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sábado, 21 de marzo de 2020

EUGENIO MONTALE

Como hoy es el Día Internacional de la Poesía, traemos a ARTEDREZ un poema del premio Nobel de literatura de 1975, el italiano Eugenio Montale (1896-1981). Pertenece a su segundo libro, Las ocasiones (Einaudi. Turín, 1939).

NUEVAS ESTANCIAS

Ahora que, a un gesto tuyo, 
ya las últimas hebras de tabaco
se apagan en el plato de cristal,
asciende, lenta al techo una espiral de humo
que alfiles y caballos de ajedrez
contemplan con asombro; y se suceden
nuevos anillos, más volubles que
los de tus dedos.

El espejismo que en cielo torres 
y puentes liberaba ha desaparecido
al primer soplo; se abre la ventana
invisible y el humo se alborota.
Otro tropel se mueve al fondo; un aquelarre
de hombres que ignoran este incienso tuyo,
en el tablero de ajedrez cuyo sentido
solo tú puedes componer.

Yo dudé un tiempo si tú misma acaso
desconocías el juego que se libra
en las casillas y ahora retumba ante tus puertas:
no basta ya el fulgor de tu mirada,
la locura de muerte no se aplaca a ese precio,
mas requiere otros fuegos,
tras las densas cortinas que fomenta
por ti el dios del azar, cuando está en vela.

Al fin sé lo que quieres: débilmente
suena la Martinella
y a su toque las piezas de marfil
se llenan de terror en una luz
espectral de nevero. Mas resiste
y gana el premio de la solitaria vigilia
el que al espejo ustorio que ciega los peones
puede oponer contigo tu mirada de acero.

Traducción de Carlos Sahagún
Ilustración de María José Acosta





EUGENIO MONTALE
NUOVE STANZE

Poi che gli ultimi fili di tabacco
al tuo gesto si spengono nel piatto
di cristallo, al soffitto lenta sale
la spirale del fumo
che gli alfieri e i cavalli degli scacchi
guardano stupefatti; e nuovi anelli
la seguono, più mobili di quelli
delle tua dita.

La morgana che in cielo liberava
torri e ponti è sparita
al primo soffio; s'apre la finestra
non vista e il fumo s'agita. Là in fondo,
altro stormo si muove: una tregenda
d'uomini che non sa questo tuo incenso,
nella scacchiera di cui puoi tu sola
comporre il senso.

Il mio dubbio d'un tempo era se forse
tu stessa ignori il giuoco che si svolge
sul quadrato e ora è nembo alle tue porte:
follìa di morte non si placa a poco
prezzo, se poco è il lampo del tuo sguardo
ma domanda altri fuochi, oltre le fitte
cortine che per te fomenta il dio
del caso, quando assiste.

Oggi so ciò che vuoi; batte il suo fioco
tocco la Martinella ed impaura
le sagome d'avorio in una luce
spettrale di nevaio. Ma resiste
e vince il premio della solitaria
veglia chi può con te allo specchio ustorio
che accieca le pedine opporre i tuoi
occhi d'acciaio.

martes, 26 de noviembre de 2019

EL CABALLERO D'ÉON

Charles-Geneviève-Louis-Auguste-André-Thimothée d'Éon de Beaumont fue un fascinante personaje del siglo XVIII. Espía, diplomático, militar al servicio de Felipe XV de Francia, causó sensación en la sociedad de su época por las incógnitas que suscitaba su identidad sexual. D’Éon podía presentarse tanto como un hombre —el chevalier d’Éon— o como una mujer —la chevalière d’Éon o mademoiselle de Beaumont—. El interés por el caso fue tal que las apuestas por determinar su sexo alcanzaron en Inglaterra un monto de 300.000 libras esterlinas. D'Éon mantuvo siempre una calculada ambigüedad sobre el asunto.

D’Èon ejerció su labor diplomática (o de espionaje) en Francia, Rusia e Inglaterra. Sus éxitos profesionales, su inteligencia, su conversación chispeante y su ingenio agudo pronto le granjearon un lugar de honor en los salones. Pero también poderosos enemigos. Incurrió en cuantiosas deudas y se vio acosado por los acreedores.

