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martes, 6 de agosto de 2024

CCC

Husmeando en el Rastro madrileño he encontrado una serie de revistas con el título Club CCC, correspondientes a los años 1956 y 1957.  CCC es una academia española fundada en 1939 y pionera en la educación a distancia.

La revista se editó por primera vez en abril de 1954 y no he podido averiguar cuando terminó su publicación, aunque a finales de los años setenta su cabecera todavía estaba activa.

La revista está dirigida fundamentalmente a alumnos y exalumnos de la academia y en sus contenidos destacan las secciones dedicadas al entretenimiento, con espacios reservados a la divulgación científica, histórica, literaria, pasatiempos, actualidad, etc.

Una de esas secciones estaba dedicada al ajedrez. La mayor parte de la sección se dedica a los torneos entre los abonados de la revista, que estando especializada en educación a distancia, se celebraban lógicamente bajo la modalidad postal. También había concursos de problemas y finales técnicos. Solo uno de los artículos aparece firmado. Por un tal José María Losa, del que no he sabido encontrar noticia cierta.

Además, se analizaban partidas o posiciones de interés teórico de la práctica magistral. En los números que he podido ver se reproduce la celebérrima partida entre Georg Rotlewi y Akiba Rubinstein disputada en Lodz en 1907 —conocida como la Inmortal de Rubinstein— que podemos ver en la siguiente foto.


Y a continuación en un tablero interactivo:

PARTIDA ROTLEWI VS  RUBINSTEIN

También se analiza un enfrentamiento entre David Bronstein y Miguel Najdorf disputado en 1954 dentro del encuentro amistoso Argentina-URSS celebrado en Buenos Aires. El comentarista da como ganador a Bronstein, después de una brillante combinación, pero realmente Bronstein no acertó con la continuación ganadora y terminó perdiendo.

Esta fue la publicación de Club CCC:


Y esta la partida y sus variantes en un tablero interactivo:

La revista estaba profusamente ilustrada, aunque sin mencionar los nombre de los colaboradores. Tampoco de los dibujantes. La sección de ajedrez no escapaba a la norma. A continuación algunas de las ilustraciones que acompañaban a los artículos.

Año III nº 35. Febrero de 1957

Año III nº 36. Marzo de 1957

Año IV nº 37. Abril de 1957

Año IV nº 39. Junio de 1957

domingo, 7 de agosto de 2022

EL CASO DE LOS CRÍMENES DEL ALFIL

En 1923, el crítico de arte y editor de revistas culturales Willard Huntington Wright (1888-1939) padeció un colapso nervioso que lo tuvo postrado cerca de dos años. Sus comienzos, después de algunos proyectos empresariales fallidos y unos pocos trabajos de subsistencia, habían sido en el campo de la crítica literaria. Pronto se hizo famoso por la mordacidad de su pluma y sus opiniones irreverentes, que le convirtieron de la noche a la mañana en el enfant terrible de la Costa Oeste.

Sin embargo, su prestigio se cimentó sobre todo en el campo de la crítica de arte, en el que se relacionó con los círculos más vanguardistas de Nueva York. Escribió sobre artistas en aquel entonces poco conocidos y valorados, como Cézanne, sobre Filosofía del Arte y Estética, campo en el que sus ideas influyeron de forma notable en creadores tan dispares como Georgia O'Keeffe o William Faulkner. Además, impulsó a los artistas más avanzados de su tiempo, algunos de los cuales fueron decisivos en el traspaso de poderes entre París y Nueva York como centro mundial del Arte.

El campo de sus intereses fue muy amplio: lo mismo escribía sobre Poe que sobre Nietzsche. Fue germanófilo durante la I Guerra Mundial, y a poco estuvo de dar con sus huesos en la cárcel en un surrealista episodio en el que fue acusado de espionaje a favor de las Potencias Centrales.

También fueron amplios sus intereses en el campo de la experimentación con psicotrópicos. En su botiquín podía encontrarse morfina, cocaína, opio, marihuana o hachís. El poco rendimiento económico que suele dar la crítica de arte de vanguardia y los muchos gastos derivados de sus investigaciones en el campo de las sustancias psicoactivas le llevaron a vivir en condiciones precarias a pesar de trabajar sin descanso. De ello no podía salir nada bueno. Y así fue. Como decíamos al principio, Wright padeció una severa crisis nerviosa.

