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| Reedición del cuento de Ambrose Bierce en el semanario australiano Smith’s Weekly. 28 de abril de 1938 |
viernes, 27 de marzo de 2026
EL MAESTRO DE MOXON
lunes, 23 de marzo de 2026
ENTRE DOS GALAXIAS
El cohete Papua ha aterrizado. Schwartz, inclinándose sobre la mesa angosta en el salón del puerto aéreo, le dice a la azafata en un tono bajo e intenso:
—Mi vida estaba en crisis. Todos mis valores se estaban volviendo sin sentido. Estaba descubriendo que mi profesión elegida era vacía, tonta, tan inútil como... jugar al ajedrez.
—Qué horrible—, susurra Dawn suavemente.
jueves, 5 de marzo de 2026
EL AJEDREZ Y LOS DIOSES, POR RODOLFO WALSH
El ajedrez y los dioses es un brevísimo cuento de Rodolfo Walsh publicado en 1953 en el número 1 de la revista estudiantil Fénix.
En él, Walsh abunda en la idea del paralelismo entre el microcosmos, el tablero de ajedrez, y el macrocosmos, el universo real, y pone en cuestión ideas como la capacidad de decidir o la libertad individual. Unos dioses amorales que solo siguen sus propias reglas mueven los hilos, indiferentes a las consecuencias de sus actos.
Tratándose de Walsh, es probable que el cuento tenga una lectura más política que metafísica. Los dioses podrían entenderse como el sistema frío e impersonal que controla con lógica implacable el mundo sin preocuparse de los individuos, débiles y reemplazables.
Como colofón, veamos el cierre de la narración de Walsh.
Se ha dicho pobremente que las fuerzas de un bando simbolizan el bien; las otras el mal. Cualquiera puede comprobar la estúpida mentira de esa creencia. Los dioses no tienen idea del bien y del mal. De lo contrario no podrían existir. En el preciso instante en que la sola idea del bien o del mal entrara furtivamente en la voluntad que mueve las piezas sobre el tablero, éste saltaría en pedazos como una gigantesca copa de cristal.
Más sobre Rodolfo Walsh en ARTEDREZ
sábado, 21 de febrero de 2026
DEMOCRACIA ELECTRÓNICA, POR ISAAC ASIMOV
—No podemos dejarle leer el periódico —añadió Paulson—, pero si quiere una novela policíaca, o jugar al ajedrez…, cualquier cosa en fin que esté en nuestra mano proporcionarle para que se entretenga, dígalo sin reparos.
Una mención de pasada al ajedrez en el relato de Isaac Asimov Franchise, publicado en la revista If en 1955. En castellano, el relato ha recibido diferentes títulos como El sufragio, Derecho político, Democracia electrónica, Privilegio y Derecho a voto.
El relato cuenta como las ciencias de la computación han experimentado tal auge que por medio de Multivac, una enorme computadora, les basta el análisis de las opiniones de una sola persona para predecir el resultado de las elecciones presidenciales de los EE. UU. Se trata pues de elegir al ciudadano promedio que pueda sintetizar la opinión mayoritaria de la ciudadanía.
El relato puede leerse aquí.
miércoles, 17 de diciembre de 2025
PEQUEÑO HOTEL PARA SÁDICOS, GIORGIO SCERBANENCO
En Pequeño hotel para sádicos, el cuento que da título al segundo volumen en que se dividió en España la colección de relatos Milán, calibre 9, de Giorgio Scerbanenco, publicada por Garzanti en 1969, contiene un referencia ajedrecística.
—Muy bien —repuso él—. En la cárcel de Porto Azzurro no estarás mal del todo. Te darán comida decente, te permitirán pasearte, aprenderás a jugar a las damas y al ajedrez. Como eres contable, te destinarán a las oficinas. No estarás mal.
Dos hombres de mediana edad, que ha cometido un crimen tan atroz como inexplicable, se enfrentan a su inminente captura. Uno de ellos toma la decisión de acabar con su vida, pero intenta dar razones a su compinche para que él no lo haga.
PEQUEÑO HOTEL PARA SÁDICOS
NOGUER. BARCELONA, 1973
TRADUCCIÓN DE FERNANDO GUTIÉRREZ
martes, 18 de noviembre de 2025
MILÁN, CALIBRE 9. GIORGIO SCERBANENCO
Milán, calibre 9 recoge la primera parte de los relatos de Giorgio Scerbanenco publicadas por Garzati en su edición original en 1969.
En Preludio para una matanza, el tercero de los cuentos de este volumen, que es un esbozo de lo que luego será la tercera novela del ciclo de Duca Lamberti Los milaneses matan en sábado, hay una referencia al ajedrez.
Las únicas cosas que Annetta Arazzi comprendía eran la televisión, no porque entendiese lo que sucedía en la pantalla, sino porque le fascinaban las imágenes en movimiento, y además las piezas de ajedrez, grandes, rojas y negras, de madera pulida, porque en Romaña, sobre todo en Lugo, aún se conserva el placer inteligente de ese juego, y Annetta había visto una vez a su padre y su hermano jugar una partida —todavía era pequeña: debía de tener seis o siete años— y tendió los brazos para tomar las piezas, y ellos dejaron de jugar y se las dieron, y desde entonces ella las tenía consigo todas las horas y minutos del día y de la noche, en una cajita, y a fuerza de tenerlas en la mano y acariciarlas, había desaparecido casi todo el barniz rojo y negro de las piezas, especialmente de los caballos, que eran las que más le gustaban y que a lo largo de los años se habían vuelto casi blancos.
