Mostrando entradas con la etiqueta GIOVANNI BOCACCIO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta GIOVANNI BOCACCIO. Mostrar todas las entradas

sábado, 5 de octubre de 2013

BEATRIZ Y ANIQUINO



Miniatura de Ludovico Ceffini que ilustra un pasaje de la séptima jornada de la séptima novela del Decamerón de Giovanni Bocaccio. Ceffini copió a mano e ilustró el texto en un bello manuscrito de 1427 que, después de pertenecer a la Biblioteca de los Reyes Aragoneses de Nápoles, se conserva actualmente en la Biblioteca Nacional Francesa.

El pasaje en cuestión es el siguiente:
Se puso con él a jugar al ajedrez; y Aniquino que agradarle deseaba, muy diestramente se dejaba vencer; de lo que la señora hacía maravillosas fiestas. Y habiéndose apartado de verlos jugar todas las damas de la señora y dejándolos jugando solos, Aniquino lanzó un grandísimo suspiro.

La señora, mirándolo, dijo:

-¿Qué tienes, Aniquino? ¿Tanto te duele que te venza?
Los lectores del blog ya saben de qué suele ser preludio una partida de ajedrez en la literatura medieval. El resto de la historia puede leerse aquí; y aquí se puede ver una edición on line en la que deleitarse con el resto de las miniaturas de Ludovico Ceffini.

miércoles, 31 de octubre de 2012

DE VARIA INVENCIÓN LXXVII

GIOVANNI BOCCACCIO
-Como veis, el sol está alto y el calor es grande, y nada se oye sino las cigarras arriba en los olivos, por lo que ir ahora a cualquier lugar sería sin duda necedad. Aquí es bueno y fresco estar y hay, como veis, tableros y piezas de ajedrez, y cada uno puede, según lo que a su ánimo le dé más placer, encontrar deleite.
FICHA TÉCNICA
GIOVANNI BOCCACCIO
EL DECAMERÓN

lunes, 12 de mayo de 2008

LA FARSA DEL CORNUDO APALEADO

La vida de las mujeres en la Edad Media no fue lo que se dice fácil. Alejadas de la vida pública y encerradas en casa a cargo de las labores domésticas hasta el espacio en el que se desarrollaba su ocio estaba circunscrito tras los muros del hogar. El ajedrez en este contexto se consideró un juego conveniente para ellas.

El prólogo del Libro de acedrex, dados y tablas, de Alfonso X, el Sabio, no deja dudas sobre las razones de esta conveniencia:

Los otros iuegos que se fazen seyendo; son assi como iogar acedrex & tablas & dados & otros trebejos de muchas maneras. E como quiere que todos estos iuegos son muy buenos cadaunos en el tiempo & en el logar o conuienne; pero por que estos iuegos que se fazen leyendo son cutianos & se fazen tan bien de noche como de dia; & porque las mugieres que non caualgan & estan encerradas an de usar desto.

Así pues, hay juegos que se hacen de pie: la caza, la esgrima, correr, saltar, etc., convenientes para los hombres; y juegos que se hacen sentados: el ajedrez, y otros juegos de tablero fundamentalmente, buenos para las mujeres que no cabalgan y están encerradas.

Que las mujeres jugaban al ajedrez nos lo prueba la abundancia de representaciones femeninas practicándolo que hay en el arte y la literatura medievales. A modo de ejemplo, una miniatura del propio libro de Alfonso X.


Y, claro, si el ajedrez era conveniente para las damas también lo era para sus pretendientes. El juego del ajedrez se convirtió en el escenario donde se llevaba a cabo el juego galante, el cortejo. Los poetas pronto lo convirtieron en “la alegoría del juego cortés de la conquista de la dama”, como dice el investigador mexicano Axayácatl Campos en El simbolismo del juego de ajedrez en Tristán de Leonís. Las representaciones de hombres y mujeres jugando al ajedrez se multiplicaron en el arte medieval. Como tendremos ocasión de ver es este blog, espero.

Un ejemplo que viene al pelo para ilustrar este juego de seducción lo constituye la siguiente miniatura inspirada en un pasaje del Decameron. Concretamente en uno de la jornada séptima, que lleva como subtítulo: De las burlas que por amor han hecho las mujeres a sus maridos.


La novela séptima cuenta la historia de Ludovico, un joven noble florentino, que habiendo oído hablar de la belleza de la esposa del mercader Egano, Beatriz, se emplea al servicio de aquel bajo el nombre ficticio de Aniquino, para poder acercarse a aquella. Y sucedió un día que…

Sucedió un día que, habiendo ido Egano de cetrería y quedándose Aniquino en casa, doña Beatriz, que de su amor no se había apercibido todavía por mucho que para sí misma, mirándole a él y a sus maneras, muchas veces le había elogiado y le agradase, se puso con él a jugar al ajedrez; y Aniquino que agradarle deseaba, muy diestramente se dejaba vencer; de lo que la señora hacía maravillosas fiestas. Y habiéndose apartado de mirarlos jugar todas las damas de la señora y dejándolos jugando solos, Aniquino lanzó un grandísimo suspiro.

La señora, mirándolo, dijo:

—¿Qué tienes, Aniquino? ¿Tanto te duele que te venza?

—Señora –repuso Aniquino-, mucho mayor cosa que lo es ésta fue la razón de mi suspiro.

Y así fue cómo pasó lo que pasó.

La escena que se desarrolla a la derecha de la ilustración corresponde a otro pasaje de la misma novela. Egano, para poner a prueba la fidelidad de de su mujer, se disfraza con las ropas de ésta y fingiendo ser ella se insinúa a Aniquino. Éste, que estaba apercibido de la treta, se hace el ofendido y aparentando proteger el honor de su señor proporciona a Egano una buena somanta de palos. La verdad es que se lo merecía. Por cretino.

El título de esta entrada es robado, como suele ser habitual en este blog. En este caso de la obra homónima de Alejandro Casona, que el lector interesado puede leer aquí, y que no es sino una recreación de la séptima novela de la séptima jornada del Decameron de Giovanni Bocaccio.