sábado, 24 de diciembre de 2022

MENTALIDAD ESTRATÉGICA


Un ejemplo de mal uso de un motivo ajedrecístico con propósitos publicitarios. Un libro en el que no hay nada dentro relacionado con el ajedrez, pero que presenta un tablero en su cubierta con la idea de aprovechar el prestigio intelectual del juego para vender mejor su contenido. Aunque, esta idea resulta fallida en su realización.

Supongo que la insistencia de ciertos ajedrecistas de categoría en dictar conferencias o escribir libros en los que se relaciona el éxito y la toma de decisiones correctas en los negocios con el ajedrez también tiene su parte de culpa en la elección del tema. Caissa nos libre de enmendar la plana a dichos ajedrecistas, pero nuestra humilde opinión es que el ajedrez y los negocios tienen poco que ver. De entrada, como se suele decir, existe una diferencia fundamental: el ajedrez tiene reglas. 

La cubierta es obra del Departamento de Diseño de la Editorial Planeta de Perú, que no ha estado muy atinado en este caso. Lamentablemente, la posición que se nos presenta no parece ser un buen ejemplo de estrategia de ningún tipo. 

De hecho, si la posición que aparece en la cubierta corresponde a la quinta jugada de las blancas —después de la secuencia 1. e4 2. c4 3. h3 (no vamos a ensañarnos con el desarrollo del caballo por h3) 4. g5 y 5. xf7— las negras habrían hecho una jugada de más (1 ... e5 2 ... c6 3 ... f6 4 ... a6 5 .. h6). Y si estamos en la quinta de las negras, estas van a perder la dama, y por ende la partida, sin casi haberla empezado. Por supuesto, descartamos que las blancas hayan dado ventaja de una jugada a las negras: ¡esto son negocios! La verdad es que estrategia poca por parte de ambos bandos.


 

viernes, 23 de diciembre de 2022

ALFRED RUSELL WALLACE

Alfred Russel Wallace (1823-1913) no ha tenido suerte con la posteridad. En su época fue un destacado naturalista, el primero que se preocupó por el impacto que causaba el ser humano en la naturaleza y que propuso una teoría de la evolución basada en la selección natural. ¡Efectivamente, lo mismo que Darwin! Y lo hizo al mismo tiempo que él (incluso se publicó antes, por expresa recomendación de Darwin). Sin embargo, mientras Darwin es mundialmente conocido, Wallace apenas lo es por los especialistas. Quizá jugara en su contra que, además de un fino científico, fuera antivacunas (en cambio no era terraplanista ya que inventó un método empírico para demostrar la esfericidad de la tierra), hombre muy religioso y creyera en el espiritismo.

Como hemos dicho, Wallace creía en el espiritismo. En una carta dirigida al periódico The Times explicaba sin embargo el porqué no se iba a dedicar a investigar el tema. Y en esa explicación empleó una curiosa comparación con el ajedrez:

En cuanto a investigar el asunto, tengo media docena de temas que me interesan infinitamente más y les dedicaré el tiempo libre que me quede. Renuncio a ello por la misma razón que me abstengo de jugar al ajedrez: es demasiado entretenido para ser un trabajo serio y demasiado difícil para ser entretenido.

En las palabras de Wallace resuena el eco de Montaigne, sin embargo, como vemos en la fotografía, nuestro científico tenía recaídas en su abstinencia del ajedrez.


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miércoles, 21 de diciembre de 2022

ANDREY SHUSTOV


Andrey Shustov (1963) es un artista ruso figurativo de amplia temática (en su producción hay abundantes naturalezas muertas, paisajes, escenas de género, figuraciones fantásticas) y paleta de colores brillantes y cálidos. Llama la atención la presencia en sus cuadros de un hombre calvo y barbado, muy parecido al propio autor, que a veces se desdobla en varios personajes distintos dentro de un mismo cuadro.

Si nuestra intuición es acertada, el jugador de ajedrez de la obra que presentamos, Fin de partida (2014), sería el propio autor enfrentándose a un jugador desconocido, que quizá sea el destino, delante de un tablero de ajedrez. La posición tendría pleno sentido ajedrecístico si no fuera porque todas las piezas parecen del mismo color, pero  a veces en la vida real cuesta distinguir a los amigos de los enemigos. La posición que hay en el tablero, sea quien sea quien tenga el turno, exige una larga, ardua y agónica defensa.


FICHA TÉCNICA
ANDREY SHUSTOV
FIN DE PARTIDA, 2014
ÓLEO SOBRE LIENZO. 80 x 70 cm.
COLECCIÓN PARTICULAR




martes, 20 de diciembre de 2022

GAMBITO DE JOKER


La revista Esquire España reclutó en 2014 al fotógrafo Alfonso Ohnur, al modelo Clément Chabernaud y al maquillador Ricardo Calero para hacer un reportaje de moda inspirado en Batman y el Joker.

