Mostrando entradas con la etiqueta ALFONSO X EL SABIO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ALFONSO X EL SABIO. Mostrar todas las entradas

martes, 5 de febrero de 2019

SETENARIO

El Setenario es un libro jurídico (aunque toca también otras materias) de Alfonso X,  rey llamado el Sabio, (1221-1284) mandado componer por su padre, Fernando III, este llamado el Santo, (1201-1252) y que recibe su nombre de que todo su contenido está articulado a partir del número siete. Siete consejos, siete virtudes, siete...

La primera parte del libro es un elogio de Fernando III. Entre otras cosas, Alfonso dice de su padre:
Era muy sabidor de caçar toda caça ; otrosí de jugar tablas e ascaques e otros juegos buenos de muchas maneras.
Ascaques es, por supuesto, el ajedrez.


Folio 47 verso del Libro de Acedrex, dados y tablas. Sevilla, 1284
El hombre lleva los emblemas de la casa real en su tocado por lo que se suele admitir que es un rey


FICHA TÉCNICA
ALFONSO EL SABIO
SETENARIO
EDICIÓN E INTRODUCCIÓN DE KENNETH H. VANDERFORD 
INSTITUTO DE FILOLOGÍA. BUENOS AIRES, 1945

viernes, 27 de mayo de 2016

PEÓN DE REY


«Peón de rey» es una novela de Pedro Jesús Fernández publicada en 1998. El título de la obra se refiere a uno de los grandes tópicos de la literatura que emplea como recurso argumental, metafórico o expresivo el ajedrez: la manipulación de las personas como simples trebejos al servicio de un plan que se les escapa y en el que sólo son instrumentos de una voluntad ajena. En este caso, el título además es descriptivo de la trama de la obra, ya que su protagonista, Raoul de Hinault, es un instrumento, un peón, de Alfonso X «el Sabio», el rey ajedrecista por antonomasia. 

El libro presenta una intriga de corte policíaco en la que el protagonista debe realizar una investigación con el propósito de descubrir la verdad sobre un crimen. En sus elucubraciones, identifica la intriga entera como un problema de ajedrez que debe resolver. Así, en un momento dado de la acción reflexiona: «Yo iba abstraído, contemplando la situación y empezando a encajar las piezas de aquel complicado tablero de ajedrez». 

Esta comparación entre los problemas del mundo real y los problemas de ajedrez, es también tópica en la literatura. Más explícito aún, en el sentido de lo escrito anteriormente, es el comentario de Raoul, ya seguro del  verdadero alcance de su misión, en el que se queja de los errores a los que su vanidad le ha llevado: «haciéndome creer que era parte fundamental de una partida de ajedrez, en la que me creí visir y sólo era peón» hasta asumir su verdadero papel en la trama: «el de una pieza capaz de moverse y realizar ataques por sí misma, pero en todo caso, mero instrumento de un programa mucho más global».

Aparte de esto, Pedro Jesús Fernández relata, por boca del propio rey «Sabio», una anécdota legendaria en la que se explica cómo la ciudad de Sevilla se salvó de ser conquistada por las tropas de Alfonso VI de León, llamado «el Bravo», gracias a la derrota al ajedrez que sufrió el propio rey a manos de Abū Bakr Muḥammad ibn ˁAmmār (Abenámar, Abenámar, moro de la morería), visir de la taifa sevillana del rey poeta Muhammad ibn ‘Abbad al-Mu‘tamid.

Según las crónicas, ante la inminente llegada de los ejércitos cristianos, ibn ˁAmmār mandó construir un juego de ajedrez de ébano y sándalo incrustado de oro e hizo llegar a Alfonso noticia de su existencia. El rey pidió ver dicho juego, quedó prendado de él e intentó adquirirlo. Ibn ˁAmmār propuso una partida en la que, si salía perdedor, entregaría el juego a Alfonso, pero si ganara, se reservaría el derecho a hacer una petición al rey. El rey leonés rehusó, temeroso de no poder cumplir las peticiones de ibn ˁAmmār, pero algunos nobles, sobornados por el oro andalusí y engañados por ibn ˁAmmār sobre sus verdaderas pretensiones, influyeron decisivamente en Alfonso y este, finalmente, aceptó el reto. Ibn ˁAmmār ganó la partida y pidió la retirada de los ejércitos cristianos. Aunque la cólera de Alfonso fue notable y, en un principio, pareció no estar dispuesto a cumplir su juramento, los consejos de sus nobles le recordaron que el más grande de los reyes de la cristiandad no podía faltar a su palabra y deshonrarse.