Para intentar optar a una pensión oficial se vio obligado a desvelar su sexo. Declaró que era una mujer. A partir de ahí se le prohibió vestir como hombre y se trasladó a Londres. La Revolución cortó definitivamente la pensión que d’Éon recibía del Estado francés. A partir de ahí tuvo que vivir de vender sus joyas y libros, de la beneficencia y de dar exhibiciones de esgrima; d´Eon fue uno de los mejores tiradores de esgrima de su tiempo. Los grabados contemporáneos lo muestran con sus ropajes femeninos enfrentándose a los mejores esgrimistas de la época, a los que solía derrotar pese a lo avanzado de su edad y el incordio que representaban las faldas. Complementaba sus ingresos, y por ello el caballero d’Éon entra por la puerta grande en ARTEDREZ, jugando al ajedrez, disciplina que había aprendido con Philidor. La tarifa que tenían que satisfacer quienes quisieran jugar con él/ella era de cinco chelines. De considerar a d’Éon chevalière, habría sido la primera mujer en jugar al ajedrez en público.



En cuanto a su aspecto físico los testimonios de la época difieren. Para Casanova, quien tiene fama de entender de mujeres, d’Éon era claramente una belle femme. Voltaire, en cambio, dice que apenas podía disimular los pelos negros y espinosos que poblaban su mentón. A su muerte, la autopsia no dejó lugar a dudas, d’Éon era un hombre. En total, de los 82 años que vivió, 33 los hizo como mujer y 49 como hombre. Puede que no fuera la primera mujer en jugar al ajedrez en público pero desde luego fue el primer travesti en hacerlo.

La historia del caballero d'Éon la he recogido del extraño y fascinante libro de Richard Cohen Blandir la espada. Historia de los gladiadores, mosqueteros, samurai, espadachines y campeones olímpicos. Destino. Barcelona, 2003

viernes, 1 de noviembre de 2019

DRÁCULA



Drácula, la novela de Bram Stoker que hizo inmortal la figura del vampiro, y que quizá sea más conocida por sus adaptaciones cinematográficas que por la lectura del texto original, presenta dos curiosas referencias al ajedrez. Ambas son realizadas por Van Helsing y ambas quieren remarcar cómo se está desarrollando su enfrentamiento contra el vampiro, dentro de la idea de que cualquier enfrentamiento es comparable a una partida de ajedrez. 

La primera  es del 18 de septiembre de 1897, según la propia cronología de la novela, cuando Van Helsing y el dr. Seward consiguen recuperar a Lucy, la primera víctima británica de Drácula, de la postración en la que la ha sumido el ataque del vampiro. Comentando lo ocurrido, Van Helsing exclama: 

—¡El primer triunfo es nuestro! ¡Jaque al rey!

La segunda ocurre el 1 de octubre, cuando Van Helsing y sus compañeros localizan el primer escondrijo del conde en Londres:

—¡Bien! En cierto modo, nos ha brindado la oportunidad de gritar «jaque» en esta partida de ajedrez que jugamos por la salvación de las almas humanas.

Dibujo de María José Acosta.


FICHA TÉCNICA
BRAM STOKER
DRÁCULA
VALDEMAR.  MADRID, 2005
TRADUCCIÓN DE ÓSCAR PALMER YÁÑEZ

martes, 8 de octubre de 2019

SHERLOCK HOLMES


Publicada por primera vez en el semanario Liberty (1926) y recogida un año después en la recopilación The Case-Book of Sherlock Holmes, La aventura del fabricante de colores retirado es un relato corto de Arthur Conan-Doyle protagonizado por Sherlock Holmes, el célebre detective del 221b de Baker Street.

Un anciano industrial retirado, casado con una mujer mucho más joven que él, lleva una vida acomodada cultivando sus pasatiempos, entre los que destaca el ajedrez. Para dar satisfacción a esta afición suele recibir en su casa frecuentemente a un joven doctor que comparte su pasión. A base de jugar al ajedrez, el doctor experimentó una fuerte transferencia afectiva desde el juego de reyes hasta la joven y bella esposa del anciano industrial y se fugaron juntos. Con la pasta, además. Ahí entra en danza Sherlock Holmes.