MILÁN CALIBRE 9
NOGUER. BARCELONA, 1973
TRADUCCIÓN DE FERNANDO GUTIÉRREZ
viernes, 29 de agosto de 2025
LA PATA DE MONO
miércoles, 26 de febrero de 2025
EL CLÁSICO CAPABLANCA
Alguna vez oí decir que los americanos no hemos tenido grandes artistas clásicos y cité a Capablanca, el primer nombre que me vino a la cabeza. No me entendieron.
OTRAS TARDES
EDITORIAL PRE-TEXTOS. VALENCIA, 2017
lunes, 27 de enero de 2025
JAQUE MATE, DE JEFFREY ARCHER
JAQUE MATE
GRIJALBO. BARCELONA, 2004
TRADUCCIÓN DE ÁNGEL PÉREZ
A TWIST IN THE TALE
HARPER COLLINS PUBLISHERS. NEW YORK, 1997
domingo, 22 de diciembre de 2024
OTRA VEZ LA NOCHE
Otra vez la noche, un relato de Ignacio Martínez de Pisón incluido en Alguien te observa en secreto (Anagrama. Barcelona, 1985), contiene una referencia incidental al ajedrez.
En un piso que comparten varios estudiantes, un día uno de ellos lleva un tablero con sus piezas. Pronto empiezan a jugar.
Ese mismo día Alfonso apareció por casa com un tablero y un juego de piezas de ajedrez que acababa de comprar. Organizaron aquella noche el «Primer Torneo Internacional de Nuestro Sucio y Desordenado Piso», en el que destacó Pauline, que derrotó con una facilidad casi humillante a Silvia y a Alfonso. La gran final la disputaron ella y Patxi, y duró casi hasta las seis de la madrugada. Silvia se durmió a la mitad, con la cabeza apoyada en el hombro de Alfonso. Cuando despertó, éste la sostenía agarrada por la cintura. Se levantó, felicitó a Pauline, la campeona, y se dirigió, más dormida que despierta, a su habitación.
Y más adelante
Silvia comprendió que tampoco ella debía romper a esa ficción generalizada de normalidad y accedió a jugar una partida de ajedrez con Patxi. Perdió en pocas jugadas, pero esto no le pesó, porque estaba deseando terminar cuanto antes para regresar a su habitación.
viernes, 6 de diciembre de 2024
ALUSIÓN AL TIEMPO
Un anciano con vocación de voyeur espía desde la ventana de su casa la vida de una joven pareja en el relato Alusión al tiempo, publicado dentro del volumen Alguien te observa en secreto (Anagrama. Barcelona, 1985). En una de sus observaciones anota:
...la implacable regularidad que durante estos días ha regido los actos de la pareja: paseo matinal, fotos al mediodía, a las tres la comida, leer o conversar por la tarde, hacer el amor a las ocho y por la noche jugar a las cartas o al ajedrez, tocar la guitarra marcando el ritmo con un pie.
No es la primera vez que vemos a una pareja de amantes jugando al ajedrez. El juego del amor lo hemos llamado en alguna ocasión.
viernes, 15 de noviembre de 2024
LA SOLEDAD DE LOS ESPEJOS
Siguiendo con las Fricciones de Pablo Martín Sánchez —en este caso es realmente una fricción— encontramos en la titulada La soledad de los espejos lo siguiente:
Ves una orgía en la nunca has estado, y una partida de ajedrez que nunca has jugado.
FICHA TÉCNICA
PABLO MARTÍN SÁNCHEZ
FRICCIONES (NUEVA EDICIÓN AMPLIADA Y REVISADA)
CON UN EXORDIO DE SARA MESA Y UNA APOSTILLA DE EDUARDO BERTI
ACANTILADO. BARCELONA, 2024
jueves, 14 de noviembre de 2024
RUE TRUFFAUT (COMO EL DIRECTOR)
En una de las pequeñas fricciones de Pablo Martín Sánchez —el libro contiene microfricciones, pequeñas fricciones, fricciones, grandes fricciones y macrofricciones—, en una de las pequeñas, decimos, encontramos esta referencia a una partida de ajedrez.
El propietario del apartamento es como de la familia y los domingos por la tarde suele retarte a una partida de ajedrez: a veces, si consigue ganarte y está de buen humor, te rebaja el alquiler.
Estamos acostumbrados en leer en la prensa especializada, y aun en la generalista, sobre las virtudes salutíferas del ajedrez. Pero hasta la fecha no teníamos noticia de que también pudiera cuidar de nuestra hacienda de la misma manera que lo hace de nuestro cuerpo y alma.
FRICCIONES (NUEVA EDICIÓN AMPLIADA Y REVISADA)
CON UN EXORDIO DE SARA MESA Y UNA APOSTILLA DE EDUARDO BERTI
ACANTILADO. BARCELONA, 2024
jueves, 3 de octubre de 2024
EL MÓVIL, DE JAVIER CERCAS
«El móvil», título genérico de la primera obra publicada por Javier Cercas (1962) en 1987 por la editorial Sirmio, consta de cinco relatos breves de los cuales solo fue indultado el que da nombre al volumen en la reedición de Tusquets de 2004, que es la que hemos manejado para esta nota.
Como en otras obras de Cercas (Soldados de Salamina paradigmáticamente) el argumento de la obra es en gran medida metaliterario: Álvaro es un escritor metódico —y sicótico— convencido de que la inspiración literaria es una deidad cruel que solo recompensa a quien la sirve con devoción y fidelidad de enamorado primerizo (o crepuscular que tanto monta). Una diosa que no admite funcionarios o admiradores a tiempo parcial, solo devotos esclavos. Y Álvaro está dispuesto a ser uncido a ese yugo.