Me temo que confundieron las posiciones iniciales del rey y la dama.

lunes, 19 de diciembre de 2022

FERNAND PRÉFONTAINE




Fernand Préfontaine (1888-1949) fue un arquitecto, fotógrafo y crítico de arte canadiense.

En el Museo Nacional de Bellas Artes de Québec se conservan dos fotografías suyas jugando al ajedrez.



 

sábado, 17 de diciembre de 2022

LDVDA


Obra del suizo Antoine Guignard (1984), quien firma sus trabajos como LPVDA (siglas de Los pinceles verdes de Antonie).

El soporte empleado por LPVDA es la madera. Madera vieja con la que se construyeron puertas, vallas y casas en la que él dibuja con una lijadora, una piedra de amolar y un soplete, obrando de forma opuesta a lo que suele ser habitual. Mientras un dibujante sobre papel sombrea y con ello logra aflorar la impresión de volumen, LPDVA resalta la luz, dejando que las sombras sean la madera envejecida por el tiempo.

Con esta técnica, LPDVA consigue obras de gran realismo y sorprendente detalle. Sus temas son fundamentalmente retratos, suponemos que muchos de los propios vecinos, aunque también los hay de artistas de renombre, como el del escultor suizo Jean Tinguely. La defensa de la naturaleza, los oficios tradicionales, el encuentro entre generaciones están presentes en su discurso. En su cuenta de Instagram se presenta como un muralista ecológico y añade que es un cuantacuentos y poeta urbano que lija viejos muros de madera natural.

Jaque mate fue realizado en la localidad suiza de Estavayer-le-Lac en 2019.

Más sobre su trabajo en su cuenta de Facebook.

 

jueves, 15 de diciembre de 2022

ROMEO GACAD

La niña que duerme abrazada a un tablero de ajedrez se llama Silpha Maharani y tiene cinco añitos. La foto la tomó Romeo Gacad el 23 de septiembre de 2010 durante unas simultáneas que Masruri Rahman (medalla de oro en la categoría de menos de 13 años en los V Juegos Escolares de Ajedrez, celebrados en Grecia en 2009) daba en un gimnasio de Yakarta. 

Romeo Gacad (1959-2021) fue un fotoperiodista filipino finalista dos veces del premio Pulitzer. Fue corresponsal para la AFP, la agencia de noticias más antigua del mundo, para el sureste asiático. Gacad cubrió guerras, juegos olímpicos y todo cuanto evento de importancia se puso a tiro de su cámara. Siempre desde una perspectiva humanista y de defensa de la belleza y los derechos humanos.

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miércoles, 14 de diciembre de 2022

THE HATEFUL EIGHT

Una de Tarantino. Con la generosa ración de violencia, regada con abundante sangre y unos bocados de humor negro-negrísimo, a la que nos tiene acostumbrados.

Gran parte de la acción transcurre en una habitación. Y esa habitación está presidida por una mesa en la que descansa un tablero de ajedrez, de forma que es casi imposible no verlo en cualquiera de los planos generales rodados en ese escenario.

Jugar solo se juega en un pequeño flashback, pero la presencia del tablero es constante. El juego sin embargo dura muy poco y termina cuando un asesinato descarta definitivamente a uno de los contendientes. Al rato también morirá el segundo jugador, eliminando para siempre la posibilidad de averiguar algo más sobre la partida.

Antes del triste final, víctima y verdugo mantienen el siguiente diálogo:

—Con su permiso, caballeros, nomás mirar.

—¿Usted juega?

—Mire. Al menos unas doce personas me enseñaron este maldito juego y nunca he aprendido los movimientos. Pero si no les molesta, me gusta mirar.

—No, joder. Me gustará tener público cuando le dé una paliza a este viejo.

—¿Paliza? ¡Una mierda!

Pues no, no eran muy educados. Pero en su descargo hay que decir que la vida en el salvaje Oeste no potenciaba precisamente la observancia de una correcta etiqueta.

La posición que puede verse en el breve momento en el que la partida está en curso no tiene sentido ajedrecístico y debió componerse aleatoriamente sin mayores preocupaciones de verosimilitud. Una posible reconstrucción es la que muestro en el diagrama siguiente (sí, con los alfiles negros en las casillas iniciales de los caballos), aunque con muchas dudas ya que no se claramente el tablero en ninguna escena.



Posteriormente, algunas piezas caerán al suelo y serán reintegradas a la mesa, pero ya sin preocuparse por la partida

Odiosos ocho se llamó en España. Ocho, como las columnas y las filas del tablero. Algunos carteles alternativos de la película recogieron el ajedrez en sus diseños.

Cartel de Koren Shadmi para una edición especial de carteles promocionales

Cartel de Hans Woody para una versión japonesa de la película.

