Mostrando entradas con la etiqueta ENSAYO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ENSAYO. Mostrar todas las entradas

domingo, 30 de agosto de 2026

UN ÁRBOL DE COMPAÑÍA

Dos inesperadas referencias ajedrecísticas en una obra de la escritora hispano-argentina Clara Obligado (1950) y el biólogo español Raúl de Tapia. Se trata de Un árbol de compañía, un libro que reflexiona sobre el mundo vegetal —en especial los árboles— y la cultura.

En la página 83, un recuerdo de un Madrid en vías de desaparición.

Está claro, una vez más, que Madrid va dejando de ser de los vecinos para convertirse en una ciudad en venta. Cuando llegué al barrio de las Letras, hace casi cincuenta años, en esta plaza (la plaza de Santa Ana) había un ajedrez gigante con el que jugaban los viejos. Una noche lo vi quemar y nadie lo repuso.

En la página 123, un estremecedor homenaje a un amigo muerto. 

Ya ha cumplido diecisiete años cuando un compañero de clase se suicida. Sale con su caballo y, al volver, se ahorca con las cinchas.

Ponemos sobre su tumba un caballo de ajedrez, no recuerdo si negro o blanco. 

FICHA TÉCNICA
CLARA OBLIGADO Y RAÚL DE TAPIA
UN ÁRBOL DE COMPAÑÍA
PÁGINAS DE ESPUMA. MADRID, 2025

lunes, 16 de junio de 2025

CONCHA DE MARCO


Retrato de Concha de Marco (1916-1989), poeta, ensayista y traductora española.

El retrato fue elegido como ilustración para la cubierta del ensayo que le dedicó en 2016 José María Martínez Laseca.






 

viernes, 30 de mayo de 2025

LA PASIÓN POR EL AJEDREZ ES UNA DE LAS MÁS IRRESPONSABLES DEL MUNDO, POR H. G. WELLS

Sobre el ajedrez. 

La pasión por el ajedrez es una de las más inexplicables del mundo. Es una bofetada en la cara de la Teoría de la Selección Natural. Es la más absorbente de las ocupaciones y la menos capaz de satisfacer los deseos, una excrecencia sin nombre de la vida. Puede aniquilar a un hombre. Pongamos por caso que Ud. quiere destruir a un político prometedor o a un artista emergente. La daga o la bomba son métodos arcaicos, torpes y poco fiables, pero enséñele, inocúlele el ajedrez. Quizá porque la forma correcta de enseñar ajedrez es tan poco conocida sea por lo que en la mayoría de los casos este plan fracasa, la daga se aparta. Si todos fuéramos jugadores de ajedrez, no habría nadie que se ocupase de los negocios del mundo. Nuestros estadistas se sentarían con sus tableros de bolsillo mientras el país se va al carajo, nuestros ejércitos se enterrarían en una contemplación escaqueada, nuestros procuradores de sustento se olvidarían de sus esposas en busca de mates imposibles. El mundo entero se desorganizaría. Puedo imaginarme este abominable hipnotismo que se forja en la constitución de los hombres que hasta los cocheros conducirían sus carruajes con movimientos de caballo calle arriba y calle abajo por la carretera de Charing Cross. Aquí y allá un suicida aparecería con está patética inscripción clavada en el pecho: «di jaque con la dama demasiado pronto. No puedo soportarlo». No hay peor remordimiento que el remordimiento por el ajedrez.  
Solo que, afortunadamente, como decíamos, el ajedrez se enseña al revés. La gente dispone el tablero delante del aprendiz con los trebejos dispuestos en orden de batalla, dieciséis por bando, con seis clases distintas de movimientos, y el pobre infeliz sencillamente es aplastado y apabullado. Pasan un montón de cosas, la mayoría desagradables, y al final un mate se cierne por entre la bruma de piezas. Así que se va, atemorizado pero ileso, con la intima convicción de que  todos los jugadores de ajedrez son unos farsantes y de que el ajedrez inteligente, que no es ni arriesgado ni aprendido de memoria, está más allá de la inteligencia humana. Pero, evidentemente, este es un método de instrucción muy poco razonable. Antes de que el principiante pueda entender los principios del juego ya tiene que conocer el final; ¿cómo puede comenzar a jugar antes de saber a qué está jugando? Es como dar la salida a los atletas de una carrera y dejarlos a ellos que adivinen dónde está escondida la línea de llegada.