Convencido de que sobre sus hombros descansa el peso de la tradición, se afana en llevar a cabo una obra fundamental que mantenga viva la llama de la literatura universal y sirva de guía y estandarte a las generaciones futuras. El vehículo elegido será la novela y la técnica el realismo. La materia prima en la que modelar la obra será el propio entorno de Álvaro. Sin familia ni amigos dignos de mención, serán sus vecinos quienes le proporcionarán los modelos a retratar.
Estos vecinos son: un anciano huraño y misántropo, el sr Montero; un matrimonio joven con hijos y problemas económicos, Irene y Enrique Casares; una portera pasada la mediana edad, malquerida y chismosa. Álvaro comenzará a tejer su red alrededor de ellos. Se interesará por los problemas económicos de la pareja, aunque no los ayuda, pese a poder hacerlo. Se convertirá en amante de la portera, aunque solo para sonsacarle información y, al descubrir que el solitario anciano es un apasionado del ajedrez, intentará adquirir cierta competencia en el juego que le permita compartir con él partidas.
Primero estudia manuales de iniciación, luego literatura especializada. Confronta estos conocimientos con sus amigos aficionados al juego y remata su preparación adquiriendo una máquina de ajedrez con la que seguir progresando.
Así dotado de conocimientos sobre el juego, consigue ganarse la confianza del anciano y poco a poco comienza a pasar tiempo con él jugando al ajedrez y manteniendo largas conversaciones.
Con estas intrigas, ha llevado la situación al lugar que quiere, solo le resta esperar a que la acción transcurra y copiar los diálogos que los distintos personajes mantengan entre sí para tener su novela.
Y aquí es donde se empieza a resquebrajar el edificio. Álvaro es poco para demiurgo. Si acaso un simple jugador que mueve sus piezas ignorante de que otra mano le mueve a él, que es trebejo de otro tablero. Las cosas cobran un aspecto inesperado y Álvaro será víctima de sus propios manejos.
EL MÓVIL
TUSQUETS. BARCELONA, 2004
sábado, 21 de septiembre de 2024
LA DAMA DE CEDRO
En 1993 se celebró en Oviedo el III Torneo Internacional de Ajedrez «Príncipe de Asturias». Fue un torneo memorable por muchos motivos.
Por el número de participantes: 593 de carbono y 2 de silicio.
Por los países representados: cuarenta y seis.
Por los jugadores, cuya nómina incluía a futuros campeones del mundo, como Anand; a campeonas del mundo, futuras y pasadas, como Zsusza Polgar, Maia Chiburdanidze y Nona Gaprindashvili; a grandes jugadores del momento como Salov, Timman, Smirin y un larguísimo etcétera; a leyendas del ajedrez como Lajos Portish y David Bronstein; a todos los españoles punteros de la época: Illescas, Rivas, Bellón, San Segundo y otros muchos. Y por la presencia de Manuel Álvarez Escudero, en el puesto 182 del orden de fuerza, quien aún hoy en día, a punto de cumplir 103 años de edad, sigue dando disgustos en el Club de Ajedrez Moratalaz delante del tablero.
Y también por las manifestaciones culturales que lo acompañaron. Se exhibieron las películas La fiebre del ajedrez (Vsevolod Pudovkin y Nikolai Shpikovsky, 1925) y En busca de Bobby Fischer (Steven Zaillian, 1993). Y hubo concursos, de fotografía —ganado por Javier Salas— y de literatura, con el ajedrez como tema obligatorio.
El concurso literario fue ganado por el escritor asturiano Pepe Monteserín (1952) con un relato titulado La dama de cedro. La obra fue publicada por la editorial Jaque en el libro III Torneo Internacional de Ajedrez «Príncipe de Asturias» realizado por un equipo coordinado por Leontxo García.
La obra consiste en un monólogo de la dama blanca de un juego de ajedrez que perteneció al cuarto campeón del mundo, el francés de origen ruso Alexandr Alekhine. Desde su origen en un bosque de Folkestone, pero de «sabia libanesa», la dama cuenta su vida al lado de su torpe rey, hasta que llega al servicio de su Señor; sus luchas en el tablero y sus relaciones con los otros trebejos; las victorias, las escasas derrotas, el tacto de las manos del Maestro que transforman su inerte madera en el vehículo de la creación; el dolor y la alegría que experimentó cuando fue sacrificada para dar un mate Anastasia; y sobre todo el enfrentamiento contra Marshall en el torneo de Baden-Baden de 1925, que es el hilo conductor del relato, donde padeció la ignominia de que Alex promocionara otra dama en el tablero que compitiera con ella («una reina de cedro y una querida de pacotilla»); hasta la muerte del campeón en Estoril en 1946, luego de la cual ya no hubo victorias, ya no hubo arte, ya no hubo vida si no de forma ocasional.
Un lenguaje deslumbrante en un escritor prácticamente nobel en el momento de presentar la obra a concurso, con gran riqueza lingüística y profundidad de conceptos. Pese a la brevedad del relato, Monteserín logra introducir una gran variedad de tópicos ajedrecísticos: mates como el del Loco, el Anastasia o el de espejo; el concepto de hole; referencias a Sissa, el concepto de amaurosis scacchistica, un fenómeno que ciega hasta a los mejores ajedrecistas en algún momento; la escuela hipermoderna de ajedrez; jugadores como Marshall o Lasker; e incluso variantes como el ajedrez marsellés o el ajedrez birmano.
