jueves, 13 de diciembre de 2018

PEDAL PUSHERS


En su número de agosto de 1944, entre mapas detallando la evolución de los frentes oriental y occidental en la II Guerra Mundial, la revista Life, en su apartado dedicado a la «vida moderna», explicaba como la generalización del uso de bicicletas entre las jóvenes estudiantes había determinado la moda de fabricar pantalones cuyo largo se ajustara a las rodillas, para evitar que se mancharan con la cadena que impulsa a dicho vehículo. Anunciaba, también, para el cercano otoño el lanzamiento de una nueva línea de esta prendas —bautizadas pedal pushers (pedaleadoras)—. El artículo se extendía sobre qué universidades consideraban estas prendas «admisibles» solo en el campus y qué otras las permitían también en clase.

En el campus del Colegio Sarah Lawrence, en Bronxville, Nueva York, las modelos Arline Dahlman (izquierda) y Tee Matthews lucen unos pedal pushers de Gary Flannel en esta fotografía de Philippe Halsman. 

¡Y también juegan al ajedrez!

miércoles, 12 de diciembre de 2018

SUS SATÁNICAS MAJESTADES

En 2016, el sello Reel to reel sacó al mercado una edición limitada de una serie de grabaciones inéditas que los Rolling Stones realizaron en 1964 para la discográfica Chess.




lunes, 10 de diciembre de 2018

JEREMY MILLAR


Jeremy Millar (1970) es un artista británico de difícil catalogación ya que se mueve en un terreno multidisciplinar y es permeable a multitud de influencias, entre ellas, como no, a la de un asiduo de estas páginas: Marcel Duchamp.


La obra que presentamos hoy es, evidentemente, una reinterpretación más de la célebre foto que Julian Wasser tomara de Duchamp jugando al ajedrez contra Eve Babitz en la exposición retrospectiva que el Museo de Arte de Pasadena dedicó al artista francés.

Se trata de un collage de título extenso y enigmático: «Nueva York, 1920/Folkestone, 1933/Pasadena, 1963/Château de Kirwan, 1964/Toronto, 1968/Folkestone, 2006».

Realmente, las fechas que forman el título aluden a los distintos elementos que componene el collage.

En 1920, Marcel Duchamp ideó en Nueva York un ajedrez con los trebejos de distintos colores dentro del mismo juego. Esos trebejos son los que aparecen en el collage

En 1933 disputó en las Olimpiadas de ajedrez que se celebraron en Folkestone la partida de ajedrez cuya posición se muestra en el tablero.


En 1963 se celebró en Pasadena la primera retrospectiva en los Estados Unidos de la obra de Marcel Duchamp, allí se realizó la foto que está en la base de este collage.

Un château de Kirwan fue el vino que bebieron Marcel Duchamp en la performance Reunion —de la que no hemos hablado pero hablaremos— que se celebró en Toronto en 1968.

Por último, la galería Metropol de Folkestone proporcionó en 2006 el fondo de la composición.

La partida mencionada fue la que le enfrentó al islandés Thrainn Sigurðsson. He aquí la posición final, que creo es la que se muestra en el collage de Millar.



Y aquí el desarrollo de la partida.



viernes, 7 de diciembre de 2018

ARTISTAS



Fotografía tomada durante la exposición «The Imagery of Chess» que tuvo lugar en la galería neoyorquina de Julien Levy en 1945. En primer plano, Max Ernst y Dorothea Tanning juegan con los trebejos que Ernst diseñó para la exposición. En segundo plano, Muriel Streeter juega contra Julien Levy.

Llamamos la atención sobre el hecho de que en la fotografía salen dos parejas de amantes unidas por el ajedrez.






jueves, 6 de diciembre de 2018

¡CHOCOLATE!

El maestro chocolatero francés Daniel Mercier ha creado este ajedrez de chocolate que hará de las delicias de los ajedrecistas golosos, como su seguro servidor el autor de este blog. Las blancas son de chocolate con leche; la negras, de chocolate puro. Como decía el GM húngaro András Adorján «¡las negras saben bien!». Está claro que tendré que jugar con blancas la partida.

La Escandinava... mmm... ñam, ñam... Ya me como un peoncito.

miércoles, 5 de diciembre de 2018

BOB DYLAN. LA HISTORIA DE EAST ORANGE, NEW JERSEY

Un monólogo de Bob Dylan en el Gas Light Cafe. 6 de septiembre de 1961.


Bob Dylan en la sala de ajedrez de la Sociedad Bilbaina de Bilbao en 2012
Fotografía de Sam Jones
Anatoly Karpov preside desde la pared


La primera vez que trabajé en East Orange, Nueva Jersey. 
Chicos, nunca vayáis a East Orange, Nueva Jersey, 
Es una ciudad horrible. 
Tuve que actuar en una cafetería de allí. 
Fue tan, tan malo, 
La gente jugaba al ajedrez allí.
Era lo único en que pensaban.
Ajedrez, ajedrez y ajedrez. 
La gente se acercaba
«Si vas a tocar una canción que sea una canción muy tranquila».
Y en el medio de la canción se oía: «jaque».
O: «eh, esa jugada ha sido muy buena».
Y todo tipo de cosas por el estilo.