En esta obra se encuentra una célebre cita de Sherlock Holmes sobre el ajedrez:

Amberley excelled at chess —one mark, Watson, of a scheming mind.

Amberley sobresalía en ajedrez; un indicio, Watson, de una mente intrigante.

Como curiosidad, La aventura del fabricante de colores retirado transcurrió entre el jueves 28 y el sábado 30 de julio de 1898, según la cronología elaborada por William S. Baring-Gould.

En el dibujo de María José Acosta, un silueteado Sherlock Holmes juega al ajedrez con unas piezas modelo Saint George.

domingo, 1 de septiembre de 2019

EVARISTO VALLE EN PARÍS

Una nueva visita a la Fundación Museo Evaristo Valle de Gijón, aprovechando que estábamos jugando el V Open Internacional del Grupo Cultural Covadonga, nos deparó una agradable sorpresa, esta vez relacionada con la vida del pintor.

De Evaristo Valle ya publicamos hace tiempo una nota sobre su obra de 1949 «Los ajedrecistas». Hoy nos vamos a centrar en una olvidada anécdota que hemos recuperado de su autobiografía y que resumimos a continuación.

Estando en París, a principios del siglo XX, recibió Evaristo la visita de un paisano suyo de Gijón al que le había tocado algo de dinero en la lotería y quería gastarlo en el sueño de su vida, que era conocer la capital de Francia. Allí se pegó como una lapa a Evaristo, quien lo paseó por todos los museos y galerías de la ciudad. Remataban las noches en un cafetín de Montmartre donde también se reunía la colonia rusa. Entre ellos, una pareja jugaba incansablemente al ajedrez. Uno era alto y pelirrojo —«roxu» dirían los asturianos—,  el otro calvo y de ojos penetrantes. Una noche el pelirrojo faltó a la cita y el calvo buscó rival. Lo encontró en Evaristo Valle y disputaron tres enconadas partidas que terminaron en tablas.



El amigo se quedó sin dinero, regresó a Gijón y pasó el tiempo. Años después llegaron noticias a España de la revolución rusa y los periódicos empezaron a publicar fotos de los líderes revolucionarios. El amigo reconoció inmediatamente a uno de ellos. Era la persona que había jugado al ajedrez con Evaristo Valle en Montmartre: Lenin. Emocionado, se lanzó a proclamar la buena nueva a los cuatro vientos. No hubo local de Gijón, ya fuera casino, café, sidrería o chigre, donde no contara que Evaristo no solo había jugado al ajedrez en París contra Lenin sino que había entablado las tres partidas. Sin enterarse, Evaristo Valle consiguió una popularidad que ni su obra pictórica ni su obra literaria le habían granjeado hasta la fecha.

A su vuelta a Gijón, ignorante de todo el asunto, la gente asaltó en masa a Evaristo para preguntarle cómo era Lenin, de qué habían hablado, qué opinaba de los soviets, etcétera, etcétera, etcétera. Familiares y amigos, periodistas de todos los medios escritos del principado, y hasta alguno de la capital, y meros curiosos le esperaban a la puerta de su casa. Evaristo, que era melancólico, muy solitario y que en determinados momentos de su vida padeció agorafobia, negó la mayor. No había jugado con Lenin, había jugado con un ruso calvo y de ojos penetrantes que jugaba bien al ajedrez, pero no con Lenin. Pero la gente no le creyó. Pensó que la proverbial modestia de Valle le impedía reconocer el hecho. «Cómo es Evaristo —dijeron— siempre haciéndose de menos». Y siguió durante un tiempo siendo un héroe para sus convecinos.

¿La verdad? ¿Quién lo sabe?


