En la conocida como Trilogía de la frontera, integrada por las novelas Todos los hermosos caballos (1992), En la frontera (1994) y Ciudades de la llanura (1998), Cormac McCarthy (1933-2023) hace que uno de los personajes principales, John Grady Cole, juegue al ajedrez. Aunque la presencia global del juego en la trilogía es pequeña, su importancia simbólica, creemos, es grande.
Antes de detenernos en la interpretación del tema ajedrecístico, vamos a repasar las menciones al ajedrez presentes en las novelas, todas ellas asociadas a este personaje y presentes en el primero y último de los libros que componen la trilogía.
En Todos los hermosos caballos, la primera novela, el protagonista, John Grady Cole, propone una partida a su padre:
¿Qué tal si traigo el tablero de ajedrez alguna tarde?
No tengo paciencia para jugar.
Tienes paciencia para jugar al póquer.
Eso es diferente.
¿Qué diferencia hay?
El dinero es la diferencia.
La segunda escena de ajedrez transcurre en la hacienda mexicana donde trabaja John Grady. Una tarde es invitado a jugar por la tía abuela de su amada:
Apartó la silla, se sentó, puso el sombrero en la silla contigua y miró el tablero. Ella colocó los pulgares contra el borde y lo empujó un poco hacia él. El tablero estaba hecho con cubos de nogal circasiano y arce de ojo de perdiz, con un borde de nácar incrustado, y las piezas eran de marfil y cuerno negro tallados.
(...)
Era zurda como él o jugaba al ajedrez con la mano izquierda. Le faltaban los dos últimos dedos y sin embargo él no lo advirtió hasta bien adelantado el juego. Finalmente, cuando él le tomó la reina, se rindió, le felicitó sonriendo e indicó el tablero con cierta impaciencia. Ya estaban hacía rato en el segundo juego y él le había comido los dos caballos y un alfil cuando ella hizo dos jugadas consecutivas que le obligaron a hacer una pausa. Estudió el tablero. Se le ocurrió que ella podía sentir curiosidad por saber si le regalaría el juego y se dio cuenta de que en realidad lo había considerado y supo que ella lo había pensado antes que él. Se recostó y miró el tablero. Ella le vigilaba. Él se inclinó hacia delante, movió su alfil y le hizo jaque mate en cuatro jugadas.
Ha sido una tontería por mi parte, dijo ella. El caballo de la reina. Ha sido un error. Juegas muy bien.
Sí, señora. Usted también juega bien.
(...)
¿Uno más?, preguntó ella.
Sí, señora.
Abrió el juego de una manera que él no había visto nunca. Al final perdió la reina y se rindió. Ella le miró sonriendo.
(...)
No podría usar otra vez esa apertura con tanto efecto, dijo.
Yo no la había visto nunca.
Ya. La inventó el campeón irlandés Pollock. La llamaba apertura del Rey. Temía que la conocieras.
Me gustaría verla de nuevo en otra ocasión.
Sí. Claro.
(...)
¿Dónde aprendiste a jugar al ajedrez?
Mi padre me enseñó.
Debe de ser un jugador muy bueno.
Era el mejor que he visto en mi vida.
¿No podías ganarle?
A veces. Estuvo en la guerra y después de su regreso pude vencerle, pero no creo que jugase con atención. Ahora no juega nunca.
Es una lástima.
Sí, señora. Lo es.
La apertura de rey mencionada en la novela (en el original King's Own Opening) parece referirse a la descrita en un poema anónimo publicado en el Ohio Chess Bulletin en diciembre de 1960 titulado Tumbleweed. Es un poema que mezcla lo humorístico con lo moralizante. El título del poema encaja a la perfección con el ambiente de la trilogía, ya que tumbleweed no es sino el nombre inglés de esas plantas que ruedan por el desierto empujadas por el viento en las películas del Oeste.
El poema describe la visita de un fatuo jugador de ciudad a un pequeño pueblo. Se enfrenta a un jugador local que abre todas las partidas con una apertura estrafalaria: 1. e4 e5 2. f4 exf4 3. ♔f2, pero que consigue vencer por el descuido y la soberbia del rival.
El propio poema atribuye su paternidad a un tal Pollock, sin más. Doña Alfonsa, en el texto de McCarthy, añade que Pollock era un campeón irlandés. Quizá el escritor norteamericano se inspirara en la figura de William Henry Krause Pollock (1859-1896) que aunque era inglés residió ocasionalmente en Dublín y en 1885 ganó el campeonato nacional irlandés.
Pollock era un táctico brillante y, por lo tanto, un fuerte jugador de ataque. Entre las partidas que se conservan de él no hay ninguna en las bases de datos con la apertura descrita en el poema. Claro que la casuística sobre esta apertura es prácticamente inexistente, apenas las partidas contenidas en el poema y alguna partida suelta disputada entre aficionados de bajo nivel y sin ninguna presencia en la práctica magistral.
En Chess.com puede leerse el poema y ver en un tablero interactivo las tres partidas que contiene.
En la novela que cierra la trilogía, Ciudades de la llanura, de nuevo encontramos a John Grady Cole jugando al ajedrez en varios momentos del libro con Mac McGovern, el propietario del rancho donde trabaja. Juegan en la mesa de la cocina, en un tablero con piezas talladas en nogal y acebo. La superioridad de John Grady es tan evidente que otro trabajador del rancho le advierte:
Tendrás que darle algo de ventaja, chaval. No vaya a ser que te sustituyan por alguien que sepa más de caballos y juegue peor al ajedrez.
Pero John Grady no concedía cuartel en las partidas. Como ya había hecho contra doña Alfonsa, en Todos los hermosos caballos, juega a ganar sin ningún titubeo. En la segunda partida que juegan, después de que su patrón abandonara, giró el tablero y defendió la posición perdedora final con tal pericia que logró ganar la partida.
Posteriormente, después de otra partida
Esparció las piezas sobre el tablero y lo giró. Le juego otra, dijo.
Mac negó con la cabeza. Expulsó despacio el humo de su cigarro sobre la mesa y luego cogió su taza y apuró el resto de café.
Basta por hoy, dijo.
Sí, señor. Ha hecho una buena partida.
No creía que fueras a sacrificar un alfil.
Eso era uno de los gambitos de Schönberger.
¿Has leído muchos libros de ajedrez?
No, señor. No muchos. Solo el suyo.
Es necesario hacer un comentario sobre Schönberger. Michael Lynn Crews, en su libro Books Are Made Out of Books: A Guide to Cormac McCarthy's Literary Influences, dice que entre las notas de McCarthy para Ciudades de la llanura aparece una que dice: «Ajedrez—gambito Schliemann para el jugador de negras». El porqué de este cambio de nombre permanece en el misterio. Pudo ser un error tipográfico o una decisión del escritor.
Pero lo que parece claro es que la idea primitiva era emplear el nombre de Wilhelm Karl Adolph Schliemann (1817-1872), abogado, teólogo y ajedrecista alemán. Aunque esto no nos permite identificar la apertura jugada entre Mac y John Grady. Al menos hay dos gambitos con el nombre de Schliemann, los dos frente a la apertura española, también conocida con el nombre de su creador: Ruy López.
El primero viene definido por las jugadas 1. e4 e5 2. ♘f3 ♞c6 3. ♗b5 f5 y es conocido en la literatura ajedrecística como gambito Jänisch—Schliemann.
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