El verdadero maestro de ajedrez, el sutil envenenador, el astuto Como₁ que convierte a los hombres en ajedrecistas opera de otro modo. El nos dará un rey, la dama y un peón y los dispondrá en cualquier posición, así Ud. dominará las posibilidades de la dama y el peón sin complicaciones desconcertantes. Luego, un rey, una dama y, quizá, un alfil; un rey, una dama y un caballo; y así sucesivamente. Se asegura de que usted, en esos felices días de la infancia ajedrecística, siempre tenga una posición ganadora y pruebe el dulce placer del ajedrez, el deleite de ganar a un rival superior. A continuación, posiciones más complicadas y al final regresará al comienzo normal. Usted empezará a comprender la razón de la disposición de las piezas y comprenderá porque un gambito difiere tanto de otro en gloria y virtud. Y la manía ajedrecística de su maestro se le contagiará desde ese momento para siempre.

Es una maldición para el hombre. No hay felicidad en el ajedrez. (El señor St. George Mivart, que es capaz de encontrar la felicidad en los sitios más inverosímiles, se quedaría sin palabras delante de un tablero.) El delicado placer de un bonito mate es la fase menos desdichada de ello. Pero, generalmente, advertimos que deberíamos haberlo dado dos movimientos antes o que un movimiento inadvertido habría capturado nuestra dama.

Ningún jugador de ajedrez duerme bien. Después de la dolorosa estrategia del día, uno vuelve a disputarla otra vez. Se ve con mayor claridad que durante el día que era la torre y no el caballo lo que se debería haber movido. ¡No! ¡Es imposible! Ningún pecador, inocente de ajedrez, conoce esos abismos de remordimiento. Vastos tableros desiertos yacen para el jugador más allá de la puerta de los sueños. Una robusta torre se precipita sobre uno, los caballo vigilan de reojo, los peones propios están todos atados y un mate se cierne amenazador sin llegar nunca a descender. Una vez que se ha comenzado en el ajedrez de manera adecuada, es carne de tu carne, sangre de tu sangre. Te has vendido, el pacto está cerrado y el espíritu del mal ha penetrado. 

La válvula de escape apropiada para la ansiedad es la práctica de los juegos y hay una clase de hombres, sombríos, tristes, de aspecto irreal, que se reúnen en los cafés y juegan con un deseo que no muere y un fuego que no se extingue. Estos, se reúnen en clubes y juegan torneos, torneos tales que los de la Mesa Redonda no podrían haber imaginado jamás. Pero hay otros que tienen el vicio pero viven en el campo, en lugares remotos —curas, maestros, recaudadores de impuestos— que se consumen día a día sin encontrar la compañía adecuada y que necesitan encontrar una ventilación artificial para su energía mental. Nadie ha calculado cuántos problemas correctos son posibles y no hay duda de que la gente de Investigación Psicológica estaría agradecida de que el profesor Karl Pierson₃ prestara atención al asunto. Todas las posibles disposiciones de las piezas alcanzan un número tan vasto, sin embargo, que de acuerdo a la teoría de las probabilidades, y permitiendo unos cuantos miles de posiciones cada día, el mismo problema no debería aparecer más de dos veces en un siglo. Precisamente —y ello debe ser causado por algún defecto en la teoría de las probabilidades— el mismo problema encuentra el modo de aparecer en diferentes publicaciones varias veces en un mes. Puede ser, por supuesto, que después de todo el número de problemas correctos sea limitado y que continuamos inventándolos y reinventándolos, y si se llevara un registro, todo el sistema, hasta cuatro o cinco movimientos, podría clasificarse y contabilizarse en el transcurso de unos pocos años. Realmente, si elimináramos aquellos movimientos evidentemente malos descubriríamos que el número de partidas razonables se habría limitado bastante y que incluso nuestro brillante Lasker no está sino repitiendo la inspiración de algún persa enterrado hace mucho tiempo, de algún indio sobre el que ha caído un ignominioso silencio, muertos y olvidados hace siglos. Puede que sobre cada partida de ajedrez penda la mirada de los precursores olvidados de los jugadores y que el ajedrez sea realmente un juego muerto, un juego embrujado, desarrollado hace siglos como, sin ninguna duda, es el juego de las damas.