FICHA TÉCNICA
EVARISTO VALLE
RECUERDOS DE LA VIDA DEL PINTOR
TRAMA EDITORIAL. MADRID, 2000

MARÍA JOSÉ ACOSTA
LENIN CONTRA VALLE (2019)
LÁPIZ SOBRE PAPEL. 
COLECCIÓN PARTICULAR

miércoles, 24 de abril de 2019

LA PIPA DE KIF POR VALLE-INCLÁN

La pipa de Kif es un poemario de 1919 de Ramón del Valle-Inclán (1866-1936), «eximio escritor y extravagante ciudadano», en palabras del dictador Miguel Primo de Rivera quien lo metió en la cárcel en 1929 por negarse a pagar una multa, y una de las figuras clave de la literatura española. 

Fruto de una profunda crisis personal, que le llevará desde un esteticismo desligado de la realidad hacia una visión desgarrada y crítica de la sociedad española de la época, este libro supone un alejamiento del modernismo en busca de nuevos recursos expresivos y de alguna forma prefigura el género que define lo mejor de la obra de Valle-Inclán: el esperpento.

Lo grotesco, el disparate, el humor, tan negro como trágico, van de la mano en estos poemas con la crítica implacable de una España atrasada y provinciana. Al mismo tiempo es un catálogo de los «paraísos artificiales» como fuente de la estimulación poética y vital. Escrito en un rico lenguaje que incorpora el argot de los bajos fondos y utilizando una gran variedad métrica, La pipa de Kif está considerada el culmen de su obra poética.

El quinto de los poemas del libro, Bestiario, que relata una visita al antiguo zoológico del parque del Retiro de Madrid, contiene dos alusiones al ajedrez.

Hablando de la jirafa dice:
Un disparate pintoresco,
maravilloso de esbeltez,
el arabesco
del caballo del ajedrez.


Y poco después, al referirse al elefante:

Recuerda el índico elefante
los bosques sagrados de Anám,
sueña el gigante
como un faquir ebrio de bahám.

Meditaciones eruditas
que oyó Rubén alguna vez
letras sánscritas
y problemas del ajedrez.


Dibujo de María José Acosta inspirado en un retrato anónimo
realizado en 1930 en el estudio del pintor Juan de Echevarría

Página de la primera edición de La pipa de Kif donde se menciona el ajedrez

FICHA TÉCNICA
LA PIPA DE KIF, 
VERSOS DE DON RAMÓN DEL VALLE-INCLÁN
SOCIEDAD GENERAL ESPAÑOLA DE LIBRERÍA. MADRID, 1919


martes, 24 de julio de 2018

FLUYAN MIS LÁGRIMAS...

Porque el instinto de la supervivencia acaba por fracasar. En todo ser vivo, ya sea topo, humano, murciélago o rana. Incluso las ranas que fuman cigarros y juegan al ajedrez. Uno nunca puede conseguir lo que trata de lograr su instinto de supervivencia, así que al final aquello por lo que uno ha estado luchando acaba en fracaso, y uno sucumbe ante la muerte, y se acabó todo. Pero si uno ama, uno puede difuminarse y contemplar… 
No estoy dispuesto a difuminarme interrumpió Jason.



FICHA TÉCNICA
PHILIP K. DICK
FLUYAN MIS LÁGRIMAS, DIJO EL POLICÍA
MINOTAURO. BARCELONA, 2011
TRADUCCIÓN DE DOMINGO SANTOS

ILUSTRACIÓN DE MARÍA JOSÉ ACOSTA

miércoles, 14 de febrero de 2018

HYPNEROTOMACHIA POLIPHILI

La Hypnerotomachia Poliphili, en español «La lucha de amor en sueños de Polífilo» o, simplemente, «El sueño de Polífilo», es uno de los más intrigantes libros que se han escrito y, para algunos, el incunable (aquellos libros impresos antes de 1500) más bello jamás editado. Lo imprimió el humanista italiano Aldo Manuzio en Venecia en 1499 y fue sufragado por Leonardo Grassi. Y esto es de lo poco seguro que sabemos sobre este libro. No sabemos quién lo escribió; no sabemos quién dibujó las hermosas xilografías que lo adornan; apenas sabemos qué significa o qué quiso decir su autor; tampoco qué motivos llevaron a su mecenas a dar a la luz un libro como este. 

