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miércoles, 23 de enero de 2019

UNA PARTIDA DE AJEDREZ


Pintor norteamericano afincado en París, donde estudió con Gérôme, Edwin Lord Weeks (1849-1903) es uno de los más destacados artistas de temática orientalista de su país. Viajó frecuentemente por el norte de África y el Próximo Oriente en busca de temas para sus lienzos.

Poco antes de su prematura muerte, Weeks había empezado una serie de lienzos basados en Las mil y una noches. A esta serie pertenece sin duda esta «partida de ajedrez» de la que no se sabe la fecha concreta de realización pero que pertenece a la última fase de su producción.


FICHA TÉCNICA
EDWIN LORD WEEKS
A GAME OF CHESS, S/F
ÓLEO SOBRE LIENZO. 140,3 x 186,10 cm.
COLECCIÓN PARTICULAR

lunes, 21 de marzo de 2011

LAS MIL Y UNA NOCHES

Pero cuando llegó la 655ª noche

Ella dijo:

(...)

La joven se echó a reír, y le dijo: "¿Cómo te llamas?" Dijo él: "Tu esclavo Anís, ¡oh mi señora!" Dijo ella: "¡Me gustas infinitamente, ya Anís! ¡Ven a sentarte a mi lado!"


Le hizo, pues, sentarse al lado suyo, y le dijo: "¡Ya Anís! ¡tengo ganas de distraerme un poco! ¡Sabes jugar al ajedrez?" Dijo él: "¡Sí, por cierto!" Y ella hizo señas a una de las jóvenes, quien al punto les llevó un tablero de ébano y marfil con cantoneras de oro, y los peones del ajedrez eran rojos y blancos y estaban tallados en rubíes los peones rojos y tallados en cristal de roca los peones blancos. Y le preguntó ella: "¿Quieres los rojos o los blancos?" El contestó: "¡Por Alah, ¡oh mi señora! que he de coger los blancos, porque los rojos tienen el color de las gacelas, y por esa semejanza y por muchas otras más, se amoldan a ti perfectamente!" Ella dijo: "¡Puede ser!" Y se puso a arreglar los peones.

Y empezó el juego.
Pero Anís, que prestaba más atención a los encantos de su contrincante que a los peones del ajedrez, se sentía arrebatado hasta el éxtasis por la belleza de las manos de ella, que parecíanle semejantes a la pasta de almendra, y por la elegancia y la finura de sus dedos, comparables al alcanfor blanco. Y acabó por exclamar: "¿Cómo voy a poder ¡oh mi señora! jugar sin peligro contra unos dedos así?" Pero le contestó ella embebida en su juego: "¡Jaque al rey! ¡Jaque al rey, ya Anís! ¡Has perdido!"

Luego, como viera que Anís no prestaba atención al juego, le dijo: "¡Para que estés más atento al juego, Anís, vamos a jugar en cada partida una apuesta de cien dinares!"

El contestó: "¡Bueno!" Y arregló los peones. Y por su parte, la joven, que tenía por nombre Zein Al-Mawassif, se quitó en aquel momento el velo de seda que le cubría los cabellos y apareció cual una resplandeciente columna de luz. Y Anís, que no lograba separar sus miradas de su contrincante, continuaba sin darse cuenta de lo que hacía: tan pronto cogía peones rojos en vez de peones blancos, como los movía atravesados, de modo que perdió seguidas cinco partidas de cien dinares cada una. Y le dijo Zein Al-Mawassif: "Ya veo que no estás más atento que antes. ¡Juguemos una apuesta más fuerte! ¡A mil dinares la partida!" Pero Anís, a pesar de la suma empeñada, no se condujo mejor; y perdió la partida.

Entonces le dijo ella: "¡Juguemos todo tu oro contra todo el mío!" Aceptó él, y perdió. Entonces se jugó sus tiendas, sus casas, sus jardines y sus esclavos, y los perdió unos tras de otros. Y ya no le quedó nada entre las manos.

Entonces Zein Al-Mawassif se encaró con él y le dijo: "Eres un insensato, Anís. Y no quiero que tengas que arrepentirte de haber entrado en mi jardín y de haber entablado amistad conmigo. ¡Te devuelvo, pues, cuanto perdiste! ¡Levántate, Anís, y vete en paz por donde viniste!" Pero Anís contestó: "¡No, por Alah, ¡oh soberana mía! que no me apena lo más mínimo lo que perdí! Y si mi vida me pides, te perteneceré al instante. ¡Pero, por favor, no me obligues a abandonarte!"

