jueves, 1 de octubre de 2026

NEKRODAMUS

Nekrodamus fue una serie de terror gótico publicada por la revista Skorpio a parir de 1976. El personaje fue creado por Héctor Germán Oesterheld (1919-ca1978) a petición del dibujante Horacio Lalia (1941). 

Después de que la Junta Cívico-Militar argentina detuviera e hiciera desaparecer a Oesterheld, otros guionistas continuaron la serie que se estuvo publicando, siempre dibujada por Lalia, hasta 1994, si bien de forma discontinua.

Nekrodamus es un demonio filósofo, bello, inmortal e inhumano. Su alma, como el Mediterráneo, es profunda y oscura. Lo acompaña Gor, otro demonio, que es su antítesis: feo y deforme pero con un corazón puro y bondadoso. El paisaje donde se mueven es la Italia del Renacimiento. Pero es una Italia donde domina la superstición y la enfermedad, tanto moral como física, y la magia. Negra, por supuesto.

Tratándose de Oesterheld, la serie tiene un profundo tono social y es difícil no ver en sus distintas aventuras una crítica a las desigualdades sociales de la sociedad contemporánea. Más que los monstruos, los verdaderos villanos de la serie son los poderosos.

En noviembre de 1978, con guion de Gabriel de los Santos, se publicó la historieta Gambito de damas. Un noble italiano, el duque d'Accardi, secuestra a una bella joven, hermana de unos amigos de Nekrodamus. El demonio se apresura a intentar rescatar a la mujer. Para ello se dirige de incógnito al castillo del duque. Este le recibe con hospitalidad y le agasaja con delicados manjares y le ofrece jugar una partida de ajedrez:


El cómic presenta la idea del ajedrez como termómetro de la astucia. Es un campo de batalla donde el duque intenta calibrar a su huésped antes de intentar despojarlo de sus bienes.


Durante la partida, el duque se interesa por la riqueza de Nekrodamus y este por la bella Constanza. D'Accardi desea el oro y el demonio a Constanza. Acuerdan intercambiar a la dama por la fórmula alquímica que permite fabricar oro.


Satisfecho con el intercambio, y ambicionando quedarse con todo traicionando el acuerdo pactado, el duque propone dejar la partida en tablas.


Pero Nekrodamus ha planteado una celada. Se anticipará a la traición del duque d'Accardi, que morirá tras ser engañado por el demonio en la fórmula del oro. 

Al final, la partida no fue tablas.

En la vida real, lamentablemente, tampoco.


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