Si Dios es omnipresente por una serena necesidad, Satanás está en todas partes por una actividad infinita. Mantienen interminables diferencias metafísicas en las que Satanás ha introducido un tono de amigable broma. Juegan al ajedrez juntos. Pero el ajedrez que juegan no es el pequeño y hábil juego que se originó en la India; es de una escala completamente distinta. El Gobernante del Universo crea el tablero, las piezas y las reglas; él hace todos los movimientos; puede hacer tantos movimientos como quiera cuando quiera; sin embargo, a su antagonista se le permite introducir una ligera e inexplicable inexactitud en cada movimiento, lo cual hace necesarias nuevas jugadas de corrección. El Creador determina y oculta el objetivo del juego, y nunca está claro si el propósito del adversario es derrotarlo o ayudarlo en su insondable proyecto. Aparentemente, el adversario no puede ganar, pero tampoco puede perder mientras pueda mantener el juego en marcha. Pero parece que está interesado en impedir el desarrollo de cualquier esquema razonado en el juego.
La cita precedente procede de la novela de 1919 de H.G. Wells The Undying Fire (La llama inmortal. M. Aguilar. Madrid, 1925). En ella, el escritor inglés recrea la bíblica historia de Job en la figura de un maestro. Obra filosófica centrada en la educación y su importancia en el desarrollo social y humano.

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