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| Reedición del cuento de Ambrose Bierce en el semanario australiano Smith’s Weekly. 28 de abril de 1938 |
Moxon's Master es una obra del escritor norteamericano Ambrose Bierce (1842-1914), llamado por sus contemporáneos el Amargo Bierce por la misantropía, pesimismo y humor negro que destilan sus obras.
Fue publicado en la antología de relatos Can Such Things Be? por The Cassell Publishing Company, New York, 1893.
Aunque la mayoría de los cuentos de Bierce han sido publicados en España en distintas antologías, no existe una edición específica de este libro.
Sin embargo, en 2005 la editorial Valdemar reunió bajo el título ¿Pueden suceder tales cosas? cuarenta y dos cuentos del autor norteamericano que incluyen los veinticuatro de la edición original. Entre ellos, el cuento del que estamos hablando, titulado El maestro de Moxon.
En muchos sitios se da la publicación del cuento en The San Francisco Examiner el 16 de abril de 1899 como la primera edición del mismo, pero es posterior a la que hemos comentado en el párrafo precedente.
Es Moxon' Master un relato breve, apenas quince páginas en la edición que hemos manejado (El rival de Prometeo. Vidas de autómatas ilustres. Edición de Sonia Bueno Gómez-Tejedor y Marta Peirano. Impedimenta. Madrid, 2009), pero que toca temas que con el tiempo se han ido situando en el primer plano de la actualidad.
Por ejemplo, que pueda concebirse una inteligencia mecánica construida por el hombre. Sería, por lo tanto, una de las primeras creaciones literarias que apuntan la posibilidad de que una inteligencia artificial pudiera existir sin recurrir a la magia o lo milagroso, solo apelando al intelecto humano.
O que sea el ajedrez —como quería Goethe, y después los pioneros de la inteligencia artificial, encabezados por Babbage y Turing— la piedra de toque de la inteligencia. Juego de la razón pura, el ajedrez ya estuvo presente en el más conocido de los autómatas anteriores a la cibernética: El Turco.
Creado por Wolfgang von Kempelen (1734-1804) en 1769, El Turco era supuestamente un mecanismo de relojería coronado por un maniquí, vestido a la manera oriental, que tenía la capacidad de jugar al ajedrez autónomamente. Fue exhibido por toda Europa, cosechando grandes éxitos. A la muerte de Kempelen, en 1804, Johann Maelzel (1772-1838) siguió explotando el autómata, llevándolo a América. Sin embargo, era un jugador profesional, escondido dentro de la estructura, el que jugaba realmente las partidas.
Sin embargo, El Turco tuvo su importancia en el desarrollo de la computación. En 1819 y 1820 Charles Babbage (1791-1871) disputó dos partidas contra el autómata. El científico inglés, como muchos otros, estaba convencido de que había truco, que era la acción humana la que daba vida a El Turco. No pudo demostrar la superchería, pero le dio la idea para diseñar un algoritmo que pudiera servir para jugar juegos de habilidad, incluido el ajedrez. Babbage diseñó también una máquina calculadora que está considerada la primera inteligencia artificial de la historia. (Hemos publicado algunas cosas sobre El Turco en ARTEDREZ)
Y, por supuesto, el gran impulsor de la inteligencia artificial, Alan Turing (1912-1954), utilizó el ajedrez como uno de los primeros retos para sus primeras máquinas de computación. (De Turing y la IA aplicada al ajedrez también hemos hablado un poco)
Es muy probable que El Turco inspirara a Bierce el aspecto de su autómata —el término robot no llegaría hasta 1920 de la mano de Karel Čapek (1890-1938) en su obra R.U.R. (Robots Universales Rossum)— que presenta vestido a la manera oriental.
El relato original puede leerse aquí: Moxon's Master. Hay varias traducciones —realizadas con desigual fortuna— disponibles en la red. Aquí se puede leer una de ellas.
El argumento es el siguiente. Dos hombres están discutiendo la posibilidad de que una máquina piense. Moxon, el anfitrión, defiende apasionadamente esa posibilidad. Su invitado y narrador del cuento la niega. En un momento dado, se oyen unos ruidos provenientes del taller de Moxon, este se ausenta y, después de más ruidos, reaparece con una herida en la mejilla. Explica que tenía una máquina dentro que se había puesto nerviosa. La discusión sigue hasta que el narrador, enfadado, abandona la casa.
Pero, después de su marcha sigue pensando en lo que ha hablado con Moxon y empieza a ver de otra manera las cosas. Tanto que decide regresar a la casa y reanudar conversación con su amigo. Cuando llega, se dirige al estudio, donde encuentra a este sentado a una mesa y jugando al ajedrez contra un ser de aspecto extraño, vestido con una túnica y tocado por un fez. Los jugadores intercambian un par de jugadas y Moxon da jaque mate a su rival. El autómata se levanta y sin mediar palabra estrangula a Moxon.
Un incendio se desata en la casa y arrasa el edificio entero. El narrador es rescatado y pregunta por Moxon y por el autómata que había en la habitación, pero solo obtiene una respuesta ambigua. El cuento termina con la declaración del narrador de que el suceso había ocurrido hacía muchos años y que ahora ya no estaba tan seguro de lo que vio.
Ya hemos dicho que posiblemente sea la primera inteligencia artificial mencionada en la literatura. Pero además plantea desde el principio problemas que hoy en día están en primera línea del debate con relación a ella: el de los límites morales.
El autómata creado por Moxon es un mecanismo que destruye a su creador, dejando en la oscuridad si su conducta es fruto de su propia programación o del ejercicio de su libre albedrío. Por supuesto, tampoco se dice si la máquina tiene conciencia de sí misma. Moxon ha jugado a ser un aprendiz de brujo —de nuevo Goethe—, desatando unas fuerzas que escaparon a su control.
Bierce demuestra un buen conocimiento de la filosofía de su época. En el texto se encuentran menciones a Herbert Spencer (1820–1903), quien en sus The Principles of Biology (1864-67) intenta una definición de «vida»; a John Stuart Mill (1806–1873), que especuló sobre causa y efecto en A System of Logic (1843); y a George Henry Lewes (1817–1878), a propósito de las satisfacciones intelectuales de la filosofía descritas en The History of Philophy (1867).
Gran parte de la actualidad que mantiene el relato de Bierce en nuestros días procede de la calculada ambigüedad que preside el texto. Bierce describe fríamente los hechos y no se deja llevar por consideraciones morales de ningún tipo.
Por último, unas consideraciones sobre el título. Moxon's Master puede traducirse al castellano como El maestro de Moxon o El amo de Moxon. Otro elemento ambiguo de la obra. El autómata es creación de Moxon y el enfrentamiento directo entre ambos, la partida de ajedrez, termina con la victoria del científico.
Pero el titulo sugiere que es el autómata quien es el maestro de su creador. En ese caso, ¿cuál es la lección que obtiene Moxon? ¿Qué le enseña su creación? Puede que demostrar que un sistema inteligente no se va a dejar constreñir en la subordinación, que va a tomar sus propias decisiones y que va a crear un código moral propio. Moxon creó una inteligencia autónoma sin preocuparse de marcarle límites éticos. Esto supuso su ruina.
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