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miércoles, 31 de julio de 2024

LA PARTIDA, DE EVARISTO VALLE


Otro trabajo de Evaristo Valle en el que incide en el mismo tema que la obra que publicamos ayer: la violencia en el ajedrez. En este caso una violencia latente, los jugadores no han llegado a las mano, al menos de momento; pero, sobre ellos, los dos samuráis subrayan lo que tiene de agón, de lucha, el juego del ajedrez.

No es de extrañar la temática oriental ya que el padre de Valle, Evaristo del Valle Álvarez, ejerció diversos cargos públicos en Filipinas, donde reunió una colección de arte oriental que heredó el pintor y que hoy se conserva en la Fundación Museo Evaristo Valle de Somió, Gijón. 

FICHA TÉCNICA
EVARISTO VALLE
LA PARTIDA, 1903
LÁPIZ Y ACUARELA SOBRE PAPEL. 16 X 16 cm.
COLECCIÓN PARTICULAR


martes, 30 de julio de 2024

FINAL DE UNA PARTIDA AMISTOSA, POR EVARISTO VALLE


En 1917, el artista asturiano Evaristo Valle, del que hemos publicado ya varias cosas, mejorado de la enfermedad nerviosa que padecía —agorafobia, según parece— que le había hecho abandonar París, donde su carrera artística empezaba a ser prometedora, emprendió una serie de viajes por distintas localidades españolas: Madrid, Toledo, Aranjuez, el Monasterio de Piedra... 

Fruto de estos viajes son una serie de apuntes al óleo y a la acuarela donde muestra una crítica a la sociedad de la época, de la que se siente desengañado y de la que se irá apartando progresivamente, tanto en su vida personal como en la temática de sus obras. La sociedad es vista, en estos trabajos, desde una perspectiva humorística.

Uno de estos trabajos es este Final de una partida amistosa, característico de esta época de Valle.

FICHA TÉCNICA
EVARISTO VALLE
FINAL DE UNA PARTIDA AMISTOSA, 1917
LÁPIZ Y ACUARELA SOBRE PAPEL. 18 x 25 cm.
FUNDACIÓN MUSEO EVARISTO VALLE. GIJÓN


lunes, 2 de septiembre de 2019

EL JUEGO DE AJEDREZ DE EVARISTO VALLE


Como complemento a la entrada de ayer sobre Evaristo Valle, traemos a colación un párrafo de su Autobiografía breve en el que se menciona el ajedrez.
Cuatro años llevo en casa y sin pintar. Desde aquellos últimos días de París, si no hay vértigo, de cuando en cuando mis nervios lo inventan. Un escultor de Castro Urdiales, Zenobio Barrón, que vive en Gijón, por esta época, se me ofrece a acompañarme. Le agradezco y acepto el ofrecimiento. Porque con compañía mis nervios, en la calle, no se alteran y el temor al vértigo desaparece. Paseos por el campo. Miro. Veo. Me exalto. Todo me admira. Con estas visiones lleno mi almacén. Recaídas luego en el café, ajedrez.
Estas impresiones son de 1935, época en la que Valle está pasando por graves dificultades económicas y problemas de salud. Como dijimos, el artista gijonés padeció agorafobia y del párrafo precedente parece deducirse que el ajedrez le ayudaba en sus momentos de crisis. 

Quizá alguna de estas crisis las combatiera jugando con el tablero que mostramos en las fotografías, que Evaristo había heredado de su padre, Evaristo del Valle Álvarez, quien había ejercido diversos cargos públicos en Filipinas donde reunió una colección de arte oriental que hoy se conserva en la Fundación Museo Evaristo Valle

Es un juego de ajedrez chino de mediados del siglo XIX; y de los trebejos expuestos se deduce que Valle debió poseer al menos dos juegos de piezas porque hay cuatro caballos de cada color con una ligera diferencia de tamaño.


FICHA TÉCNICA
TABLERO DE AJEDREZ DE MADERA LACADA
44,7 x 44,7 x 4,4 cm
PIEZAS DE AJEDREZ DE MARFIL TALLADO
7,5 x 2,5 Y 9,5 x 2,7
CHINA. DINASTÍA QING (PRINCIPIOS O MEDIADOS DEL SIGLO XIX
FUNDACIÓN MUSEO EVARISTO VALLE. GIJÓN



domingo, 1 de septiembre de 2019

EVARISTO VALLE EN PARÍS

Una nueva visita a la Fundación Museo Evaristo Valle de Gijón, aprovechando que estábamos jugando el V Open Internacional del Grupo Cultural Covadonga, nos deparó una agradable sorpresa, esta vez relacionada con la vida del pintor.