El temperamento artístico, el elemento alegre e irresponsable de la mente, hace lo que puede para aligerar la gravedad de este juego tan intelectual. Para un mortal hay algo indescriptiblemente horrible en esos campeones con sus cuatro movimientos por hora —la simple idea de esas operaciones mentales durante quince minutos le da a uno un poco de dolor de cabeza—. El movimiento rápido y obligatorio es la clave de la alegría y por ello, aunque veneramos a Steinitz y a Lasker, es a Bird a quien amamos. Sus victorias resplandecen. Sus errores son magníficos. El verdadero placer del ajedrez, si es que esconde alguno, es ver arrebatada una victoria, por alguna feliz impertinencia, de la sombra de un aparente desastre. Y hablando de alegría recuerdo la histórica partida de ajedrez de Lowson. Lowson dijo que en ocasiones había sido alegre... !estando borracho! ¡Qué dios nos libre! Retado, él hubiera probado mediante alguna pequeña prueba de pronunciación, algunas contraseñas
 de los buenos templarios. Se ofreció a caminar por la acera, a resolver cualquier problema de matemáticas que pudiera concebir y finalmente a jugar al ajedrez con MacBryde. El otro caballero fue designado juez y después de ponerse el antimacassar en la cabeza se desplomó dormido en el sofá. El juego empezó con gran solemnidad, según me han dicho. MacBryde, según me contó después, balanceaba sus manos jugueteando con sus dedos de forma extraña, y dijo que la partida fue así. El juego fue fiero pero breve. Se descubrió que ambos reyes habían sido capturados. Lowson fue difícil de convencer, pero esto se le vino a la cabeza. «Tío», se dice que dijo a MacBryde, «estoy borracho. No hay la menor duda. Me avergüenzo de mi mismo». Se acordó declarar la partida tablas. La posición, tal y como la vi a la mañana siguiente, era muy interesante. La dama de Lowson estaba en seis caballo de rey y el alfil en tres alfil dama, tenía varios peones y su caballo ocupaba una posición dominante en la intersección de cuatro casillas. MacBryde tenía cuatro peones, dos torres, la dama, una dama de damas y un pequeño mantel ornamental dispuesto en semicírculo a través del tablero. No tengo ninguna duda de que los exquisitos del ajedrez se burlan de esta posición, pero en mi opinión es una de las más divertidas que he visto jamás. Recuerdo que la admire un largo rato, a pesar de un ligero dolor de cabeza y aún hoy es la única partida de ajedrez que recuerdo con genuino placer. Y he jugado muchas partidas.

La diatriba contra el ajedrez que acaban de leer es una obra de H. G. Wells (1866-1946), publicada en 1897 dentro de la colección de ensayos  Certain Personal Matters (Algunos asuntos personales).

Para clarificar algunos puntos del texto, hemos redactado las siguientes notas:

1. Como. Dios griego, compañero de Dioniso, es la personificación de la fiesta y el desenfreno. 

2. Charles Mivart fue un biólogo inglés que intento hacer compatible el evolucionismo con la religión, con el resultado de ser condenado por ambas creencias.

3. Karl Pierson. Matemático británico, que estableció la disciplina de la estadística matemática.

4. Macassar era un ungüento para el pelo. Antimacassar eran lo trozos de tela que se ponían en los sofás y sillones para protegerlos de las manchas.









lunes, 2 de diciembre de 2024

JOSEPH ROTH EN LA URSS

A mediados de los años 20 del siglo XX, el diario alemán Frankfurter Zeitung, envía a uno de sus periodistas estrella, Joseph Roth, a la Unión Soviética para conocer de primera mano la nueva sociedad comunista e informar de ella a la sociedad ilustrada europea. Aunque ya habían pasado nueve años del triunfo de la Revolución, la construcción del socialismo seguía seduciendo y repeliendo por igual a los intelectuales europeos.

