domingo, 1 de febrero de 2026

LANZAROTE DEL LAGO. LA VULGATA

Dentro de la conocida como Materia de Bretaña, la historia mitológica de las islas británicas y de Bretaña, centrada en el rey Arturo y sus caballeros de la Mesa Redonda, se conoce como la Vulgata a un conjunto de cinco volúmenes escritos en prosa, en francés, durante el siglo XIII. La obra narra la vida y muerte de Arturo, la búsqueda del Grial y la historia de Lanzarote del Lago y sus amoríos con la reina Ginebra, la esposa de Arturo.

Como es frecuente en la Materia de Bretaña, el ajedrez está presente de forma notable en la vida de los personajes. Ya hemos tratado de este tema en algunas notas. Hoy vamos a ver las referencias que hemos encontrado en el texto.

La primera referencia surge cuando describe al rey traidor Claudas de Tierra Desierta, quien ha despojado de sus bienes al rey Ban, padre de Lanzarote, privándolo así de su herencia:    
Se levantaba temprano y comía, pero ni jugaba al ajedrez, ni a las tablas, ni a ningún otro juego, a no ser de los de poca importancia.
(Lanzarote del Lago. La reina del gran sufrimiento, capítulo VIII)
Aprendió a jugar al ajedrez, a las tablas y a todos los juegos que veía con tanta facilidad que cuando llegó a la adolescencia no le faltaba nada que saber.
(Lanzarote del Lago. La reina del gran sufrimiento, capítulo IX)

El pensamiento medieval creía que la herencia era más importante que las condiciones sociales en las que se vivía. Por ello, los héroes de ficción siempre destacan entre la gente del común al desarrollar sin esfuerzo las cualidades caballerescas que les pertenecen por cuna. En nuestra nota a El libro del caballero Zifar tratamos el tema.

Ya hemos comentado en ocasiones anteriores que el ajedrez es el pasatiempo preferido de damas y caballeros y que no hay prácticamente fiesta medieval en la que no aparezca. Pero también en sus prisiones juegan al ajedrez. Los caballeros retenidos en el Valle de los Falsos Enamorados, donde todos los caballeros que han faltado aunque sea de pensamiento a sus damas quedan recluidos por el encantamiento lanzado por el hada Morgana:
La prisión en aquel lugar era algo más soportable de lo que se puede imaginar, pues tenían bebida y comida según sus necesidades y cuanta querían, y tenían solaz en los prados y en las mesas, podían jugar al ajedrez y bailar y danzar durante todo el día con el entretenimiento de violas, de arpas y de otros instrumentos.
(Lazarote del Lago. El valle sin retorno, capítulo XCIII)

Y cuando Lanzarote libera a los caballeros del valle de los falsos enamorados, estos buscan alojamiento en el castillo de un pariente de ellos.
El escudero se marcha tan deprisa como puede y cabalga hasta llegar al castillo de Roevent, donde encuentra al tío de Quehedins sentado sobre una alfombra, jugando al ajedrez con una dama de extraordinaria belleza, que estaba sentada frente a él.
(Lanzarote del lago. El valle sin retorno, capítulo XCVI)

Los temas se repiten, así cuando Lanzarote está en la tierra del rey Bandemagus de Gorre y es retado por su hijo, Meleagant, se dirigen a un gran prado:
...que estaba lleno de doncellas, caballeros y criados que bailaban y cantaban unos mientras que los otros se entretenían en bohordar y jugando a las tablas y al ajedrez.
(Lanzarote del Lago. El libro de Meleagant, capítulo CVIII)

Un tema insólito surge cuando los caballeros de la Tabla Redonda están buscando a Lanzarote:
Mientras hablaban de este modo llegó a ellos un gran caballero, armado con armas pintadas como tablero de ajedrez.
(Lanzarote del Lago. El libro de Meleagant, capítulo CXXV)

Era Brandebán de Taningues.

