Esta nota se publicó originalmente el 2 de febrero de 2026 en el blog de Federico Marín Bellón Damas y reyes.
Señores, ¿os agradaría oír un hermoso cuento de amor y de muerte? Se trata de la historia de Tristán y de Iseo, la reina. Escuchad cómo, entre grandes alegrías y penas, se amaron y murieron el mismo día, él por ella y ella por él. El relato de sus amores se extendió por la verde Erín y la salvaje Escocia, se repitió en toda la isla de Miel, desde el muro de Adriano hasta la punta del Lagarto, halló sus ecos en los bordes del Sena, del Danubio y del Rhin, encantó a Inglaterra, Normandía, Francia, Italia, España, Alemania, Bohemia, Dinamarca y Noruega. Su memoria durará mientras exista el mundo.
Después de que Tristán e Iseo fueron dentro en la nao, el tiempo les hizo bueno e alzaron velas la vía de Cornualla. Y ellos yendo así, un día don Tristán e Iseo, jugando al axedrez, hacían gran fiesta. E no había entre ellos ningún pensamiento de amor carnal. Y ellos habían muy gran sed. E Tristán dijo a Gorvalán que les diese de beber.
Los sirvientes confunden las redomas y en vez de llevarles agua fresca les entregan el brebaje amoroso.
E luego que Tristán e Iseo hobieron bebido el brebaje, fueron así enamorados el uno del otro, que más no podía ser, e dexaron el juego del axedrez e subiéronse a una cama e comenzaron de hacer una tal obra que después en su vida no se les olvidó ni les salió del corazón por miedo de la muerte ni de otro peligro que acaescer pudiere. Por lo cual se vieron en grandes peligros y vergüenzas fasta la muerte.
E después que hobieron acabado su voluntad el uno del otro, tornaron a acabar el juego del axedrez que tenían comenzado.
Precisamente la miniatura siguiente, obra de Évrard d’Espinques de 1470, muestra el momento en que Tristán está ingiriendo el brebaje amoroso.
Vedla en aquella tienda, do juega al axedrez con Tristán.


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