El doctor que lo trató recomendó descanso absoluto, nada de preocupaciones, y le prohibió absolutamente leer o escribir sobre temas abstrusos. Solo ante la insistencia de Wright le permitió leer algo de literatura ligera. Paradójicamente, al principio de su carrera como crítico literario, Wright había reservado sus dardos más acerados para la literatura ligera, con especial animadversión hacía la novela policiaca.

Aquí entra en juego Norbet Lederer, un hombre de negocios, promotor ajedrecístico y poseedor de una enorme biblioteca particular de novela policiaca. Lederer le anima a probar suerte en el género y le permite hacer uso de sus libros durante su convalecencia. Wright así lo hizo. Cuenta la leyenda que en los dos años siguientes, el paciente leyó dos mil obras de misterio, crímenes o policiacas (quizá una ligera exageración) y pensó que él podía hacerlo mejor.

Sobrecubierta de una edición norteamericana de The Bishop Murder Case

En 1925 ya estaba manos a la obra, elige un nombre de guerra, S. S. van Dine, y en 1926 publica The Benson Murder Case (El caso del asesinato de Benson), la primera novela en la que aparece el detective Philo Vance. El éxito fue inmediato y abrumador. Tres novelas más tarde, el colapsado crítico de arte era multimillonario. 

Como hemos dicho, las novelas de S. S. van Dine están protagonizadas por Philo Vance. Este es un sofisticado millonario; culto, refinado y pedante hasta pedir socorro; de aguda inteligencia y razonamiento lógico y científico. Vance es un diletante que solo trabaja de detective por afición, por satisfacer su curiosidad intelectual, por superar un reto. Sus casos son creaciones intelectuales en los que no tiene peso alguno el análisis de las causas sociales del delito ni la sicología de de los personajes que los cometen. Son asesinatos concebidos como un juego, como un pulso entre el criminal y el detective, que suele ir acompañado por un elenco de tontos que subrayan con su ineptitud la inteligencia de aquel (el propio Van Dine milita en este bando como personaje en calidad de narrador y ayudante de Vance).

El despliegue de conocimientos exhibido por Philo Vance en sus novelas es tal que hasta el más encallecido de los lectores termina sintiéndose apabullado. Ciñéndonos solo a la novela que nos va a ocupar, Vance diserta sobre clásicos greco-latinos, como Jenofonte, Terencio o Menandro (a quién el detective está traduciendo directamente del original griego); de arte contemporáneo francés; de ópera moderna; de la literatura de Ibsen; de matemáticas; de física (con especial atención a la mecánica de los cuerpos celestes y a la relatividad); de sicología... Sin olvidarnos de la filosofía, con gotas de Schopenhauer o Bertrand Rusell. La lista de científicos citados en el libro con referencia a alguna de sus obras es del tamaño de la guía de teléfonos de una ciudad mediana. ¡¡Y además de todo eso habla, y mucho, de ajedrez!!

Nos referimos a la cuarta novela de Philo Vance, publicada en 1929, The Bishop Murder Case. En España, bishop se ha traducido siempre, en el caso que nos ocupa, como «obispo». Ni siquiera la última edición publicada (El caso de los asesinatos del obispo. Reino de Cordelia. Madrid, 2020), que es la que he manejado para esta breve nota, se ha atrevido a titularla, como quiere la trama, «los asesinatos del alfil». Supongo que ha prevalecido la tradición frente a la exactitud. Porque, por mucho que quiera la tradición, el asesino de esta novela tiene como firma inequívoca un alfil. Negro, para más señas. Además, la anfibología que presenta el término inglés bishop (pieza de ajedrez o dignidad eclesiástica) solo se mantiene unas páginas.

Un alfil negro, la firma del asesino

La trama argumental de El caso de los asesinatos del obispo se articula en torno a una familia neoyorquina, los Dillard, y su entorno. Los Dillard se mueven en un círculo muy reducido, un ambiente muy intelectualizado, con profesores de universidad, científicos y ajedrecistas entre ellos. La tranquilidad de este grupo se rompe por una serie de asesinatos que parecen seguir el hilo argumental de una colección de canciones infantiles: Las canciones de mamá Oca. Y como hemos dicho, el asesino deja un alfil negro como firma.