Y ahora unos cuantos fotogramas de la película:

A la izquierda el general confederado Sandford Smithers (Bruce Dern, Mario Gas en el doblaje de España.
A la derecha el verdugo Oswaldo Mobray (Tim Roth, Pep Antón Muñoz)
Al fondo, el cazarrecompensas John Ruth (Kurt Rusell, Pedro Molina) y la feroz Daisy Domergue, 
(Jennifer Jason Leigh, Nuria Mediavilla)

El sudista renegado y ahora sheriff Chris Mannix (Walton Goggins, José Javier Serrano), a la izquierda
El general Sandord Smithers (Bruce Dern, Mario Gas)


A la izquierda el Comandante Marquis Warren (Samuel L. Jackson, Miguel Ángel Jenner
A la derecha el general Sandford Smithers (Bruce Dern, Mario Gas)


A la izquierda, el dueño de la mercería Sweet Dave (Gene Jones, Salvador Moreno)
A la derecha, de nuevo el general Sandford Smithers (Bruce Dern, Mario Gas)
En el centro el señor Bob (Demián Bichir, Rafael Calvo)

Como curiosidad, en 2019 se subastó el juego de ajedrez utilizado en la película con un precio de salida estimado de 3.000 $. Ignoramos en cuánto se remató la subasta.

El juego de ajedrez utilizado en la película se subastó en California en 2019
El precio estimado de salida fueron 3.000 $


FICHA TÉCNICA
THE HATEFUL EIGHT
THE WEINSTEIN COMPANY, 2015
DIRIGIDA POR QUENTIN TARANTINO











sábado, 10 de diciembre de 2022

EL AJEDREZ DE LA BAUHAUS


Fotografía de Lucia Moholy (1884-1989) de una mesa pensada para jugar al ajedrez diseñada por Heinz Nösselt en 1924. Sobre el tablero, los trebejos de  Josef Hartwig (1880-1956). Los tres eran miembros de la Bauhaus, la Escuela de Arte donde se formuló el diseño industrial y gráfico tal y como hoy lo conocemos.

La mesa tiene unas cajoneras pensadas para guardar las piezas y algún accesorio, como un cenicero. Además tiene una pequeña repisa donde van a parar las piezas capturadas.

Sin embargo, este diseño es más elegante que práctico. Más decorativo que funcional. Cualquier ajedrecista echaría de menos espacio para colocar un libro, el reloj, las planillas, poder acodarse sobre la mesa, etc.

Esta obra y otras muchas más sobre la Bauhaus en:
https://www.facebook.com/groups/bauhaus.movement

jueves, 8 de diciembre de 2022

RADOSŁAW PUJAN




Radosław Pujan es un fotógrafo polaco que vive a caballo entre Polonia, Bélgica y Francia. Está especializado en fotografía de belleza: erótica, desnudos, moda... No es un fotógrafo profesional y realiza las sesiones en su tiempo libre.

Trabaja de forma analógica, con película negativa o diapositivas, cámaras de medio formato fundamentalmente y en escenarios naturales.

Radosław Pujan en las redes:

radoslawpujan.com/

lunes, 5 de diciembre de 2022

L'ULTIMA TRAVERSA


Entre el temor a los pecados de la carne y el vicio del ajedrez transcurre la vida de Aloiz Bauer, un joven sacerdote que acaba de tomar posesión de una parroquia en una pequeña localidad italiana de la provincia de Bolzano.

Realmente, en el juego busca una defensa ante la lujuria y cree que el estudio del ajedrez (juego en el que destacó en el seminario y del que hizo voto de alejarse mientras duraran sus estudios por la virulencia con la que le afectó la pasión) le mantendrá a salvo del amor que le declara, amparada en la penumbra del confesionario, una joven feligresa.

Este es el arranque de L'Ultima traversa (La octava fila) una novelita de apenas setenta y cinco páginas de Paolo Maurensig (1943-2021) que no ha merecido todavía ser traducida al español, aunque lleva ya varias ediciones en italiano.


Cuando nuestro párroco necesita un rival —pronto se da cuenta de que no tiene sentido jugar solo—, lo encuentra en un viejo y excéntrico judío alemán que vive en las cercanías de su localidad y que es nada más y nada menos que Daniel Harrwitz, aunque nadie en la región (y menos nuestro párroco) sabe que este había sido unos años antes (la acción transcurre en 1883) uno de los mejores ajedrecistas del mundo.

Pese al celo de Aloiz, que va a la capital para comprar libros de ajedrez, solo para descubrir que el libro que encuentra lo firma su rival, pese a robar tiempo a la feligresía para estudiar ajedrez, sus enfrentamientos con Harrwitz son catastróficos. Pierde todas las partidas que disputan con rotundidad y culmina sus enfrentamientos con una estrepitosa derrota en la que el alemán jugó la partida a la ciega y tras la cual el párroco renegó del juego.