Ella dijo: "¡Puesto que no quieres recuperar lo que has perdido, ve, al menos, en busca del kadí y de los testigos, y tráeles aquí para que extiendan una donación en regla de los bienes que te he ganado!" Y fué Anís a buscar al kadí y a los testigos. Y el kadí, aunque estuvo a punto de que se le cayera el cálamo de entre los dedos al ver la belleza de Zein Al-Mawassif, redactó el acta de donación e hizo poner en ella sus sellos a los dos testigos.

Luego se marchó...

En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y calló discreta.

Y cuando llegó la 656ª noche

Ella dijo:

(...)

Entonces las doncellas les sirvieron los manjares perfumados. Y ambos comieron juntos hasta la saciedad y se endulzaron. Y les llevaron los frascos de vino, y bebieron ambos en la misma copa. Y Zein Al-Mawassif se inclinó hacia Anís, y le dijo: "¡He aquí que hemos comido juntos el pan y la sal, y ya eres mi huésped! No creas, pues, que voy a quedarme ahora con la menor cosa de lo que te ha pertenecido. ¡Así es que, quieras o no, te devuelvo cuanto te he ganado!" Y Anís no tuvo más remedio que aceptar como regalo los bienes que le habían pertenecido. Y se arrojó a los pies de la joven, y le expresó su gratitud. Pero ella le levantó, y le dijo: "Si verdaderamente, Anís, quieres agradecerme este don, no tienes más que seguirme a mi lecho. ¡Y allí me probarás positivamente si eres un buen jugador de ajedrez...

En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

Pero cuando llegó la 658ª noche

Ella dijo:

"...no tienes más que seguirme a mi lecho. ¡Y allí me probarás positivamente si eres un buen jugador de ajedrez!" Y saltando sobre ambos pies, contestó Anís: "¡Por Alah, ¡oh mi señora! que en el lecho vas a ver cómo el rey blanco supera a todos los jinetes!" Y diciendo estas palabras, la cogió en brazos, y cargado con aquella luna, corrió a la alcoba, cuya puerta hubo de abrirle la servidora Hubub. Y allí jugó con la joven una partida de ajedrez siguiendo todas las reglas de un arte consumado, e hizo que la sucediese una segunda partida y una tercera partida, y así sucesivamente hasta la partida décimoquinta, haciendo portarse tan valientemente al rey en todos los asaltos, que la joven, maravillada y sin alientos, hubo de darse por vencida, y exclamó: "Triunfaste, ¡oh padre de las lanzas y de los jinetes!" Luego añadió: "¡Por Alah sobre ti, ¡oh mi señor! di al rey que descanse!" Y se levantó riendo y puso fin por aquella noche a las partidas de ajedrez.

Ilustración del "Libro de los juegos" de Alfonso X. Folio 40 verso. Un hombre y una mujer árabes juegan una partida



FICHA TÉCNICA
LAS MIL Y UNA NOCHES
PROMETEO. VALENCIA, S/A
TRADUCIDA POR VICENTE BLASCO IBÁÑEZ DE LA VERSIÓN FRANCESA DE JOSEPH-CHARLES MARDRUS
EDICIÓN ON LINE

domingo, 20 de marzo de 2011

LAS MIL Y UNA NOCHES

Pero cuando llegó la 49ª noche:

Ella dijo:

(...)

Y la joven se levantó, fué a coger de la mano a Scharkán, le hizo sentarse a su lado, y le dijo: "¡Oh príncipe Scharkán! seguramente conoces el juego del ajedrez". Y él dijo: "Lo conozco; pero ¡por favor! no seas como aquella de quien se queja el poeta:

¡En vano me lamento! ¡Estoy martirizado por el amor! No puedo apagar la sed en su boca dichosa, ni respirar la vida bebiéndola en sus labios.

No es que me desprecie, ni que me falten sus atenciones, ni que olvide el ajedrez para distraerme; pero ¿acaso mi alma tiene sed de distracciones ni de juego?

Y además, ¿cómo podría luchar con ella, cuando me fascina el fuego de sus miradas, las miradas de sus ojos que penetran en mi hígado?"