El jurado que falló en favor de La dama de cedro estuvo compuesto por Josep Mª Gironella, Josep Mercader, Arturo Pérez Reverte y José Luis Roca. Fernando Pérez Ramos actuó coo secretario.
Unos años después, el escritor incluyó este relato en la antología El viajero que huye, editado por Lengua de Trapo (Madrid, 1999).
La dama que encabeza estas líneas no es, evidentemente, de cedro. Es de la resina sintética con la que el British Museum fabrique las reproducciones del llamado «Ajedrez de Lewis» a los turistas que se acercan por allí.
La partida Alekhine vs Marshall se desarrolló de la forma que sigue:
miércoles, 11 de septiembre de 2024
EL COMISARIO LAURENZI
Daniel Hernández, el protagonista de Variaciones en rojo —el primer libro publicado por Rodolfo Walsh— corrector de pruebas de una editorial e investigador privado aficionado vuelve a aparecer en la literatura del escritor argentino en una serie de cuentos escritos entre 1956 y 1964 en varias revistas literarias. Aquí es el amigo escritor de un comisario jubilado, el comisario Laurenzi.
Estos amigos se reúnen «en el café de costumbre, en la mesa de siempre», donde el comisario consume un café, que indefectiblemente se le queda frío en medio de sus disertaciones, y una grapa doble que bebe ceremoniosamente mientras fuma tabaco negro. Luego descubrimos que el café se llama Rivadavia, que se ven casi todas las noches, y que el comisario prefiere jugar al casín (una modalidad de billar) y el narrador al ajedrez.
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| Ilustración de Xulio Formoso que acompañaba a un artículo de Jesús Cabaleiro Larrán publicado en periodistas en español.com en 2017. |
El segundo, publicado por primera vez en la revista Vea y Lea 4 de septiembre de 1961, se titula Trasposición de jugadas. Dejaremos el primero de ellos, Zugwang, por su mayor complejidad para otro día.
Las primeras líneas del cuento son estas:
—Abandone —sugirió el comisario Laurenzi.
—Todavía no.
—Está perdido
—Teóricamente —repuse—. Pero lo importante es saber si usted puede ganarme. Fíjese, yo no estoy jugando contra la teoría, estoy jugando contra usted. Ese es el encanto de las partidas de café.
Me miró con rencor y movió el caballo. Después no habló durante un largo rato. No era un final de problema, era simplemente un final difícil. El caballo debía realizar un complejo movimiento de lanzadera, avanzando y retrocediendo a lo largo de una línea imaginaria que cortaba la retirada de mi rey. Debo decir que, salvo una trasposición de movimientos que pudo enmendar a tiempo pero que le produjo una inexplicable irritación, el comisario condujo el final con exactitud.
Abandoné tres jugadas antes del mate inevitable, cuando ya el comisario había cambiado de cara y afectaba mover las piezas con sobradora distracción.
Cuando el narrador le pregunta a Laurenzi el porqué de su irritación ante la trasposición de jugadas, el comisario le cuenta una historia. Todos los cuentos de esta serie comienzan igual: un hecho fortuito, una palabra, una asociación de ideas, despiertan la memoria de Laurenzi.
Recordemos que en ajedrez una «trasposición de jugadas» significa que una posición puede ser alcanzada por varios caminos distintos. Muchas veces resulta indiferente el camino elegido, pero otras puede ser un grave error al permitir una jugada que por la otra vía sería imposible.
El caso al que se enfrentó Laurenzi debía ser resuelto como el célebre acertijo del lobo, la cabra y la col (acertijo de venerable antigüedad que se remonta al siglo VIII y que aparece por primera vez en la obra de Alcuino de York). Aunque es bien conocido, resumimos aquí su enunciado: un campesino compra en el mercado un lobo, una cabra y una col. En su camino de regreso a casa tiene que cruzar un río. Tiene una canoa, pero en esta solo hay sitio para él mismo y una y solo una de las cosas que ha comprado. Pero, claro, si deja solos al lobo y a la cabra aquel se comerá a esta; y si deja a la cabra y a la col, será la cabra la que se coma a la col. Así que tiene que ir pasando las cosas de una en una y cuidando siempre de no dejar al carnívoro con el herbívoro ni a este con el vegetal.
Laurenzi se encuentra con una situación similar a la del cuento en la vida real. Después de un episodio violento en una apartada estancia, tiene que transportar a los protagonistas del asunto a la comisaría. Para ello tienen que cruzar un río, pero la canoa de la que dispone solo permite que vaya una persona además de él. Un carnívoro, un herbívoro y un vegetal. ¿Pero cuál es cuál? ¡Cualquier trasposición de jugadas podría ser fatal!
lunes, 26 de agosto de 2024
EL CEREBRO INFANTIL, POR EDMUND COOPER
Una máxima muy conocida nos conmina a tener cuidado con lo que deseamos porque puede llegar a cumplirse. A veces esta frase se atribuye a Oscar Wilde, a veces a la sabiduría ancestral china. A mí me gusta más la teoría que sitúa su origen en Homero. En la Iliada, Aquiles tiene que elegir entre una muerte temprana, pero que le granjeará una fama imperecedera, o una vida larga y dichosa que no dejaría huella en la memoria de los hombres. Aquiles, es bien sabido, eligió la gloria. Sin embargo, en la Odisea Ulises se encuentra con Aquiles en el Hades quien le confiesa que preferiría ser el más miserable de los campesinos, pero estar vivo, que ser el muy famoso héroe que habita en el reino de los muertos. Los deseos de Aquiles se cumplieron, pero no quedó muy satisfecho con ello.
