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miércoles, 15 de enero de 2025

LA BANDERA ALMOHADE

Gracias a mi querido amigo Eduardo Scala he conocido un raro libro castellano del siglo XIV. Su título es Libro del conosçimiento de todos los reynos e tierras e señoríos que son por el mundo e de las señales e armas que han cada tierra e señorío por sy e de los reyes e señores que los proueen y no se conoce la identidad de su autor.

Se trato de un libro de armería (o armorial), esto es: un libro que describe emblemas heráldicos o escudos de armas. Bajo la apariencia de un libro de viajes, se describen los del mundo conocido en aquella época. Por algunos hechos históricos relatados en el libro, su redacción debió ser posterior a 1385.

Uno de los cuatro manuscritos que han sobrevivido, custodiado hoy en día en la Biblioteca Estatal de Baviera, en Munich, está bellamente ilustrado por un artista del Reino de Aragón.


Según la transcripción hecha por Marcos Jiménez de la Espada en el siglo XIX, el texto dice lo siguiente (texto editado por la Biblioteca Digital Hispánica. Biblioteca Nacional de España):

Parti de fez a la qual antiguamente dezian cotamanfez z fuy a miquynez z a ribate z torne a tanjar Ribera del mar z dende a arzila z fuyme por la marisma a la Raxy z dende a cale vna cibdat ribera del mar ocjdental z en esta cibdat sotierran los Reyes z dende fuy a nife z a azamor z a çafi z en esta çafi entra en la mar vn Rio que dizen gux z nasce de los montes claros z sabet que en esta prouingia es la muy noble cibdat de marruecos que solían llamar Cartago la grande la qual conquirio vn cónsul de Roma que dixeron Escipion el africano en el tiempo del señorío de los Romanos después la señorearon los godos que fueron señores de españa z el Rey de marruecos a por señales vn pendón bermejo con vn axedrez prieto z blanco atal.

Lo que actualizando localizaciones geográficas viene a decir:

Partí de Fez, a la cual llamaban antiguamente Contamanfez y fui a Mequinez y a Rabat y seguí hasta Tánger, a la orilla del mar, y de allí a Arcila; y fui por la marisma a Raxy, de donde sale un ciudad ribereña del mar occidental; y en esta ciudad entierran a los reyes, y de donde fui a Casablanca y a Azamor y a Safin. Y en esta Safin entra en la mar un río que llaman Gux, que nace en los Montes Claros. Y sabed que en esta provincia está la muy noble ciudad marroquí que solían llamar Cartago la Grande, la cual conquistó un cónsul romano llamado Escipión el Africano, en el tiempo del dominio de los romanos. Después la gobernaron los (visi)godos, que fueron señores de España. Y el rey de Marruecos tiene por armas un pendón bermejo con un ajedrez negro y blanco.

Al parecer, esta bandera fue la empleada por los califas almohades, una dinastía originaria de Marruecos que creó un imperio que se extendió por todo el norte de África y el sur de la Península Ibérica entre los siglos XII y XIII.

En el sitio dedicado a estudiar banderas históricas FOTW (Flags of the World) se dice que la bandera era roja, con un tablero de sesenta y cuatro escaques en el centro, siendo el escaque superior izquierdo de color blanco. 

Quizá la bandera almohade quiso fundir el blanco de los estandartes omeyas con el negro de los abasíes, de quienes se sentían herederos, con el rojo que simboliza el sacrificio por la fe.

miércoles, 26 de enero de 2022

ARAGON vs AL ANDALUS


Angus McBride (1931-2007) fue un dibujante e ilustrador inglés famoso fundamentalmente por sus dibujos de soldados de todas las épocas y latitudes que cristalizaron en su enorme serie Men-at-Arms, desarrollada entre 1977 y 2007, que solo se vio interrumpida por su muerte.

La ilustración que mostramos presenta varios tipos de la Baja Edad Media española.

Marcado con el número 1 vemos a un caballero aragonés de finales del siglo XIII.

Con el 2, un ballestero castellano (c. 1300).