Varios personajes de la novela tienen una estrecha vinculación con el ajedrez. El primero es John Pardee. Vecino y visitante asiduo de la mansión de los Dillard, Pardee es descrito como un multimillonario ocioso cuyo único interés en la vida es el ajedrez. El personaje de Pardee es un remedo del magnate Isaac L. Rice, del que hablamos aquí. Al igual que Rice, Pardee había ideado un gambito. E igualmente, su mucho dinero había conseguido que fuera una apertura obligatoria en los torneos en los que participaba y que a la vez patrocinaba. Pero en sus enfrentamientos con los grandes de la época —se cita textualmente a Lasker, Capablanca, Rubinstein y Finn— quedó claro que el gambito Pardee era incorrecto. La inclusión en la lista de Finn (un árbitro respetado, pero no uno de los grandes como jugador) debe entenderse como un guiño al publico estadounidenses aficionado al ajedrez.

Pardee, asesinado. El criminal deja su firma

Adolph Drukker es un científico, también vecino de los Dillard, también aficionado al ajedrez. En un momento dado, aporta como coartada que había estado, a la hora de uno de los crímenes, en la biblioteca de la mansión Dillard resolviendo un problema de ajedrez de una revista. En concreto, el final de una partida entre Shapiro y Marshall (no he podido encontrar ninguna partida en las bases de datos que coincida con la descripción que se da en la novela). Resolverlo le llevó media hora, lo que tardó en hallar un movimiento de peón que llevaba a un inevitable zugzwang. De Drukker se dice en la novela que es un excelente analista, pero que tiene un escaso dominio práctico del juego.

Sigurd Arnesson, un matemático casi tan cínico como Philo Vance, también es aficionado al ajedrez, aunque no a los ajedrecistas. Introduce en la trama la noción de idiot savant (sabio idiota) aplicado a los genios del juego: profundos en su ciencia, pero incapaces de realizar las tareas más simples sin ayuda. Previó que el gambito Pardee iba a ser refutado y añade a Tartakower y a Vidmar en la lista de ajedrecistas que lo derrotaron.

El propio Philo Vance demuestra un conocimiento más que adecuado del juego. Conoce personalmente a Edward Lasker. Durante la investigación dedica un día entero a estudiar los análisis que Janowsky y Tarrash dedicaron al gambito Pardee. Y en su intento de establecer un perfil sicológico del asesino menciona a Philidor, Staunton, Morphy, Kieseritzy y Maroczy.

Basil Rathbone, en el rol de Philo Vance, estudiando una posición

Con todo, la parte más interesante de la novela en relación con el ajedrez es la comprobación de una coartada de John Pardee. El millonario aduce que no pudo cometer uno de los crímenes porque en el momento en que se produjo él estaba jugando el aplazamiento de una partida contra Akiba Rubinstein.

El ajedrecista polaco estaba de gira por Estados Unidos y accedió a jugar un encuentro de exhibición a tres partidas contra Pardee. Rubinstein ganó fácilmente la primera, la segunda fue tablas y la tercera se aplazó en una posición que parecía favorable a Pardee. Ni que decir tiene que empatar un match con Akiba Rubinstein hubiera sido un resultado extraordinario para el norteamericano. Así que Pardee se afanó en el análisis de la posición suspendida.

Pardee sudando la gota gorda analizando su partida aplazada contra Rubinstein

Pero Rubinstein había visto muy lejos. Neutralizó el ataque de Pardee y llegó a un final que remató de forma brillante. En la novela se da la posición en la que abandonó Pardee y la continuación que había previsto Rubinstein. La posición es la que vemos en el siguiente diagrama (las negras acaban de jugar 44... c2+), aunque de momento me voy a reservar la solución.

Pardee vs. Rubinstein
Nueva York, 1929
-+                                          (4+5)

La sospecha de Vance era que durante la partida Pardee hubiera podido ausentarse durante el tiempo de reflexión de Rubinstein, cometer el asesinato y regresar al tablero. Para apoyar su idea remarca a sus interlocutores que ausentarse del tablero cuando toca mover al rival es algo habitual y que no suscita ningún interés (¡Qué tiempos aquellos! ¡Ahora te siguen hasta el baño por si se te ocurre consultar un programa de juego en el teléfono!).