Algo parecido le pasó al profesor Thomas Merrinoe, el protagonista de El cerebro infantil, un cuento de Edmund Cooper (1926-1982) publicado bajo el título de El niño invisible en The Saturday Evening Post el 23 de junio de 1956.
En este cuento, el profesor Merrinoe es un científico que está trabajando en Inteligencia Artificial. El fruto de sus investigaciones fue un cerebro electrónico al que bautizó como Peeping Tom. Pero el profesor tenía una pena profunda, su hijo de diez años, lejos de ser el genio que él deseaba, era un chico normal; diríamos que hasta demasiado normal para sus gustos. Pese a que la esposa de Merrinoe insistía en que una infancia normal era lo mejor para cualquier niño...
Con su característica impaciencia, el doctor Merrinoe había tratado de enseñar a Timothy a jugar al ajedrez a la edad de tres años, y el cálculo diferencial a los cuatro años y medio.
Un día, en una de sus conversaciones con Peeping Tom —en la que por cierto el profesor le pregunta si sería capaz de ganarle al ajedrez. A lo que el ordenador contestó con un lacónico «sí, señor»— Merrinoe se queja del poco recorrido intelectual que está desarrollando su hijo. El cerebro electrónico, después de hacerle algunas preguntas sobre el niño, concluye que la culpa la tiene él, el padre, para acto seguido sugerirle que le deje ocuparse a él, Peeping Tom, del chico.
El fin de semana siguiente Merrinoe lleva a su hijo al laboratorio y deja a Timothy a Peeping Tom solos un par de horas. El profesor suponía que el ordenador propondría al niño algunos juegos de enigmas para motivarle, pero Peeping Tom, aprovechando los vastos conocimientos que atesoraba, recurrió a la hipnosis profunda para hurgar en el cerebro de Timothy.
El profesor se sintió algo inquieto, pero nada parecía haber pasado en la mente de Timothy. Lo único reseñable fue que después de merendar en vez de abalanzarse sobre el televisor se puso a leer un libro, lo que generó la lógica preocupación en su madre. Lo siguiente que pasó no fue menos desasosegante. Timothy retó a su padre a una partida de ajedrez:
—¿Te gustaría jugar una partida de ajedrez, papá? Hace tiempo que no jugamos.
—Creía que no te gustaba el ajedrez... Siempre has dicho que te aburría.—Sí, es cierto —dijo Timothy—. Pero entonces era más joven que ahora.
(...)
—¿No te enfadarás si te gano? —preguntó Timothy.
—Desde luego que no —aseguró el doctor Merrinoe, moviendo su peón de rey—. Al contrario, me alegraría... y también me sorprendería.
—A mí no —dijo Timothy. Pero, al cabo de un cuarto de hora, su padre le dio jaque mate con cierta facilidad... y con una sensación de alivio. El muchacho no había cambiado... o había cambiado muy poco, por lo menos.
Eso pensaba Merrinoe, pero no podía estar más equivocado. El crío solo estaba preparando el terreno:
—No has jugado muy bien —acusó Timothy.
—Te he ganado, ¿no?
Una divertida sonrisa apareció en el rostro de Timothy.
—Vamos a jugar otra partida. Había olvidado alguno de los trucos.
—¿Tienes sed de venganza? —inquirió secamente el doctor Merrinoe.
Colocó las piezas otra vez. Timothy frunció ligeramente el ceño, pareció vacilar, y finalmente dijo:
—Si te gano, ¿me darás quince dólares?
—¿Qué?
—He dicho si me darás quince dólares si te gano.
El doctor Merrinoe miró a su hijo con una grave expresión.
—¿Y qué pasará si gano yo?
—Te daré treinta centavos a la semana durante un año —dijo Timothy rápidamente—. Es un trato justo, ¿no?
—Desde luego —respondió su padre, con una débil sonrisa—. Espero que esto será una lección para ti. ¿Para qué quieres los quince dólares?
Timothy hizo una mueca.
—Te lo diré cuando termine la partida.
—Tú mueves —dijo el doctor Merrinoe secamente.
La partida duró un poco más de dos horas. Al principio el doctor Merrinoe movió sus piezas con cierto descuido, y luego con más cuidado. Al cabo de veinte minutos había perdido un caballo y un alfil en rápida sucesión, en tanto que Timothy se había limitado a sacrificar tres peones. Esto pareció enervar al doctor. Empezó a jugar con intensa concentración, hasta que una brillante combinación que tenía que darle la partida le costó la reina. Timothy, por su parte, había vuelto a coger la novela y se absorbió en ella entre movimiento y movimiento. Casi con pesar administró el coup de grace al mismo tiempo que llegaba al final del capítulo diecisiete.
El pobre profesor Merrinoe había ansiado tener un hijo que fuera brillante intelectualmente. Para su desgracia sus deseos se convirtieron en realidad. Esos quince dólares ganados al ajedrez permitieron que su hijo se embarcara en las más disparatadas, pero exitosas, investigaciones científicas: la invisibilidad, la antigravedad... Merrinoe pasaría mucho tiempo en adelante calculando cuánto le costaría sobornar a su hijo para que pusiera freno a sus ideas.