Con el 3, un noble andalusí (c. 1290)

No me atrevo a juzgar la veracidad de los ropajes, armas o mobiliario, pero desde luego McBride se documentó bien en lo que respecta al ajedrez. Los trebejos que vemos en la ilustración están inspirados en los que publicó Alfonso X en su famoso Libro de acedrex, dados e tablas, que vio la luz em Toledo en 1283.

lunes, 12 de junio de 2017

UN CUENTO DE LA VIEJA ESPAÑA


«Un cuento de la vieja España» es un poema del norteamericano Tudor Jenks publicado en junio de 1882 en la revista juvenil St. Nicholas con Ilustraciones de Reginal Bathurst Birch.

El poema esta basado en una leyenda sobre la entronización del decimocuarto sultán nazarí de Granada, Yūsuf III.

Comienza el siglo XV en el último bastión del poder musulmán en la península ibérica, el reino nazarí de Granada. Yúsuf lleva dieciséis años prisionero en el castillo de Xalabania (Salobreña) por orden de su hermano Muḥammad VII, quien le ha despojado de sus legítimos derechos dinásticos. Yūsuf está jugando al ajedrez con el alcaide y el rumbo de la partida le es muy desfavorable. 
—Tu rey está cercado —dijo el alcaide—. La partida es mía.
—La partida no está definitivamente perdida hasta que el juego no acaba —contestó Yūsuf.
—Pero mira, has perdido una torre, un caballo y un peón. Y acabas de perder la otra torre. Además —dijo moviendo la dama— recibirás mate en tres jugadas hagas lo que hagas.
En ese momento, un mensajero interrumpe la partida. Muḥammad sintiendo la proximidad de la muerte y queriendo asegurar la sucesión del trono para su hijo ha ordenado eliminar a todos los posibles pretendientes. Su hermano Yūsuf, que es el legítimo heredero, el primero. Por ello ordena al alcaide de Xalabania que ejecute al prisionero inmediatamente y que le envíe como prueba su cabeza con el mismo mensajero que ha llevado la noticia. Pese a que el alcaide siente afecto por Yūsuf, debe cumplir los deseos del sultán. El príncipe pide permiso para despedirse de familiares y amigos pero le es denegado. La ejecución se emplaza para dentro de una hora.
—Está bien —replicó tranquilamente Yūsuf— hasta que esa hora se cumpla mi tiempo es mío. Sigamos con el juego hasta perder o ganar.
El alcaide, conmovido en lo más profundo por la entereza de Yūsuf y con los ojos anegados en lágrimas, ha perdido totalmente la concentración. Va perdiendo pieza tras pieza y termina recibiendo jaque mate. 
—Ya has visto que «la partida no está definitivamente perdida hasta que el juego no acaba» —dijo sonriente Yūsuf.
 —Lamento que el juego haya terminado —suspiró el alcaide.
 —Ten confianza —replicó calmadamente Yūsuf— aún quedan cinco minutos.
El plazo ha expirado y el verdugo está preparado para cumplir con su trabajo. Yūsuf ya tiene su cabeza en el tajo cuando otro mensajero entra apresuradamente en escena y ordena detener la ejecución. Muḥammad había fallecido el la Alhambra y el pueblo estaba aclamando a su hermano. Yūsuf era el nuevo sultán de Granada.
 —Alcaide —recuerda Yūsuf— la noche nunca llega antes de que se ponga el sol y «la partida no está definitivamente perdida hasta que el juego no acaba».


Tiene todo el aspecto de ser una leyenda ya que las crónicas contemporáneas, como La crónica de Juan II, no hacen referencia al tema al hablar de la muerte de Muḥammad VII, limitándose a decir que falleció «de su dolencia» y que se mandó llamar a su hermano, preso en Salobreña, para ocupar el trono. Los cronistas posteriores incluyeron la anécdota del ajedrez, posiblemente para enaltecer la figura del nuevo sultán. Lo más probable es que Muḥammad falleciera envenenado víctima de una conjura palaciega encabezada por los partidarios de su hermano Yūsuf quien, recordémoslo, había sido despojado de sus derechos de forma violenta por Muḥammad.

