martes, 13 de abril de 2021

PAVEL FILIN


El checo Pavel Filin pintó esta acuarela después de ver que una niña hablaba con un amigo invisible frente a un tablero de ajedrez.

No hablaremos mucho de la obra. El artista cree que las imágenes no necesitan «literatura» ni comentarios; que los artistas no deben esconderse detrás de los discursos. Una obra de arte se mueve en el plano visual y contiene en sí misma toda la información necesaria. Si algo no se entiende, las palabras no servirán de ayuda. 

Es una forma de verlo.

FICHA TÉCNICA
PAVEL FILIN
JUGANDO AL AJEDREZ (2018)
ACUARELA SOBRE PAPEL. 21,59  x 30,48 cm.
COLECCIÓN PARTICULAR

 

sábado, 10 de abril de 2021

EL CORAZÓN ES UN CAZADOR SOLITARIO, DE CARSON McCULLERS


En la primera novela de Carson McCullers, El corazón es un cazador solitario, uno de sus personajes principales, si no el principal, juega frecuentemente al ajedrez. Se trata de John Singer, un sordomudo inteligente y bondadoso, cuya figura apacible se convierte en una referencia para sus vecinos.

Ambientada en una desasosegante población del sur de los Estados Unidos, la novela nos muestra la impotencia ante adversidad de unos personajes marginados, empobrecidos e incapaces de alterar el curso de sus vidas. Y, sobre todo, extremadamente solitarios. 

La soledad rezuma por cada renglón del libro. La soledad de una adolescente sensible e incomprendida, la soledad de un trabajador de ideas marxistas en el país epítome del capitalismo, la soledad de un doctor de raza negra ante la incomprensión que sus medidas reformistas encuentran entre su propia gente, la soledad del propietario de un pequeño negocio que ve como su vida va perdiendo progresivamente sentido.

Todos esos personajes, sin embargo, se sienten acompañados por John Singer. Toman su bonhomía por empatía, su silencio por afinidad, su educación por comprensión. Singer satisface las necesidades de comunicación de las personas que le rodean pese, o quizá por, ser sordomudo. Sin embargo, y a pesar de su condición, ninguno de los personajes que orbitan en torno a él parece preguntarse nunca si Singer tiene alguna necesidad similar.

Como hemos dicho, Singer es retratado como una persona muy aficionada al ajedrez, aunque pocas veces juega. En su cuarto, el tablero de ajedrez está siempre presente, y en numerosas ocasiones se lo describe moviendo las piezas. Aunque jugar contra rivales lo hace poco. Y cuando lo hace difícilmente puede llamarse una partida. El párrafo que sigue nos muestra la única partida que se describe en el libro. La disputan John Singer y Spiros Antonapoulos. 
En ocasiones, los mudos jugaban al ajedrez por la noche. Singer siempre había disfrutado mucho con este juego, y años atrás había intentado enseñárselo a Antonapoulos. Al principio su amigo no logró interesarse en las razones por las que se mueven las piezas en el tablero. Más tarde Singer empezó a guardar una botella de algo bueno debajo de la mesa para tomar después de cada lección. El griego nunca consiguió comprender los movimientos extravagantes de los alfiles y la movilidad arrolladora de las damas, pero aprendió a efectuar algunas jugadas de apertura corrientes. Prefería las piezas blancas y no jugaba si le tocaban las negras. Después de los primeros movimientos, Singer proseguía el juego solo mientras su amigo observaba soñolientamente. Si Singer realizaba brillantes ataques contra sus propias piezas de modo que al final el rey negro recibía jaque mate, Antonapoulos se sentía siempre orgulloso y encantado.

Spiros es también sordomudo y comparte un cuarto con Singer y son amigos estrechos. Los comentaristas del libro han especulado mucho sobre una posible relación homosexual entre los dos hombres. Y la enfermedad mental que afecta al griego al principio de la novela, y que determina su ingreso en una institución mental, marcará el obligado distanciamiento de la única persona que quizá hubiera podido comprenderle.

