Mostrando entradas con la etiqueta MAXIMILIAN SCHELL. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta MAXIMILIAN SCHELL. Mostrar todas las entradas

martes, 5 de mayo de 2020

EL JUEZ Y SU VERDUGO

Dijiste que cometer un crimen era una estupidez porque es imposible mover a la gente como si fueran piezas de ajedrez.
Maximilian Schell dirigiendo a Friedrich Dürrenmatt 

Un anciano comisario de policía, enfermo terminal, investiga la muerte de un subalterno. Hombre muy tradicional y desdeñoso de los modernos conceptos de la criminalística, su investigación parece un auténtico disparate. Sin llevar un criterio mínimamente científico, sin interrogar a testigos ni buscar pruebas. Lo ayuda otro policía, el mejor después del asesinado, que no parece entender sus métodos.

De repente surge un elemento inesperado, un viejo conocido del comisario. Por él nos enteramos de que de jóvenes habían cruzado, una noche de borrachera, una demencial apuesta. El otro se había mostrado dispuesto a cometer un crimen. Sin motivo, aleatorio, innecesario. Y se jactaba de que sería imposible demostrar su culpabilidad. El futuro comisario creía lo contrario, un crimen así se podría demostrar siempre.

La pretensión del otro no se queda en una baladronada de borracho, realmente comete un crimen. Su jactancia deviene real. Barlagh (así se llama el comisario) en contra de lo que creía será incapaz de probarlo. Se inicia así una rivalidad que durará toda la vida y que se ve salpicada por otros homicidios y asesinatos. Barlagh sabe que ese otro innominado no tiene nada que ver con el crimen que investiga, pero concibe una artimaña diabólica: no ha conseguido inculpar a su enemigo por los crímenes que realmente ha cometido, pero quizá consiga hacerlo por uno que no ha cometido... Y lo logra. Consigue manipular al verdadero criminal, que no es otro que su ayudante, Tschanz, hasta el punto que o incrimina al otro o todas las sospechas recaerán sobre él. Lo que se dice «comerse un marrón».

Las dos alusiones al ajedrez que hay en la novelita —el diminutivo es por extensión, no por calidad— son la que encabeza estas líneas, que surge en la discusión etílica que dio inicio a la trama. La segunda muestra como se siente el asesino cuando Barlagh explica que lo sabe todo.
Tschanz escuchaba al inexorable ajedrecista que le había dado un mate.
Este es el argumento de El juez y su verdugo una novela del suizo Friedrich Dürrenmatt (1921-1990) en la que explora los límites y el sentido último de la justicia, la culpa y el castigo. Temas todos muy presentes en su obra.

En 1975, Maxilimilian Schell dirigió una adaptación de la novela de Dürrenmatt (End of the Game; MFG-Film T.R.A.C., 1975) con John Voight, Martin Ritt y Robert Shaw en los principales papeles.

El Propio Dürrenmatt participó en un pequeño papel en el que se interpreta a sí mismo. La foto muestra un momento del rodaje de una de sus escenas.


martes, 28 de marzo de 2017

AJEDREZ EN EL SET XVIII. MISCELÁNEA FAMILIAR

Hoy ARTEDREZ cumple diez años. Y he pensado que es el momento adecuado para rendir un pequeño homenaje familiar. 

Que el ajedrez se juega habitualmente en los sets de rodaje para entretener las múltiples pausas que hay en los rodajes, y que se juega mucho, es algo que el lector habitual del blog sabe perfectamente. Bajo la etiqueta «Ajedrez en el set» hemos publicado ya 17 entradas sobre este tema y son muchas más las que esperan y poco a poco irán saliendo en estas páginas.