Para verificar su hipótesis, Vance visita el Manhattan Chess Club (el club donde Capablanca sufrió el infarto que lo llevó a la muerte, el club donde jugó Bobby Fischer), se hace con las planillas, habla con los árbitros, calcula el tiempo que cada jugador empleó en el total de la partida, cronometra cuánto tiempo se tarde en recorrer la distancia que separa la sala de juego de la escena del crimen y, finalmente, concluye que Pardee dispuso de 45 minutos libres. Tiempo suficiente para cometer el asesinato. Pardee, pues, sigue siendo sospechoso. Al leer esta parte de la novela me preguntaba si Abelardo Castillo pudiera haberse inspirado en esta historia para su magistral relato La cuestión de la dama en el Max Lange

Finalmente, las capacidades deductivas de Philo Vance dan su fruto y en el apoteosis final descubre el nombre del asesino. Aún sin poseer las brillantes dotes del detective americano, cualquier lector hubiera tenido al menos un 50% de posibilidades de acertar el culpable: al final de la novela solo quedaban vivos dos de los personajes sospechosos.

S. S. van Dine había concebido su serie del detective Philo Vance como dos trilogías después de las cuales abandonaría el personaje. Pensaba que ningún personaje de ficción daba para más de seis novelas. Sin embargo, la necesidad de mantener un alto nivel de vida, le llevó a traicionar su intención y la serie se prolongó hasta su muerte, alcanzando una docena de títulos en total. Al final se dio la razón a sí mismo, es una opinión generalizada que sus seis últimas novelas son mucho peores que las seis primeras.

Su éxito le generó sentimientos contradictorios, se acostumbró a llevar una vida acomodada y bastante extravagante. Abandonó las drogas pero para compensarlo comenzó a explorar el mundo del alcohol. Le encantaba ser rico y excéntrico, pero lamentaba que no se le considerara ya un escritor «serio». Todo este proceso mental lo describió en un artículo de 1929 titulado Yo solía ser un intelectual y mírenme ahora.

El juego de ajedrez de Philo Vance 
Como corresponde a un adinerado dandi, es un antiguo juego de hueso y marfil conocido como ajedrez Barleycorn

Vamos a echar un vistazo a la génesis de los aspectos ajedrecísticos de El caso de los asesinatos del obispo. Al tiempo que escribía la primera novela de Philo Vance, S. S. van Dine pidió a Robert Lederer (el amigo que le permitió acceder a su biblioteca de novela negra durante su convalecencia) que le organizara un encuentro con Alexander Alekhine, en aquel entonces a punto de hacerse con el título de Campeón del Mundo de ajedrez. Lederer conocía bien al ruso por haber sido el principal organizador de las simultáneas a la ciega en las que Alekhine batió el récord mundial al enfrentarse a 26 oponentes a la vez en Nueva York, 1924.

Sin duda, Van Dine pretendía que el futuro campeón del mundo le orientara en el tema ajedrecístico que quería introducir en su cuarta novela. Hay una fotografía del encuentro entre Alekhine y Van Dine que se publicó, según el historiador del ajedrez Edward Winter, en el número correspondiente a julio y agosto de 1929 de American Chess Bulletin. Significativamente, Alekhine está mostrando un alfil negro al novelista.

Alekhine y Van Dine en la terraza del Hotel La Reine
Sin fecha, pero podemos aventurar que se tomaría entre 1926 y 1928

Es probable que Van Dine pidiera a Alekhine que le ayudara a buscar alguna posición en la que un alfil negro tuviera una actuación determinante en el desarrollo de una partida. Por motivos argumentales, un alfil debía resultar decisivo. No parece demasiado aventurado pensar que Alekhine recordara un estudio de uno de los grandes compositores rusos, Alekséi Troitski, en el que la fuerza del alfil se manifiesta en todo su esplendor. 

El estudio, publicado en el periódico de San Petersburgo Но́вое вре́мя (Novoye Vremya) en 1895, es el siguiente:

Alekséi Alekséyevich Troitski
Но́вое вре́мя (Novoye Vremya),1895
+-                                          (3+3)

Y en el visor podemos ver la hermosa solución:


Y del estudio de Troitski se deriva la posición que S.S. van Dine da en la novela y que presenta el momento en el que Pardee abandona su partida ante Rubinstein.

Es el momento de ver la solución al problema de la novela.


