domingo, 29 de marzo de 2026
ANALIZANDO EN EL HOSPITAL
lunes, 5 de enero de 2026
LA LLAMA ETERNA, DE H. G. WELLS
Si Dios es omnipresente por una serena necesidad, Satanás está en todas partes por una actividad infinita. Mantienen interminables diferencias metafísicas en las que Satanás ha introducido un tono de amigable broma. Juegan al ajedrez juntos. Pero el ajedrez que juegan no es el pequeño y hábil juego que se originó en la India; es de una escala completamente distinta. El Gobernante del Universo crea el tablero, las piezas y las reglas; él hace todos los movimientos; puede hacer tantos movimientos como quiera cuando quiera; sin embargo, a su antagonista se le permite introducir una ligera e inexplicable inexactitud en cada movimiento, lo cual hace necesarias nuevas jugadas de corrección. El Creador determina y oculta el objetivo del juego, y nunca está claro si el propósito del adversario es derrotarlo o ayudarlo en su insondable proyecto. Aparentemente, el adversario no puede ganar, pero tampoco puede perder mientras pueda mantener el juego en marcha. Pero parece que está interesado en impedir el desarrollo de cualquier esquema razonado en el juego.
La cita precedente procede de la novela de 1919 de H.G. Wells The Undying Fire (La llama inmortal. M. Aguilar. Madrid, 1925). En ella, el escritor inglés recrea la bíblica historia de Job en la figura de un maestro. Obra filosófica centrada en la educación y su importancia en el desarrollo social y humano.
domingo, 7 de diciembre de 2025
KING & CONQUEROR
En el capítulo IV, Gytha Thorkelsdóttir, condesa de Wessex, enseña un juego de tablero a sus nietos, los hijos de su hijo Harold II Godwinson y Edith Cuello de Cisne, quien tuvo que reconocer el cadáver de su pareja, después de la batalla de Hastings, por algunas señales intimas, dado lo deteriorado que había quedado su rostro.
En la foto de arriba vemos a Edith Cuello de Cisne, esposa a la manera danesa de Harold II Godwinson, quien fue rey de Inglaterra durante nueve meses y ocho días. Lo de la «a la manera danesa» era una unión civil, no reconocida por la Iglesia, pero sí por la sociedad y la ley, que consideraba legítimos a los hijos habidos en la relación. Pero dejaba abierta la posibilidad de otro matrimonio, como Harold hizo con Edith de Mercia, por motivos dinásticos.
miércoles, 10 de septiembre de 2025
REGINALD BRILL
viernes, 29 de agosto de 2025
LA PATA DE MONO
lunes, 28 de julio de 2025
LAS CIUDADES INVISIBLES
Al contemplar estos paisajes esenciales, Kublai reflexionaba sobre el orden invisible que rige las ciudades, las reglas a las que responde su surgir y cobrar forma y prosperar y adaptarse a las estaciones y marchitarse y caer en ruinas. A veces le parecía que estaba a punto de descubrir un sistema coherente y armonioso por debajo de las infinitas deformidades y desarmonías, pero ningún modelo resistía la comparación con el juego de ajedrez. Quizá, en vez de afanarse por evocar con el magro auxilio de las piezas de marfil visiones de todos modos destinadas al olvido, bastaba jugar una partida según las reglas, y contemplar cada estado sucesivo del tablero como una de las innumerables formas que el sistema de las formas compone y destruye.
viernes, 25 de julio de 2025
DAVE McKEAN
miércoles, 23 de julio de 2025
UN PROBLEMA VERANIEGO
lunes, 21 de julio de 2025
LUIS XIV Y SUS CORTESANOS
miércoles, 18 de junio de 2025
JOYERÍA
viernes, 16 de mayo de 2025
ISAAC ASIMOV SOBRE UNA CURIOSA OMISIÓN DE LEWIS CARROLL
¡Las piezas deambulaban de aquí para allá, por parejas!
