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lunes, 5 de diciembre de 2022

L'ULTIMA TRAVERSA


Entre el temor a los pecados de la carne y el vicio del ajedrez transcurre la vida de Aloiz Bauer, un joven sacerdote que acaba de tomar posesión de una parroquia en una pequeña localidad italiana de la provincia de Bolzano.

Realmente, en el juego busca una defensa ante la lujuria y cree que el estudio del ajedrez (juego en el que destacó en el seminario y del que hizo voto de alejarse mientras duraran sus estudios por la virulencia con la que le afectó la pasión) le mantendrá a salvo del amor que le declara, amparada en la penumbra del confesionario, una joven feligresa.

Este es el arranque de L'Ultima traversa (La octava fila) una novelita de apenas setenta y cinco páginas de Paolo Maurensig (1943-2021) que no ha merecido todavía ser traducida al español, aunque lleva ya varias ediciones en italiano.


Cuando nuestro párroco necesita un rival —pronto se da cuenta de que no tiene sentido jugar solo—, lo encuentra en un viejo y excéntrico judío alemán que vive en las cercanías de su localidad y que es nada más y nada menos que Daniel Harrwitz, aunque nadie en la región (y menos nuestro párroco) sabe que este había sido unos años antes (la acción transcurre en 1883) uno de los mejores ajedrecistas del mundo.

Pese al celo de Aloiz, que va a la capital para comprar libros de ajedrez, solo para descubrir que el libro que encuentra lo firma su rival, pese a robar tiempo a la feligresía para estudiar ajedrez, sus enfrentamientos con Harrwitz son catastróficos. Pierde todas las partidas que disputan con rotundidad y culmina sus enfrentamientos con una estrepitosa derrota en la que el alemán jugó la partida a la ciega y tras la cual el párroco renegó del juego.


En las pocas páginas de este libro, Maurensig logra meter con gran habilidad un buen número de tópicos ajedrecísticos. Veamos las reflexiones del padre Bauer en un momento de la novela, cuando ya desespera de encontrar un rival:
Por un momento pensó que debería enseñar el juego él mismo, imponer su estudio como una suerte de penitencia, persuadir a sus parroquianos a abandonar las cartas para dedicarse a un pasatiempo más noble. Ya se veía en su homilía dominical hablando de cuanto podía el espíritu elevarse en presencia del ajedrez y como el juego del ajedrez se asemejaba a la vida. ¿No ya sus colores, el blanco y el negro, nos hacen pensar en la eterna lucha entre el bien y el mal? ¿Y no simbolizan sus varias piezas los diferentes papeles que desempeñamos en la vida, del más poderoso al más humilde, del soberano al simple campesino? Y después, cuando el juego ha acabado, ¿no salen las piezas del tablero y reposan en una caja, como les pasa a los hombres en la sepultura? Además, en la fatigosa marcha de los peones, ¿no hay una espléndida metáfora del ascenso espiritual, en el que la octava fila del tablero representa la muerte y el premio final? Sí, el juego del ajedrez merece toda la dedicación y empeño posible. ¿Qué otra cosa es si no una forma de oración?

Pese a que Maurensig dice en la introducción que el papel desempeñado por Daniel Harrwitz en la novela es totalmente imaginario, se nota que el novelista hizo un buen trabajo de documentación.


Daniel Harrwitz (1821-1884) fue efectivamente uno de los mejores jugadores del mundo en una época en la que no existía todavía la figura de campeón del mundo de ajedrez. Su carrera deportiva empezó en Inglaterra donde perdió un match contra Howard Staunton (1810-1874), pero entabló con Adolf Anderssen (1807-1885) y venció a Bernhard Horwitz (1807-1885). Posteriormente, se trasladaría a París para jugar en el celebérrimo Cafe de la Régence donde derrotó a Jules Arnous de Rivière (1830-1904) y perdió con Paul Morphy en 1858 abandonando el match después de cinco derrotas consecutivas, pero bueno, con Morphy perdían todos y él fue capaz de ganarle dos al norteamericano. Poco después de su derrota con Morphy y habiendo heredado de su padre una considerable fortuna, se retiró a Bolzano, entonces territorio austriaco, donde murió en 1864.

Efectivamente, como se dice en la novela, Harrwitz publicó en 1862 en Berlín Lehrbuch des Schachspiels (Manual de ajedrez), donde el protagonista de la novela descubre la predilección de Harrwitz por el gambito de rey. El alemán también tenía, al parecer, la lengua tan afilada como su apertura favorita y pocos de los ajedrecistas que lograron ganarle se libraron de sus invectivas. En las partidas amistosas que juega en la novela, repite la misma fórmula cuando su rival ya no tiene piezas para evitar el mate: 
Toc, toc. ¿Hay alguien en casa? Jaque mate. 

