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sábado, 27 de enero de 2018

HUON DE BURDEOS


Emmanuel Joseph Raphaël Orazi, Manuel Orazi para entendernos, fue un artista francés de inspiración modernista y simbolista —y con un marcado gusto por lo esotérico (Calendrier Magique)—, que transitó por todos los caminos que ofrecen las artes gráficas: la publicidad, la escenografía y el cartelismo para teatro (Theodora, con Sarah Bernhardt) y para el cine (L'Atlantide de Pabst) y la ilustración de libros (Aphrodite de Pierre Louÿs, Salomé de Oscar Wilde o Las flores del mal de Baudelaire).

La editorial parisina Didot publicó en 1898 una edición de lujo del cantar de gesta Huon de Burdros titulada: «Las maravillosas aventuras de Huon de Burdeos, par de Francia, y la hermosa Esclaramonda; así como del pequeño rey de las hadas, Oberón». ilustrada con xilografías de Eugene Grasset y 12 láminas sobre acuarelas de Manuel Orazi (que es lo que nos importa).

La lámina que encabeza esta nota ilustra un conocido pasaje de este cantar de gesta, el enfrentamiento, con la vida en juego, entre Huon y la hija del pirata Yvorin, maestra en ajedrez. Ya sabemos —y si no podemos refresacarlo aquí— que Huon no sabe nada de ajedrez pero que salva la vida porque su hermosa rival se enamora de él en el transcurso del juego y pierde a propósito la partida.

La interpretación de esta escena por parte de Orazi presenta resabios de la pintura de historia y orientalista decimonónica mostrando un escenario casi romántico e idealizado.


HUON DE BURDEOS EN ARTEDREZ

viernes, 19 de mayo de 2017

LOS JUGADORES DE AJEDREZ DE LIBERALE DA VERONA


Liberale da Verona fue un pintor y miniaturista italiano del Renacimiento. Procedente de una familia de pintores, en su estilo se encuentra la influencia de los artistas veroneses Jacopo Bellini y Andrea Mantegna y la de Gerolamo da Cremona, artista con el que colaboró en distintas obras y con el que a veces se le confunde. El estilo de Liberale está en la transición entre el gótico tardío y el primer arte del quattrocento.

Con el nombre conjunto de Novella dei giocatori di scacchi (novela de los jugadores de ajedrez) se conoce a dos tablas realizadas por este autor que se conservan en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York (MET); siendo una de ellas, conocida individualmente como Los jugadores de ajedrez, la que encabeza estas líneas y la otra, Escena de una novela, la que puede verse siguiendo este enlace. Son dos temperas sobre tabla que se cree que sirvieron como decoración para los paneles frontales de un cassone nupcial. Ambas obras se realizaron sobre el año 1475 y, antes de acreditarse la autoría de Liberale, fueron a atribuidas a Francesco di Giorgio o a Gerolamo da Cremona.

Los cassoni, llamados en España arcas de boda, eran cofres o arcones que se instalaban en la cámara nupcial el día de los esponsales con objeto de albergar la dote que la familia de la novia aportaba al matrimonio. Eran un elemento suntuario y probablemente constituían la pieza más importante del mobiliario de la nueva familia y solían colocarse a los pies de la cama. La costumbre de regalar estos cofres se inició en los últimos años de la Alta Edad Media y principios del Renacimiento en el norte de Italia. Su propia naturaleza facilitó que fueran lujosamente decorados y algunos de los mejores pintores de la época, como es el caso de Liberale da Verona, recibían el encargo realizarlos.

Al tratarse de un objeto privado, perteneciente al ámbito doméstico, la iconografía presente en estos cassoni solía ser profana y, dada su finalidad como regalo de boda, su temática celebraba con frecuencia el triunfo del amor. 