No le quedó más remedio a Alfonso que retirar a sus hombres, aunque se quedó con el juego de ajedrez y, de pasó, aprovechó para doblar el tributo que el rey sevillano le entregaba anualmente.

A propósito de éste último, la novela también recoge un poema suyo que hace mucho al caso:

Todo tiene su término fijado, y hasta 
muere la muerte como mueren las cosas.
El destino tiene el color del camaleón,
hasta su estado fijo es mudadero.
Somos para su mano un juego de ajedrez;
quizá se pierde el rey por causa de un peón.     

Se supone que al-Mu‘tamid escribió este poema en la cárcel norteafricana donde fue conducido por los conquistadores almorávides. En él se aprecia la idea del ajedrez como metáfora del destino, que tiene un larga tradición que se remonta hasta Omar Jayyam y llega, como poco, hasta Borges; y se apuntan otros como el simbolismo de las piezas y la representación de las distintas clases sociales por éstas. Pero, esto será tema de otras entradas.

_________________________________________________________

La portada del libro de Pedro Jesús Fernández reproduce el folio 82 recto del "Libro de los Juegos" de Alfonso X, «el Sabio». Representa el llamado Gran Ajedrez que se disputa en un tablero de 12x12 casillas.

La anécdota de la partida entre ibn ˁAmmār y Alfonso VI se recoge en Claudio Sánchez Albornoz y Aurelio Viñas. “Lecturas históricas españolas”, Madrid, 1981, pp. 65-66., basada en las “Crónicas árabes y cristianas recogidas por Dozy”.




FICHA TÉCNICA
PEDRO JESÚS FERNÁNDEZ
PEÓN DE REY
ALFAGUARA. MADRID, 1998

lunes, 22 de junio de 2015

DE VARIA INVENCIÓN LXXXVIII

Ensanchad los corazones, porque es el ajedrez estímulo de perezosos.
Al-Ḥasan ibn abī al-Ḥasan al-Baṣrī. Cadí de Basora †110 de la hégira (728)


La miniatura corresponde al folio 14 recto del Libro de acedrex, dados e tablas, compilado en Toledo en 1283 por orden de Alfonso X de Castilla, llamado el Sabio, también rey de Toledo, de León, de Galicia, de Sevilla, de Córdoba, de Murcia, de Jaén y del Algarve.

domingo, 10 de febrero de 2013

EL PROBLEMA DE DILARAM


Cuenta Murray, el más importante historiador del ajedrez, que a finales del siglo XIX los miembros de las tribus nómadas de Siberia -los samoyedos, los tunguses, los yakutos- eran unos apasionados jugadores de todo tipo de juegos de tablero, especialmente de ajedrez. Citando al antropólogo de la Universidad de San Petersburgo Perdolsky, nos cuenta que las partidas eran seguidas con gran interés por todos los miembros de la tribu quienes contemplaban el cotejo, que podía durar más de un día, en un absoluto silencio que solo se rompía cuando alguno de los jugadores realizaba una jugada que era inmediatamente jaleada por sus partidarios.

Por supuesto, jugaban por apuestas. El entusiasmo de los espectadores hacía que a veces el importe de éstas subiera desorbitadamente hasta causar la ruina del perdedor. En un mal día, uno podía empezar por perder sus renos, luego sus perros, luego sus ropas y el resto de sus pertenencias para terminar, al final, perdiendo a su mujer. Por una apuesta, se entiende, no porque la mujer se hartara de verlo jugar tan mal al ajedrez.

Esto de jugarse la mujer al ajedrez tiene venerables precedentes.

El siguiente diagrama ilustra el conocido mansuba al-jariya o problema de la doncella, aunque con el tiempo ha terminado por ser conocido por el nombre de su protagonista: Dilaram. 




Atribuido a as-Suli [Abu Bakr Mohamed ibn Yahya al-Suli (880-946)], el principal tratadista y jugador de shatranj del Islam medieval, fue compuesto en el siglo IX, probablemente en la corte de Bagad durante el califato abasí. Pronto se convirtió en clásico y aparece con ligeras variantes en todos los repertorios de ajedrez árabe y, con posterioridad, en centenares de composiciones de ajedrez medieval europeo.