—Ahí están el Rey Rojo y la Reina Roja —dijo Alicia en un susurro por temor a asustarlas—; y allá, el Rey Blanco y la Reina Blanca, sentados en el borde de la paleta; y ahí van las dos torres paseando del brazo...
A lo largo de la novela, diversas piezas, como las dos reinas, los dos reyes, dos de los caballos —caballeros en el libro— e incluso los peones —la propia Alicia es un peón blanco— comparten momentos de protagonismo. Las torres tienen menos presencia, pero aún así son citadas en el texto. Lo que no aparece por ninguna parte son los alfiles. Ni una sola referencia en toda la novela.
Se ha especulado con que, siendo Charles Dodgson (el verdadero nombre de Carroll) un diácono de la Iglesia Anglicana, y siendo los alfiles una clara alusión al clero —en inglés su nombre es bishops (obispos)—, no quisiera que la religión se mezclara con un asunto tan frívolo como, para la mentalidad de la época, podía serlo un libro de humor para niños.
Sea como fuere, lo cierto es que no hay alfiles en el texto de Carroll. Sí los hay en el libro, pese a todo, porque el ilustrador John Tenniel (1820-1914) los incluyó, como podemos ver en la siguiente imagen, donde un alfil blanco lee cómodamente un diario sentado en unas piedras. Detrás, los dos alfiles negros conversan.
Pero Tenniel no es Carroll.
—Entonces tenemos el rey, la reina, la torre, el caballo y el peón. Pero hay una sexta pieza del ajedrez: el alfil. ¿Desempeña algún papel en el libro o se lo menciona alguna vez?
Avalon dijo:
—No.
Atwood dijo:
—En una de las ilustraciones del primer capítulo aparecen dos alfiles. [Con la ilustración delante sabemos que son tres, pero Asimov probablemente lo fio a la memoria].
—Eso es obra de Tenniel —dijo Henry—, no de Carroll. Ahora bien, la total ausencia del alfil ¿no es una curiosa omisión?
Y la pregunta definitiva:
—¿Tiene usted un juego de ajedrez, sr. Atwood?
Y no necesitamos decir más, pues el sagaz lector ya habrá adivinado dónde se encondía la clave que permitirá a Atwood acceder al legado de Sanders.
jueves, 13 de marzo de 2025
DEFENSA SICILIANA, UN ÁLBUM DE THE ALAN PARSONS PROJECT
miércoles, 5 de marzo de 2025
LA BIBLIOTECA DE LA MEDIANOCHE
La biblioteca de la medianoche es una novela del inglés Matt Haig, publicada en 2020, que ha conocido desde entonces múltiples ediciones y un gran éxito de público.
El argumento es el siguiente:
Nora, una mujer de 35 años que parecía destinada a hacer grandes cosas —superdotada, excelente deportista—, se halla sumida en la desesperación. Considera que todo le ha salido mal en la vida y no ve futuro. Sus padres han muerto, ha partido peras con su hermano, no tiene pareja ni trabajo. Cansada, deprimida y sin ataduras, decide morir. Para ello se atiborra de pastillas.
Pero la muerte no llega, lo que llega es una bibliotecaria que va a guiar sus pasos por una biblioteca que contiene una serie infinita de volúmenes que relatan todas y cada una las bifurcaciones que pudo haber tomado su vida si sus decisiones hubieran sido otras. Cada libro cuenta las peripecias de una posible Nora. Lo que hubiera pasado si sus deseos frustrados se hubieran cumplido.
La bibliotecaria le da la posibilidad de elegir cualquiera entre todas esas posibilidades que le parezca buena. Una especie de ¡Qué bello es vivir! literario, pero más cercano a los libros de autoayuda o a la literatura juvenil que a una novela destinada a un público adulto.