Y la joven se echó a reír, pero acercó el ajedrez y empezó el juego. Y Scharkán, cada vez que le tocaba jugar, en vez de atender al juego miraba a la joven, y jugaba de cualquier modo, poniendo el caballo en lugar del elefante y el elefante en lugar del caballo.

Y ella, riendo, le dijo: "¡Por el Mesías! ¡Cuán profundo es tu juego!" Pero él contestó: "¡Esta es la primera partida! Ya sabes que no representa nada". Y prepararon el juego de nuevo. Pero ella lo venció otra vez, y la tercera, y la cuarta, y la quinta vez. Después le dijo: "¡He aquí que en todas sales vencido!"

Y él dijo: "¡Oh mi soberana, no está mal ser vencido por una adversaria como tú!"

(...)

En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

 
La ilustración es un fotograma de la película de animación "Las aventuras del príncipe Achmed", inspirada en relatos de "Las mil y una noches" y dirigida por Lotte Reininger en 1926.

FICHA TÉCNICA
LAS MIL Y UNA NOCHES
PROMETEO. VALENCIA, S/A
TRADUCIDA POR VICENTE BLASCO IBÁÑEZ DE LA VERSIÓN FRANCESA DE JOSEPH-CHARLES MARDRUS



sábado, 19 de marzo de 2011

LAS MIL Y UNA NOCHES

Pero cuando llegó la 13ª noche:

Ella dijo:

(...)

En aquel instante trajeron un juego de ajedrez, y el rey me preguntó por señas si sabía jugar, contestándole yo que sí con la cabeza. Y me acerqué, coloqué las piezas, y me puse a jugar con el rey. Y le di mate dos veces. Y el rey no supo entonces qué pensar, quedándose perplejo, y dijo: "¡Si éste fuera un hijo de Adán, habría superado a todos los vivientes de su siglo!

(...)

En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.


La noche 13 cuenta la historia del leñador que había sido hijo de rey quien, perdido un día en el bosque, encontró por casualidad la prisión donde un efrit había encerrado a una hermosa joven. El efrit solo la visitaba cada diez días por lo que el leñador, enamorado, decide permanecer con ella el resto del tiempo. Pero, ansioso por no perder su compañía ni ese único día, se delata involuntariamente y es convertido por el efrit en mono y condenado a vivir como tal el resto de su vida.

La ilustración es una antigua tarjeta postal de 1941.



FICHA TÉCNICA
LAS MIL Y UNA NOCHES
PROMETEO. VALENCIA, S/A
TRADUCIDA POR VICENTE BLASCO IBÁÑEZ DE LA VERSIÓN FRANCESA DE JOSEPH-CHARLES MARDRUS
EDICIÓN ON LINE

sábado, 11 de abril de 2009

LAS AVENTURAS DEL PRÍNCIPE ACHMED

Las aventuras del príncipe Achmed es el título del largometraje de animación más antiguo que se conserva. Fue realizado en 1926 por Lotte Reiniger utilizando una técnica similar a la de las sombras chinescas.

El guión está basado en varias historias de Las mil y una noches especialmente en las aventuras de Aladino.

La siguiente imagen muestra el momento en que Aladino ve por primera vez a la hermana del príncipe Achmed, Dinarsade, con la que acabará casándose. ¿Qué cree Ud., lector, que estaba haciendo la hija del califa, la princesa Dinarsade, en ese momento? Evidentemente: jugar al ajedrez. Debió ser un amor a primera vista.

La versión original de la película estaba coloreada pero desgraciadamente solo se conservaron copias en blanco y negro. En 1989 fue restaurada y se le añadieron fondos coloreados a pastel que le devuelven su aspecto original.

La técnica empleada fue recortar las marionetas en papel y situarlas encima de una caja de luz donde eran filmadas fotograma a fotograma. Eran, pues, necesarias 24 composiciones por cada minuto de filmación y la cinta dura 65 minutos. La siguiente imagen, que pertenece a la copia restaurada, nos da idea del primor con el que Lotte Reiniger trabajó en esta película y donde se aprecia la delicadeza con la que Dinarsade coge la pieza que va a mover.


FICHA TÉCNICA

DIE ABENTEUR DES PRINZEN ACHMED
LOTTE REINIGER
COMENIUS-FILM GmbH. BERLÍN, 1926