Si componemos un acróstico con la primera letra de cada uno de sus capítulos aparece la frase POLIAM FRATER FRANCISCVS COLVMNA PERAMAVIT (el hermano Francesco Colonna ha amado mucho a Polia), a partir de la cual se ha supuesto que la autoría del libro correspondía a un religioso llamado Francesco Colonna. Pero aunque se han localizado varios Colonna contemporáneos a la Hypnerotomachia, no se ha podido relacionar de forma concluyente a ninguno de ellos con el autor del libro.

Tampoco se conoce el nombre del artista encargado de diseñar las 68 xilografías que ilustran el libro. La repercusión de estas ilustraciones ha sido enorme en el transcurso de los siglos y podemos detectar su influencia en sitios tan dispares como el claustro de la catedral de Salamanca o la obra del ilustrador británico Aubrey Beardsley. 

La historia narrada en la Hypnerotomachia viene contada por dos voces distintas, la primera es la del propio Polífilo quien,  contando sueños que se van desarrollando dentro de otros sueños, declara su amor por Polia. La segunda voz, la de la propia Polia, narra desde su punto de vista su relación con Polífilo. Retoma posteriormente el hilo Polífilo para contar que después de muchas peripecias Venus ha bendecido su amor y los amantes van a estar juntos por fin. Cuando van a consumar su unión, sin embargo, Polia desaparece y Polífilo despierta.

Todo esto está escrito en un italiano entreverado de latín y griego, con aportes de español y hebreo y hasta algún pasaje escrito en lenguaje jeroglífico, y con un estilo críptico, oscuro y enrevesado, repleto de alusiones a los más distintos saberes: mitología, arquitectura, gastronomía, ciencia, ajedrez (¡oh, sí, ajedrez!), danza, liturgia, epigrafía... Examinar las múltiples interpretaciones, algunas francamente contradictorias, que ha generado el libro rebasaría con mucho la capacidad del autor y las dimensiones razonables que debe tener este post.

Así que, sin más preámbulos, ármese de valor, Lector, y sumérjase en el siguiente pasaje de la obra donde asistirá a un baile que es también una partida de ajedrez.

Ilustración Pepa Acosta

Además de todo lo que hasta aquí he dicho, quiso la reina, para mayor ostentación, mostrar la grandeza y la abundancia del universo en toda clase de excelentes y rarísimas magnificencias, así que, estando todos sentados en nuestros sitios, después de la maravilla del suntuoso banquete, ordenó sin tardanza un juego admirable, digno no solo de verse sino de recordarse eternamente, que además fue un hermoso baile, con el siguiente modo y procedimiento: por la puerta de las cortinas entraron treinta y dos muchachitas, de las que dieciséis estaban vestidas de tejido de oro —ocho de ellas iguales—; a una de las vestidas de oro le fue puesto un manto real y a otra un vestido de reina y estaban acompañadas de dos capitanes de fortaleza, dos muditos o secretarios y dos caballeros. Las otras estaban vestidas de plata y llevaban la misma jefatura. Todas se dispusieron según su oficio, colocándose sobre los cuadrados del pavimento; es decir las dieciséis vestidas de oro en una parte y las dieciséis de plata en la opuesta. Las muchachas músicas empezaron a tocar con consonancia suavísima y entonada melodía tres instrumentos de osada invención y que armonizaban perfectamente. Al tiempo medido por el sonido y según ordenaba el rey, se movían en sus cuadrados las ágiles y saltarinas bailarinas. Haciendo reverencia al rey y a la reina, saltaban con graciosísimas vueltas sobre el otro cuadrado, realizando una agradable inclinación. Cuando la música comenzó de nuevo, el rey de plata mandó a la que estaba delante de la reina que se pusiera enfrente de aquella. Esta, avanzando con los mismo gestos de respeto, hizo el movimiento y se detuvo. Por este orden, según la medida del tiempo musical, se cambiaban así de lugar o bien, permaneciendo en su cuadrado continuamente, bailaban hasta que, tomadas o arrojadas, salían, siempre por mandato del rey. Las ocho que estaban vestidas igual, invertían cada tiempo del sonido en trasladarse a otro cuadrado; no podían retroceder sino por haber saltado inmunes sobre la línea de los cuadrados donde residía el rey, ni avanzar más que diagonalmente.
Un secretario y un caballero atravesaban en cada tiempo tres cuadrados, el secretario diagonalmente, el caballero dos en línea recta y uno transversal, y podían trasladarse por todos los lados. Los custodios de la fortaleza podían traspasar muchos cuadrados en línea recta y libremente, es decir, en un tiempo podían desplazarse tres, cuatro o cinco cuadrados, guardando la medida y apretando el paso. El rey podía situarse sobre cualquier cuadrado no ocupado o indefenso y le estaban vedados los cuadros a los que otros pudieran saltar y, si lo hacía, debía ceder, precediendo una advertencia. La reina, por el contrario, podía moverse por cualquier cuadrado del color donde primero se asentó, aunque lo mejor es que permaneciera siempre al lado de su marido.
Cada vez que los oficiales de uno u otro rey encontraban a uno del contrario sin custodia ni protección le hacían prisionero y, besándose ambas muchachas, el vencido salía fuera. Siguiendo estas reglas, hicieron al mismo tiempo un notabilísimo juego y un elegante baile, danzando y jugando festivamente según la medida del sonido con alegría, solaz y aplauso, quedando vencedora la plata. Esta solemne fiesta duró, entre los encuentros huidas y defensas, una hora, y fueron tan armoniosas las evoluciones, reverencias, pausas y modestas inclinaciones, que me invadió tal deleite que pensé, no sin motivos, que había sido llevado a las supremas delicias e inaudita felicidad del Olimpo.
Terminado el primer juego en forma de baile, todas volvieron a su correspondiente cuadrado; y, vueltas a sus lugares ordenadamente, hicieron lo mismo que la primera vez, pero las que tocaban los instrumentos aceleraban el ritmo, de modo que los movimientos y gestos de los bailarines-jugadores eran más rápidos, aunque observaban el tiempo del sonido de un modo tan hábil y con tan apropiada gesticulación y arte, que no cabía pedir más. 