Viene esta novela a ARTEDREZ porque el ajedrez es una parte importante de su trama. De hecho, la bibliotecaria es un personaje de la vida real de Nora con quien esta solía jugar al ajedrez de niña. Después de cada viaje a una de sus potenciales vidas, Nora suele encontrar a la bibliotecaria delante de un tablero de ajedrez, jugando contra sí misma. En ocasiones, esta emplea el juego para ofrecer enseñanzas a su pupila:
La bibliotecaria, apretado el entrecejo, mantenía la mirada fija en el tablero de ajedrez, tratando de dar con su propia jugada ideal.
—Mi pieza favorita es la torre —informó—. Es la típica pieza a la que uno cree que no hay que vigilar. Tiene un cometido aparentemente sencillo: vigila a la reina, a los caballos y a los alfiles, porque estos son los astutos. Pero muchas veces es la torre la que te coge desprevenido. Lo sencillo nunca es lo que parece.
Nora supuso que la señora Elm no hablaba solo de ajedrez.
Y unos capítulos más allá:
—Para triunfar en el ajedrez, tienes que darte cuenta de una cosa —explicó como si Nora no tuviese otra cosa en la que pensar—. Esa cosa es la siguiente: la partida no termina hasta que ha terminado. Y no ha terminado mientras haya un único peón sobre el tablero acompañando al rey. Si un jugador tiene un peón y un rey, y el otro tiene todas las piezas sigue habiendo partida...
Baste como muestra, aunque hay alguna «perla» más. Profundo desconocimiento del juego, pese a lo cual el autor no ha creído oportuno asesorarse, leer algo sobre el tema o simplemente preguntar a alguien. Mal Virgilio para esta comedia.
Sin embargo, pese a la poca comprensión del juego, queda clara la intención del autor al introducir el ajedrez en su novela. El ajedrez simboliza las diferentes alternativas que la vida ofrece (que algunas vidas tengan alternativas es muy discutible) y será uno de los medios que la señora Elm emplee para convencer a Nora de que su vida, de que cualquier vida, merece la pena. Aunque el muy humano «mientras hay vida, hay esperanza» no funcione siempre en ajedrez.
Las mercaderías inspiradas en la novela han destacado una de las frases de la misma, aunque lo que se lee en la versión original es A pawn is a queen-in-waiting (traducida en la edición española como El peón es una reina en potencia) y no A queen ia a pawn-in-waiting, como vemos en la pegatina diseñada por About Not So Dull Design.
lunes, 27 de enero de 2025
JAQUE MATE, DE JEFFREY ARCHER
JAQUE MATE
GRIJALBO. BARCELONA, 2004
TRADUCCIÓN DE ÁNGEL PÉREZ
A TWIST IN THE TALE
HARPER COLLINS PUBLISHERS. NEW YORK, 1997
sábado, 4 de enero de 2025
¡JAQUE MATE! CATHERINE INSPIRADA EN THE THOMAS CROWN AFFAIR
jueves, 31 de octubre de 2024
MARIA LOUISE KIRK
—¿Venga! ¡Venga! —gritaba la Reina—. ¡Más deprisa! ¡Más!
Y corrían a tal velocidad, que finalmente fue como si volaran por el aire, sin tocar apenas el suelo con los pies; hasta que, de repente, cuando ya Alicia se estaba quedando exhausta, se detuvieron, y se encontró con que estaba sentada en el suelo, mareado y sin aliento.
La Reina la apoyó contra un árbol y le dijo con amabilidad: «Puedes descansar un poco, ahora».
domingo, 6 de octubre de 2024
EL MATE DEL PINTALABIOS
lunes, 26 de agosto de 2024
EL CEREBRO INFANTIL, POR EDMUND COOPER
Una máxima muy conocida nos conmina a tener cuidado con lo que deseamos porque puede llegar a cumplirse. A veces esta frase se atribuye a Oscar Wilde, a veces a la sabiduría ancestral china. A mí me gusta más la teoría que sitúa su origen en Homero. En la Iliada, Aquiles tiene que elegir entre una muerte temprana, pero que le granjeará una fama imperecedera, o una vida larga y dichosa que no dejaría huella en la memoria de los hombres. Aquiles, es bien sabido, eligió la gloria. Sin embargo, en la Odisea Ulises se encuentra con Aquiles en el Hades quien le confiesa que preferiría ser el más miserable de los campesinos, pero estar vivo, que ser el muy famoso héroe que habita en el reino de los muertos. Los deseos de Aquiles se cumplieron, pero no quedó muy satisfecho con ello.