Este tema, además, me resulta particularmente querido por lo que van a leer a continuación. Todas las fotografías que siguen tienen en común la figura de un joven maquillador que hoy va a ser protagonista por encima de las estrellas con las que comparte tablero. Se llamaba Mariano García Rey y era mi padre. Como no se trata de escribir su biografía, aunque bien la merecería, digamos simplemente que amaba el ajedrez, sentía una desaforada pasión por los libros y reaccionaba con inquietud y rechazo ante cualquier forma de autoritarismo. Como dice un gran amigo mío, la genética no perdona. Con él aprendí a jugar al ajedrez y él me compró mi primer libro («Corazón» de Edmundo de Amicis). Supongo que no tengo que dar pruebas de mi amor por el ajedrez ni de mi pasión por los libros. Les confieso, además, que la autoridad me causa recelo e inquietud. No podía desear, sin embargo, una herencia mejor.

Antes de que me deje llevar por la emoción, pasen y vean esta personal galería.



Ambas fotografías corresponden a pausas en el rodaje de «El fabuloso mundo del circo» (Circus World. Henry Hathaway; Bronston Productions, 1964). Durante el rodaje de esta película mi padre y John Wayne disputaron decenas de partidas. La primera de las fotografías de arriba, firmada por Swarbrick, se publicó en la revista Time el 17 de enero de 1964 con el siguiente texto. 
Con 1,93 de estatura, le saca 20 centímetros al otro tipo. Pero el músculo no importa. John Wayne, 56 años, está jugando al ajedrez. «Estoy loco por este juego», confesó el Duque mientras descansaba entre escenas en el madrileño set de Circus World. «Ajá» dijo un reportero, «esto encaja con los rumores que dice que quiere cambiar de imagen». «¿Qué hijo de perra ha dicho esto?», masculló Wayne. «¿Quién quiere arruinar mi carrera? Un tipo duro que está con los buenos, ese soy yo. Si empiezo a hacer otra cosa, el espectador no se lo creerá. Cosas simples, sin matices». Habiendo dejado esto claro, Wayne regresó al tablero para descubrir que había recibido mate. «¿Ves lo que quiero decir?», añadió.
Así pues, papá ganó.

La otra fotografía, que pertenece a mi colección particular. permanecía, por lo que sé, inédita hasta el día de hoy. Tengo dudas de si es del mismo fotógrafo o de Gianni Ferrari, un habitual en la foto fija de las producciones de la época.

Pese a la reconocida afición de John Wayne al ajedrez, hoy es la primera vez que se asoma a ARTEDREZ. No será la última.


La fotografía de arriba pertenece al rodaje de «Krakatoa, al este de Java» (Krakatoa, East of Java. Bernard L. Kowalsky; American Broadcasting Company, 1968). A bordo del Batavia Queen, el barco que capitaneaba el capítán Hanson en la película, Maximilian Schell y mi padre disputan una partida de ajedrez con el juego, que aún conservo, en el que yo había aprendido a mover las piezas solo unos pocos años antes.

Ignoro el nombre del fotógrafo y creo que esta foto también ha permanecido inédita hasta el día de hoy.

Maximiliam Schell ya ha aparecido en ARTEDREZ al hablar de la película de J. Lee Thompson «Una llamada a las 12» (Return from the Ashes, 1965)


La última fotografía pertenece al rodaje de «Fuga sin fin» (The Last Run. Richard Fleischer, John Huston. Metro Goldwyn Mayer, 1971). Esta fotografía, firmada por Antonio Luengo, y en la que se ve a mi padre jugando contra George C. Scott en presencia de George D., el padre del actor, fue publicada en la revista Time el 22 de marzo de 1971 dentro de un artículo dedicado a glosar la figura de Scott.

Scott también ha salido ya en ARTEDREZ. Jugando en 1970 en el set de Jane Eyre y enfrentándose a Kubrick en «Teléfono rojo: volamos hacia Moscú» (Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb) de 1964


martes, 18 de marzo de 2014

REGRESO DE LAS CENIZAS

Regreso de las cenizas (Le Retour des cendres. Denöel. París, 1961) es la segunda novela del francés Hubert Monteilhet. Es una historia negra, podríamos decir que de "suspense" o tensión sicológica, poblada de personajes torturados y amorales que desarrollan conductas difícilmente explicables y en ocasiones abiertamente inverosímiles. La acción transcurre en París entre finales de los años 30 y el final de la II Guerra Mundial.