En determinado momento del libro, Roth dice:

¿Dónde está la frontera entre el «burgués» y el «hombre libre». Si es la caja de caudales la que hace al ahíto bourgeois, lo que hace a este otro tipo de bourgeois más magro sería el amor a la tranquilidad, a la apacibilidad del domingo, a la jarra de cerveza, al gramófono, a la esposa y el hijo, a la visita al museo, a la partida de ajedrez en el club. Pero no es de la corpulencia física de lo que se trata. Ningún teórico podrá afirmar que el domingo, la cerveza, el gramófono, el museo o el ajedrez son una herencia burguesa y que no hubieran podido prosperar en una sociedad no capitalista: son cosas que la Revolución no rechaza, sino que, al contrario, acepta jubilosamente, administra y cultiva.

El sentido de la Revolución no puede ser contentar a todo el mundo con el gramófono, el museo o el ajedrez. Su destino no puede ser «aburguesar» a la gente.

FICHA TÉCNICA
JOSEPH ROTH
YEVGRAF O EL HEROÍSMO LIQUIDADO
VIAJE A RUSIA
MINÚSCULA, BARCELONA, 2008
TRADUCCIÓN DE PEDRO MADRIGAL




sábado, 23 de diciembre de 2023

LA POETA Y EL ASESINO

La poeta y el asesino es un libro de Simon Worrall que relata sus investigaciones sobre la figura de uno de los mayores falsificadores de la Historia: Mark Hofmann (1954).

Dotado de un talento inmenso para imitar caligrafías, con conocimientos técnicos y químicos que le permitían envejecer documentos, fabricar tintas y pegamentos, y con una capacidad de trabajo sorprendente, Hofmann se dedicó a falsificar cartas manuscritas y dedicatorias de una cantidad ingente de personalidades norteamericanas (la mayoría de los falsificadores se especializa en una o dos figuras).

La lista es asombrosa:  George Washington, John Adams, John Quincy Adams, Daniel Boone, John Brown, Andrew Jackson, Mark Twain, Nathan Hale, John Hancock, Francis Scott Key, Abraham Lincoln, John Milton, Paul Revere, Myles Standish y Button Gwinnett. De postre, se inventó un poema de Emily Dickinson.

La mayoría de estas falsificaciones logró engatusar a expertos, peritos de las grandes casas de subastas, —Worral, por cierto, pone a las casas de subastas como chupa de dómine— bibliotecarios y todo el conjunto de personas encargadas de velar por la conservación del patrimonio histórico. Hasta el punto de que si se sabe que algún documento ha pasado por sus manos, y pasaron cientos porque se dedicaba a la compraventa de antigüedades, queda descartado automáticamente para ser subastado o entrar en cualquier colección mínimamente seria. Se teme que muchas prestigiosas instituciones aún alberguen a día de hoy falsificaciones de Hofmann. 

Pero donde Hofmann se superó a si mismo fue en la falsificación de documentos fundacionales de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días: los mormones. Mormón él mismo, pero desengañado de la fe de sus mayores, se dedicó a amargar la vida de los dirigentes mormones. Les advertía que había llegado a sus manos algún documento muy comprometedor, presuntamente escrito directamente por alguno de los primeros dirigentes de la secta. Los dirigentes ofrecían el oro y el moro con tal de hacerse con el documento comprometedor y hacerlo desaparecer. Pero daba lo mismo, Hofmann se encargaba de filtrarlo a la prensa. Así, cobraba de los mormones y al mismo tiempo minaba la credibilidad de la iglesia. Todo el proceso se repitió varias veces. Los mormones picaban una y otra vez.

En el caso que nos ocupa, para contrariedad de los que creen en la capacidad preventiva del delito que tiene el ajedrez, el villano era ajedrecista.

Hofmann era por naturaleza una persona lógica que contemplaba el mundo que lo rodeaba a través de la lente del pensamiento crítico. Por eso le gustaban la química y las matemáticas. Por eso también creía en el darwinismo. Eran sistemas racionales de pensamiento en los que podía confiar. Por eso le divertía el ajedrez.

