sábado, 5 de septiembre de 2026

PIEZAS


Es un tópico literario bien establecido convertir las piezas de ajedrez en símbolos de la vida de las personas. Lo hemos visto infinidad de veces en ARTEDREZ. El microcosmos del tablero de ajedrez se corresponde con el macrocosmos de la vida real.

Esta idea está desarrollada de manera notable en el cómic Piezas, de Víctor L. Pinel, editado originalmente en francés bajo el título de Échecs (Bamboo, 2023) y publicado en castellano, con traducción del propio autor, por Nuevo Nueve (Madrid, 2024).

Una serie de personajes insatisfechos, desubicados e inseguros ante la vida que les ha tocado en suerte serán los trebejos de esta historia. Cada uno de ellos tendrá una pieza asignada y sus conflictos serán abordados en función de las características de esta.

Creemos que aquí radica la principal debilidad de la obra, pues la vida de cualquier persona se presta mal a constreñirse a las reglas rígidas e inamovibles del ajedrez. Sería tanto como negar cualquier atisbo de libertad individual. Sin embargo, la  obra cuenta con unos personajes bien definidos, que evolucionan de manera coherente con los acontecimientos narrados, y una dramaturgia —si tal término teatral puede aplicarse al cómic— excelente, salvo por unos pequeños detalles relacionados con cuestiones ajedrecísticas.

El tablero está mal colocada, a la derecha tiene que ir una casilla blanca.

El hilo conductor lo constituyen una anciana ajedrecista, enferma terminal, amargada, solitaria y gruñona, recluida en una residencia, y un joven voluntario que intenta hacer más llevadero su día a día. La señora Dubois le enseñará a jugar al ajedrez y, a través de ese proceso, veremos cómo se va desenmarañando la vida de los distintos protagonistas.

De nuevo, el tablero mal colocado

Con todo, las comparaciones generales entre la vida y el juego resultan mucho más acertadas, aunque una jugadora del nivel de la señora Dubois nunca capturaría una pieza derribándola con otra.


Y desde luego, los soldados son piezas fácilmente sacrificables:


Y la coronación de un peón puede simbolizar una mejora material o espiritual:


Y la reflexión final, pese a ser de plena actualidad en el mundo del ajedrez, no deja de darnos la razón en lo que decíamos al principio: un alfil no puede dejar de moverse por casillas de un mismo color; una persona, sí. Y sin necesidad de hacer trampas —algo poco elegante—, aunque sea la simpática señora Dubois la culpable.

Aquí el tablero está bien colocado. ¡Hurra!

FICHA TÉCNICA
VÍCTOR L. PINEL
PIEZAS
NUEVO NUEVE. MADRID, 2024

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