Probablemente, Singer, a falta de rivales, se dedicaba a estudiar finales o a resolver problemas con su «bonito tablero» y «sus preciosas piezas de ajedrez». Y el ajedrez habría sido así el único lenitivo de su soledad. 



FICHA TÉCNICA
CARSON McCULLERS
EL CORAZÓN ES UN CAZADOR SOLITARIO
SEIX BARRAL. BARCELONA,
TRADUCCIÓN DE R. M. BASSOLS

 

jueves, 8 de abril de 2021

VLADIMIR LYUBAROV


A Vladimir Lyubarov (1944) se le compara frecuentemente con con el aduanero Rousseau, por el estilo naif de sus composiciones, y a Marc Chagall, por la iconografía judía de puebla sus cuadros. Y ambas afirmaciones parecen ser ciertas.

Lyubarov trabajó fundamentalmente para la industria editorial soviética (y después rusa) con sede en Moscú, hasta que en 1991 decidió abandonar la capital e instalarse en el campo. Eligió el pueblo de Peremilovo. Allí recuperó sus orígenes judíos y se dedicó a retratar, en el estilo naif que se le atribuye, las costumbres de los judíos de la Unión Soviética, mostrándolas de una manera humorística, tierna y fantástica.

Pese al talento para el juego que se atribuye, con grandes dosis de razón, a los judíos, el tablero está mal colocado. Se lo perdono porque me encanta el gato que hace mutis en la esquina inferior derecha.

FICHA TÉCNICA
VLADIMIR LYUBAROV
LA RÉPLICA
ÓLEO SOBRE LIENZO. 60 x 70 CM.
COLECCIÓN PARTICULAR

Mi amigo Armen Galstyan me ayudó, como siempre, con el idioma ruso.


sábado, 3 de abril de 2021

CYRIL BOUDA


Una taza de té o café; los útiles para fumar: pipa, cigarrillos, cenicero, mixtos...; un tablero con el rey negro en posición de mate, y un gato curioso componen este bodegón de Cyril Bouda (1901-1984), un autor checo al que encaja bien el calificativo de polifacético: pintor, ilustrador de libros, diseñador de tapices, diseñador de billetes y sellos postales, diseñador de ex-libris, autor de películas de dibujos animados y profesor. 

Es el bodegón un género pictórico que hunde sus raíces en la Antigüedad, en donde se colocaban en la entradas de las casas, como anticipo para los invitados de los manjares con que se le iba a obsequiar, y que ganó en complejidad y valor simbólico durante las edades Media y Moderna, en las que detrás de flores y viandas, de vasijas y perolas, se escondía muchas veces una alegoría moral o un aviso religioso, no en vano Teresa de Ávila escribió que también «entre los pucheros anda el Señor».

Desacralizado el tema, como en este caso, ha pasado a representar la comodidad burguesa, la felicidad que ofrecen los pequeños placeres domésticos. El olor del café, el tabaco —¡ay, el tabaco!— y el ronroneo de un gato son sin duda algunos de esos vicios todavía impunes, al menos parcialmente, por más que el mate del tablero nos de un aviso para el futuro y el cenicero contenga una amarga reflexión sobre la vida.

Esta se expresa mediante un proverbio italiano del siglo XVI, grabado en el arquitrabe de un edificio de la localidad de Ascoli Piceno, que dice: 

Chi pó non vó, 
chi vó non pó, 
chi sa non fa, 
chi fa non sa, 
e cosí il mondo male va! 

Lo podemos traducir por «quien quiere no puede, quien puede no quiere, quien sabe no hace, quien hace no sabe; y así va el mundo: mal». 

Quizá algunas cosas no hayan cambiado tanto en los últimos cinco siglos.