Cuando la espiral de mentiras, chanchullos y engaños amenazó con engullirle, Hofmann recurrió al asesinato. Simplemente para despistar, sin que hubiera nada personal en los crímenes. Descubierto, cumple una sentencia de cadena perpetua. 

En la cárcel sigue entregado al ajedrez.

Hofmann se ha convertido en un experto jugador de ajedrez y escribe regularmente una columna llamada «La esquina de ajedrez de Hofmann» para la revista de la prisión. Una de estas, que trata sobre las clavadas, puede tomarse como metáfora de su vida. «Una clavada es un ataque contra una pieza de ajedrez que promete otra todavía más valiosa —escribe—. Hay dos tipos de clavadas: la absoluta y la relativa. La pieza clavada generalmente está indefensa contra cualquier presión añadida y, por tanto, se convierte en un blanco gratificante… Uno de los signos más claros de un maestro es la creación de una clavada o de otra posibilidad táctica cuando todavía no hay ninguna.»

FICHA TÉCNICA
SIMON WORRALL
LA POETA Y EL ASESINO
IMPEDIMENTA. MADRID, 2002
TRADUCCIÓN DE BEATRIZ ANSÓN

domingo, 13 de agosto de 2023

PENSAR Y NO CAER

En La calumnia, uno de los capítulos de Pensar y no caer, de Ramón Andrés (1955), dedicado a glosar la obra de teatro de Sarah Kane Phaedra's Love (El amor de Fedra) encontramos una curiosa reflexión sobre la necedad de los que han llegado a lo más alto:

No hay peor cabeza que la del encumbrado. Hay que zafarse de él. No le importará matar con la torre o con el alfil, hacia delante, hacia atrás o al sesgo.



FICHA TÉCNICA
RAMÓN ANDRÉS
PENSAR Y NO CAER
ACANTILADO. BARCELONA, 2016

IGOR SVENTITSKY
CHESS, 2022
ÓLEO SOBRE LIENZO. 40 x 40 cm.
COLECCIÓN PARTICULAR

domingo, 12 de agosto de 2018

ROBERT LOUIS STEVENSON

Fragmento de uno de los ensayos de Robert Louis Stevenson reunidos en Memories & Portraits. Stevenson dice que lo fundamental de la vida reside en la competición, en la pugna y hace una mención al ajedrez como uno de los escenarios donde compiten entre sí las personas.
La esencia de la vida es la lucha; hasta la relación más amistosa es una suerte de competición. Y para no renunciar a todo lo que nos es valioso, debemos enfrentarnos continuamente a los otros, cara a cara, y luchar hasta caer, bien sea en el amor o la enemistad. No es sino por la fuerza del cuerpo o del caracter o del intelecto que alcanzamos placeres dignos. Hombres y mujeres compiten en el campo del amor, como mesmeristas rivales. Los activos y hábiles deciden sus desafíos en el deporte, los sedentarios se sientan a jugar al ajedrez o a conversar. 

FICHA TÉCNICA
ROBERT LOUIS STEVENSON
MEMORIES AND PORTRAITS
CHATTO & WINDUS. LONDON, 1912

SANDRA FISCHER
TULIO Y NOGA JUGANDO AL AJEDREZ, 1993
ÓLEO SOBRE LIENZO. 40,64 x 50,80 cm.
COLECCIÓN DE MAX KITAJ

lunes, 4 de agosto de 2014

CONTRA LOS POETAS


Los poetas no sólo escriben para los poetas, sino que se alaban mutuamente y mutuamente se rinden honores unos a otros. Este mundo, o mejor dicho, este mundillo, no difiere mucho de otros mundillos especializados y herméticos: los ajedrecistas consideran el ajedrez como la cumbre de la creación humana, tienen sus jerarquías, hablan de Capablanca con el mismo sentimiento religioso que los poetas de Mallarmé, y uno confirma al otro en la convicción de su propia importancia. Pero los ajedrecistas no pretenden tener un papel tan universal, y lo que después de todo se puede perdonar a los ajedrecistas, se vuelve imperdonable en el caso de los poetas.