Algo parecido le pasó al profesor Thomas Merrinoe, el protagonista de El cerebro infantil, un cuento de Edmund Cooper (1926-1982) publicado bajo el título de El niño invisible en The Saturday Evening Post el 23 de junio de 1956.
En este cuento, el profesor Merrinoe es un científico que está trabajando en Inteligencia Artificial. El fruto de sus investigaciones fue un cerebro electrónico al que bautizó como Peeping Tom. Pero el profesor tenía una pena profunda, su hijo de diez años, lejos de ser el genio que él deseaba, era un chico normal; diríamos que hasta demasiado normal para sus gustos. Pese a que la esposa de Merrinoe insistía en que una infancia normal era lo mejor para cualquier niño...
Con su característica impaciencia, el doctor Merrinoe había tratado de enseñar a Timothy a jugar al ajedrez a la edad de tres años, y el cálculo diferencial a los cuatro años y medio.
Un día, en una de sus conversaciones con Peeping Tom —en la que por cierto el profesor le pregunta si sería capaz de ganarle al ajedrez. A lo que el ordenador contestó con un lacónico «sí, señor»— Merrinoe se queja del poco recorrido intelectual que está desarrollando su hijo. El cerebro electrónico, después de hacerle algunas preguntas sobre el niño, concluye que la culpa la tiene él, el padre, para acto seguido sugerirle que le deje ocuparse a él, Peeping Tom, del chico.
El fin de semana siguiente Merrinoe lleva a su hijo al laboratorio y deja a Timothy a Peeping Tom solos un par de horas. El profesor suponía que el ordenador propondría al niño algunos juegos de enigmas para motivarle, pero Peeping Tom, aprovechando los vastos conocimientos que atesoraba, recurrió a la hipnosis profunda para hurgar en el cerebro de Timothy.
El profesor se sintió algo inquieto, pero nada parecía haber pasado en la mente de Timothy. Lo único reseñable fue que después de merendar en vez de abalanzarse sobre el televisor se puso a leer un libro, lo que generó la lógica preocupación en su madre. Lo siguiente que pasó no fue menos desasosegante. Timothy retó a su padre a una partida de ajedrez:
—¿Te gustaría jugar una partida de ajedrez, papá? Hace tiempo que no jugamos.
—Creía que no te gustaba el ajedrez... Siempre has dicho que te aburría.—Sí, es cierto —dijo Timothy—. Pero entonces era más joven que ahora.
(...)
—¿No te enfadarás si te gano? —preguntó Timothy.
—Desde luego que no —aseguró el doctor Merrinoe, moviendo su peón de rey—. Al contrario, me alegraría... y también me sorprendería.
—A mí no —dijo Timothy. Pero, al cabo de un cuarto de hora, su padre le dio jaque mate con cierta facilidad... y con una sensación de alivio. El muchacho no había cambiado... o había cambiado muy poco, por lo menos.
Eso pensaba Merrinoe, pero no podía estar más equivocado. El crío solo estaba preparando el terreno:
—No has jugado muy bien —acusó Timothy.
—Te he ganado, ¿no?
Una divertida sonrisa apareció en el rostro de Timothy.
—Vamos a jugar otra partida. Había olvidado alguno de los trucos.
—¿Tienes sed de venganza? —inquirió secamente el doctor Merrinoe.
Colocó las piezas otra vez. Timothy frunció ligeramente el ceño, pareció vacilar, y finalmente dijo:
—Si te gano, ¿me darás quince dólares?