 Muy expertas, las damiselas saltaban, la cabeza coronada 
de olorosas violetas y las abundantes trenzas
acompañando el movimiento, bien sobre los
delicados hombros, ya a las espaldas.
Cuando alguna era aprisionada,
levantaban los brazos y
entrechocaban las palmas de
las manos. Así, jugando y bailando,
volvió a ganar por segunda vez el primer color.

Cuando todos estuvieron distribuidos de nuevo en sus lugares correspondientes para el tercer baile, los músicos apresuraron aún más la medida del tiempo, con un tono y modo frigio tan excitante como nunca supo inventar el propio Marsias de Frigia. En el primer movimiento, el rey vestido de oro hizo correrse a la jovencita que estaba delante de la reina sobre el tercer cuadrado. Por esta causa, comenzó inmediatamente una gran lucha, un torneo delicioso, a una velocidad cada vez mayor. Se inclinaban hasta el suelo, dando luego un salto repentino y dos revoluciones en el aire, una al contrario de la otra, y luego sin interrupción, puesto el pie derecho en el suelo, daban tres vueltas y después cambiaban de pie. Todo esto lo realizaban en un tiempo, tan hábilmente y con tanta agilidad y con profundas inclinaciones, compuestas vueltas, fáciles saltos y hermosos gestos, que nunca se pudo ver ni fue inventada cosa mejor. No se obstaculizaban entre sí, pero quien era apresado, tras haberle dado el raptor al instante un beso dulce como el mosto, salía del juego. Y cuanto menor número quedaba, tanto más graciosa habilidad había en el mutuo engaño. Este orden y modo tan dignos fueron observados por cada uno sin falta, tanto más cuanto mayor era la rapidez de la medida de las sabias y excelentes muchachas y músicas, e incitaba incluso a tales movimientos a todos los que estaban presentes, a causa de la armonía del sonido con el alma, sobre todo porque había aquí sumo y concordante consenso de la buena disposición de los cuerpos. Por esta razón, pensé cálidamente en el poder de Timoteo, habilísimo músico que con su canto había obligado al ejército del gran macedónico  a tomar de nuevo las armas; y luego, bajando la voz y el tono, les había incitado a que, abandonándolas, desistieran todos. En este tercer juego triunfó gloriosamente la muchacha vestida de rey de oro.
Ilustración Pepa Acosta