La traducción adolece de algún fallo menor, por ejemplo llamar «hoja de resultados» a lo que en España se conoce como planilla, la hoja de papel donde se apuntan las jugadas de la partida. Probablemente por seguir literalmente al inglés, idioma en el que se llama score sheet. 

Casi al mismo tiempo que se publicaban las novelas, Hollywood preparaba las versiones cinematográficas. Metro-Goldwyn-Mayer estrenó en 1929, el mismo año de su publicación, la película The Bishop Murder Case (David Burton y Nick Grinde. MGM, 1929), con Basil Rathbone como Philo Vance. La película es bastante fiel a la novela. Algunos fotogramas de la misma nos han servido para ilustrar esta entrada.

Basil Rathbone y los directores David Burton y Nick Grinde en el set de rodaje

FICHA TÉCNICA
S. S. VAN DINE
EL CASO DE LOS ASESINATOS DEL OBISPO 
REINO DE CORDELIA. MADRID, 2020
TRADUCCIÓN DE MARÍA ROBLEDANO

1ª EDICIÓN
THE BISHOP MURDER CASE.
SCRIBNERS. NEW YORK, 1929

martes, 9 de noviembre de 2021

EMMERICH GÖNDÖR

Emmerich Göndör, un artista que ha dejado poca huella en las redes, publicó en 1922 una colección de 24 litografías de los participantes en el Torneo de Ajedrez de Viena celebrado ese mismo año, un fortísimo torneo que terminó con la victoria del gran Akiba Rubinstein.

Göndör incluyó toques humorísticos en algunos de los dibujos. Vean si no la reprimenda que el Dr. Tarrasch le está echando a su rey al descubrirlo fumando un cigarrillo.

El artista pidió a los jugadores que firmaran sobre el dibujo, así que cada obra lleva tanto la firma del retratado como la del retratista.

Tres de los participantes en el torneo.

Géza Maróczy

 
Dr. Siegbert Tarrasch

Akiba Rubinstein

miércoles, 28 de mayo de 2008

ZUGZWANG

Acaba de publicarse en España la novela Zugzwang del escritor norirlandés Ronan Bennett. Su título permitía sospechar que dentro se hablaba de ajedrez y así es.

Es una novela de intriga histórica ambientada en el San Petersburgo de antes de la Revolución de Octubre. Concretamente narra unos acontecimientos sucedidos en Marzo de 1914. Sólo un mes antes de que comenzara el 2º Torneo Internacional de San Petersburgo que será una presencia importante en la acción.

El Torneo de San Petersburgo de 1914 fue uno de los mayores torneos disputados hasta la fecha y reunió a los mejores jugadores de la época. La nómina de participantes fue impresionante: Lasker (el 2º campeón del mundo, quien detentaba el título en aquel momento), Capablanca (quien sería el 3er campeón del mundo), Rubinstein (el jugador que mejores resultados había obtenido en los años precedentes), Alekhine (quien se convertiría en el 4º campeón del mundo), Marshall, Tarrasch, Nimzowitch, Bernstein, Gunsberg, Blackburne y Janovsky.

En este torneo, que se celebraba para conmemorar el décimo aniversario del club de San Petersburgo, fue donde se otorgaron los primeros títulos de Gran Maestro Internacional,  el máximo título que pueden alcanzar los jugadores de ajedrez. El sistema de competición era una liga entre todos los participantes, los cinco primeros pasararían a una segunda fase de donde, también por sistema liga, saldría el vencedor del torneo. Los cinco finalistas recibieron de manos del zar Nicolás II el título de Gran Maestro Internacional. Por cierto, en la novela se dice de forma errónea que esta distinción estaba destinada sólo al ganador.


Resultado de imagen

Uno de los participantes en el torneo, en la novela, era un judío de origen polaco: Avrom Chilowicz Rozental. En los agradecimientos, el autor dice que los aficionados que leyéramos la novela nos formariamos una opinión sobre qué ajedrecista real se oculta bajo esta identidad. Y nos la formamos: Akiba Kivelovic Rubinstein.

Aparte del cambio de nombre, todos los datos referidos a este personaje corresponden con la figura de Rubinstein. El mejor jugador de la época, vencedor de los torneos de San Sebastián, Bad Pistyan, Breslau y Varsovia en el mismo año (al narrador se le olvidó Vilnius). Autor de una partida inmortal en Lodz en 1907 contra Rotlewi. Y lo peor de todo, alguien que sufre una timidez enfermiza, con graves problemas mentales, a quien una mosca imaginaria perseguía sin descanso revoloteando en torno a su cabeza. Todo esto iría mermando progresivamente su juego y le ocasionaría terribles sufrimientos el resto de su vida. No cabe duda, Rozental es Rubinstein.