Witold Gombrowicz en una fotografía de Oswaldo Malura de 1967

FICHA TÉCNICA


WITOLD GOMBROWICZ
CONTRA LOS POETAS
DIARIO (1953-1969)
SEIX-BARRAL. BARCELONA, 2005
TRADUCCIÓN DE BOŻENA ZAVOKLICKA Y FRANCESC MIRAVITLLES

martes, 31 de enero de 2012

LOS AJEDRECISTAS IRRITABLES

Hace algún tiempo trajimos a Artedrez dos poemas de Primo Levi titulados Ajedrez y Ajedrez II que habían sido publicados en el volumen Ad ora incerta (Garzanti. Milán, 1984. Editado en España como "A una hora incierta". La poesía, señor hidalgo. Barcelona, 2005). Levi publicó al año siguiente L'altrui mestiere (Einaudi. Turín, 1985) un libro que es una recopilación de artículos publicados en la prensa diaria entre 1964 y 1984.

Uno de los artículos compilados se titula "Los ajedrecistas irritables". En él cuenta que Horacio decía que se mantenía a distancia de los poetas, siéndolo él mismo, por su irritabilidad. Levi escribía esto en 1981, cuando Karpov y Korchnoi estaban disputando su match por el campeonato en del mundo en la localidad italiana de Merano. Las noticias que llegaban de allí sugerían que, como lo poetas, los ajedrecistas también eran seres irritables lo que llevó a Levi a preguntarse si había algo en común entre los poetas y los jugadores de ajedrez.


Por supuesto, cualquier partida de ajedrez es una metáfora de la vida, de la inexorabilidad de nuestras decisiones. Sin embargo lo que une a poetas y ajedrecistas es la responsabilidad total que ambos tienen ante sus actos. Su labor se desarrolla en soledad, sin aliados ni intermediarios. Lo mismo ante un verso que ante una combinación, no cabe diluir la responsabilidad en los otros o en la suerte. No valen los pretextos, y los pretextos, nos recuerda Levi, son un poderoso analgésico. Esto se ve agravado por el hecho de que ambos trabajan con el cerebro, y los seres humanos somos más susceptibles a la valoración que los otros hacen del funcionamiento de nuestro cerebro que a la que pudieran hacer del funcionamiento de nuestros riñones, nuestros pulmones o nuestro corazón.


Así pues el ajedrecista y el poeta están desnudos "sin coraza que lo proteja ni vestidos que lo escondan". Y esa desnudez, esa exposición a las inclemencias, irrita la piel indefensa. Pero esa irritabilidad sería un inconveniente a corto plazo que no debería ocultar una ventaja a largo plazo. Por ello termina recomendando su práctica: 
Sería bueno en definitiva, que todos, y especialmente quien aspira al poder o a la carrera política, aprendieran precozmente a vivir como ajedrecistas, eso es, meditando antes de mover, aun sabiendo que el tiempo concedido para cada movimiento es limitado; recordando que cada movimiento nuestro provoca otro en el adversario, difícil pero no imposible de prever; y pagando por los movimientos equivocados.

FICHA TÉCNICA
PRIMO LEVI
EL OFICIO AJENO
EL ALEPH EDITORES. BARCELONA, 2011
TRADUCCIÓN DE ANTONI VILALTA SECO

lunes, 2 de mayo de 2011

ERNESTO SABATO

INVENCIÓN Y DESCUBRIMIENTO

Podría decirse que cuando fue inventado el ajedrez, quedaron dadas, potencialmente, todas las partidas: a través de los siglos, los jugadores descubrirían las partidas preexistentes como en una selva.

Pero dando un paso más atrás, se podría decir que el hombre no inventó el ajedrez, sino que lo descubrió. Considerando el Universo como dado, todas las creaciones e invenciones del hombre serían como partidas en este Gran Ajedrez, descubrimientos en una Gran Selva.

Pero dando otro paso más atrás, podría decirse que quizá el Universo no ha sido creado sino descubierto en una Selva de Universos Posibles, selva difícil, oscura, sublime, en que sólo un Dios puede aventurarse.

