lunes, 21 de agosto de 2017

en los tiempos ya passados, axedrez, tablas & dados, me fezieron mucho mal

Alfonso Álvarez de Villasandino fue un poeta castellano de época medieval que vivió a caballo entre los siglos XIV y XV. Fue un poeta profesional, es decir que se ganaba el sustento con la pluma, por lo que mucha de su producción entra de lleno en lo que se llama «poesía de circunstancias», poesía escrita para festejar acontecimientos, celebrar las virtudes de una dama (o la ausencia de ellas) y, sobre todo, halagar a nobles y reyes, cuya munificencia se esperaba. Poesía considerada menor, aunque ello no implique necesariamente menos calidad. Poesía culta y cortesana para solaz de los señores.

Su obra se conoce fundamentalmente por el Cancionero de Baena, el primer cancionero en lengua castellana, que compiló Juan Alfonso de Baena a mediados del siglo XV. Como me encantan los extensos títulos de los libros medievales no me resisto a copiarlo entero aquí. Dice: Cancionero de poetas antiguos que fizo é ordenó e compuso é acopiló el judino Johan Alfon de Baena. El original se halla en la Biblioteca Nacional de Francia bajo la signatura Esp. 37. Los motivos por los que el manuscrito del primer cancionero en lengua castellana está en Francia, después de pertenecer a la Biblioteca del Monasterio de El Escorial, constituyen una triste historia. Y no, no se lo llevaron los soldados de Napoleón.

En este cancionero, el de Villasandino incluyó unas notas biográficas en un poema en el que se dirige al rey para quejarse de su situación económica, algo muy frecuente en la temática de Alfonso Álvarez, pedir la merced regia y, de paso, defender el arte de los trobadores como profesión liberal. 
Sy con enbidia mortal
ay algunos escolares
que qujebre por los yjares
non me pueden dezir mal
saluo que por mjs pecados
enlos tiempos ya passados
axedrez tablas & dados
me fezieron mucho mal
con porfia acidental.

En su defensa ante el rey, Alfonso Álvarez señala que sus enemigos solo le pueden achacar una quizá excesiva afición al juego que se remonta a su juventud y que está ya superada. Para tranquilidad general, hacemos notar que el mal que le «fizo» el ajedrez al poeta no provino del estudio de la ciencia ajedrecística sino, con toda probabilidad, de las apuestas que se cruzaban en el juego. Durante la Edad Media era extraño que se jugara a algo sin que mediara una apuesta por medio y el ajedrez no escapaba a la regla. El hecho queda acreditado en multitud de obras literarias donde se apuestan sumas de dinero, grandes y pequeñas; bienes que podían llegar a ser tan cuantiosos como para incluir ciudades enteras; e incluso, en ocasiones, la vida. En la Edad Moderna no habían cambiado mucho las cosas —aunque algo si se había moderado la cuantía de las apuestas— y los primeros tratadistas del juego (Lucena, por ejemplo) advierten sobre ello.

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El texto proviene de una copia manuscrita del siglo XIX conservada en la Biblioteca Nacional de España. Signatura MSS 5636

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