Para terminar solo mencionar que en el ajedrez medieval no existía la dama sino el firzān (alferza). La dama no se incorporaría al juego hasta finales del siglo XV. La inclusión en el poema de esta pieza por parte de Tudor Jenks es, por lo tanto, un anacronismo.

miércoles, 5 de abril de 2017

AJEDREZ EN LA ALHAMBRA


Parte de la decoración de una de las cúpulas de la Sala de los Reyes, dentro del conjunto del Palacio de los Leones, en la Alhambra de Granada. La pintura muestra una partida de ajedrez disputada en un jardín delante de un castillo entre un caballero y una dama mientras, detrás de ellos, un paje y una doncella observan la partida desde las ventanas de las torres.

Estas pinturas se realizaron en la época del octavo sultán nazarí de Granada, Abu Abd Allah Muhammad Ibn Yusuf, conocido como Muhammad V, quien reinó en el último de los reinos islámicos de la Península Ibérica en dos periodos distintos, entre 1354 y 1359 y entre 1362 y 1391. Las pinturas demuestran la influencia de los reinos cristianos del norte, tanto en la temática como en la técnica, y son un raro ejemplo de temática figurativa dentro del arte islámico.

Las obras están realizadas sobre piel pegada a la madera que recubre el interior de las cúpulas y representan escenas caballerescas y a distintos personajes musulmanes. El material empleado y las dificultades de mantener unas condiciones climáticas estables en un edificio como la Alhambra, hacen que las pinturas estén en un crítico estado de conservación. A principios del siglo XXI se han tomado medidas para restaurarlas e intentar conservarlas adecuadamente. 

El tema de la partida de ajedrez galante entre el caballero y su dama es muy común en el arte medieval. En este caso tiene la particularidad, como podemos ver en los detalles del caballero y la dama que siguen, de que la partida se está realizando en un tablero sin piezas.






viernes, 27 de mayo de 2016

PEÓN DE REY


«Peón de rey» es una novela de Pedro Jesús Fernández publicada en 1998. El título de la obra se refiere a uno de los grandes tópicos de la literatura que emplea como recurso argumental, metafórico o expresivo el ajedrez: la manipulación de las personas como simples trebejos al servicio de un plan que se les escapa y en el que sólo son instrumentos de una voluntad ajena. En este caso, el título además es descriptivo de la trama de la obra, ya que su protagonista, Raoul de Hinault, es un instrumento, un peón, de Alfonso X «el Sabio», el rey ajedrecista por antonomasia. 

El libro presenta una intriga de corte policíaco en la que el protagonista debe realizar una investigación con el propósito de descubrir la verdad sobre un crimen. En sus elucubraciones, identifica la intriga entera como un problema de ajedrez que debe resolver. Así, en un momento dado de la acción reflexiona: «Yo iba abstraído, contemplando la situación y empezando a encajar las piezas de aquel complicado tablero de ajedrez». 

Esta comparación entre los problemas del mundo real y los problemas de ajedrez, es también tópica en la literatura. Más explícito aún, en el sentido de lo escrito anteriormente, es el comentario de Raoul, ya seguro del  verdadero alcance de su misión, en el que se queja de los errores a los que su vanidad le ha llevado: «haciéndome creer que era parte fundamental de una partida de ajedrez, en la que me creí visir y sólo era peón» hasta asumir su verdadero papel en la trama: «el de una pieza capaz de moverse y realizar ataques por sí misma, pero en todo caso, mero instrumento de un programa mucho más global».

Aparte de esto, Pedro Jesús Fernández relata, por boca del propio rey «Sabio», una anécdota legendaria en la que se explica cómo la ciudad de Sevilla se salvó de ser conquistada por las tropas de Alfonso VI de León, llamado «el Bravo», gracias a la derrota al ajedrez que sufrió el propio rey a manos de Abū Bakr Muḥammad ibn ˁAmmār (Abenámar, Abenámar, moro de la morería), visir de la taifa sevillana del rey poeta Muhammad ibn ‘Abbad al-Mu‘tamid.

