, fue fruto del laboratorio soviético; nada del ajedrecista ruso. Redundando en esta idea, los partidarios concluyen que Fischer decidió entrar en esa línea —recordemos que a lo largo del match había evitado las líneas habituales de su repertorio— porque la ventaja de tres puntos que llevaba en el marcador le animó a provocar a Spassky para saber lo que Moscú había preparado contra él (de nuevo nos olvidamos que en la séptima partida ya se había jugado esa variante).

Para el empresario, el dilema planteado era la duda entre aceptar una idea nueva o plegarse a lo conocido. El periodista entiende que el verdadero dilema se planteaba entre pensar por sí mismo o aceptar lo que otros habían pensado por él.

Nunca sabremos si Spassky se enfrentó a un dilema en la undécima partida de Reikiavik (yo creo que no) pero si se había enfrentado a uno muy poco tiempo antes, Y lo había despejado de forma inequívoca. Y era un dilema importante. Simplemente jugar el match. Es sabido que desde Moscú le ordenaron volver después de la incomparecencia de Fischer en la segunda partida. Muchos lo hubieran entendido, porque el norteamericano parecía empecinado en hacer inviable el encuentro con continuos desplantes hacia la organización y su rival. Spassky resistió las presiones de su gobierno (por lo que tuvo que sufrir represalias en el futuro) y quiso jugar pasara lo que pasara. Pero que pasara delante del tablero. Probablemente ni siquiera fuera un dilema. Quizá fue solo una cuestión de ética.




FICHA TÉCNICA
JUAN CARLOS DOMÍNGUEZ
EL DILEMA DE SPASSKI
EDICIONES IDEA. SANTA CRUZ DE TENERIFE/LAS PALMAS DE GRAN CANARIA, 2010
ILUSTRACIÓN LLÜISA SIMÓN I GISPERT