Con el paso del tiempo, muchos de estos cassoni cayeron en manos de coleccionistas privados o de anticuarios que valoraban más las pinturas que los decoraban que los muebles en su conjunto. Así, muchos de ellos fueron desmontados para conservar las pinturas mientras que los armazones que las contenían fueron desechados. Aparte de romper y descontextualizar la obra en concreto, esta práctica propició la pérdida de algunas de las tablas y la separación de otras, que por distintos avatares terminaron en colecciones o museos distintos, dificultando la compresión de los programas iconográficos que se idearon para ellas. Tal es el caso de la Novella dei giocatori di scacchi. Tradicionalmente, se pensaba que las dos tablas mencionadas, que con posterioridad llegaron al MET procedentes de colecciones distintas, formaban parte de una misma obra pero se tardó más en relacionar una tercera tabla, conservada en Florencia, que es la prolongación de la parte izquierda de Los jugadores de ajedrez. Aunque así, por lo menos, ha quedado completo este panel, aún se ignora si faltan todavía por aparecer otras piezas que pudieran completar la decoración de otras partes del cassone.

Un fotomontaje digital de los tres fragmentos da el siguiente resultado:


Los historiadores piensan que la obra así reconstruida representa dos escenas sucesivas de una misma novella (la novella renacentista era más bien un cuento corto que una novela tal y como hoy las concebimos). Pese a todo, ha sido imposible establecer con seguridad a qué novella pertenecen las escenas representadas.

Lo que vemos en las obras es lo siguiente: 

En la tabla Escena de una novela vemos a un joven, sentado sobre unas rocas, conversando con una muchacha que se asoma desde el balcón de una edificación. El hombre va acompañado por otros tres jóvenes que permanecen de pie detrás de él. La gestualidad de los dos protagonistas principales es compleja y difícil de interpretar intuitivamente. Tradicionalmente se ha pensado que esta escena muestra el desarrollo de un cortejo amoroso (la tradición de apostarse frente a la ventana de la amada ha durado hasta hace bien poco y ha dejado una huella profunda en todas las artes).

En la tabla de Los jugadores de ajedrez vemos a los dos mismos protagonistas sentados a una mesa delante de un tablero de ajedrez. Detrás del hombre están, aparentemente (hay algún cambio en la vestimenta), los tres mismos compañeros de la tabla precedente y más atrás aún, otro grupo de jóvenes. Todos ellos parecen seguir con expectación la partida. Detrás de la mujer se disponen otras tres jóvenes, más una cuarta medio tapada, y podemos suponer que si las dimensiones del cassone hubieran permitido prolongar la escena habría un número de mujeres similar al de hombres que hay al otro lado de la composición. A diferencia de los hombres, las mujeres parecen desentenderse de la partida y sus rostros reflejan unas emociones más intensas que las de aquellos: enfado, angustia, tristeza o disgusto. Tampoco la cara de la protagonista parece expresar una gran dicha precisamente. De este hecho, algunos investigadores deducen que la pintura representa el momento en el que la mujer acaba (o está a punto) de perder la partida. 

Se ignora para qué novios se realizó este cassone. Se ha sugerido, en cualquier caso, que debía ser para unos contrayentes pertenecientes a la burguesía y no a la aristocracia por la ausencia de componentes heráldicos en la composición. En cualquier caso, la finalidad como regalo nupcial de este objeto no casa muy bien con una interpretación que sugiera que el enlace representa una pérdida para la novia.

De todas formas, una mirada de cerca al tablero no nos aclara el tema de quién ganó la partida porque la representación del juego no es realista. Están jugando sobre un extraño tablero de 14 por 8 casillas en el que todas las piezas son del mismo color. Lo seguro es que el hombre esta ejecutando una jugada sosteniendo entre el pulgar y el índice de su mano izquierda una pieza difícil de identificar.


Para intentar comprender qué quiere decir lo representado se ha recurrido, como hemos dicho, a la literatura. Inicialmente se propuso como fuente de inspiración para esta escena un cantar de gesta francés del siglo XIII, Huon de Burdeos. El argumento de este cantar es el siguiente: Huon, que ha matado accidentalmente al hijo del emperador Carlomagno, será condenado a muerte sino cumple una serie misiones aparentemente imposibles de realizar. Básicamente tiene que viajar allende el Mar Rojo, ir a la corte de Gaudisse, emir de Babilonia, entrar en su palacio cuando estén sentados a comer, matar al primer caballero que le salga al paso, besar tres veces a Esclaramunda, la hija del emir, y:

le demandaréis de mi parte —dice Carlomagno— que me envíe mil gavilanes mudados, mil osos, mil perros de presa bien encadenados, mil jóvenes de noble linaje, mil doncellas de gran belleza. Y de su barba, el blanco bigote; y de su boca, cuatro muelas.