FICHA TÉCNICA
CYRIL BOUDA
ZÁTIŠÍ SE ŠACHOVNICÍ (BODEGÓN CON TABLERO DE AJEDREZ), 1942
ÓLEO SOBRE TABLA. 39,5 x 49,5 cm.
COLECCIÓN PARTICULAR

viernes, 2 de abril de 2021

XAVIER PARMENTIER

 Solo sé contar hasta ocho y leer hasta la letra h

Xavier Parmentier (1963-2016)
Entrenador de los equipos juveniles de Francia
En «El rey de Bengala»
Fahim/Xavier Carpentier/Sophie le Callennec
Grijalbo. Barcelona, 2016



jueves, 1 de abril de 2021

EL REY DE BENGALA


Probablemente escrito para aprovechar el tirón de una noticia que fue portada en la prensa francesa y de la que se hizo eco la de otros muchos países (en España tuvo cierta cobertura mediática), El rey de Bengala cuenta la historia de un niño bangladesí, emigrante sin papeles, que evita in extremis ser deportado de Francia al proclamarse campeón nacional de ajedrez en la categoría de menores de doce años.

Lo primero que encontramos es que la verdadera autora del libro no aparece ni en la cubierta ni en la portada. Ahí solo vemos el nombre del niño, Fahim, y el de su profesor de ajedrez y valedor, Xavier Parmentier. Solo en el prólogo nos enteramos que la autora fue Sophie le Callennec. Una de tantas escritoras (o escritores) por encargo que ven sus nombres olvidados por una praxis editorial muy cuestionable.

La historia de Fahim (2000) se resume brevemente, aprende a jugar a los cinco años de la mano de su padre, que regenta un club de ajedrez en Daca. El niño se interesa por el juego y va progresando poco a poco. En el primer torneo que participa logra, como premio, recibir clases de un Maestro FIDE. A partir de aquí, su progreso es rápido y espectacular. Gana torneo tras torneo y comienza a llamar la atención de la prensa.

Sin que quede claro el porqué, en este punto Fahim y su padre tienen que emigrar. Se insinúan motivos políticos, envidia por los éxitos que se materializan en amenazas de secuestro y varias cosas más. Como sea, el exilio es su elección. Destino Madrid, pasan primero por Budapest y luego por París, donde acaban por instalarse, primero provisionalmente y después definitivamente. Allí tiene la suerte de encontrarse con Xavier Parmentier, un prestigioso monitor de categorías juveniles e infantiles (1963-2016), quien supo intuir el talento de Fahim y se convirtió en su entrenador. Y la mala suerte de encallar con las administraciones públicas francesas. 

El alejamiento de su madre, que ha quedado en Bangladés, los problemas de adaptación a un nuevo país, las dificultades para poder conseguir los papeles que garantizaran su estancia en Francia, las fluctuaciones de su juego al vaivén de esos problemas y la necesidad de ganar para intentar ablandar a las autoridades, componen el grueso de la novela. El cínico comentario de un juez de menores francés citado en el libro resume muy bien la situación: «si nos ofreces la perspectiva de traer una medalla (...) dentro de un mes te llevarás la sorpresa de que tu abuelo era francés». Y así pasa, cuando van a ser expulsados, Fahim consigue ganar el campeonato, la prensa comienza a hacer ruido y las autoridades cambian de opinión. Final feliz

Pero no tanto, en el epílogo vuelve a tener voz la escritora del libro que nos recuerda que las heridas que Fahim y su padre han recibido no se borran simplemente con unos papeles. 

Se echa en falta un mejor tratamiento de lo exclusivamente ajedrecístico, las partidas están contadas desde el punto de vista de un neófito (probablemente debían haberle cedido la palabra en este punto a Xavier Parmentier). Y sobre todo un tratamiento más profundo del problema de la emigración, quizá en la línea del periodismo de investigación, de los niños emigrantes y de la hipocresía de las sociedades receptoras.

FICHA TÉCNICA
FAHIM/XAVIER PARMENTIER
EL REY DE BENGALA
GRIJALBO. BARCELONA, 2016
TRADUCCIÓN DE MARÍA PONS IRAZAZÁBAL