Según las crónicas, ante la inminente llegada de los ejércitos cristianos, ibn ˁAmmār mandó construir un juego de ajedrez de ébano y sándalo incrustado de oro e hizo llegar a Alfonso noticia de su existencia. El rey pidió ver dicho juego, quedó prendado de él e intentó adquirirlo. Ibn ˁAmmār propuso una partida en la que, si salía perdedor, entregaría el juego a Alfonso, pero si ganara, se reservaría el derecho a hacer una petición al rey. El rey leonés rehusó, temeroso de no poder cumplir las peticiones de ibn ˁAmmār, pero algunos nobles, sobornados por el oro andalusí y engañados por ibn ˁAmmār sobre sus verdaderas pretensiones, influyeron decisivamente en Alfonso y este, finalmente, aceptó el reto. Ibn ˁAmmār ganó la partida y pidió la retirada de los ejércitos cristianos. Aunque la cólera de Alfonso fue notable y, en un principio, pareció no estar dispuesto a cumplir su juramento, los consejos de sus nobles le recordaron que el más grande de los reyes de la cristiandad no podía faltar a su palabra y deshonrarse.

No le quedó más remedio a Alfonso que retirar a sus hombres, aunque se quedó con el juego de ajedrez y, de pasó, aprovechó para doblar el tributo que el rey sevillano le entregaba anualmente.

A propósito de éste último, la novela también recoge un poema suyo que hace mucho al caso:

Todo tiene su término fijado, y hasta 
muere la muerte como mueren las cosas.
El destino tiene el color del camaleón,
hasta su estado fijo es mudadero.
Somos para su mano un juego de ajedrez;
quizá se pierde el rey por causa de un peón.     

Se supone que al-Mu‘tamid escribió este poema en la cárcel norteafricana donde fue conducido por los conquistadores almorávides. En él se aprecia la idea del ajedrez como metáfora del destino, que tiene un larga tradición que se remonta hasta Omar Jayyam y llega, como poco, hasta Borges; y se apuntan otros como el simbolismo de las piezas y la representación de las distintas clases sociales por éstas. Pero, esto será tema de otras entradas.

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La portada del libro de Pedro Jesús Fernández reproduce el folio 82 recto del "Libro de los Juegos" de Alfonso X, «el Sabio». Representa el llamado Gran Ajedrez que se disputa en un tablero de 12x12 casillas.

La anécdota de la partida entre ibn ˁAmmār y Alfonso VI se recoge en Claudio Sánchez Albornoz y Aurelio Viñas. “Lecturas históricas españolas”, Madrid, 1981, pp. 65-66., basada en las “Crónicas árabes y cristianas recogidas por Dozy”.




FICHA TÉCNICA
PEDRO JESÚS FERNÁNDEZ
PEÓN DE REY
ALFAGUARA. MADRID, 1998

lunes, 22 de junio de 2015

DE VARIA INVENCIÓN LXXXVIII

Ensanchad los corazones, porque es el ajedrez estímulo de perezosos.
Al-Ḥasan ibn abī al-Ḥasan al-Baṣrī. Cadí de Basora †110 de la hégira (728)


La miniatura corresponde al folio 14 recto del Libro de acedrex, dados e tablas, compilado en Toledo en 1283 por orden de Alfonso X de Castilla, llamado el Sabio, también rey de Toledo, de León, de Galicia, de Sevilla, de Córdoba, de Murcia, de Jaén y del Algarve.

sábado, 2 de julio de 2011

AL-MUTAMID

Muhammad ibn ‘Abbad al-Mu‘tamid fue el tercer y último rey de la dinastía abadí de la Taifa de Sevilla.  Nacidos de la desmembración del califato de Córdoba, los  reinos de taifas pronto se vieron envueltos en multitud de guerras entre ellos mismos que contribuyeron a mermar su capacidad militar para defenderse de los emergentes reinos cristianos.  