Carlomagno, con este encargo, realmente estaba condenando a muerte a Huon.

En esas de cumplir el encargo estaba Huon cuando fue capturado por Yvorin, el hermano de Gaudisse. Yvorin preguntó al cristiano que qué sabía hacer y este le contestó que, entre otras muchas cosas, jugaba muy bien al ajedrez. Yvorin, entonces, le propuso un reto: se enfrentaría con su hija que nunca había perdido una partida de ajedrez y era una doncella de gran belleza. Si ganara, permitirá que Huon pasara la noche con su hija y le recompensaría con una gran suma; si perdiera, perdería también la cabeza.

Huon aceptó y ya al poco de comenzar la partida parecía claro que iba a perder la cabeza en su lentido lato. Pero la hija de Yvorin pensaba de otra manera, se había enamorado de Huon y se dejó ganar la partida. Huon, vencedor inesperado, aceptó el premio en metálico pero rehusó pasar la noche con la princesa lo que motivó la cólera de esta y su arrepentimiento por no haber dado mate a Huon. Al final y con la ayuda de Oberón, rey de las hadas, Huon logrará cumplir el encargo de Carlomagno y regresar a Francia.

Sin embargo, hoy en día los historiadores rechazan que sea Huon de Burdeos la fuente iconográfica de estas dos tablas. Sobre todo porque la Escena de una novela no puede relacionarse con nada de lo que pasa en el cantar de gesta. Aparte de que los jóvenes, vestidos a la moda de Siena, que acompañan al protagonista de la tabla Los jugadores de ajedrez mal se acomodan como feroces piratas sarracenos. Tampoco se ha encontrado nada que se corresponda adecuadamente con lo visto en las muchas obras medievales en las que el ajedrez hace presencia.

Así pues, el significado de esta obra permanece oculto, aumentando el fascinante misterio que emana de la tabla. ¿Quiénes son las personas retratadas? ¿Qué significa la partida de ajedrez? ¿Representa relamente a unos novio? ¿Qué apuesta había en juego que fuera lo suficientemente alta para explicar la turbación de las doncellas que acompañan a la dama protagonista? Quizá un día un hallazgo casual o el acierto de un historiador nos permita interpretar adecuadamente esta obra.

FICHA TÉCNICA
LIBERALE DA VERONA
LOS JUGADORES DE AJEDREZ circa 1475
TEMPERA SOBRE TABLA. 34,9 x 41,3 cm.
MUSEO METROPOLITANO DE ARTE DE NUEVA YORK

ANÓNIMO
HUON DE BURDEOS
SIRUELA. MADRID, 2002
TRADUCCIÓN DE JAVIER MARTÍN LALANDA

lunes, 28 de abril de 2014

HUON DE BURDEOS


Placa de marfil conservada en el Museo Lázaro Galdiano de Madrid. Es una talla de escuela parisina fechada entre 1375 y 1400.

Como fuente iconográfica se ha propuesto el romance francés del siglo XIII Huon de Burdeos. Huon es un caballero francés que mata en defensa propia a Charlot, el hijo de Carlomagno. El emperador lo exilia del reino y le impone una serie de pruebas aparentemente imposibles de cumplir como condición para otorgarle el perdón.