En un manuscrito atribuido a al-Lajlaj, el principal discípulo de as-Suli, acompaña al problema, como era frecuente en la tradición islámica, una pequeña composición literaria: la historia de Dilaram.

Dilaram era la favorita de un príncipe árabe que, como los siberianos de los que nos habla Murray, perdía partida tras partida y apuesta tras apuesta. Una vez, enfrentado a un noble que era un fuerte jugador de ajedrez, la suerte le fue desfavorable y sus pérdidas enormes. En la partida decisiva, despojado ya de todos sus bienes, decide jugarse a Dilaram (nombre que según los que saben de lenguas significa “alegría del corazón”).

Como no podía ser menos, la partida tomó un rumbo totalmente desfavorable al marido de Dilaram y llegó a una situación desesperada en la que su contrario iba a derrotarlo en su siguiente movimiento. Justo la posición del diagrama que mostramos hace unos párrafos.

La partida parece perdida, las negras amenazan un mate en una, que no se puede defender, mediante 1... Ta2, 1... Ta7 o, incluso, llevando cualquiera de las dos torres a b4. Pero Dilaram, para sorpresa de propios y extraños, no quiso separarse de su marido y le dijo, quizá de forma poco deportiva para los criterios actuales: "sacrifica tus torres, no a mí". El marido entendió el sabio consejo de Dilaram y jugó: 1. Th8 Rh8 2. Af5 Rg8 3. Th8 Rh8 4. g7 Rg8 5. Ch6 mate. Así logró salvar sus bienes y a la más querida de sus esposas.



Ilustración moderna del problema de Dilaram, obra de la artista rusa Ludmila Gavrilova.

Para comprender cabalmente la solución hay que recordar que en el ajedrez medieval el alfil movía dos casillas en diagonal, saltando la intermedia, y que podía saltar sobre las piezas de ambos bandos.



Sin duda, las más bellas ilustraciones del problema de Dilaram se encuentran en los "Libros de acedrex, dados y tablas" compilados bajo la dirección de Alfonso X el Sabio y publicados en Sevilla en 1283.

La siguiente miniatura corresponde al problema 54 (folio XXXVIII, recto) de dicho libro. Dos nobles árabes, que bien pudieran ser el marido de Dilaram y su rival (aunque en el texto no se haga ninguna referencia a la historia), se enfrentan ante el tablero. La posición es una variante del antiguo problema de as-Suli.

Problema 54 de los "Libros de Acedrex, dados y tablas":


El diagrama siguiente, compuesto con las fuentes que Armando Hernández Marroquín diseñó inspirándose en el libro de Alfonso X, muestra con mayor claridad la posición:



Y en este otro diagrama se muestra la posición utilizando piezas modernas:


Es, evidentemente, una posición compuesta a partir del problema de as-Suli en la que se han acumulado incluso demasiadas piezas negras en torno al indefenso rey blanco, probablemente con la intención de acentuar lo desesperado de su posición y realzar así la solución salvadora. Desde el punto de vista estético, sin embargo, desmerece un poco ya que no se entiende por qué no dieron mate las negras en su última jugada. 

La solución ofrecida por Alfonso X (folio XXXVII, verso) y que en el libro precede a la  miniatura es la siguiente:
Este es otro iuego departido en que a treze trebeios que han de seer entablados assi como esta en la figura del entablamiento & an se de iogar desta manera. Los blancos iuegan primero & dan mate al Rey prieto en cinco uezes de los sus iuegos mismos en la casa do esta entablado. El primero iuego es dar la xaque con el Roque blanco en la casa del Roque prieto & tomar lo a el Rey prieto por fuerça. El segundo iuego dar la xaque en descubierto poniendo el alffil blanco en la quarta casa del alffil prieto & tornara el Rey prieto en la casa de so cauallo. El tercero iuego dar la xaque con el Roque blanco en la casa del Roque prieto & tomarlo a el Rey prieto por fuerça. El quarto iuego dar la xaque con el peon blanco en la segunda casa del cauallo prieto & tornara el Rey prieto en la casa de so cauallo. El quinto iuego dar la xaque & mathe con el cauallo blanco en la tercera casa del Roque prieto. E si los blancos erraren de dar xaque cada uez al Rey prieto es el Rey blanco mathe al primero iuego dandol xaque con el Roque prieto que esta en la segunda casa del cauallo blanco poniendol en la casa del cauallo blanco o en la segunda casa del Roque blanco. Este es el departimiento deste iuego & esta es la figura del entablamiento.