Uno de los principales personajes de la novela, Stanislav Pilgrim, es un jugador de ajedrez profesional. Cuando lo conocemos es un joven y ambicioso candidato a maestro, pobre de solemnidad, que sobrevive jugando partidas rápidas por apuestas en los clubes de París. Una doctora, aficionada al juego, le conoce en uno de esos clubes y se enamora de él. A partir de entonces le mantendrá y sufragará todos los gastos de su carrera deportiva. Pilgrim aprovecha la oportunidad y recorre los torneos clásicos de la primera mitad del siglo XX: Baden-Baden, San Remo, Hastings, Leningrado y consigue primero el título de Maestro Internacional y después el de Gran Maestro.


La vida del personaje es pues la de un profesional. Viajando de torneo en torneo, disputando algún match de entrenamiento e incluso ofreciendo unas simultáneas a la ciega frente a treinta tableros (con un éxito notable, por cierto: (+27-1=2). Esto le situaría muy cerca del récord mundial de la especialidad que en el momento en que transcurre este pasaje de la novela, justo después de la II Guerra Mundial, estaba establecido en cuarenta tableros por Miguel Najdorf desde el año 1943.


Pilgrim es un personaje sin escrúpulos, capaz de sacrificar cualquier cosa por disfrutar su pasión. En un momento dado declara:
Me gusta el ajedrez. No puede usted imaginarse lo que es una pasión así. Ahora bien, la preocupación por el futuro siempre ha perjudicado mi juego. Varios años de tranquilidad milagrosa, antes de la guerra me permitieron destacar, crearme un nombre... Ambiciono un apartamento propio, una casa de campo, un auto deportivo... (...) No es mucho pedir para un hombre que ocupa uno de los primeros puestos de su arte, que ha concebido algunas de las más hermosas partidas del mundo. Los grandes maestros rusos si que tienen suerte, prácticamente, son funcionarios; ignoran los altibajos de sus colegas occidentales, esos periodos malos que se soportan tanto peor cuanto más adelantado se está en la profesión. Uno de estos días renunciaré a mi libertad, me haré mujik y declararé oficialmente que cuanto más leo a Lenin, juego mejor.


Después de unos años de relación, Pilgrim decide casarse con su benefactora que era judía. Aunque no se menciona expresamente, se sugiere que durante la guerra Pilgrim jugó torneos en la Europa ocupada y que llegó a considerarse que "honraba el ajedrez europeo". Cuando las autoridades le molestaron por su mujer, no dudó en denunciarla y descubrir dónde se ocultaba, lo que motivó que fuera enviada a un campo de concentración.


Las ediciones francesas de la novela, como podemos ver en los ejemplos que acompañan a estas líneas, han elegido frecuentemente motivos ajedrecísticos para ilustrar sus cubiertas.

En 1965, J. Lee Thompson firmó una adaptación cinematográfica que respeta a grandes rasgos la estructura de la novela aunque añadiendo una buena dosis de espectacularidad a su desenlace. Maximiliam Schell (con la voz de Manolo Cano en la versión doblada al español) interpretó a Pilgrim e Ingrid Thulin (Elsa Fábregas) a la doctora Wolf. A lo largo de toda la cinta se ve como Stanislav entrena y juega al ajedrez.

En una de las secuencias se ve a Stanislav estudiar una de las partidas del encuentro por el título del mundo que disputaron Alexander Alekhine y Max Euwe en 1935. Concretamente la partida número quince que se disputó en la localidad holandesa de Baarn.





sábado, 1 de febrero de 2014

MAXIMILIAN SCHELL


Hoy ha fallecido el actor austriaco Maximiliam Schell. Aficionado al ajedrez, en 1965 interpretó a un jugador profesional en el drama negro de J. Lee Thompson Return from the Ashes (United Artist, 1965) que en España se estrenó con el título de "Una llamada a las doce". La película se inspiraba en la novela Le retour des cendres de Hubert Monteilhet. Descanse en paz.