También queda clara en el libro la costumbre de la época de conceder ventaja (bien de material, bien de tiempos) a los rivales más débiles para equilibrar la fuerzas. En este caso, recurriendo a una anécdota que yo siempre he oído referida a Alexander Alekhine (1892-1946), el cuarto campeón del mundo de ajedrez.

—Permítame, reverendo, cederle jugar con las blancas. Y, además de la ventaja de la salida, darle también un peón.

Escuche... si ni siquiera me conoce.

—Por eso mismo, porque su nombre no me dice nada, creo que debo concederle ventaja. 

—Pero yo tampoco he oído hablar nunca de usted.

—En ese caso, creo que debería darle además un caballo. 

Y también está acreditada su habilidad en el juego a la ciega. Lo que probablemente sea fruto de la imaginación de Maurensig sea el rechazo al ajedrez experimentado por el maestro alemán al final de su vida. Aunque es verdad lo que dice el texto:

La tumba de Daniel Harrwitz se encuentra en el cementerio judío de Bolzano. Una columna truncada, rodeada de de una baja reja de hierro. No hay en ella ninguna referencia al ajedrez.

Extraña omisión para un grande del juego. 

Tumba de Daniel Harrwitz en el cementerio judío de Bolzano

Aquí descansa nuestro buen hermano y tío
Profesor
D. Harrwitz.
Nacido en Breslau el 22 del 2 de 1821
Muerto en Bolzano el 2 del 1 de 1884

FICHA TÉCNICA

PAOLO MAURENSIG
L'ULTIMA TRAVERSA
BARBERA. SIENA, 2012

domingo, 14 de junio de 2020

DE VARIA INVENCIÓN CI

Lo que allí se perpetúa, valiéndose de un acto creativo que a veces asume el aspecto de una auténtica obra de arte, es una acción de inaudita violencia, una forma de homicidio blanco, no aparente, cuyo resultado únicamente dos contendientes reconocen y comparten. No hay nada que ligue tanto a dos personas como un serio desafío sobre un tablero.



FICHA TÉCNICA 
PAOLO MAURENSIG
LA VARIANTE LÜNENBURG
TUSQUETS EDITORES, BARCELONA, 1995
TRADUCCIÓN DE CARMEN ROMERO

sábado, 13 de junio de 2020

LA VARIANTE LÜNEBURG

Hoy vamos a ocuparnos de un clásico de la literatura de temática ajedrecística: La variante Lünenburg, de Paolo Maurensig. Maurensig (1943) logró un extraordinario éxito con esta novela, que fue traducida a varios idiomas y alcanzó cifras de ventas espectaculares, lo que le permitió a su autor, ya entrado en años, poder dedicarse en exclusiva a la literatura. El escritor italiano es aficionado, ¡cómo no!, al ajedrez y participa de vez en cuando en torneos abiertos. Del juego ha sacado grandes dosis de inspiración ya que, además de la que comentamos, ha publicado las novelas Teoría de las sombras (Gatopardo ediciones; Barcelona, 2017) sobre la muerte de Alekhine; L'Arcangelo degli scacchi (2014), sobre Morphy; L'Ultima traversa (2018), sobre Harrwitz, y la reciente Il gioco degli dei, sobre Sultan Khan (2019). Ninguna de estas tres últimas ha sido editada todavía en castellano.  

Paolo Maurensig delante de una tablero de ajedrez

En una entrevista para la RAI, Maurensig comentó que la idea de la novela se la proporcionó un anciano maestro yugoslavo quien, durante un viaje en tren, le contó que probablemente había salvado la vida en la II Guerra Mundial porque su superior en el ejército no lo enviaba al frente para poder jugar con él al ajedrez. El autor no declara quién pudiera ser ese «anciano maestro yugoslavo».

Pertenece esta novela a lo que podríamos clasificar casi como un subgénero; la novela de nazis con temática ajedrecística. La lista es considerable: Tablas por segundos, de Icchokas Meras; Amphitryon, de Ignacio Padilla; El jugador de ajedrez, de Julio Castedo; y hasta, si me apuran, Los vampiros de la mente, de Dan Simmons. Más adelante hablaremos también de un clásico indiscutible: La novela de ajedrez de Stefan Zweig.

Cubierta de una edición de bolsillo italiana

Es una costumbre inveterada de este blog contar el final de las obras que se analizan, así que, si todavía no ha leído la novela, piense muy bien si seguir adelante con la lectura de este artículo.