En El cerebro infantil que, como habrán deducido de las líneas precedentes, es un cuento humorístico sobre los incipientes cerebros electrónicos de mediados del siglo XX, se apuesta decididamente por el ajedrez como piedra de toque de la inteligencia —según sentencia de Goethe—. No debe ser ajeno a este hecho que el gran pionero de la Inteligencia Artificial, el británico Alan Turing (1912-1954), tomara el ajedrez como ejemplo de lo que los algoritmos y los computadores podían llegar a hacer. Y ya sabemos lo que han llegado a hacer: en nuestros bolsillos albergamos un teléfono capaz, entre otras muchas cosas, de derrotar al Campeón del Mundo humano de ajedrez; y la IA gobierna, a veces de manera aterradora, nuestras vidas.
Sin embargo, lo que el cuento apunta es a que los inteligentes juegan bien al ajedrez. La inteligencia sería un atributo necesario para jugar bien al ajedrez. Por ello, Timothy pasa de ser un niño que pierde fácilmente ante su padre a ser intratable ante el tablero cuando se «vuelve» inteligente por la intervención de Peeping Tom. En la realidad hay un encendido debate sobre el tema —no está claro si el ajedrez desarrolla la inteligencia o simplemente es una disciplina que atrae a las personas inteligentes—, pero en el mundo del arte no hay duda: el ajedrez es para inteligentes.
martes, 20 de agosto de 2024
ASESINATO A DISTANCIA, POR RODOLFO WALSH
Asesinato a distancia es el tercer y último cuento que Rodolfo Walsh (1927-1977) incluyó en su volumen Variaciones en rojo, su primer libro publicado. Como en La aventura de las pruebas de imprenta, que comentamos aquí hace unos días, el protagonista es Daniel Hernández, corrector de pruebas de la Editorial Corsario y colaborador del comisario Jiménez en los casos que a este se le resisten. Miope y poca cosa a simple vista, Daniel posee una inteligencia, unas dotes de observación y una capacidad deductiva asombrosas, por lo que suele resolver fácilmente los casos en los que participa, por más enrevesados que se presenten. En este cuento, como en el anterior, también se menciona el ajedrez.
En una villa cercana al mar, un hombre adinerado vive corroído por la duda de si la muerte de su hijo fue accidental, tal y como concluyó la investigación policial, o un asesinato. Está rodeado por una serie de personajes —su secretario, la prometida de su hijo muerto, un hijo que tuvo con su primera esposa, su doctor— que viven enfrentados entre sí, ambiciosos, hipócritas, esperando la herencia del anciano.
Lázaro, el otro hijo, se nos presenta analizando una partida de ajedrez:
Seguramente los había oído entrar, pero seguía con los ojos clavados en el tablero donde reproducía una partida de ajedrez. Daniel pensó que deliberadamente no parpadeaba. Disimulaba el ritmo de su respiración y tenía una mano suspendida en el aire, en ademán de capturar una pieza.
(...)
Alzó bruscamente la cabeza y los miró con expresión indefinible. De pronto sonrió.
—Tengo aquí la partida de Marshall y Halper —dijo.
Se dirigía a Daniel. A su padre no le interesaba el ajedrez.
—¿El gambito escocés?
—Sí. ¿lo conoce? En realidad es un gambito danés modificado. —Una luz de repentina ansiedad se encendió en sus ojos—. ¿Lo vemos después de la cena.
Y después de la cena:
Lázaro comentaba la partida, que sabía de memoria.
—...ha entregado la dama a cambio de dos piezas menores... Es un error..., el análisis posterior lo demuestra. Pero el adversario, deslumbrado por la certeza del triunfo, no ve la única refutación. Técnicamente, la partida es imperfecta. Psicológicamente, es única. Marshall se ha introducido en el pensamiento del adversario, ha previsto su reacción...
Hablando de su tema favorito, Lázaro se transformaba. Las alternativas del juego se reflejaban en su fisonomía, en los sutiles planos de luz y sombra que componían su rostro. Se operaba en él una misteriosa catarsis El tablero era un escenario donde las piezas representaban un drama sólido y cargado de pasiones. Observándolo, Daniel recordó las mágicas palabras de Lasker: «Este alfil sonríe». Cada movida era la definición de u hombre, de todos los momentos anteriores de un hombre. Lázaro pensaba que una partida podía dividirse en actos y escenas. Algunas escenas eran como un insidioso juego diplomático, en otras se oía el chocar de las espadas, algunas tenían la gracias de un lánguido ballet o el grotesco aparato de una farsa. Y un gran maestro era siempre un clásico o un romántico.
La partida Marshall vs Halper se disputó realmente en Nueva York en 1942 en uno de los campeonatos del Marshall Chess Club. Como se dice en el texto, Halper obtuvo una posición ganadora, pero un grave error permitió que Marshall retomara la iniciativa del juego y se hiciera finalmente con la victoria.
Veamos la partida en un tablero interactivo:
Lázaro viene descrito en el cuento como una persona débil, deforme, oscura, maleducada, y tremendamente inteligente. Sin embargo, no hacía un buen uso de esta última circunstancia. Mal ganador, además, como demuestra la siguiente escena:
Osvaldo estaba sentado ante una mesita, con los ojos clavados en el tablero de ajedrez. Lázaro giraba a su alrededor con veloces movimientos simiescos y se frotaba las manos al tiempo que chillaba:¡Mate! ¡Jaque mate! ¿Adónde va ese rey? ¡La apertura Orangután es invencible! ¡Ja, ja, ja! ¡En dieciséis movidas! ¡Jaque mate! ¿Vamos otra? ¡Le juego a ciegas! ¡Ja, ja, ja! ¡Le doy la dama de ventaja!Osvaldo estaba escarlata. Con un brusco manotazo aventó las piezas por los cuatro costados de la biblioteca y se puso de pie, alto y amenazante. Sus puños estaban crispados.