En las pocas páginas de este libro, Maurensig logra meter con gran habilidad un buen número de tópicos ajedrecísticos. Veamos las reflexiones del padre Bauer en un momento de la novela, cuando ya desespera de encontrar un rival:
Por un momento pensó que debería enseñar el juego él mismo, imponer su estudio como una suerte de penitencia, persuadir a sus parroquianos a abandonar las cartas para dedicarse a un pasatiempo más noble. Ya se veía en su homilía dominical hablando de cuanto podía el espíritu elevarse en presencia del ajedrez y como el juego del ajedrez se asemejaba a la vida. ¿No ya sus colores, el blanco y el negro, nos hacen pensar en la eterna lucha entre el bien y el mal? ¿Y no simbolizan sus varias piezas los diferentes papeles que desempeñamos en la vida, del más poderoso al más humilde, del soberano al simple campesino? Y después, cuando el juego ha acabado, ¿no salen las piezas del tablero y reposan en una caja, como les pasa a los hombres en la sepultura? Además, en la fatigosa marcha de los peones, ¿no hay una espléndida metáfora del ascenso espiritual, en el que la octava fila del tablero representa la muerte y el premio final? Sí, el juego del ajedrez merece toda la dedicación y empeño posible. ¿Qué otra cosa es si no una forma de oración?

Pese a que Maurensig dice en la introducción que el papel desempeñado por Daniel Harrwitz en la novela es totalmente imaginario, se nota que el novelista hizo un buen trabajo de documentación.


Daniel Harrwitz (1821-1884) fue efectivamente uno de los mejores jugadores del mundo en una época en la que no existía todavía la figura de campeón del mundo de ajedrez. Su carrera deportiva empezó en Inglaterra donde perdió un match contra Howard Staunton (1810-1874), pero entabló con Adolf Anderssen (1807-1885) y venció a Bernhard Horwitz (1807-1885). Posteriormente, se trasladaría a París para jugar en el celebérrimo Cafe de la Régence donde derrotó a Jules Arnous de Rivière (1830-1904) y perdió con Paul Morphy en 1858 abandonando el match después de cinco derrotas consecutivas, pero bueno, con Morphy perdían todos y él fue capaz de ganarle dos al norteamericano. Poco después de su derrota con Morphy y habiendo heredado de su padre una considerable fortuna, se retiró a Bolzano, entonces territorio austriaco, donde murió en 1864.

Efectivamente, como se dice en la novela, Harrwitz publicó en 1862 en Berlín Lehrbuch des Schachspiels (Manual de ajedrez), donde el protagonista de la novela descubre la predilección de Harrwitz por el gambito de rey. El alemán también tenía, al parecer, la lengua tan afilada como su apertura favorita y pocos de los ajedrecistas que lograron ganarle se libraron de sus invectivas. En las partidas amistosas que juega en la novela, repite la misma fórmula cuando su rival ya no tiene piezas para evitar el mate: 
Toc, toc. ¿Hay alguien en casa? Jaque mate. 

También queda clara en el libro la costumbre de la época de conceder ventaja (bien de material, bien de tiempos) a los rivales más débiles para equilibrar la fuerzas. En este caso, recurriendo a una anécdota que yo siempre he oído referida a Alexander Alekhine (1892-1946), el cuarto campeón del mundo de ajedrez.

—Permítame, reverendo, cederle jugar con las blancas. Y, además de la ventaja de la salida, darle también un peón.

Escuche... si ni siquiera me conoce.

—Por eso mismo, porque su nombre no me dice nada, creo que debo concederle ventaja. 

—Pero yo tampoco he oído hablar nunca de usted.

—En ese caso, creo que debería darle además un caballo. 

Y también está acreditada su habilidad en el juego a la ciega. Lo que probablemente sea fruto de la imaginación de Maurensig sea el rechazo al ajedrez experimentado por el maestro alemán al final de su vida. Aunque es verdad lo que dice el texto:

La tumba de Daniel Harrwitz se encuentra en el cementerio judío de Bolzano. Una columna truncada, rodeada de de una baja reja de hierro. No hay en ella ninguna referencia al ajedrez.

Extraña omisión para un grande del juego. 

Tumba de Daniel Harrwitz en el cementerio judío de Bolzano

Aquí descansa nuestro buen hermano y tío
Profesor
D. Harrwitz.
Nacido en Breslau el 22 del 2 de 1821
Muerto en Bolzano el 2 del 1 de 1884

FICHA TÉCNICA

PAOLO MAURENSIG
L'ULTIMA TRAVERSA
BARBERA. SIENA, 2012

sábado, 3 de diciembre de 2022

SAMPAYO Y MUÑOZ


Carlos Sampayo (1943) y José Muñoz (1942) como personajes de su propio cómic. Además de apoltronarse en la casa de Alack Sinner y de jugar al ajedrez con su tablero y sus piezas, le gorronean el whisky a su creación.

FICHA TÉCNICA
CARLOS SAMPAYO (GUION) Y JOSÉ MUÑOZ (DIBUJO)
ALACK SINNER - VIET BLUES
PLANETA DE AGOSTINI. BARCELONA, 2004

viernes, 2 de diciembre de 2022

MONTEVIDEO

En la última novela de Enrique Vila-Matas, Montevideo, un ejercicio metaliterario que cuenta las peripecias de un escritor bloqueado por una terrible crisis de inspiración, hay una curiosa referencia al ajedrez y a Duchamp, mezclados con la llegada del hombre a la Luna.