Huon parte al exilio y con la ayuda del mago Oberon se encamina a cumplir su misión que no es otra que conseguir el bigote y cuatro muelas del emir Babilonia, Gaudisse. Una de las aventuras que corre le lleva a ser capturado por Yvorin, el hermano de Gaudisse. Yvorin interroga a Huon sobre las cosas que sabe hacer y este entre otras cosas se jacta de ser un gran jugador de ajedrez. Al oír esto el emir le reta:
…me gustaría ponerte a prueba en el ajedrez. Tengo una hija de gran belleza, tan maestra en el ajedrez que aún no ha conocido la derrota. Por Mahoma que jugarás con ella con las siguientes condiciones: si te da jaque mate, te cortaré la cabeza; y ahora viene la contrapartida: si consigues que mi hija se declare vencida, entonces prepararé un lecho en mi cámara para que pases la noche con ella a todo tu placer, y, a la mañana siguiente, apenas sea de día, tendrás cien libras de mi tesoro para lo que quieras. 
Sin embargo, la princesa tiene otros planes:
Mi padre está loco de atar. Por aquel a quien adoro, hombre tan bello no morirá por mi causa, pues antes me declararé vencida.
Se apareja un tablero "que está esmaltado de oro y plata, mientras que sus piezas son de oro puro" y los contendientes empiezan la partida. Las habilidades ajedrecísticas de Huon parecen inexistentes y pronto "muy diezmada se encuentra la mesnada del joven". Pero el amor ha prendido fuerte en el corazón de la muchacha que "tanto piensa en él y en lo bello que es, que se distrae y pierde la partida". Huon se ha salvado por los pelos. Pero no reclama el total cumplimiento de los términos del pacto. Acepta el dinero aunque declina pasar la noche con la hija de Yvorin, lo que a la princesa no le sienta nada bien. Ha quedado humillada por amor delante de su padre y la corte y ahora queda desairada. No puede reprimir una amarga queja:
¡A fe mía, que Mahoma te confunda! Si hubiera sabido lo que ibas a hacer, ¡por Mahoma que te hubiera dado el mate!

FICHA TÉCNICA

PLACA DEL JUEGO DE AJEDREZ
ESCUELA PARISINA
MARFIL. 8x10,5 cm
MUSEO LÁZARO GALDIANO. MADRID

HUON DE BURDEOS
SIRUELA. MADRID, 2002
EDICIÓN DE JAVIER MARTÍN LALANDA

miércoles, 16 de enero de 2008

LA PARTIDA DE AJEDREZ

En la entrada de hoy pretendemos mostrar la pervivencia de un tema ajedrecístico a lo largo de los siglos y ver la manera en que se plasmó en distintos momentos históricos y a través de artes diversas.

Cuenta la historia de una peligrosa seducción que se produjo en el transcurso de una partida de ajedrez. Y vamos a verla al revés de como sucedió. Esto es, empezando por lo más moderno.



El cuadro que encabeza estas líneas se titula “La partida de ajedrez” y fue pintado a finales del siglo XIX por el artista italiano Gerolamo Induno. Induno fue uno de los más conspicuos representantes del arte del Risorgimento y su obra se centró en la elaboración de escenas de género donde mostraba la cotidianeidad burguesa y en la representación de escenas sacadas de la literatura de la época.

Este es el caso de “La partida de ajedrez” que ilustra un pasaje de la obra de idéntico título compuesta por Giuseppe Giacosa en 1871.

La obra, ambientada en el siglo XIV, cuenta la historia de Renato, un viejo señor feudal, y de su hija Yolanda. Ambos viven aislados en un castillo en los Alpes. Pese a la insistencia de su padre, Yolanda rechaza tomar marido y vive dedicada al cuidado de su padre y al juego del ajedrez en el que se ha convertido en una experta.

Un día, la monótona vida del castillo se ve rota por la llegada de un antiguo camarada de armas de Renato, el conde Oliverio de Fombrone, y su paje Fernando. Éste es un joven apuesto y valeroso pero su orgullo molesta a Renato. El enojo de éste alcanza su cenit cuando el joven le dice que aprendió los difíciles movimientos del ajedrez y que nadie le supera en dicho juego. Decidido a dar una lección al paje le insta a jugar contra su hija:

Renato
Perderás, lo predigo.
Fernando
Ya veremos, ¿y la apuesta?
Renato
¿La apuesta? Si vences te daré por esposa a mi hija Yolanda.
Fernando
¿Y si pierdo?
Renato
La muerte.
Fernando
La oferta es demasiado buena para aponerle un reparo.

La partida pronto toma mal cariz para Fernando quien rápidamente pierde una pieza. Pero Yolanda, mientras juega y conversa ocasionalmente con el joven, se va enamorando de él. Comienza a advertirle sus jugadas débiles, pero al darse cuenta de que ni aún así va a lograr Fernando superarla, empieza ella misma a hacer jugadas flojas hasta quedar en una posición desesperada. Este es el momento elegido por Induno para su obra. El diálogo que se desarrolla es el siguiente:

Renato 
Fernando, escúchame. Suspende el juego. Estaba loco cuando te lancé este desafío. Elige entre mis castillos, el más grande, el más rico, es tuyo. Pero cancela este pacto imposible. Devuélveme el compromiso. Te haré rico y noble... Es un padre quine te lo pide.
Fernando
Señor, ante tal oferta solo tengo una respuesta: amo a su hija. Conde, tengo su palabra.

