lunes, 18 de julio de 2016

UN TREBEJO DE 632.000 €

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El pasado 6 de julio, la casa de subastas Sotheby's remató en 632.000 € la licitación de esta pieza de ajedrez. Se trata de un rey tallado en marfil de morsa, con restos de policromía, fabricado probablemente en un taller de Colonia a principios del siglo XIV.

Del resto del juego, poco se sabe. Se relaciona estilísticamente con un alfil que se conserva en el Staatliche Museen de Berlín y con otro rey, este en el Victoria & Albert Museum de Londres. Las tres piezas parecen del mismo taller y aun de la misma mano pero se discute si formaron parte del mismo juego.

Bishop (Chesspiece), German, Cologne, 14th century, ivory, Berlin, Staatliche Museen zu Berlin (Inv. No. 667). Photo: © bpk / Skulpturensammlung und Museum für Byzantinische Kunst, Staatliche Museen zu Berlin.: Chesspiece, German, Cologne, ca.1300-1320, carved walrus ivory, London, Victoria and Albert Museum (Inv. No. 213-1867). Photo: © Victoria and Albert Museum, London.:

La pieza es característica de la escultura gótica alemana bajomedieval y presenta a un rey joven, sedente, coronado y tocado con el manto real, y al que probablemente falte un símbolo de poder en la ausente mano derecha. A su lado, un halcón reposa sobre su percha. 

Precisamente la presencia de este halcón ha llevado a los especialistas a pensar que la figura representada pudiera ser Federico II Hohenstaufen; conocido en su tiempo como stupor mundi; emperador del Sacro Imperio Romano Germánico; motejado de perjuro, hereje, perturbador de la paz y blasfemo por el papado; condenado al sexto círculo infernal por Dante Alighieri en razón de su epicureísmo y considerado, nada más y nada menos, el primer europeo por Friedrich Nietzsche; libertino, extravagante y dotado de una enorme curiosidad intelectual, se interesó por la filosofía, la astronomía, las matemáticas, la medicina y las ciencias naturales; fundó universidades y escribió poemas y diversos tratados. De uno de cetrería, intitulado De arte venandi cum avibus, viene la asociación con el halcón cuya presencia es tan frecuente en la iconografía de Federico.

Probablemente por sus desavenencias con el papado, una vez fallecido, en 1250, su figura despertó grandes esperanzas escatológicas y se profetizó su regreso triunfante después del cual se iniciaría un milenio de paz y se establecería el reino de los pobres sobre la tierra. Durante mucho tiempo se esperó al futuro Federico, pero todos los que reclamaban serlo resultaron ser unos impostores y fueron con mayor o menor prontitud desenmascarados. Las esperanzas depositadas por el pueblo de que otros emperadores, entre ellos nuestro Carlos I, fueran realmente el renacido Federico se vieron rápidamente frustradas por las políticas de estos, nada proclives, como era de esperar, a los pobres. Y así seguimos, esperando a Federico. La verdad es que si Federico volviera, este humilde cronista sería su escudero; que buen caballero era.