Andaba nuestro escritor en crisis pergeñando un juego —que bautizó a la manera de Rimbaud como Je est une autre (yo es otro)— mediante el que endilgar a la persona que le preguntara las razones por las que había dejado de escribir un frase pronunciada por otra persona como si fuera suya. De alguna forma convertirse en otro.

A manera de ejemplo, recuerda que el astronauta Neil Armstrong, de regreso de la Luna, contestaba a quien le preguntaba si el viaje sideral le había ayudado a comprender el significado profundo de la vida (aquello de ¿quiénes somos?, ¿de dónde venimos?, vaya) que él era un técnico que junto con otros había logrado llegar a la Luna, pero que no estaba capacitado para contestar preguntas que no eran de su especialidad. Así pues, nuestro escritor podía convertirse en Armstrong y contestar de idéntica forma.

Poco después, una exnovia le pregunta lo que está haciendo y el escritor piensa que es el momento de iniciar el juego. Decide convertirse en Marcel Duchamp y hacer suya la contestación que este le dio al escultor Naum Gabo cuando le preguntó que por qué había dejado de pintar («Pero, ¿qué quieres? Ya no tengo ideas», dijo Duchamp).

¿Qué le voy a hacer, Lisa? Ya ni una línea al día. Escribí el fragmento "París" (el primer capítulo del propio libro que comentamos) y quedé roto, sin ojo mental, y sin poder continuar. Solo con mi ajedrez y mis pasos en la Luna.

Pero la exnovia, que le conoce bien, adivinó que no estaba hablando con sus propias palabras. Se lo recriminó y le dejó plantado.

Dejándome Duchamp perdido, derrotado en el ajedrez de la vida y, encima, en el ajedrez de la Luna y sin derecho a réplica.


FICHA TÉCNICA
ENRIQUE VILA-MATAS
MONTEVIDEO
SEIX BARRAL. BARCELONA, 2022

MONTAJE FOTOGRÁFICO
NACHO PÉREZ ORTIZ
TE TOCA, DUCHAMP (2022)



miércoles, 30 de noviembre de 2022

ESTUDIO PARA UNA CARICATURA DE MARCEL DUCHAMP POR RICARD BOIX


Este Estudio para una caricatura de Marcel Duchamp es una obra de 1920 del lamentablemente poco conocido artista catalán Ricard Boix i Comes (1894-1949).

Instalado en Nueva York desde 1917, Boix (Richard Boix en las publicaciones norteamericanas) sobrevive trabajando para agencias de ilustradores para prensa. A partir de 1920, gracias a Man Ray, de quien es vecino, se introduce en los círculos de vanguardia, donde entra en contacto con los dadaístas neoyorquinos. Poco a poco, empieza a ganarse un nombre en la prensa y comienza a trabajar para los grandes medios: The New York Tribune, The Dial, Vanity Fair... A partir de 1924 se retira a una propiedad en New Jersey y poco más se sabe de él hasta su suicidio en 1949, después de la muerte imprevista de su esposa.

Llama la atención que Boix haya dibujado el caballo de ajedrez siguiendo el modelo que el propio Marcel Duchamp diseñara en Buenos Aires solo unos meses antes.

En 1921, Boix volvió a retratar a Duchamp jugando al ajedrez junto al grupo de los dadaístas neoyorquinos en una obra que publicamos aquí.

FICHA TÉCNICA
RICARD BOIX
ESTUDIO PARA UNA CARICATURA DE MARCEL DUCHAMP (1920)
PINCEL, BOLÍGRAFO, TINTA AZUL, GRAFITO, AGUADA y LÁPIZ VERDE. 33 x 21,6 cm.
YALE UNIVERSITY ART GALLERY



martes, 29 de noviembre de 2022

ENRIQUE VILA-MATAS vs ALEXEY MENSCHIKOV



Tanto él como quien andaba a su lado éramos como dos aleatorios caminantes que habían decidido pasear al azar por un laberinto urbano que se iba creando a medida que nos perdíamos en él. Aunque vistos desde lo alto del Edificio Flatiron, seguro que éramos otra cosa: dos piezas de ajedrez, por ejemplo, perdidas por el tablero de un gran problema matemático que llevaba a la pregunta de si sabríamos volver algún día al punto de partida, o conseguiríamos escapar.

 

FICHAS TÉCNICAS
ENRIQUE VILA-MATAS
MONTEVIDEO
SEIX BARRAL. BARCELONA, 2022

ANDREY MENSCHIKOV (BEDNIJ)
ШАШКИ (DAMAS), 2014

Pese a que el autor ha llamado Damas a su fotografía, el hecho de que los paseantes recorran escaques de los dos colores, cosa imposible en el juego de damas, nos lleva a pensar que es una imagen apropiada para ilustrar la cita ajedrecística de Vila-Matas.

lunes, 28 de noviembre de 2022

LA MUJER DE PAJA

Ajedrez en una escena de la película de 1964 Woman of Straw, dirigida por Basil Dearden.