No me resisto a enseñarles la partida de la que se habla en el texto, conocida como la Inmortal de Rubinstein, en la que se produjo una de las combinaciones más bellas que se haya jugado nunca.


GEORG A ROTLEWI - AKIBA RUBINSTEIN
D40 DEFENSA SEMI TARRASCH
LODZ, 1907
1.d4 d5 2.Cf3 e6 3.e3 c5 4.c4 Cc6 5.Cc3 Cf6 6.dxc5 Axc5 7.a3 a6 8.b4 Ad6 9.Ab2 0–0 10.Dd2 De7! 11.Ad3 dxc4 12.Axc4 b5 13.Ad3 Td8 14.De2 Ab7 15.0–0 Ce5 16.Cxe5 Axe5 17.f4 Ac7 18.e4 Tac8 19.e5 Ab6+ 20.Rh1 Cg4! 21.Ae4 Dh4 22.g3



22...Txc3 23.gxh4 Td2 24.Dxd2 Axe4+ 25.Dg2 Th3!! 0–1


Pero, hay más ajedrez en Zugzwang. El narrador también es ajedrecista, si bien que aficionado, y durante el desarrollo de la acción juega una partida con otro de los personajes a partir de la siguiente posición:



Es una suerte de mezcla de partida por correspondencia y presencial, ya que los contendientes suelen intercambiar un par de jugadas cada vez que se encuentran. Incluso se nos dice el desarrollo previo de la partida.

OTTO SPETHMAN - REUVEN KOPELZON
B25 DEFENSA SICILIANA
SAN PETERSBURGO, 1914

1.e4 c5 2.Cc3 Cc6 3.g3 g6 4.Ag2 Ag7 5.d3 d6 6.Cge2 e5 7.h4 h5 8.Cd5 Cce7 9.Cec3 Cxd5 10.Cxd5 Ae6 11.c4 Axd5 12.cxd5 Ah6 13.b4 Axc1 14.Txc1 b6 15.Ah3 Ch6 16.Dd2 Rf8 17.0–0 Rg7 18.f4 exf4 19.Txf4 Te8 20.Db2+ Te5 21.bxc5 bxc5 22.Txc5 g5 23.hxg5 Dxg5 24.Tc2 Rh7 25.Tg2 Tg8 26.Df2 De7 27.Tf6 Rg7 28.Tf4 Rh7 29.Af5+ Cxf5 30.Txf5 Txf5 31.Dxf5+ Rh6 32.Df4+ Tg5 33.g4 hxg4 34.Txg4 Rh5

Es evidente que la función que desempeña esta partida en el texto es la de ser un trasunto simbólico de la tensión dialéctica que surge entre los dos protagonistas; además, el desarrollo de la partida (disputada realmente en un campeonato de Suiza del año 2000 entre los GM Daniel J. King y Andrei Sokolov, como se aclara en el propio libro) pretende representar el mismo transcurso de la acción: los pasos que los distintos personajes van dando hasta llegar a la conclusión definitiva, al zugzwang.

La partida continuó así.

35.Tg2 Txg2+ 36.Rxg2 Dc7 37.Df5+ Rh6 38.Df6+ Rh7 39.Rg3 Rg8 40.Rh4 Db6 41.Rh5 Rf8 42.Rh6 Re8 43.Rh7 Dc5 44.Dg7 Re7 45.Dg5+ Re8 46.Rg8 Dc7 47.Dh6 De7 48.Dg7 a6 49.a3 a5 50.a4 Rd8 51.Df8+ De8 52.Rg7 1–0



Ambos aspectos (simbolizar la tensión dialéctica y mostrar el transcurso de la acción) tienen una venerable antigüedad en la literatura que ha elegido el ajedrez como fuente de inspiración y son muchísimos los ejemplos que pueden citarse como antecedentes. Pero eso, estimado lector, será otro día.


FICHA TÉCNICA

ZUGZWANG
RONAN BENNETT
RANDOM HOUSE MONDADORI, BARCELONA, 2008
TRADUCTOR: MARC VIAPLANA