Franck Cabrol rinde homenaje a Marcel Duchamp en esta obra, titulada La pipe et le rasoir... (La pipa y la navaja...). Pertenece a una amplia serie de obras dedicadas a homenajear a artistas de distintos géneros y épocas, una de las líneas de trabajo más características del autor.
La intención declarada de Cabrol es despertar la curiosidad del espectador y, a través de las pistas diseminadas en la obra, llevarlo al descubrimiento de quién es el artista homenajeado.
En el caso que nos ocupa, no es difícil llegar a la respuesta: Marcel Duchamp. Elementos fundamentales en la trayectoria del creador francés, como el ajedrez o la presencia de su alter ego femenino, Rrose Sélavy; elementos definitorios de su imagen, como la pipa; o artículos presentes en su obra, como la navaja, no dejan lugar a dudas.
Toda la obra de Franck, como suele firmar, está teñida de un sutil humorismo y de un marcado componente conceptual. Su formación como soplador de vidrio —especializado en esculturas de neón— se combina con el uso de fragmentos de muñecas infantiles para construir sus personajes, a los que sitúa junto a objetos identificables con el artista al que está homenajeando. Estas composiciones adoptan la forma de instalaciones tridimensionales cuya culminación es la fotografía final cuidadosamente elaborada.
En el aspecto ajedrecístico, se han “bailado” algunos de los trebejos: alfiles y caballos han intercambiado posiciones, y también el rey y la dama. Estamos seguros de que esto último no le hubiera importado a Duchamp.


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