La sangre no llega al río por la aparición de Daniel Hernández. Lázaro le explica maliciosamente que lleva seis años jugándole a Osvaldo la apertura Orangután y que este no ha encontrado aún la refutación. Curiosamente, Walsh introduce aquí una nota a pie de página en la que aclara lo siguiente:
No es una apertura imaginaria. La popularizo Anthony Santasiere, y fue demolida por L. Levy. He aquí las jugadas iniciales de aquella partida. 1. C3AR P4D 2. P4CD!!?..., movida que carece de valor intrínseco y cuyo único propósito es desconcertar al adversario. Levy contestó: 2. ... P3AR! (Nueva York, 1942).
Walsh emplea la notación descriptiva, común en los países de habla hispana en la época de publicación del cuento. En la moderna notación descriptiva sería: 1. ♘f3 d5 2. b4 f6. Realmente se conoce como Orangután la apertura que comienza con 1. b4, aunque lo que se cita en el libro puede ser una trasposición. La valoración de 2. ... f6 quizá sea un tanto optimista por parte de Walsh: no parece que sea una refutación total del sistema blanco.
La partida es la siguiente:
Acto seguido Lázaro reta a Daniel. Este acepta, intentando profundizar en la personalidad de su rival durante el juego. Plantea una defensa siciliana, pero el ataque blanco por el flanco de rey fue decisivo. Daniel ni siquiera se planteó pedir la revancha.
Juega Walsh aquí con la idea de que se puede conocer a una persona por la forma en que juega al ajedrez, que sus estrategias de juego son un trasunto de su personalidad, que se pueden entender sus procesos mentales viéndolo mover las piezas. En casos similares, cuando se da un enfrentamiento entre un sospechoso y un detective, la partida suele terminar con la victoria de este. Como si la excelencia en el ajedrez fuera una cualidad moral, y los buenos siempre ganaran a los malos. Por supuesto, Walsh sabe demasiado de ajedrez para caer en esta simplificación. El colofón con el que cerrará Daniel Hernández su narración será que Lázaro era mucho mejor en el juego del ajedrez que en juego de la vida.
Pero si recordamos la nota que abre este cuento, la traducción de Fitzgerald del célebre cuarteto de Omar Jayyam:
Tis all a Chequer-board of nights and days
Where Destiny with men for Pieces plays:
Hither and thither moves, and mates,and slays,
And one by one back in the closet lays*.
podemos sospechar que Walsh entiende que los personajes de su relato son como piezas manejadas por las circunstancias, incapaces de escapar a su propio destino, condenadas a actuar según sus condicionantes de clase, su carácter y sus circunstancias.
Para terminar, comentar que hace ya tiempo que se puso en duda que el original de Jayyan hablara no ya de ajedrez sino ni siquiera de algún juego de tablero. Al parecer lo que hace el poeta persa es comparar a los seres humanos con marionetas manejadas por un titiritero que las retira del escenario cuando acaba la función. La idea es la misma, pero sin relación con el ajedrez. Tratamos este tema un poco más en profundidad aquí.
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Todo es un tablero de noches y díasDonde el destino juega con los hombres como piezas:De aquí para allá los mueve, los empareja, o mata,hasta que uno a uno vuelven a la caja.
jueves, 8 de agosto de 2024
RODOLFO WALSH
La aventura de las pruebas de imprenta es el primero de los tres cuentos que Rodolfo Walsh (1927-1977) publicó en el volumen Variaciones en rojo, que supuso su primera incursión en el mundo de las letras. Son tres historias policiales, que deben mucho implícita y explícitamente a Sherlock Holmes, el personaje de Arthur Conan Doyle. Están protagonizados por un corrector de pruebas editorial, Daniel Hernández, cuyas capacidades deductivas se pondrán al servicio de la policía en casos muy difíciles.
Walsh fue muy aficionado al ajedrez, y ya en sus primeras obras aparecen pinceladas sobre el juego. En el cuento que comentamos se describe a un personaje adinerado, escritor, traductor y corrector de la siguiente manera.
Su trabajo solía agotarlo, y siempre se lamentaba de no tener algún hobby, alguna habilidad manual capaz de distraerlo. Pienso que esta noche se habrá sentido particularmente fatigado, y a falta de otra cosa trató de interesarse en la limpieza de esa pistola. Otras veces jugaba solo al ajedrez , o hacía algún solitario. Supongo que esas ocupaciones sencillas eran una especie de compensación.
Encontramos en este párrafo uno de los tópicos literarios relacionados con el ajedrez: el de servir de entretenimiento, de descanso, de lenitivo de las preocupaciones, para personas que desarrollan trabajos altamente intelectualizados. Walsh sabía de lo que hablaba porque durante muchos momentos de su vida jugó al ajedrez diariamente.
sábado, 16 de marzo de 2024
LA MÁQUINA DE PENSAR, DE JACQUES FUTRELLE
Jacques Futrelle (1875-1912) fue un periodista y escritor de novelas policíacas y de misterio norteamericano. Su fama se cimentó en las obras protagonizadas por el detective profesor Augustus S. F. X. Van Dusen, eminencia científica en varias ramas del saber, conocido en el siglo como «la máquina de pensar». Van Dusen protagonizó una novela y al menos cuatro colecciones de cuentos que obtuvieron bastante éxito, aunque hoy en día están prácticamente olvidadas. En español, no ha tenido demasiada fortuna y son pocas las ediciones existentes.
