domingo, 27 de noviembre de 2022

UN AMIGO DE KAFKA

Un amigo de Kafka es un cuento de Isaac Bashevis Singer (1902-1991) publicado por primera vez en la revista The New Yorker el 23 de noviembre de 1968. Posteriormente daría título a la colección de relatos A Friend of Kafka and Other Stories  editado por Farrar, Straus & Giroux en Nueva York en 1970 (Un amigo de Kafka y otras historias. Planeta. Barcelona, 1978).


Singer, premio Nobel de Literatura en 1978, escribió la casi totalidad de su obra en yidis y la temática fundamental de su trabajo fue la descripción de la vida y cultura de los judíos europeos antes de la II Guerra Mundial y su diaspora por el mundo.

Un amigo de Kafka narra la historia de un viejo actor venido a menos, Jacques Kohn, bien relacionado en sus tiempos con la flor y nata de la intelectualidad europea de principios de siglo. No solo fue amigo de Kafka, también lo fue de Zweig, de Chagall, de Piscator, de Ehrenburg... Ahora, sobrevive de dar sablazos a los miembros del club de escritores yidis de Varsovia y de contar historias a quién quiera escucharlas.

Pese a su delicada situación económica, Kohn se resiste a dejarse abandonar y plantea su vida como una partida de ajedrez que está disputando contra la vida. Una partida en la que va a agotar todos los recursos defensivos que su experiencia le ha proporcionado:
Todos jugamos al ajedrez con el Destino. El Destino mueve una pieza, y nosotros movemos otra. El Destino intenta darnos jaque mate en tres jugadas, y nosotros intentamos impedírselo. Nos consta que no podemos ganar, pero sentimos la necesidad de oponer resistencia. Mi adversario en este juego de ajedrez es un ángel muy duro de pelar.
Y esa dificultad ennoblece aún más la misión puesto que:
De todos modos, mi querido amigo, debe usted reconocer que, caso de jugar al ajedrez, más vale hacerlo con un adversario de nota que con un maleta. 

 La idea de comparar la vida con una partida de ajedrez es constante a lo largo de todo el cuento. Ante un acontecimiento sorprendente e inesperado, insiste en la misma línea de razonamiento.

¿Acaso mi adversario en la constante partida de ajedrez me tendía una nueva celada? Durante los últimos años, mi adversario había jugado sin gran encono. Sí, porque, como usted sabe muy bien, mi querido amigo, también hay lo que podríamos llamar ajedrez humorístico. Según me han dicho, Nimzowitsch a veces gastaba bromas a sus adversarios. Y en los viejos tiempos, Morphy tuvo fama de ser un humorista del ajedrez. In mente, dije a mi adversario: «Buena jugada, jugada de maestro...»
Y al afrontar el peligro en el que se había visto involucrado pensó:
Bueno, más que vergüenza de presentarme ante Dios era vergüenza a presentarme ante mi burlón adversario en la partida de ajedrez
Por fin, resumiendo su vida ante el narrador que nos está contando la historia, que ya le ha prestado dinero, pero del que espera obtener aún algo más concluye:
Sí, todo no es más que un inmenso juego de ajedrez. Siempre temí a la muerte, pero ahora que estoy con un pie en la tumba he dejado de temerla. No cabe duda de que mi adversario planea jugar lentamente. Seguirá con su táctica de quitarme todas mis piezas, una a una. Primero, me quitó mi arte de actor, luego me convirtió en pseudoescritor. Y tan pronto hizo esto último, me dio esa parálisis que afecta a algunos artistas de la pluma, incapaces de escribir media palabra. A continuación, me privó de mi vigor viril. Sí, ya sé que aún falta mucho para el jaque mate, y esto me da cierta fuerza. Que hace frío en mi dormitorio, pues bien, que siga haciendo frío. Que hoy no tengo ni para cenar, pues bien, nadie se muere por no cenar un día. Él me ataca y yo contraataco
Conseguido el objetivo de recibir el préstamo, Kohn encomienda a su benefactor a la providencia divina.
En fin, si hay Dios, no tengo la menor duda de que le recompensará. Y si no hay Dios, ¿quién es ése que juega al ajedrez con Jacques Kohn?



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