FICHA TÉCNICA
ERNESTO SABATO
SEIX BARRAL. BARCELONA, 1988


viernes, 19 de noviembre de 2010

DE VARIA INVENCIÓN XLIX

DAVID FOSTER WALLACE

Las divisiones y los límites tan precisos, junto con el hecho de que -dejando de lado el viento y los giros exóticos que uno quiera darles- se puede hacer que las pelotas solamente vuelen en línea recta, hacen que los manuales de tenis sean pura geometría. Es un billar con bolas que no se quedan quietas. Es un ajedrez en movimiento.

FICHA TÉCNICA
DAVID FOSTER WALLACE
DEPORTE Y TORNADOS (EN "ALGO SUPUESTAMENTE DIVERTIDO QUE NUNCA VOLVERÉ A HACER")
RANDOM HOUSE MONDADORI. BARCELONA, 2008
TRADUCCIÓN DE JAVIER CALVO

jueves, 11 de marzo de 2010

DE VARIA INVENCIÓN XXXVIII


PODERÍO DEL LENGUAJE
La riqueza del lenguaje puede ser medida por el número de las palabras, pero no su poderío. Hay escritores que se arreglan con un vocabulario restringido, que sacan matices y partido del que tienen por la maestría en la colocación. Como en el ajedrez, una palabra no vale por sí sola sino por su posición relativa, por la estructura total de que forma parte. Sólo un escritor mediocre puede desdeñar ciertas palabras, como un mal jugador de ajedrez desdeña un peón: no sabe que a veces sostiene una posición.
FICHA TÉCNICA
ERNESTO SABATO
UNO Y EL UNIVERSO
SEIX BARRAL. BARCELONA, 1988

miércoles, 10 de marzo de 2010

BERTRAND RUSSELL


El filósofo británico Bertand Russell fue aficionado al ajedrez. En una obra de 1928, Sceptical Essays, menciona el ajedrez en uno de los ensayos dedicado a la Psicología y los políticos:

Entre dos actividades que un hombre ha dominado, preferirá por regla general la más difícil: ningún ajedrecista jugará a las damas.

FICHA TÉCNICA

BERTRAND RUSSELL
SCEPTICAL ESSAYS
ROUTLEDGE, LONDON, 2004

jueves, 15 de octubre de 2009

TERESA DE ÁVILA



Teresa Sánchez Cepeda Dávila y Ahumada, Teresa de Jesús, cuya festividad celebra la Iglesia católica apostólica romana hoy 15 de Octubre, ha sido considerada habitualmente como la patrona de los ajedrecistas españoles y así se ha creído tradicionalmente aunque no conozco ninguna prueba de que tal patronazgo haya sido avalado por alguna autoridad eclesiástica competente. (ver nota al final)

Lo que no quita para que incluso para la Fabrica Nacional de Moneda y Timbre emitiera en 1982 un matasellos especial para conmemorar dicho patronazgo. (Información e imagen recogidos en Escacultura, el excelente blog de Javier Asturiano.)


En cualquier caso lo sería, lo de patrona digo, por extensión porque ya las Cortes de Castilla en 1617 la habían proclamado patrona de España, hecho ratificado por el papa Urbano VIII en 1622, lo que provocó serias disensiones entre los partidarios de Teresa y los del tradicional patrono de España, Santiago el Mayor, disensiones que más de una vez se zanjaron a palos. Hasta tal punto llegaron los palos que en 1630 un breve pontificio deja libertad a las distintas comunidades para que decidieran si consideraban a Teresa co-patrona de España o no. En 1812, las Cortes de Cádiz confirmaron el doble patronazgo.

Las razones para proponer a la santa como patrona de los ajedrecistas españoles están en que Teresa menciona el ajedrez en uno de sus libros: “Camino de Perfección”.