Pero es en la aventura del Bosque Perdido donde el ajedrez tiene una especial relevancia:
—Os ruego, pues, si me amáis, que hagáis otro hechizo por el que podamos divertirnos; que sea hecho con tanta sutileza que todos los que lo vean lo tengan como gran maravilla.
Él le contestó que así lo haría, ya que ella se lo pedía.
Entonces construyó un ajedrez de oro y de plata, el más rico y el más hermoso que nunca se hizo ni se vio, y él mismo hizo el tablero con una piedra preciosa que valía más de mil libras. Cuando ya tuvo las piezas y el tablero, los llevó un día después de cenar ante la doncella y le dijo:
—Mirad este juego de ajedrez, doncella, nunca visteis otro igual.
—¿Por qué?
—Por Dios, os lo voy a mostrar.
Coloca entonces las piezas en su sitio, como si fuera a empezar a jugar y le dice a la doncella que tome las que quiera, pues iban a jugar.
—¿Contra quién voy a jugar? No será contra vos, que no sabéis nada en comparación conmigo.
—Jugad lo mejor que podáis, pues no conseguiréis hacerlo tan bien como para que no os dé mate en el ángulo.
Al oír estas palabras, adelanta un peón para ver qué pasaba; al instante se adelantó otro peón sin que nadie lo tocara. Al ver que las piezas mismas juegan contra ella sin ayuda de nadie, se esforzó en jugar con gran habilidad, para ver el final; sabía más del juego del ajedrez que ninguna mujer de aquel tiempo; pero no supo jugar tan bien como para no recibir mate en el ángulo. Cuando vio el juego, dijo que allí había una gran maestría y que había sido construido con gran saber; luego le preguntó si recibirían mate todos los que jugaran.
—No, pues vendrá un caballero agradable y discreto, amado sobre todos los demás y que sabrá tanto del ajedrez y de otros juegos que no encontrará a nadie que se le pueda comparar en el mundo en sutileza; por él recibirán mate estas piezas y todos los demás perderán, menos él; la virtud de este juego durará mientras él viva, pero cuando muera, dejarán de jugar las piezas por sí mismas.
Así fue como se creó el juego de ajedrez mágico, el clérigo y la doncella murieron, no sin jugar muchas partidas en él y después siguieron jugando otros siempre sin poder vencer en el juego. Cuando le contaron esto, Lanzarote exclamó:
—Ahora, ya que esta aventura ha terminado, tengo que ver la del ajedrez, pues de otra manera no podría irme de aquí sin recibir afrenta.
El anciano ordena que traigan inmediatamente el ajedrez, y así lo hacen; lo colocan encima de una manta forrada. Lanzarote contempla las piezas un buen rato, pues eran bellas, ricas y labradas con gran habilidad; coloca las de plata y luego hace lo mismo con las de oro. Después de poner las piezas, tal como debía ser, empieza moviendo el peón de delante de la reina, y los otros hacen lo mismo. Después de jugar con el peón, mueve otras piezas hasta que acosa al rey en el ángulo y le dice: «Mate con un peón».
Cuando los de dentro ven esto, lo tienen por admirable y le dicen a Lanzarote:
—Señor, el juego es vuestro, pues habéis ganado la partida. Y ya que no habéis sido vencido aquí, tened por seguro que nunca en vuestra vida recibiréis mate, ni seréis derrotado por las armas, igual que no lo habéis sido por estas piezas, pues había sido hechas simbolizándoos a vos y a vuestra valentía.
Lanzarote envía el tablero a su amada Ginebra con un caballero con el encargo de que cuente en la corte las virtudes del ajedrez.
Luego toma las piezas y el tablero de ajedrez, que estaba en un forro de seda, se arrodilla ante la reina y le dice:
—Señora, mi señor Lanzarote os envía este ajedrez convencido de que no habéis visto nunca uno tan admirable, aunque tal vez hayáis visto semejante en riqueza.
Cuando la reina oye esto, se pone muy contenta y toma el ajedrez para verlo; el rey y todos los demás nobles se vuelven a sentar, pues deseaban ver lo extraordinario del juego. El caballero les dice que es hermoso y rico, y en ello coinciden todos, diciendo que nunca vieron otro semejante en belleza y riqueza. Luego, el caballero coloca las piezas tal como deben estar, y cuando ya están preparadas para jugar le dice al rey:
—Señor, escoged al que más sepa y haced que juegue. Os digo que no sabrá tanto como para que no reciba mate en el ángulo.
El rey responde que jugará él personalmente.
—No lo hagáis, señor —le contestan sus nobles—, pero dejad que sea mi señora la reina la que juegue, que sabe más que todos los que estamos aquí dentro.
El rey lo acepta. Hace que la reina se siente a jugar y ésta comienza lo mejor que sabe; pronto se sorprenden los presentes al ver que las piezas juegan ellas solas contra la reina: lo consideran encantamiento, y así era sin lugar a dudas. La reina se esfuerza en jugar bien y pone todo su entendimiento en ello, porque habían venido a ver el juego muchos hombres importantes; pero a pesar de todo, no supo lo suficiente como para no recibir mate al final. Comienza a reírse todo el mundo en el salón al ver que la reina ha perdido el juego, el rey se burla de ella y la reina le pregunta al caballero que lo había traído si Lanzarote había jugado con el ajedrez.
—Señora, sí.
—¿Y cómo le fue? ¿Fue burlado?
—Señora, no, sino que ganó el juego.
—¿Qué puedo decir de Lanzarote? —dice el rey. Ni en valor, ni en belleza, ni en ninguna virtud del caballero puede ser superado. Que Dios no me ayude, señora, si no os ha hecho un regalo muy hermoso enviándoos este ajedrez; agradecédselo cuando lo veáis, pues nunca ningún caballero hizo tan buen regalo a una reina.
(Lanzarote del Lago. El libro de Agravaín, capítulo CLIV)

A lo largo de todo este episodio se repite constantemente la expresión «mate en el ángulo». Se refiere a dar jaque mate en una de las esquinas del tablero. Esta forma de acabar la partida era muy apreciada en la época medieval y es citada de forma constante en multitud de romances y cantares de gesta. 


