El escritor peruano Julio Ramón Ribeyro (1929-1994), gran aficionado al ajedrez, en una foto de la que desconocemos fecha y autoría.
De de la presencia del ajedrez en la obra de Ribeyro hemos hablado en más de una ocasión. Véanlo aquí.
Bajo este título, tomado de la revista que Javier Carpintero editó a mediados de la década de los 90, pretendo comentar las relaciones que el ajedrez ha mantenido y mantiene con la literatura y las artes plásticas.
...Ludo se aprestaba a echar una mirada al tablero, pensando en ese momento que el atractivo de este juego consistía en que nos daba una imagen simplificada de la vida, sometida a reglas estrictas y perfectamente lógicas.
Allí está el secreto, pensó Ludo al pasar por delante del cuarto de Armando, se convierte la vida en piezas, se la miniaturiza, se la vive cada vez sobre el tablero, se la reproduce, se la corrige, se le encuentra una explicación, en una palabra, se la domina.
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| Julio Ramón Ribeyro jugando al ajedrez con sus hijos |
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El ajedrez es como el amor venal, en cual la pareja se reúne, no por afinidad ni simpatía, sino porque se necesitan recíprocamente para obtener de su conjunción un disfrute. Con el alemán fascista de la Agencia no me saludo ni cruzo la menor palabra en toda la semana, pero basta que llegue el domingo para que en las horas libres juguemos una partida. Es un acuerdo tácito, que no va precedido de ninguna invitación verbal. Basta que empiece a armar el tablero para que yo me acerque a su mesa y se inicie la partida. Partida silenciosa de la cual está excluido todo comentario. Una vez terminada, sea cual fuere el ganador, cada cual se reintegra a su trabajo y se olvida completamente del otro, durante días, así lo encuentre en el ascensor o el café de la esquina. Hasta el próximo domingo.