Sí, amigos, fue tan horrible que tuve un pequeño sueño,
la primera noche que trabajé, 
sobre esto de jugar al ajedrez. 
Soñé que iba a trabajar a East Orange, Nueva Jersey, 
Y al terminar, dos días después,
fui a pedirle mi dinero al tipo:
«He trabajado dos días para ti».
Él dijo: «Bueno, está bien, no pagamos en dinero aquí».
Le dije: «¿Sí?» Me dijo: «bueno».
Me dijo: «Pagamos con piezas de ajedrez».
Le dije: «Bueno, pues dame mis piezas de ajedrez. He trabajado dos días».

Estaba un poco... pensé...
Pensé que estaba mintiendo al principio, 
pero lo tomé de todos modos. 
Me dio un rey y una dama por trabajar dos días. 
Le dije:«Está bien, está bien».
Así que tomé mi rey y mi dama, bajé a un bar, el bar más cercano que pude encontrar. 
Entré al bar y pedí una cerveza. 
En el bar, un camarero.
Le dije: "¿Puedo tomar una pinta?"
Maldita sea, me dio una pinta. 
Me pidió la pasta, 
le di mi rey y mi dama. 
Maldita sea, cogió el rey y la dama, 
Los puso bajo el mostrador, 
y me devolvió cuatro peones, dos alfiles y una torre de cambio.






martes, 4 de diciembre de 2018

DUELO DE ALFILES


Duelo de alfiles es un fascinante libro del poeta Vicente Valero (1963). Libro de viajes, de viajes físicos, en su sentido puramente geográfico, pero también de viajes literarios, de travesías intelectuales. Son varias las historias, los viajes, que se entrecruzan en esta obra mientras el autor rastrea las huellas de Benjamin, de Brecht, de Kafka, de Nietzsche y de Rilke, cuyos senderos se entrecruzan constantemente, pero todas contienen un estribillo común: el ajedrez, sintetizado en una frase que se repite en cada capítulo: «En fin, como afirman los grandes maestros de ajedrez, hasta dónde te puede llevar una partida siempre es un misterio».

El autor, que confiesa una juventud ajedrecística, juega al ajedrez —siempre viaja con un ajedrez de bolsillo— con muchas de las personas con las que se cruza en libro: un anciano pintor español, un entrañable matrimonio italiano de profesores jubilados, un excéntrico médico alemán obsesionado con el holocausto... Para terminar asistiendo como periodista especializado en ajedrez al Zurich Chess Challenge de 2012. Como es lógico, en el libro se habla mucho de ajedrez, por ejemplo del duelo Brecht-Benjamin del que nosotros hablamos aquí. Por el momento, solo vamos a comentar dos reflexiones del autor sobre el juego, aunque quizá en el futuro volvamos sobre el tema:

Una partida de ajedrez no es una metáfora del mundo pero sí puede llegar a serlo de las pasiones que lo mueven, de las tensiones infinitas de su organización social.
El ajedrez, según se dice a menudo, también representa la guerra, pero no hay guerra en el mundo que pueda terminar en tablas.

Los responsables de la editorial Periférica eligieron para la cubierta del libro el cuadro de Lubin Baugin que comentamos ayer.

FICHA TÉCNICA
VICENTE VALERO
DUELO DE ALFILES
PERIFÉRICA. CÁCERES, 2018




lunes, 3 de diciembre de 2018

LUBIN BAUGIN


¡Vanidad de vanidades, todo es vanidad! (Eclesiastés, 1:2)
Naturaleza muerta con tablero de ajedrez, también conocida por Los cinco sentidos es el más famoso de los cuatro bodegones pintados por el francés Lubin Baugin (1610-1643). La vista está representada por el espejo; el gusto, por el pan y el vino; el oído, por el laúd y la partitura; el olfato, por los claveles; el tacto, por las cartas, el monedero y el tablero de ajedrez.

Como era costumbre en la época barroca, debemos considerar que este bodegón tiene un sentido moralizante, que es realmente una Vanitas. Su intención es señalar la brevedad de la vida —las flores que ya están empezando a marchitarse— y lo superfluo de los placeres —la música, el juego— ante la certeza de la muerte. Mientras que el pan y el vino, que aluden directamente a la eucaristía, pretenden mostrar al espectador el camino de la vida cristiana.

FICHA TÉCNICA
LUBIN BAUGIN
LOS CINCO SENTIDOS (1630)
ÓLEO SOBRE TABLA (55x73 cm.)
MUSEO DEL LOUVRE