miércoles, 19 de mayo de 2021

HAZAÑAS BÉLICAS


Jaque mate es un episodio de la serie de historietas española Hazañas bélicas, creada por Boixcar (Guillermo Sánchez Boix) en 1948 y que ha merecido decenas de reediciones a lo largo de los años. Esta historia en concreto se publicó por primera vez en 1958 (Año X - Nº 269) con dibujo de Vicente Ferrés y guion de Alex Simmons —seudónimo de sonoridad anglosajona, como era frecuente en la época, de Enrique Sánchez Pascual—.

Hazañas bélicas consiguió un enorme éxito popular. Incluso a finales de los sesenta y principios de los setenta seguía gozando del interés del público. El autor de estas líneas, sin ir más lejos, dedicaba una gran parte del magro estipendio que le daban sus padres semanalmente a comprar cada nuevo número de Hazañas bélicas publicado.

Como cabe deducir de su título, Hazañas bélicas contaba acciones militares de la II Guerra Mundial en cualquiera de sus escenarios. Casi siempre, los protagonistas de las historietas eran tratados desde una perspectiva humanista, jóvenes que después de verse forzados a ir a la guerra terminaban convirtiéndose en héroes a su pesar, forzados por las circunstancias, pero que solo ansiaban la paz. 

Dado que se empezó a publicar acabada la contienda, las simpatías de los guionistas estaban siempre del lado de los aliados, y los malos eran los alemanes y los japoneses. Solo cuando la acción se trasladaba al frente oriental, los rusos tomaban el relevo como malos oficiales, hasta el punto que incluso los alemanes eran reivindicados.

Jaque mate está ambientada precisamente en el frente oriental. La historia no tiene demasiado sentido, ni ajedrecístico ni narrativo. 

En lo ajedrecístico resulta sorprendente que el dibujante no atinara ni una sola vez con el número de casillas que tiene un tablero de ajedrez; los hay de 11x5, de 6x4, de 7x5, hasta parece haber uno de 9x4. Pero no hay uno solo de 8x8.

En lo narrativo, un rígido comandante alemán parece considerar que lo que ocurre en el microcosmos del ajedrez debe tener su correlación en el macrocosmos de la guerra y apenas se separa del tablero, pese a la difícil situación en la que se encuentra su regimiento. Pero un anciano ruso, que vive con su nieta, recuerda que el oficial es realmente un militar soviético que se ha infiltrado en la Wehrmatch para trabajar a favor de los suyos. Ambos, abuelo y nieta, deciden traicionar a su país y delatar al impostor. Puede así la nieta, que se ha enamorado de un oficial nazi, seguir a su enamorado a Berlín. 

A la edad en que yo leía estas historias (10 u 11 años), cualquier insinuación romántica que desviara la trama de la acción principal era considerada, por mí y por mis amigos, un grave defecto formal. Cincuenta años después, luego de leer esta historia, me ratifico en aquel juicio infantil.







 

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