En los años anteriores a la II Guerra Mundial, dos ajedrecistas se perfilan como posibles candidatos al título mundial de ajedrez: un joven miembro de una acaudalada familia judía, Tabori podría ser su nombre, y un alemán de clase media simpatizante del nacionalsocialismo, pongamos que Frisch. El ario muestra desde el principio una fuerte animadversión contra el judío, acrecentada por el hecho de que en ninguno de los dos enfrentamientos directos que tienen logra vencerlo, las dos partidas fueron salvadas con sendas tablas.


Cubierta de una edición francesa de Seuil

El ascenso del nazismo y la guerra frenan la actividad ajedrecística en Europa y la siguiente vez que ambos jugadores se encuentran concurren unas circunstancias totalmente distintas. Tabori ha sido internado en el campo de concentración de Bergen-Belsen del que Frisch, ahora un oficial de las SS, era comandante. Frisch ve en esto la oportunidad de dirimir de una vez por todas la cuestión de quién es mejor ajedrecista de los dos y organiza un encuentro entre ambos. 

Consciente de que disputar un match de ajedrez quizá no fuera la principal prioridad de un judío recluido en un campo de concentración —es difícil obligar a algo al que nada tiene— Frisch decide asegurarse la participación activa de Tabori mediante un método expeditivo: se apostarán la vida de varios prisioneros en cada partida. Así, tal cual. La vida en una partida de ajedrez. Del encuentro sale vencedor Tabori, pero las derrotas padecidas le cuestan la vida a veinticuatro personas cuyo recuerdo le acompañará de por vida. 


Cubierta de la edición española de Tusquets

Terminada la guerra, los destinos de ambos se alejan. Frisch, amparado bajo una nueva identidad, medra en la nueva sociedad de posguerra y se convierte en un exitoso empresario y en editor de revistas especializadas en ajedrez; Tabori mientras tanto languidece entre los restos de su pasada fortuna. Solo le mantiene vivo el deseo de venganza. 

Durante su match «en el infierno» —como dice uno de los personajes de la novela— Tabori ha empleado una arriesgada variante contra el peón cuatro dama inicial de su adversario, esa variante implicaba el sacrificio de un caballo por dos peones a cambio de una prolongada iniciativa. Gran parte de su victoria se debió al uso de esa variante la cual, dadas las circunstancias en que se jugó en match, permanecía inédita en la práctica magistral. Y ese es el hilo del que tirará Tabori para localizar a Frisch y cobrar su venganza. 

Cubierta de una edición alemana

Tabori entrenará a un prometedor joven, Hans Mayer, le enseñará su variante y le introducirá en el mundo del ajedrez de competición. Siempre que le jueguen peón cuatro dama, le exige, debe jugar la misma defensa que él empleó en Bergen-Belsen, la cual como hemos dicho no era conocida por los profesionales del ajedrez. Pronto los éxitos de Mayer llaman la atención de la prensa especializada y las revistas analizan los méritos y deméritos de su variante. Una de las revistas, que se destaca por sus intentos por refutar la variante en cuestión, la bautiza con el nombre de variante Lünenburg. Frisch, sin quererlo, se ha delatado. Lünenburg, quizá no sea ocioso decirlo, es la ciudad donde se celebró el juicio contra los guardianes del campo de exterminio de Bergen-Belsen en septiembre de 1945 y en el que los principales responsables fueron condenados a muerte, algunos de ellos, Frisch podría ser el caso, in absentia. Lo que resta por decir es que, aunque fuera años después y por mano interpuesta, la sentencia se cumplió.


Cubierta de una edición portuguesa

Desde su publicación, La variante Lünenburg fue comparada con la celebérrima obra de Stefan Zweig Novela de ajedrez (1941) con la que comparte tema —la obsesión con el ajedrez— marco geográfico y cronológico —la Austria del Anschluss o anexión nazi— y también ciertos aspectos técnicos, como puede ser la duplicidad de voces narrativas o la narración in medias res. Pero sobre todo, una reflexión sobre el mal en una de sus manifestaciones más rotundas, sobre la deshumanización y cosificación a la que las víctimas fueron sometidas, reducidas a la mera condición de material fungible al servicio de las necesidades o caprichos de sus captores. Deshumanización que se extiende a los victimarios, capaces de perpetrar las mayores atrocidades imaginables pero incapaces de mostrar la menor empatía para con nadie. Yo añadiría que ambos tienen en común una visión humanista del mundo.