La solución en lenguaje actual sería: 

1. Th8 Rh8 2. Af5 Rg8 3. Th8 Rh8 4. g7 Rg8 5. Ch6 mate.

Como muestra del éxito de la composición de as-Suli, en el mismo manuscrito encontramos más ejemplos inspirados en ella. La miniatura que contiene el problema 57 (folio XXXIX, recto) es otra versión del mismo. Aquí los rivales son dos princesas de Castilla.

Problema 57 de los "Libros de Acedrex, dados y tablas":


En la misma línea que el original y que la versión anterior del propio manuscrito, el bando que es mano, en este caso las negras, está amenazado de un mate en una imparable con 1. Ta8. El esquema de mate es idéntico al que se da en los anteriores problemas después del primer sacrificio de torre: 1... Af4 2. Ch5 (con el único propósito de retrasar una jugada el mate y cumplir con el enunciado de mate en cinco) 2. ... Th5 3. Rg1 Th1 4. Rh1 g2 5. Rg1 Ch3 mate.

Otra versión se encuentra en el folio LVI, recto. Aquí se enfrentan dos mujeres nobles cristianas:

Problema 90 de los "Libros de Acedrex, dados y tablas":


Aunque el esquemas es básicamente el mismo, aquí el el caballo el que da el jaque a la descubierta que permite el segundo sacrificio de torre: 1... Ta1 2. Ra1 Cb5 3. Rb1 Ta1 4. Ra1 b2 5. Rb1 Ca3 mate

Y todavía en el problema 100 (folio LXII, recto) podemos encontrar otro ejemplo aunque en éste hay hay autores que disienten sobre su inclusión en lo que podríamos llamar tema Dilaram.


Problema 100 de los "Libros de Acedrex, dados y tablas":


La solución aportada en el manuscrito es la siguiente:
Este es otro iuego departido en que a onze trebeios que han a seer entablados assi como estan en la figura dell entablamiento & han se di iogar desta guisa. Los prietos iuegan primero & dan mathe al Rey blanco en çinco uezes o menos con los sus iuegos mismos si los blancos no lo sopieren alongar. Ca si los blancos iogassen primero darien mathe al Rey prieto al primero iuego con el Roque blanco poniendolo en casa del Roque prieto. El primer iuego es dar la xaque en descubierta con ell alffil prieto que esta en la tercera casa del Roque prieto poniendolo en la quarta casa del alffil blanco. E por alongar el mathe encubrirsa con su Roque que esta en la segunda casa del cauallo prieto. El segundo iuego tomarlo a el Rey prieto con su Roque & darla xaque. Otrossi por alongar el mathe encubrirsa con el otro su Roque blanco que esta en la tercera casa del Roque prieto poninedolo en la tercera casa dell otro Roque prieto. El tercer iuego tomarlo ha el rey prieto con su Roque & dar la xaque e entrara el Rey blanco por fuerça en la casa de su cauallo. El quarto iuego iogara el Rey prieto con su Roque en la tercera casa dell otro roque prieto & iogara el Rey blanco si quisiere o con cual quiere de sus peones. El quinto iuego darla xaque & mathe con el Roque prieto poniendolo en la casa del Roque blanco. E este es el departimiento deste iuego & esta es la figura del entablamiento.
Lo que en notación algebraica diríamos así:

1. ... Ac4 2. Ta2 Ta2 3. Ta3 (como explica el texto, las dos primeras jugadas del blanco solo tienen como objetivo alargar el juego y permitir que se cumpla el enunciado de mate en cinco) 3. ... Ta3 4. Rb1 Th3 y sea cual sea la jugada del blanco seguiría 5. ... Th1 con mate.

Debido a esta solución, Sonja Musser, autora de un excelente ensayo sobre el manuscrito de Alfonso X (Los Libros de Acedrex, Dados e Tablas: Historical, Artistic and Metaphysical Dimensions of Alfonso X's "Book of Games", Universisad de Arizona, 2007) cree erróneo incluir este problema dentro del tema Dilaram. 