Manuscrito M. 805 fol. 253 v, conservado en la Biblioteca y Museo Morgan de Nueva York. Escrito e iluminado en el noroeste de Francia, posiblemente en Laon, entre 1313 y 1315.

Muestra tres aspectos consecutivos de la aventura del tablero mágico, contenida en El libro de Agravaín. A la izquierda, Lanzarote derrota al tablero mágico en el Bosque Perdido; centro, un caballero hace entrega del tablero a la reina Ginebra; derecha, la reina juega y pierde contra el tablero mágico.

También podemos deducir que las partidas levantaban interés entre los caballeros ya que cuando en una de sus aventuras sale por la ayuda de una doncella de un pozo donde había sido encerrado y busca a sus captores para vengarse:
...entra en el salón con la espada en la mano; allí se encuentra hasta veinte caballeros, que estaban contemplando a dos que estaban jugando al ajedrez.
(Lanzarote del Lago. La locura de Lanzarote, capítulo CLIV)

Y cuando, por fin, Lanzarote llega a la corte reunida en Camelot:
El rey ordenó que le llevaran el juego de ajedrez, para que jugara cada uno de aquellos caballeros. La reina hizo que lo trajeran de inmediato y el rey Bandemagus se puso a jugar una partida pensando que nadie sabía más que él; fueron muchos los que se admiraron al ver las piezas que jugaban contra el rey. Durante mucho rato jugó el rey Bandemagus, pero finalmente recibió mate, de forma tan mala que todos los que estaban presentes se burlaron de él. Después jugó el emperador y el rey de Norgales y fueron objeto de más burla que el rey Bandemagus. A continuación, rogaron a mi señor Galván que jugara, y recibió mate de forma peor que todos los anteriores. Entonces, éste le dijo a la reina:
 —Señora, jugad, pues vos sabéis bien.
Esta contesta que no jugará, pero le rogaron tanto que se sentó ante el tablero; jugó de tal forma que todos dijeron que llevaba la mejor parte, y a pesar de todo recibió mate. A continuación, la reina le dijo a Lanzarote:
—Señor, yo he recibido mate, vengadme.
 —Señora, con mucho gusto, pues así lo deseáis.
 —Señor —le dice el rey—, por Dios no juguéis, pues sólo serviría para que os enfadarais.
 —Señor —contesta Lanzarote—, no me enfadaré, por Dios, si recibo mate, y tampoco seré el primero en recibirlo y por eso no me importa ser matado.
 Coloca las piezas delante de él y juega tan hábilmente que todos los que los ven se sorprenden; lleva el juego de tal forma con fuerza e ingenio que hace que las piezas reciban mate y gana la partida gracias a su habilidad.
Se santiguan todos lo que están presentes por lo sorprendidos que se quedan, pues no pensaban que nadie pudiera saber tanto.
(Lanzarote del Lago. El libro de Agravaín, capítulo CLV)



Y cuando en Camelot, Arturo y su corte están esperando el regreso de Lanzarote:
Mandó que trajeran el ajedrez que Lanzarote había llevado a la corte y jugaron para aburrirse menos; pero todos los que lo hicieron recibieron mate. Cuando el rey vio esto dijo:
—¡Ay, Dios, por qué no estará aquí Lanzarote! Si estuviera podríamos ver una de sus maestrías.
(Lanzarote del Lago. La locura de Lanzarote, capítulo CLXXI)

FICHA TÉCNICA
LANZAROTE DEL LAGO
1 - LA REINA DEL GRAN SUFRIMIENTO (1987)
2 - EL LIBRO DE GALAHOT (1987)
3 - EL VALLE SIN RETORNO (1988)
4 - EL LIBRO DE LELEAGANT (1988)
5 - EL LIBRO DE AGRAVAÍN (1988)
6 - EL BOSQUE PERDIDO (1988)
7 - LA LOCURA DE LANZAROTE (1988)
ALIANZA TRES. MADRID, 1987/8
TRADUCCIÓN DE CARLOS ALVAR