El feroz Charles Richmond, interpretado por sir Ralph Richardson (actor con un parecido notable con el poeta francés Charles Baudelaire), se dirige a su sobrino de la siguiente forma:

Hasta media partida eres pasable. Después muy malo, como tu padre. No tienes médula, no tienes vigor. Al menor impulso caes.

Sean Connery y Ralph Richardson.

Sean Connery como Tony Richmond

domingo, 27 de noviembre de 2022

UN AMIGO DE KAFKA

Un amigo de Kafka es un cuento de Isaac Bashevis Singer (1902-1991) publicado por primera vez en la revista The New Yorker el 23 de noviembre de 1968. Posteriormente daría título a la colección de relatos A Friend of Kafka and Other Stories  editado por Farrar, Straus & Giroux en Nueva York en 1970 (Un amigo de Kafka y otras historias. Planeta. Barcelona, 1978).


Singer, premio Nobel de Literatura en 1978, escribió la casi totalidad de su obra en yidis y la temática fundamental de su trabajo fue la descripción de la vida y cultura de los judíos europeos antes de la II Guerra Mundial y su diaspora por el mundo.

Un amigo de Kafka narra la historia de un viejo actor venido a menos, Jacques Kohn, bien relacionado en sus tiempos con la flor y nata de la intelectualidad europea de principios de siglo. No solo fue amigo de Kafka, también lo fue de Zweig, de Chagall, de Piscator, de Ehrenburg... Ahora, sobrevive de dar sablazos a los miembros del club de escritores yidis de Varsovia y de contar historias a quién quiera escucharlas.

Pese a su delicada situación económica, Kohn se resiste a dejarse abandonar y plantea su vida como una partida de ajedrez que está disputando contra la vida. Una partida en la que va a agotar todos los recursos defensivos que su experiencia le ha proporcionado:
Todos jugamos al ajedrez con el Destino. El Destino mueve una pieza, y nosotros movemos otra. El Destino intenta darnos jaque mate en tres jugadas, y nosotros intentamos impedírselo. Nos consta que no podemos ganar, pero sentimos la necesidad de oponer resistencia. Mi adversario en este juego de ajedrez es un ángel muy duro de pelar.
Y esa dificultad ennoblece aún más la misión puesto que:
De todos modos, mi querido amigo, debe usted reconocer que, caso de jugar al ajedrez, más vale hacerlo con un adversario de nota que con un maleta. 

 La idea de comparar la vida con una partida de ajedrez es constante a lo largo de todo el cuento. Ante un acontecimiento sorprendente e inesperado, insiste en la misma línea de razonamiento.

¿Acaso mi adversario en la constante partida de ajedrez me tendía una nueva celada? Durante los últimos años, mi adversario había jugado sin gran encono. Sí, porque, como usted sabe muy bien, mi querido amigo, también hay lo que podríamos llamar ajedrez humorístico. Según me han dicho, Nimzowitsch a veces gastaba bromas a sus adversarios. Y en los viejos tiempos, Morphy tuvo fama de ser un humorista del ajedrez. In mente, dije a mi adversario: «Buena jugada, jugada de maestro...»
Y al afrontar el peligro en el que se había visto involucrado pensó:
Bueno, más que vergüenza de presentarme ante Dios era vergüenza a presentarme ante mi burlón adversario en la partida de ajedrez
Por fin, resumiendo su vida ante el narrador que nos está contando la historia, que ya le ha prestado dinero, pero del que espera obtener aún algo más concluye:
Sí, todo no es más que un inmenso juego de ajedrez. Siempre temí a la muerte, pero ahora que estoy con un pie en la tumba he dejado de temerla. No cabe duda de que mi adversario planea jugar lentamente. Seguirá con su táctica de quitarme todas mis piezas, una a una. Primero, me quitó mi arte de actor, luego me convirtió en pseudoescritor. Y tan pronto hizo esto último, me dio esa parálisis que afecta a algunos artistas de la pluma, incapaces de escribir media palabra. A continuación, me privó de mi vigor viril. Sí, ya sé que aún falta mucho para el jaque mate, y esto me da cierta fuerza. Que hace frío en mi dormitorio, pues bien, que siga haciendo frío. Que hoy no tengo ni para cenar, pues bien, nadie se muere por no cenar un día. Él me ataca y yo contraataco
Conseguido el objetivo de recibir el préstamo, Kohn encomienda a su benefactor a la providencia divina.
En fin, si hay Dios, no tengo la menor duda de que le recompensará. Y si no hay Dios, ¿quién es ése que juega al ajedrez con Jacques Kohn?



sábado, 26 de noviembre de 2022

BEHEMOTH


Ilustración de Alexander Kostin (1955) para El Maestro y Margarita de Mijaíl Bulgákov. Kostin es un escultor, pintor e ilustrador gráfico ucraniano de origen ruso. La obra que mostramos formó parte de la exposición Metafísica de las imágenes, exhibida en Moscú en 2018, que reunía ilustraciones para los Poemas en prosa de Ivan Turgenev y El Maestro y Margarira.