Yolanda, temiendo quizá la insistencia de Renato, mueve ella misma una pieza de Fernando y se da jaque mate. El drama ha terminado, Fernando y Yolanda contraerán matrimonio.

La obra obtuvo un gran éxito en Italia. Si el amable lector desea hacerse una idea de cómo se representaba, la siguiente foto recoge una función de 1873, por tanto casi contemporánea a la publicación del libro, a cargo de la compañía de Luigi Bellotti-Bon.



El pintor ha tomado buena nota de lo descrito en la obra. Si comparamos el cuadro con la acotación que abre la obra, tomada directamente de la versión de Francisco Villaespesa, veremos la fidelidad con que el pintor ha seguido al escritor:

Una sala en el castillo de Renato, con las paredes cubiertas de tapices, y el techo de madera artesonada. A la derecha una amplia chimenea, en cuyo frontispicio aparecen pintadas las armas de la casa. Frente a la chimenea, a la izquierda, una gran ventana, con vidrieras emplomadas. En un ángulo de la estancia, junto a la chimenea, se abren dos puertas gemelas: una conduce a las habitaciones interiores, y la otra a la escalera. Escabeles, sillones de alto respaldo, cubiertos con cojines blasonados. Doseles de seda. Bancos y arcones de madera tallada. En el primer término de la izquierda, una mesa con un juego de ajedrez.

Giacosa dice en el prólogo de su obra que se ha inspirado en una antigua fábula para el argumento de su historia. La fábula en cuestión es un antiguo cantar de gesta francés del siglo XIII: Huon de Burdeos.

En efecto, la inspiración en el antiguo cantar es evidente. El libro cuenta las desventuras de Huon que, víctima de una traición, incurre en la enemistad de Carlomagno quien le impone una serie de pruebas aparentemente imposibles de cumplir para otorgarle el perdón. Con la ayuda de Oberón, rey de las hadas, va consiguiendo superarlas.

La aventura ajedrecística tiene lugar cuando Huon es capturado por el emir Yvorin. Como en la obra de Giacosa, el rey pregunta a Huon qué oficios sabe desempeñar. Huon se jacta de dominar muchas artes entre ellas: “se me dan bastante bien las tablas y el ajedrez, juegos en los que no creo que nadie pueda superarme”. El emir, molesto por la vanidad de Huon le propone lo siguiente:

…me gustaría ponerte a prueba en el ajedrez. Tengo una hija de gran belleza, tan maestra en el ajedrez que aún no ha conocido la derrota. Por Mahoma que jugarás con ella con las siguientes condiciones: si te da jaque mate, te cortaré la cabeza; y ahora viene la contrapartida: si consigues que mi hija se declare vencida, entonces prepararé un lecho en mi cámara para que pases la noche con ella a todo tu placer, y, a la mañana siguiente, apenas sea de día, tendrás cien libras de mi tesoro para lo que quieras.

Huon, al igual que Fernando, pronto demuestra su ineptitud para el juego y queda en posición desesperada. Pero al igual que ocurrirá seiscientos años después, la hija del emir Yvorin se enamora de su rival y se deja ganar para salvarle la vida.

Lo que ocurre después difiere con respecto a la obra del siglo XIX: Huon, a pesar del comprensible enfado de la princesa, acepta el dinero pero rehúsa pasar la noche con su salvadora. ¡La verdad es que así no se comporta un caballero!

FICHA TÉCNICA


GEROLAMO INDUNO

LA PARTITA A SCACCHI (1881)
ÓLEO SOBRE LIENZO. 31,5X42,5 cm.
GALLERIA D'ARTE MODERNO DI MILANO



GIUSEPPE GIACOSA

LA PARTIDA DE AJEDREZ. LEYENDA DRMÁTICA EN UN ACTO
BIBLIOTECA DEL TEATRO MUNDIAL. BARCELONA, 1916
TRADUCCIÓN DE FRANCISCO VILLAESPESA


HUON DE BURDEOS
SIRUELA. MADRID, 202.
EDICIÓN DE JAVIER MARTÍN LALANDA