Cubierta de la 1ª edición británica

En este aspecto, Maurensig contribuyó a acuñar (en una obra escrita en conjunto con Riccardo Illy, Polietica: una promessa; Marsilio, Milano, 2003) el término «poliética», acrónimo de ética y política, con el sentido de fusionar la responsabilidad moral de los actos personales con la ciencia política. La poliética consiste en «respetar la escala de valores, primero los generales, luego los particulares, y adoptar una visión a más largo plazo que los mandatos electorales como única manera de aplicar reformas verdaderamente eficaces». Ni que decir tiene que los comportamientos descritos en La variante Lüneburg son la antítesis de la poliética.

La variante Lüneburg ha sido calificada como un libro sobre ajedrez, como un libro sobre el Holocausto, como un libro sobre la venganza... Y sin duda tiene mucho de todas estas cosas, sin embargo, para mí, es un libro sobre la condición humana, sobre lo más sombrío de la condición humana. 

Cubierta de otra edición italiana


FICHA TÉCNICA 

PAOLO MAURENSIG

LA VARIANTE LÜNENBURG
TUSQUETS EDITORES, BARCELONA, 1995
TRADUCCIÓN DE CARMEN ROMERO
                                                                       

lunes, 2 de diciembre de 2019

LA VARIANTE LÜNEBURG. RECENSIÓN GRÁFICA POR GUIDO CREPAX

El historietista italiano Guido Crepax (1933-2003) siempre estuvo muy interesado en adaptar al cómic, dentro de su peculiar estilo, obras literarias tanto clásicas como contemporáneas. Ya en los años sesenta había realizado una suerte de «recensiones gráficas» de los libros que le interesaban. 

En los noventa, siempre del siglo XX, esta idea se convirtió en una serie protagonizada por su personaje más popular: Valentina. Bajo el título de Valentina legge (Valentina lee), Crepax publicó en distintos medios una extensa serie de historietas, recogidas posteriormente en un volumen del mismo título por Mondadori.

En ARTEDREZ ya rendimos cuenta de una de esas «recensiones gráficas», concretamente Océano mar de Alessandro BariccoHoy traemos la de La variante Lüneburg de Paolo Mauresig.

Los textos en castellano provienen de la traducción de Carmen Romero para Tusquets. Barcelona, 1995.

Nadie podrá explicarse nunca por qué aquella noche el señor Frisch había escogido, de su valiosa y renombrada colección de tableros de ajedrez, un andrajo semejante. Quizá solo para jugar su última partida. La que jugó con la muerte.

—«Ahora veremos cómo te las apañas, viejo amigo».

—«Me llamo Mayer. Si los señores me lo permiten, querría hacerles un retrato humorístico».

—«¡Por favor! ¡No, gracias!»

En el «Rote Engel» el ajedrez se transformaba en un divertimento demencial donde todas las reglas del juego se subvertían...

Mi primer adversario fue un viejecito un poco bizco, con máscara de alcoholizado.

Me estaba concediendo una increíble ventaja; jugar sin la reina es un poco como liarse a puñetazos con una mano atada a la espalda. Pero al parecer Tabori no consideraba suficiente el propio hándicap. Dio la vuelta a la silla sobre la que estaba sentado, dándome la espalda...

1938. El último torneo oficial en el que fue admitido Tabori.

«Nunca juego sin apostar».

Ninguno de los dos estaba en disposición de vencer. Esto significaba que se produciría un desempate automático. El cómputo me era manifiestamente favorable. Finalmente tuvo lugar la proclamación del vencedor: era él. Yo no figuraba ni en el segundo, ni en el tercer, ni en el último puesto. Había sido descalificado por juego incorrecto.


«Le he restituido lo robado. Nuestra última partida termino en tablas y por equivocación yo me embolsé además su apuesta. Entonces, usted no puede negar que me ha regalado tres victorias. Tengo que contar con su completa voluntad de vencer.. Hace falta una apuesta. La vida de sus compañeros de cautiverio».

FICHA TÉCNICA
GUIDO CREPAX
VALENTINA LEGGE
MONDADORI. MILÁN 2015

PAOLO MAURENSIG
LA VARIANTE LÜNEBURG
TUSQUETS. BARCELONA, 1995
TRADUCCIÓN DE CARMEN ROMERO

lunes, 8 de julio de 2019

UN ASUNTO DEL DIABLO

Un asunto del diablo es una fábula de Paolo Maurensig ambientada en un pequeño pueblo suizo. En italiano la publicó Einaudi, en 2018, y en castellano Gatopardo, el presente año de de nuestra salud de 2019. 