Behemoth —en algunas traducciones al español se le llama Popota ya que en ruso Behemoth significa hipopótamo— es un gigantesco gato negro que forma parte del séquito demoníaco de Woland (el diablo) en la novela. Capaz de hablar, de andar sobre dos patas e incluso de metamorfosearse en un ser humano durante pequeños espacios de tiempo, Behemoth es aficionado al sarcasmo, al vodka, a Dostoievsky («¡Dostoievsky es inmortal!», grita en un momento de la novela) a las armas de fuego y, además, al ajedrez.


domingo, 20 de noviembre de 2022

EL HOMBRE QUE MIRABA PASAR LOS TRENES, LA PELÍCULA

En 1952 se estrenó una adaptación cinematográfica homónima de la novela El hombre que miraba pasar los trenes, de Georges Simenon. La película fue dirigida por Harold French e interpretada por Claude Rains, Märta Torén, Marius Goring y Herbert Lom en sus principales papeles. La adaptación difiere del original literario en varias cosas, aunque paisajes y paisanajes son idénticos.

Aquí también Kees Popinga es un empleado ejemplar y también el dueño de la empresa en la que trabaja, Julius de Koster, va a quebrar de forma fraudulenta la compañía. El inspector Lucas sospecha que hay algo turbio en el entorno de De Koster y empieza a investigarlo.

Al igual que en la novela, la película muestra una escena en un club de ajedrez. Pero aquí no es Popinga el aficionado al ajedrez, sino el inspector Lucas. En el transcurso de la escena, el policía mide sus fuerzas con sus interlocutores no solo en el plano ajedrecístico, sino en el real, haciéndoles saber que está tras su pista y que domina el juego de los engaños mejor que ellos. Al derrotar a De Koster y a Popinga, que se turnan en defender una posición perdida, Lucas deja claro quién se va a imponer al final. 

En lo que respecta a los aspectos técnicos del ajedrez, los asesores de la película no estuvieron muy afortunados. Dado que las posibilidades de colocar el tablero antes de comenzar el juego son solo dos, sorprende la terquedad en ponerlo mal en películas o series de televisión, hecho que parece desafiar todas las leyes de probabilidad estadística. Pero así pasa una vez más en esta película.

Además, la posición no tiene mucho sentido ajedrecístico, con piezas en lugares insólitos y poco probables en un juego normal, aunque fuera de aficionados, y parece haber sido compuesta solo para lograr un mate rápido que demuestre la superioridad estratégica en todos los sentidos del inspector Lucas. La posición del tablero y el desarrollo de la partida es como sigue:

Y unos cuantos fotogramas de la película.

Marius Goring como el inspector Lucas en un fotograma de El hombre que miraba pasar los trenes.
Harold French, 1952


Herbert Lom (Julius de Koster), Claude Rains (Kees Popinga) y Marius Goring (inspector Lucas) en un momento de la película.
El inspector Lucas está interrogando a De Koster.

Ajedrez y cerveza en El hombre que miraba pasar los trenes

Märta Torén en una fotografía sobre el tablero




miércoles, 16 de noviembre de 2022

EL HOMBRE QUE MIRABA PASAR LOS TRENES

El hombre que miraba pasar los trenes es una de las llamadas novelas «duras» de Georges Simenon. Cuando la publicó —1938— ya había alcanzado primero la fortuna y luego fortuna y fama escribiendo. Primero, novelas populares escritas a un tanto la palabra (solo su asombrosa prolificidad le permitió ganar dinero con esa fórmula), luego su mundialmente reconocida serie de novelas policiacas protagonizadas por el comisario Maigret. Con todo, para Simenon, estas novelas duras fueron lo más importante de su producción.

El hombre que miraba pasar los trenes es una obra compleja. La mayoría de los comentaristas se refiere a ella como una «novela sicológica». Y si por ello se refieren a la profunda introspección que su protagonista realiza, estaríamos en lo cierto.

Pero nos parece que es algo más. El análisis de los medios de comunicación, con su necesidad de atraer al público a costa de la verdad; el París nocturno, con sus brasseries, bistrós y guinguettes; las fiestas populares; incluso el mundo de la prostitución y el hampa tienen cabida en libro.

Sin embargo, es la personalidad de su protagonista, Kees Popinga, la que llena completamente la acción. Popinga es un perfecto burgués. Encargado de una empresa de suministros navales, lleva una vida intachable: honrado, hogareño, buen padre, buen empleado. Apenas una noche a la semana, se acerca al club de ajedrez a jugar unas partidas. Una actividad tan respetable como el propio protagonista.