De Evaristo Valle ya publicamos hace tiempo una nota sobre su obra de 1949 «Los ajedrecistas». Hoy nos vamos a centrar en una olvidada anécdota que hemos recuperado de su autobiografía y que resumimos a continuación.

Estando en París, a principios del siglo XX, recibió Evaristo la visita de un paisano suyo de Gijón al que le había tocado algo de dinero en la lotería y quería gastarlo en el sueño de su vida, que era conocer la capital de Francia. Allí se pegó como una lapa a Evaristo, quien lo paseó por todos los museos y galerías de la ciudad. Remataban las noches en un cafetín de Montmartre donde también se reunía la colonia rusa. Entre ellos, una pareja jugaba incansablemente al ajedrez. Uno era alto y pelirrojo —«roxu» dirían los asturianos—,  el otro calvo y de ojos penetrantes. Una noche el pelirrojo faltó a la cita y el calvo buscó rival. Lo encontró en Evaristo Valle y disputaron tres enconadas partidas que terminaron en tablas.



El amigo se quedó sin dinero, regresó a Gijón y pasó el tiempo. Años después llegaron noticias a España de la revolución rusa y los periódicos empezaron a publicar fotos de los líderes revolucionarios. El amigo reconoció inmediatamente a uno de ellos. Era la persona que había jugado al ajedrez con Evaristo Valle en Montmartre: Lenin. Emocionado, se lanzó a proclamar la buena nueva a los cuatro vientos. No hubo local de Gijón, ya fuera casino, café, sidrería o chigre, donde no contara que Evaristo no solo había jugado al ajedrez en París contra Lenin sino que había entablado las tres partidas. Sin enterarse, Evaristo Valle consiguió una popularidad que ni su obra pictórica ni su obra literaria le habían granjeado hasta la fecha.

A su vuelta a Gijón, ignorante de todo el asunto, la gente asaltó en masa a Evaristo para preguntarle cómo era Lenin, de qué habían hablado, qué opinaba de los soviets, etcétera, etcétera, etcétera. Familiares y amigos, periodistas de todos los medios escritos del principado, y hasta alguno de la capital, y meros curiosos le esperaban a la puerta de su casa. Evaristo, que era melancólico, muy solitario y que en determinados momentos de su vida padeció agorafobia, negó la mayor. No había jugado con Lenin, había jugado con un ruso calvo y de ojos penetrantes que jugaba bien al ajedrez, pero no con Lenin. Pero la gente no le creyó. Pensó que la proverbial modestia de Valle le impedía reconocer el hecho. «Cómo es Evaristo —dijeron— siempre haciéndose de menos». Y siguió durante un tiempo siendo un héroe para sus convecinos.

¿La verdad? ¿Quién lo sabe?


FICHA TÉCNICA
EVARISTO VALLE
RECUERDOS DE LA VIDA DEL PINTOR
TRAMA EDITORIAL. MADRID, 2000

MARÍA JOSÉ ACOSTA
LENIN CONTRA VALLE (2019)
LÁPIZ SOBRE PAPEL. 
COLECCIÓN PARTICULAR

miércoles, 24 de mayo de 2017

EVARISTO VALLE


Aunque la obra del gijonés Evaristo Valle trasciende el marco de la pintura regionalista española del siglo XX, sus temas suelen ser preferentemente costumbristas, prestando una especial atención al paisaje y a las costumbres asturianas. A este respecto cabe destacar un temprano y pionero interés por el mundo de los pescadores y de los mineros, donde la obra de Valle alcanza sus mayores cotas de denuncia social. Sin embargo, fruto de dos estancias en París a principios del siglo XX, que le permitieron conocer el fauvismo de primera mano, su paleta es muy luminosa y sus cuadros presentan una gran riqueza cromática, con colores fuertes e intensos. Y pese a que sus tipos son fundamentalmente populares, no olvida el mundo elegante de las ciudades, como estos ajedrecistas que hoy se asoman a ARTEDREZ.

FICHA TÉCNICA
EVARISTO VALLE
LOS AJEDRECISTAS (1949)
ÓLEO SOBRE LIENZO. 49,4 x 66  cm.
FUNDACIÓN MUSEO EVARISTO VALLE. SOMIÓ, GIJÓN (ASTURIAS)