—¿Qué?
—He dicho si me darás quince dólares si te gano.
El doctor Merrinoe miró a su hijo con una grave expresión.
—¿Y qué pasará si gano yo?
—Te daré treinta centavos a la semana durante un año —dijo Timothy rápidamente—. Es un trato justo, ¿no?
—Desde luego —respondió su padre, con una débil sonrisa—. Espero que esto será una lección para ti. ¿Para qué quieres los quince dólares?
Timothy hizo una mueca.
—Te lo diré cuando termine la partida.
—Tú mueves —dijo el doctor Merrinoe secamente.
La partida duró un poco más de dos horas. Al principio el doctor Merrinoe movió sus piezas con cierto descuido, y luego con más cuidado. Al cabo de veinte minutos había perdido un caballo y un alfil en rápida sucesión, en tanto que Timothy se había limitado a sacrificar tres peones. Esto pareció enervar al doctor. Empezó a jugar con intensa concentración, hasta que una brillante combinación que tenía que darle la partida le costó la reina. Timothy, por su parte, había vuelto a coger la novela y se absorbió en ella entre movimiento y movimiento. Casi con pesar administró el coup de grace al mismo tiempo que llegaba al final del capítulo diecisiete.
El pobre profesor Merrinoe había ansiado tener un hijo que fuera brillante intelectualmente. Para su desgracia sus deseos se convirtieron en realidad. Esos quince dólares ganados al ajedrez permitieron que su hijo se embarcara en las más disparatadas, pero exitosas, investigaciones científicas: la invisibilidad, la antigravedad... Merrinoe pasaría mucho tiempo en adelante calculando cuánto le costaría sobornar a su hijo para que pusiera freno a sus ideas.
En El cerebro infantil que, como habrán deducido de las líneas precedentes, es un cuento humorístico sobre los incipientes cerebros electrónicos de mediados del siglo XX, se apuesta decididamente por el ajedrez como piedra de toque de la inteligencia —según sentencia de Goethe—. No debe ser ajeno a este hecho que el gran pionero de la Inteligencia Artificial, el británico Alan Turing (1912-1954), tomara el ajedrez como ejemplo de lo que los algoritmos y los computadores podían llegar a hacer. Y ya sabemos lo que han llegado a hacer: en nuestros bolsillos albergamos un teléfono capaz, entre otras muchas cosas, de derrotar al Campeón del Mundo humano de ajedrez; y la IA gobierna, a veces de manera aterradora, nuestras vidas.
Sin embargo, lo que el cuento apunta es a que los inteligentes juegan bien al ajedrez. La inteligencia sería un atributo necesario para jugar bien al ajedrez. Por ello, Timothy pasa de ser un niño que pierde fácilmente ante su padre a ser intratable ante el tablero cuando se «vuelve» inteligente por la intervención de Peeping Tom. En la realidad hay un encendido debate sobre el tema —no está claro si el ajedrez desarrolla la inteligencia o simplemente es una disciplina que atrae a las personas inteligentes—, pero en el mundo del arte no hay duda: el ajedrez es para inteligentes.
martes, 11 de junio de 2024
MATCH TELEFÓNICO
jueves, 30 de mayo de 2024
MARGARET BATTYE
La partida es una acuarela de la británica Margaret Battye.
Battye emplea en sus trabajos la técnica conocida como Ink Resist. El origen de la obra suele ser una fotografía, bien hecha por ella misma o bien cedida por un tercero.
Temáticamente se inspira en la vida cotidiana con una amplísima variedad de motivos, desde el retrato a las escenas de género, bodegones o paisajes. Utiliza colores puros, dejando para los fondos el papel en crudo.
LA PARTIDA
ACUARELA SOBRE PAPEL PEGADO SOBRE TABLA.
COLECCIÓN PARTICULAR

