Solo pasar ante algunos de esos establecimientos contrarios a las buenas costumbres y ver partir a los trenes que marchan hacia destinos ignotos y lejanos turban su ánimo y plantean una duda sobre su intachable fachada.

La ordenada vida de Kees Popinga salta por los aires cuando el dueño de su empresa le revela que abandona trabajo y familia. Que ha desfalcado los fondos de la empresa y huye con amante y dinero a otro país, dejándolo todo atrás.

La huida del dueño significa la ruina de Popinga. Sin trabajo, sin poder hacer frente a la hipoteca que pesa sobre us hogar, con un alto nivel de vida: buena casa, buena ropa, buen colegio para sus hijos, Popinga entra en crisis. Huye a París e intenta ocupar simbólicamente el lugar de su jefe, seduciendo a su amante. Y cuando esta se ríe de su pretensión, él la mata. Popinga es ahora un prófugo.

Todo lo que antecede es apenas el prólogo de la novela. El resto es el desesperado intento de Popinga por definirse a sí mismo, por medirse con la imagen que los medios de comunicación dan de él. Por saber quién es realmente. Si el anterior honrado comerciante, o el desalmado criminal de ahora.

La huida de Popinga por París se estructura como un duelo entre el jefe de la policía (un antiguo ayudante del comisario Maigret, el ahora inspector Lucas) y él mismo y en varios momentos lo define como una partida de ajedrez. Pese a todos los intentos de no dejar pistas que lleven a su detención, Kees no se ha logrado desprender del todo de las costumbres burguesas. Y siempre que puede busca algún café donde se juegue al ajedrez.

Con relación al juego hay una anécdota jugosa en el libro que da idea de cómo es Popinga. Un día, en su club de ajedrez, en un ataque de fanfarronería se jactó de poder derrotar a un contrincante ofreciéndole ventaja de material, pero perdió. Como su adversario jugaba con su propio tablero y sus propias piezas, fabricados en materiales nobles  y de magnífica factura, Popinga descargó su frustración distrayendo una pieza del tablero y metiéndola en una jarra de cerveza negra que había sobre la mesa. Cuando rememora la escena, se regocija de que la pieza nunca fuera encontrada por su propietario.

Como ya sabemos la historia se repite, la primera vez como tragedia y la segunda como farsa. Años después, frente al sicólogo forense que intentaba comprender la personalidad de Popinga. Al recordar la anécdota, quiere repetirla. Pero la taza de café donde intenta esconder la pieza no es lo suficientemente alta como para ocultarla del todo y queda burdamente al descubierto. Casi podríamos decir, que ello sella su derrota final.

De todas las ediciones que hemos visto de la novela, solo una —la de la colección Folio de Gallimard, editada en 1980— tiene un motivo ajedrecístico en su cubierta. ¡Y muy bien traído, por cierto! Una dama blanca estilo Régence cerca de una taza de café y una copa de cerveza. Como en la anécdota que protagoniza Kees Popinga en la novela.




FICHA TÉCNICA
GEORGES SIMENON
EL HOMBRE QUE MIRABA PASAR LOS TRENES
TUSQUETS. BARCELONA, 1997
TRADUCCION DE EMMA CALATAYUD

1ª EDICIÓN 
L'HOMME QUI REGARDAIT PASSER LES TRAINS
GALLIMARD. PARIS, 1938




domingo, 13 de noviembre de 2022

COCKTAIL PARTY


Esta fotografía de Francis Miller (1905-1973) forma parte de un ensayo fotográfico publicado el 2 de diciembre de 1957 en la revista Life bajo el título de The cocktail party: Hurrah? A popular american institution is laid open for examination (Las fiestas con cócteles ¿Viva?. Una popular costumbre americana sometida a examen).

En el artículo se rastrean los orígenes de las fiestas con bebidas alcohólicas, los códigos imperantes en las mismas e incluso su tipología. La foto muestra al anfitrión de una fiesta celebrada en Chicago, Ric Riccardo, (a la izquierda y totalmente perdido) jugando al ajedrez contra Tryon Edlin, mientras la mayoría de los invitados baila a su alrededor. Riccardo era un empresario del gremio de la hostelería que regentaba un restaurante/galería de arte conocido como el Montmartre del Medio Oeste. Tryon Edlin era un pintor retratista.

Francis Miller fue uno de los fotógrafos de Life y sus colaboraciones con la revista incluyen momentos históricos (Martin Luther King en el famoso discurso de I Have a Dream; acontecimientos políticos; reportaje social; temas relacionados con la infancia y los derechos civiles), sin embargo, su obra, de alta calidad, no parece haber merecido la misma atención que la de otros fotógrafos contemporáneos suyos.

Miller era un maestro en pasar desapercibido y lograba escamotear sus cámaras con una facilidad pasmosa de la mirada de la gente que retrataba. Las escondía en cajetillas de tabaco, entre el nudo de su corbata, incluso entre las páginas de una novela de George Eliot. Así podía trabajar sin que sus modelos sobreactuaran ante su presencia.