Este fragmento de la Hypnerotomachia Poliphli contiene una de las primeras referencias claras a una partida de ajedrez viviente. Aunque se atribuye frecuentemente a Carlos Martel la organización de la primera partida de ajedrez viviente, las fechas de su vida (686-741) lo hacen poco probable. Quizá ni siquiera el ajedrez fuera conocido entre los francos en esa época, tanto más si tenemos en cuenta que la mayoría de los historiadores dan por buena la tesis de Levi-Provençal de que la aparición del ajedrez en la Europa occidental se da en la Córdoba omeya en el siglo IX, casi cien años después de la muerte de Carlos Martel.

Aunque en 1499, fecha de publicación del libro, ya habían aparecido diversas obras con  las reglas del ajedrez moderno —el poema Scachs d'amor, (Francí de CastelvíBernart Fenollar y Narcís Vinyoles; Valencia, 1475), probablemente el Llibre dels jochs partits dels schacs en nombre de 100, (Francesch Vicent; Valencia, 1495) y La repetición de amores y arte del ajedrez, (Lucena; Salamanca, 1497)— en el propio libro se sugiere que la Hypnerotomachia fue redactada en 1467 lo que explicaría fácilmente  el porqué sigue esta las reglas del ajedrez medieval. Porque pese a sus graciosos nombres, los movimientos de las piezas que se describen en el texto son los del ajedrez medieval. Sin embargo, en el aspecto ajedrológico queda todo por hacer: identificar las posibles fuentes de la escena e investigar la verosimilitud histórica de las partidas vivientes, rastrear la etimología de los nombres de las piezas —en el original italiano son así: equites (caballero), el actual caballo. Secretario o taciturnulo (secretario o mudito), el alfil. El custodio de la roccha, o del arce, (los capitanes de la fortaleza), las torres. El rey y la reina, sin embargo, mantienen sus nombres y los peones no reciben nombre alguno en el texto— y, por supuesto, intentar aclarar su posible significado.

La influencia de este pasaje puede detectarse en algunos textos en los que el ajedrez forma parte de la trama. Por ejemplo, en la nomenclatura de las piezas del Scacchia Ludus, de Marco Girolamo Vida, y, sobre todo, en el baile ajedrecístico del último libro del Gargantúa y Pantagruel de Rabelais.

FICHA TÉCNICA
FRANCESCO COLONNA
EL SUEÑO DE POLÍFILO
ACANTILADO. BARCELONA, 1999
EDICIÓN Y TRADUCCIÓN DE PILAR PEDRAZA


viernes, 15 de diciembre de 2017

STRIP CHESS

STRIP CHESS
En nuestra primera cita,
sentados en casa,
cerca de la piscina,
sugirió un partida de strip chess.
Le dije
que no sabía jugar.
Ella contestó: «¡Perfecto!».


Poema de Cecil (C.J.) Krieger
Dibujo de María José Acosta Malo

________________

On our first date / Sitting at home / By the pool / She suggested a game of strip chess 
I told her / I didn’t know how to play / She replied… perfect! 

domingo, 21 de septiembre de 2014

DICCIONARIO SECRETO

Ilustración: Pepa Acosta
Casualmente, aunque no sin regocijo, he encontrado en el Urban Dictionary, un diccionario on line que se construye con las aportaciones de los lectores, la expresión "choking the bishop" (estrangulando o asfixiando al alfil). Pese a las apariencias, esta expresión no pertenece a la jerga ajedrecística y no se refiere de  ninguna manera a la satisfacción que uno siente cuando, después de precisas maniobras, logra dejar al rival con el alfil malo. No. Se refiere una satisfacción de índole bien diferente. Concretamente a aquella que en tiempos remotos (pero que aún amenazan con volver) se conocía como vicio solitario o abuso del propio cuerpo. Efectivamente, la expresión inglesa estrangular al alfil quiere decir en román paladino hacerse una paja. El redactor del artículo atribuye este significado al supuesto parecido que guarda el alfil con un pene circuncidado.