Sin embargo, el MI e historiador español Ricardo Calvo en "El libro de los juegos de Alfonso X el Sabio" (Patrimonio Nacional. Valencia, 1987) no duda en incluirlo debido a la solución dual que sin duda existe:

1. ... Ac4 2. Ta2 Ta2 3. Ta3 Ta3 4. Rb1 Ta1 5. Ra1 b2 6. Rb1 Ca3 mate

Desde mi punto de vista la existencia de una solución dual no impide que el problema pueda adscribirse al tema Dilaram. El solucionista enfrentado al problema puede encontrar una u otra solución (o ambas) y parece difícil pensar que la posición no esté inspirada por la composición de as-Suli.





lunes, 12 de mayo de 2008

LA FARSA DEL CORNUDO APALEADO

La vida de las mujeres en la Edad Media no fue lo que se dice fácil. Alejadas de la vida pública y encerradas en casa a cargo de las labores domésticas hasta el espacio en el que se desarrollaba su ocio estaba circunscrito tras los muros del hogar. El ajedrez en este contexto se consideró un juego conveniente para ellas.

El prólogo del Libro de acedrex, dados y tablas, de Alfonso X, el Sabio, no deja dudas sobre las razones de esta conveniencia:

Los otros iuegos que se fazen seyendo; son assi como iogar acedrex & tablas & dados & otros trebejos de muchas maneras. E como quiere que todos estos iuegos son muy buenos cadaunos en el tiempo & en el logar o conuienne; pero por que estos iuegos que se fazen leyendo son cutianos & se fazen tan bien de noche como de dia; & porque las mugieres que non caualgan & estan encerradas an de usar desto.

Así pues, hay juegos que se hacen de pie: la caza, la esgrima, correr, saltar, etc., convenientes para los hombres; y juegos que se hacen sentados: el ajedrez, y otros juegos de tablero fundamentalmente, buenos para las mujeres que no cabalgan y están encerradas.

Que las mujeres jugaban al ajedrez nos lo prueba la abundancia de representaciones femeninas practicándolo que hay en el arte y la literatura medievales. A modo de ejemplo, una miniatura del propio libro de Alfonso X.


Y, claro, si el ajedrez era conveniente para las damas también lo era para sus pretendientes. El juego del ajedrez se convirtió en el escenario donde se llevaba a cabo el juego galante, el cortejo. Los poetas pronto lo convirtieron en “la alegoría del juego cortés de la conquista de la dama”, como dice el investigador mexicano Axayácatl Campos en El simbolismo del juego de ajedrez en Tristán de Leonís. Las representaciones de hombres y mujeres jugando al ajedrez se multiplicaron en el arte medieval. Como tendremos ocasión de ver es este blog, espero.

Un ejemplo que viene al pelo para ilustrar este juego de seducción lo constituye la siguiente miniatura inspirada en un pasaje del Decameron. Concretamente en uno de la jornada séptima, que lleva como subtítulo: De las burlas que por amor han hecho las mujeres a sus maridos.


La novela séptima cuenta la historia de Ludovico, un joven noble florentino, que habiendo oído hablar de la belleza de la esposa del mercader Egano, Beatriz, se emplea al servicio de aquel bajo el nombre ficticio de Aniquino, para poder acercarse a aquella. Y sucedió un día que…

Sucedió un día que, habiendo ido Egano de cetrería y quedándose Aniquino en casa, doña Beatriz, que de su amor no se había apercibido todavía por mucho que para sí misma, mirándole a él y a sus maneras, muchas veces le había elogiado y le agradase, se puso con él a jugar al ajedrez; y Aniquino que agradarle deseaba, muy diestramente se dejaba vencer; de lo que la señora hacía maravillosas fiestas. Y habiéndose apartado de mirarlos jugar todas las damas de la señora y dejándolos jugando solos, Aniquino lanzó un grandísimo suspiro.

La señora, mirándolo, dijo:

—¿Qué tienes, Aniquino? ¿Tanto te duele que te venza?

—Señora –repuso Aniquino-, mucho mayor cosa que lo es ésta fue la razón de mi suspiro.

Y así fue cómo pasó lo que pasó.

La escena que se desarrolla a la derecha de la ilustración corresponde a otro pasaje de la misma novela. Egano, para poner a prueba la fidelidad de de su mujer, se disfraza con las ropas de ésta y fingiendo ser ella se insinúa a Aniquino. Éste, que estaba apercibido de la treta, se hace el ofendido y aparentando proteger el honor de su señor proporciona a Egano una buena somanta de palos. La verdad es que se lo merecía. Por cretino.

El título de esta entrada es robado, como suele ser habitual en este blog. En este caso de la obra homónima de Alejandro Casona, que el lector interesado puede leer aquí, y que no es sino una recreación de la séptima novela de la séptima jornada del Decameron de Giovanni Bocaccio.