El reinado de al-Mutamid se caracterizó por una política expansiva hacia los reinos de taifas vecinos, que fue conquistando uno a uno, y una defensiva frente a los reinos cristianos del norte a los que intentaba contener mediante el pago de parias.

Aunque más que el ardor guerrero, a al-Mutamid lo que le gustaba sobre todo era la poesía. Se había educado con el poeta y aventurero Abū Bakr Muḥammad ibn ˁAmmār (el Abenámar, Abenámar del romancero) que se convertiría durante muchos años en su mentor, visir, amigo y, eventualmente, amante. Su corte en Sevilla se convirtió en uno de los focos culturales más importantes de la Edad Media y reunió a su alrededor a poetas, científicos e intelectuales. El propio rey escribió una importante obra poética.

Aunque legendaria, no deja de ser interesante la historia que cuenta la defensa de Sevilla ante el cerco de Alfonso VI de León, dicho El Bravo, en 1078. La anécdota fue publicada por Claudio Sánchez Albornoz y Aurelio Viñas en sus "Lecturas de Historia de España" (Plutarco. Madrid, 1929) recogiendo material recopilado por el arabista holandés Reinhart Dozy.

Según las crónicas, ante la inminente llegada de los ejércitos cristianos, Ibn Ammar mandó construir un juego de ajedrez de ébano y sándalo incrustado de oro e hizo llegar a Alfonso noticia de su existencia. El rey pidió ver el juego y quedó prendado de él por lo que intentó adquirirlo. Ibn Ammar propuso entonces una partida en la que si salía perdedor entregaría el juego a Alfonso, pero si ganaba se reservaba el derecho a hacer una petición al rey. Alfonso rehusó, temeroso de no poder cumplir las peticiones de Ibn Ammar, pero algunos nobles, sobornados por el oro andalusí y engañados por Ibn Ammar sobre sus verdaderas pretensiones, influyeron decisivamente en Alfonso y este, finalmente, aceptó el reto. Ibn Ammar ganó la partida y pidió la retirada de los ejércitos cristianos. Aunque la cólera de Alfonso fue notable y en un principio pareció no estar dispuesto a cumplir su promesa, los consejos de los castellanos le recordaron que el más grande de los reyes de la cristiandad no podía faltar a su palabra y deshonrarse. No le quedó pues más remedio a Alfonso que retirar a sus hombres, aunque se quedó con el juego de ajedrez y, de paso, aprovechó para doblar el tributo que el rey sevillano le entregaba anualmente.


Pese a todo, la presión militar de Alfonso se fue haciendo insostenible para las taifas por lo que al-Mutamid decidió llamar en su ayuda a los almorávides quienes, al mando del emir Yusuf ibn Tasufin Násir ad-Din ibn Talakakinin, consiguieron derrotar a los castellano-leoneses en 1086. Desgraciadamente para al-Mutamid, los almorávides (monjes soldado partidarios de una interpretación rigorista del Islam) volvieron cuatro años después, esta vez sin ser invitados, y comenzaron la conquista de las taifas andalusíes. Poco sensibles a la poesía, y menos al ajedrez, depusieron a al-Mutamid y lo enviaron a prisión en Agmat en el sur del actual Marruecos.


Al-Mutamid pasó sus últimos años escribiendo poesía y añorando su "reino hermoso junto a un río", como cantara Carlos Cano.


Uno de sus últimos poemas, que refleja la desolación del exilio y el presagio de la muerte, contiene el tópico de la vida como un juego de ajedrez contra el destino que nos recuerda el famoso rubaiyat de Omar Jayyan de quien fue contemporáneo.


Todo tiene su término fijado, y hasta
muere la muerte como mueren las cosas.
El destino tiene el color del camaleón,
hasta su estado fijo es mudadero.
Somos para su mano un juego de ajedrez;
quizá se pierde el rey por causa de un peón.
Que la tierra se hace erial, los hombres mueren.
Dile a este mundo vil:
Secreto de Ultramundo, Agmat lo esconde...