Dice la leyenda de aquel pueblo que una noche el gran Goethe había tenido que pernoctar en la localidad al sufrir un pequeño percance el carruaje que le transportaba a Italia. El poeta solo permaneció en el pueblo unas pocas horas pero su mera presencia inoculó un peligroso virus en la población: la literatura. Después de su visita todos en el pueblo, desde los más ancianos hasta los niños que apenas sabían juntar las letras, escribían. Y todos, por supuesto, ansiaban publicar.

¿Qué podía turbar la paz de este pequeño y apacible grupo de mansos y letraheridos ciudadanos? Pues que el diablo en persona, transmutado en editor, organizara un concurso literario en el pueblo.

Ya sabemos que a Maurensig le gusta mucho el ajedrez y que en varios de sus libros nuestro juego tiene una presencia fundamental. En esta obra solo hay una referencia incidental, sin embargo creo que no estará de más echar un vistazo.

Parece ser que el primero de estos furiosos altercados se desencadenó entre el doctor Meyer, un médico, y el maestro de primaria Webern. Los dos eran amigos desde la infancia, se trataban asiduamente con sus esposas, y desde hacía años solían desafiarse al ajedrez todos los sábados por la tarde en el café Oetker. Y cuando faltaron por primera vez a su acostumbrada cita del sábado, sus amigos se mostraron preocupados, pero ninguno de los dos quiso dar explicaciones. Al parecer, ambos habían discutido violentamente. Un testigo que había presenciado la escena afirmaba que el maestro Webern le había quitado de un manotazo el sombrero al doctor Meyer, y también lo había atacado verbalmente con un meridiano «Embadurnapapeles», ante lo que el doctor Meyer había replicado con un «Meatinta».

FICHA TÉCNICA
PAOLO MAURENSIG
UN ASUNTO DEL DIABLO
GATOPARDO. BARCELONA, 2019
TRADUCCIÓN DE CARLOS GUMPERT

IL DIAVOLO NEL CASSETTO
EINAUDI. TORINO, 2018



sábado, 22 de junio de 2019

EL AJEDREZ Y OTROS ANIMALES

Paolo Maurensig (1943) escribió en 2014 un libro dedicado a los animales domésticos —Mis amores y otros animales— que le han acompañado en su vida, fundamentalmente perros y gatos, aunque no solo estos. Una de las historias del libro cuenta una anécdota que le aconteció de niño y que está vinculada a su primer contacto con el ajedrez. 

Una prima de Maurensig, casada con un barón austriaco, tenía dos hijos de edades similares a la del joven Paolo y este pasaba bastante tiempo en su casa, jugando con ellos. La familia poseía además un schnauzer gigante, tan aristocrático como su dueño. La casa de sus familiares es descrita de la siguiente manera:
En el primer piso había una gran sala cuyas ventanas daban al jardín florido. En los días de lluvia, cuando no se podía estar al aire libre, nosotros, los niños, nos refugiábamos en aquella habitación para entretenernos con los diversos juegos de mesa que había guardados en un gran armario empotrado. Y allí dentro estaba también el ajedrez, que mis primos solamente se atrevían a coger de la estantería cuando su padre no estaba en casa. Puesto que ignoraban las reglas del juego. movían aquellas figuras como si fueran soldados de plomo, y el tablero, un campo de batalla.
No tardaría, sin embargo, en aprender las reglas del juego. Un día, los niños sorprendieron al barón jugando una partida con un amigo. A Paolo le fascinó el juego, ver la gravedad con que el barón y su amigo meditaban las jugadas y el repentino mal humor que asaltó al marido de su prima al terminar la partida. Y no menos le asombró ver que el schnauzer de la familia también parecía fascinado por el ajedrez. El propio barón le enseñaría en los días siguientes los rudimentos de un juego que no abandonaría nunca.
Jugábamos en un precioso tablero antiguo, de cuero, y las figuras de ajedrez estaban finamente torneadas en un material parecido al marfil. Faltaba solo una pieza: una torre blanca había sido sustituida por un pedazo de madera, que parecía un mendigo invitado a la corte. Pues bien, nunca le dije al barón que vi a su perro enterrar un hueso, roído como el corazón de una manzana, exactamente igual que aquella torre que faltaba.
Paolo Maurensig, ya algo crecidito, en una fotografía reciente que no he podido acreditar


FICHA TÉCNICA 
PAOLO MAURENSIG
MIS AMORES Y OTROS ANIMALES
GATOPARDO. BARCELONA, 2016
TRADUCCIÓN DE MÓNICA MONTEYS

AMORI MIEI ED ALTRI ANIMALI
GIUNTI EDITORI, MILANO, 2014