En el capítulo XVI, titulado: "De la diferencia que ha de haber en la perfección de la vida de los contemplativos, a los que se contentan con oración mental: y cómo es posible algunas veces subir Dios un alma distraída a perfecta contemplación, y la causa dello. Es mucho de notar este capítulo, y el que viene cabe él", podemos leer:

1. No os parezca mucho todo esto, que voy entablando el juego, como dicen. Pedítesme os dijese el principio de oración: yo hijas, aunque no me llevó Dios por este principio, porque aún no le debo tener destas virtudes, no sé otro. Pues creed que quien no sabe concertar las piezas en el juego del ajedrez, que sabrá mal jugar, y si no sabe dar jaque no sabrá dar mate. Aun si me habéis de reprender, porque hablo en cosa de juego, no le habiendo en esta casa, ni habiéndole de haber. Aquí veréis la madre que os dio Dios, que hasta esta vanidad sabia; mas dicen que es lícito algunas veces, y cuán lícita sería para nosotras esta manera de juego, y cuán presto si mucho lo usamos, daremos mate a este Rey divino, que no se nos podrá ir de las manos, ni querrá. La dama es la que más guerra le puede hacer en este juego, y todas las otras piezas ayudan. No hay dama que ansí le haga rendir como la humildad. Ésta le trajo del cielo en las entrañas de la Virgen, y con ella la traeremos nosotras de un cabello a nuestras almas. Y cree, que quien más tuviere, más le terná, y quien menos, menos. Porque yo no entiendo, ni puedo entender, como haya, ni pueda haber humildad sin amor, ni amor sin humildad. Ni es posible estar estas dos virtudes en su perfección, sin gran desasimiento de todo lo criado.

2. Diréis mis hijas, que ¿para qué os hablo de virtudes, que hartos libros tenéis que os las enseñen, que no queréis sino contemplación? Digo yo, que aun si pidiérades meditación, pudiera hablar della, y aconsejar a todas la tuvieran, aunque no tengan virtudes; porque es principio para alcanzar todas las virtudes, y cosa que nos va la vida en comenzarla todos los cristianos; y ninguno, por perdido que sea, si Dios le despierta a tan gran bien, lo había de dejar, como ya tengo escrito en otra parte, y otros muchos que saben lo que escriben, que yo por cierto no lo sé, Dios lo sabe. Mas contemplación es otra cosa, hijas, que éste es el engaño que todos traemos, que en llegándose uno un rato cada día a pensar sus pecados (que lo debe hacer si es cristiano de más que nombre) luego dicen es muy contemplativo, y luego le quieren con tan grandes virtudes, como está obligado a tener el muy contemplativo, y aun él se quiere; mas yerra. En los principios no supo entablar el juego, pensó bastaba conocer las piezas para dar mate, y es imposible, que no se da en este modo de que hablamos este Rey, sino a quien se le da del todo.
Se deduce claramente, de estos dos párrafos,  que Teresa no tenía en alta estima al juego y consideraba justificado que las monjas reprobasen que usara, aunque fuera metafóricamente, de un pasatiempo que estaba prohibido en el convento. El ajedrez es un juego mundano, aunque lícito en determinadas circunstancias, y la santa temía que lo mundano la hiciera indigna de dios. "Camino de perfección" es un libro en el que se pretenden dar avisos a las carmelitas descalzas sobre los valores que habían de guiar su vida: pobreza, amor al prójimo, humildad, mortificación y plegaria, sobre todo plegaria, y en este contexto encaja mal el "mundano" juego del ajedrez.

Además, existen serias dudas de que Teresa quisiera incluir los párrafos reseñados en la versión definitiva de su obra ya que ella misma los eliminó en la segunda redacción de la misma.

___________________________________

El 14 de octubre de 1944, el obispo de Madrid Alcalá ratificó el nombramiento de Santa Teresa cono patrona de los ajedrecistas españoles.

martes, 22 de abril de 2008

DE VARIA INVENCIÓN III (CONTRA EL AJEDREZ I)


Lo odio y lo rehúyo (el ajedrez) por no ser bastante juego y por entretenernos seriamente, avergonzándome de prestarle una atención que convendría a alguna cosa buena.


FICHA TÉCNICA
ENSAYOS
CÁTEDRA. MADRID, 1985
TRADUCCIÓN DE Mª DOLORES PICAZO Y ALMUDENA MONTOJO