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jueves, 20 de febrero de 2025

NAN-HAI





Nan-Hai es una historieta con guion del paraguayo Robin Wood (1944-2021) y dibujos del argentino Luis García Durán (1946-2010). Se publicó en la revista El Tony todo color, de la editorial argentina Columba, entre 1990 y 1993.

La historieta está ambientada en la China decimonónica, en la época de la Rebelión Taiping, una guerra civil entre la dinastía manchú del Imperio Qing y el llamado Reino Celestial de la Gran Paz, un estado teocrático que dominó amplios territorios en el sudeste de China. Por medio,  ingleses y franceses intentaban sacar beneficios de los disturbios.

Nan-Hai es una huérfana occidental que se ha criado en una familia de piratas chinos. Cruel, independiente y belicosa, Nan-Hai es extremadamente crítica con la hipocresía occidental y odia por igual a todos los contendientes en el conflicto. Violencia, muertos en rimero y erotismo son los ingredientes principales de la serie.

En el episodio séptimo, titulado Hei-Chow, Nan-Hai llega a la aldea del mismo nombre donde un señor de la guerra ha masacrado a los campesinos que la habitaban y espera poder emboscar a un grupo de soldados occidentales. Sao, el taiping responsable de los hechos, se dispone a jugar una partida de ajedrez cuando es interrumpido por Nan-Hai...

El porqué una mujer criada en China desde niña en el siglo XIX, sin el menor contacto con occidentales, y un rebelde fanático religioso dirimen sus diferencias jugando al ajedrez en vez de al xiangqi o al go, más propios de su cultura, es algo que no llego a comprender.

viernes, 6 de septiembre de 2013

AMANDA


Alguien ha dicho que la vida es demasiado breve para jugar al ajedrez. No sé qué pensáis vosotros, pero yo no estoy de acuerdo. Jugar con el viejo Gastón me divierte.
Ese alguien al que se refiere Amanda fue Henry James Byron, un escritor inglés del siglo XIX al que recordamos en estas páginas hace algún un tiempo. La frase en cuestión es un clásico en las colecciones de citas sobre ajedrez y suele despertar las iras de los ajedrecistas, que acostumbran a cubrir de vituperios al pobre de don Henry James en cuanto la leen. La cosa no es para tanto, la frase en cuestión la pronuncia uno de los personajes de la comedia de 1875 Our Boys, la más famosa de su autor y que ostentó durante mucho tiempo el récord de permanencia de una obra en cartel durante el siglo XIX. Talbot Champneys, el personaje en cuestión, es joven y está enamorado y la frase se la suelta a una tía, anciana y solterona, que pretende pasar con él las veladas jugando al ajedrez y a otros juegos de mesa. Puesto en su lugar, la verdad es que yo también habría puesto tierra de por medio.

Lo gracioso del caso es que los improperios se dirigen unánimemente hacia el bueno de Henry James Byron en vez de contra quien pronuncia la frase realmente: el joven Talbot. ¡Ni que el pobre autor tuviera la culpa de las cosas que puedan ir diciendo por ahí sus personajes!

La viñeta que ha dado origen a esta nota pertenece al cómic "Amanda". Editado en Argentina por la editorial Columba en los años 90 del siglo XX con guión de Robin Wood y dibujos de Alfredo Falugi. La imagen procede de una versión italiana editada por Eura.