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Viñeta I —Déjeme ver. Viñeta II —¡Vaya! Un material bien extraño para tallar unas piezas. Viñeta III —¿Quiere que le diga de qué están hechas las piezas? —Se lo ruego. Viñeta IV ¡De huesos humamos! |
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| —En efecto, sir Douglas. ¡Jaque mate con el caballo! —Tengo que admitir que eres un gran jugador, Maximilian. |
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| —Has ganado, hijo mío. —Sí, con un jaque de torre. |
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Viñeta I —¡De acuerdo! —¡Trae el tablero! Viñeta II —Estoy lista. —¡Comencemos! Viñeta III La partida es larga —Juegas muy bien, Sandy. —Me voy apañando. Viñeta IV —¡Cuidado con vuestro caballo, Max! |
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| —Bueno, ya que insistes en dejarme ganar. ¡Jaque mate con el alfil! |
No se sabe si es que ella se dejó o si fue que Lord Max estuvo inspirado, el caso es que éste ganó la partida y se dispuso a cobrar su premio. En esas estaban, ju, ju, ja, ja, por las galerías del castillo cuando la joven McDaniels dio un resbalón que le hizo chocar contra una vetusta armadura de las muchas que poblaban el castillo con la mala suerte que la alabarda que portaba cayó sobre su nacarado cuello. Digamos que Miss McDaniels ya no tendrá ocasión de sentar cabeza.
No necesitó Maximilian ninguna prueba más para convencerse de que los trebejos y el tablero estaban malditos. Otra muerte y, como cabía esperar, provocada por un alfil. Desesperado, trató de destruir el juego pero lo único que consiguió fue convocar accidentalmente al espectro de Dorothee Smallsonn, quien compareció también en pelotas, por cierto.
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Viñeta I Entonces, misteriosamente... —¡Aaah! Viñeta II —¡Maxilimilian! —¿Quién eres? |
El espectro despareció entre llamas y Jones se retiró a sus aposentos en busca de sosiego y descanso. En medio de la noche, los sueños volvieron a acosarle...
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| —¡Oh, la buhardilla se ha convertido en un gran tablero de ajedrez! |
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| —¡Es tu última partida, Maximilian Jones! |
Llegados a este punto no nos cabe sino lamentar el poco conocimiento de las leyes del ajedrez que tienen los seres infernales. Como el lector habrá advertido, siempre que el terror pánico le haya permitido observar con detenimiento la imagen, los personajes de la función se han colocado dejando un escaque negro a la derecha, cosa que ni en el inframundo ni en éste está permitida. ¿Sueño o realidad? ¿Fue todo un delirio fruto del tremendo desgaste que una serie concatenada de terribles desgracias volcó sobre el desdichado Maximilian Jones? ¿O fue realmente una inicua venganza surgida del pasado? Nunca lo sabremos. Lo cierto es que fue la última partida de Maximilian Jones porque al día siguiente...
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| Al día siguiente... —¡Qué tragedia! —¡Un paro cardíaco! ¡Extraño en un joven de su edad! |
Algunos malintencionados opinan que el no reconocimiento de la autoría, tanto de los dibujos como de los textos, se debe a una mala praxis empresarial de los editores de la publicación. Nada más lejos de la realidad. Es la mínima precaución exigible para salvaguardar su integridad. Cuando uno se acerca demasiado a lo desconocido, cualquier precaución es poca.
Un gran amigo, Nacho Pérez Ortiz, afrontando quién sabe qué riesgos, puso en mis manos el manuscrito que contiene esta historia pensando que hallaría en ella algo de interés, cosa que le agradezco. Yo lo he transcrito con apenas los cambios mínimos indispensables para adecuar este cruda historia a las normas del decoro que nuestro siglo exige.
* Nota. El cronista reconoce que no entiende muy bien esta parte de la historia.

