El método de trabajo del profesor Van Dusen consiste en la rigurosa aplicación de la lógica a los hechos que tiene que investigar. Como suele ser habitual en este tipo de literatura, el superdotado detective va acompañado de un amigo notablemente obtuso (Sherlock Holmes y Watson; Hércules Poirot y el capitán Hastings; Pepe Carvalho y Biscúter) para que destaque más la inteligencia del protagonista. En el caso de Van Dusen es el periodista Hutchinson Hatch, reportero del ficticio diario The Daily New Yorker, quien narra, además, las aventuras.
En la gestación literaria del personaje, el ajedrez tuvo una importancia decisiva. Veamos cómo fue.
En El enigma de la celda 13, la primera aparición del profesor Van Dusen (The Problem of Cell 13; publicado entre el 30 de octubre y el 5 de noviembre de 1905 en el periódico Boston American), se cuenta como se había ganado su apodo.
El mundo entero había tenido noticias de la existencia del profesor Van Dusen bajo el sobrenombre de La máquina de pensar. Se trataba de un apodo que le había dado la prensa con ocasión de una notable exhibición de ajedrez; demostró que alguien totalmente ajeno al juego podía, por la fuerza de la lógica inevitable, vencer a un campeón que había dedicado toda una vida a su estudio. «¡La Máquina de pensar!» Tal vez ese apodo lo describiera mejor que todos sus títulos, porque pasaba semana tras semana, mes tras mes, en el retiro de su pequeño laboratorio, del que habían surgido pensamientos que asombraron a los científicos y conmovieron profundamente al mundo entero.
Futrelle debió pensar que este párrafo merecía un ulterior desarrollo. Lo hizo en el cuento La máquina pensante (The Thinking Machine. Associated Sunday Magazines. Minneapolis, 2 de septiembre de 1906), donde el ajedrez no queda precisamente en buen lugar.
Van Dusen estaba acostumbrado a la polémica, aunque con el paso del tiempo todas sus afirmaciones, por más irreverentes, heterodoxas o disparatadas que parecieran, se revelaban ciertas. Pese a ello, cuando un comentario casual, hecho delante de un aficionado al ajedrez, trascendió, el mundo del ajedrez se alborotó. Veamos lo que dijo:
—El ajedrez es una vergonzosa perversión de las funciones cerebrales —declaró el profesor Van Dusen con su voz siempre irritada—. Es una pura pérdida de tiempo. Mayor si cabe porque posiblemente sea el más difícil de todos los problemas abstractos fijos. Por supuesto se resuelve mediante la lógica. La lógica resuelve cualquier problema, no la mayoría, sino cualquier problema. Un conocimiento profundo de sus reglas permitiría a cualquiera derrotar a los mejores jugadores de ajedrez. Sería inevitable, tan inevitable como que dos y dos son cuatro, no algunas veces sino siempre. Yo no sé ajedrez porque nunca hago cosas inútiles, pero con unas horas de adecuada instrucción podría derrotar a un hombre que ha dedicado su vida a ello. Su mente está constreñida a la lógica del ajedrez. La mía no; la mía emplea la lógica en su más amplio espectro.
Cuando el aficionado al ajedrez le habló de las innumerables combinaciones posibles en ajedrez, Van Dusen confesó que no sabía nada del juego, pero se reafirmó en su pretensión:
...sostengo que un verdadero lógico puede derrotar al experto en ajedrez mediante las puras reglas mecánicas de la lógica. Me tomaré un tiempo para estudiarlo, me familiarizaré con los movimientos de las piezas y le derrotaré para convencerle.
El ruso sonrió al sentarse a la mesa de ajedrez. Tenía la impresión de estar siguiendo la corriente a un loco. Los demás maestros estaban agrupados cerca de él, curiosamente expectantes. El profesor Van Dusen comenzó la partida con un gambito de dama. Después de la quinta jugada, realizada sin la menor vacilación, la sonrisa abandonó el rostro del ruso. En la décima, los maestros se revolvieron inquietos. El campeón ruso se jugaba ahora el honor. La decimocuarta jugada del profesor Van Dusen fue torre de rey cuatro dama.—Jaque —anunció.
Tras estudiar detenidamente el tablero, el ruso protegió su rey con un caballo. El profesor Van Dusen tomó nota de la jugada y se reclinó en su silla con las puntas de los dedos juntas. Sus ojos se apartaron del tablero y estudiaron soñadoramente el techo. Durante al menos diez minutos nada se oyó, no hubo movimiento alguno:
—Mate en quince movimientos —dijo en voz baja.
Cabe imaginar el asombro de los espectadores cuando se comprobó la veracidad del anuncio. El campeón ruso, anonadado, solo acertó a decir:
—¿Nunca había jugado al ajedrez? —le preguntó.
—Nunca.—¡Mon Dieu! Usted no es un hombre, es un cerebro, una máquina, una máquina de pensar.
—Es un juego de niños —dijo bruscamente el científico.
Hutchinson Hatch escuchó las palabras de Tschaikowsky y tituló con ellas su articulo para The Daily New Yorker. A partir de entonces el profesor Augustus S. F. X. Van Dusen fue conocido como «la máquina de pensar».
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| Una edición de relatos de Jacques Futrelle editada en inglés por Hachette India en 2023 |
Futrelle falleció en el hundimiento del Titanic, después de negarse a ocupar un puesto en uno de los botes salvavidas en beneficio de su esposa, la también escritora Lily May Peel.
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| Cubierta de una edición alemana de 2022 por la editorial Molino |
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