miércoles, 18 de noviembre de 2015

JEANNE MAMMEN



Jeanne Mammen militó en el ala verista de la Nueva Objetividad, el movimiento artístico que reaccionó contra el subjetivismo del expresionismo de los años 20. Los artistas de la Nueva Objetividad aprovecharon los hallazgos estilísticos de las vanguardias pero no fueron indiferentes a la crítica social y su objetivo fue el mostrar de una forma descarnada y muchas veces caricaturesca la sociedad burguesa de la época. 

Los veristas en general (Grosz, Dix) y Jeanne Mammen en particular retrataron de forma despiadada la sociedad de posguerra y en sus cuadros menudeaban los ambientes sórdidos repletos de prostitutas, borrachos y mendigos que contrastaban con la degradación moral de una alta burguesía hipócrita y militarista que ya preludiaba el nazismo.

A los nazis, precisamente, no les hacía ninguna gracia el movimiento y cuando se auparon al poder incluyeron sus obras en la exposición «Arte degenerado», celebrada en Münich en 1937. Ser tachado de «artista degenerado» significaba no poder exponer, no poder ejercer la docencia y, en los casos más extremos, no poder ni siquiera pintar. Arte degenerado era para los nazis todo el arte moderno. Recordemos que lo que se proponía como alternativa era el llamado «Arte heroico», algo que la mayor parte de las veces no superaba el estatus de mera propaganda.

Por supuesto, la obra de Mammen tampoco gustó a los jerarcas nazis que denunciaron sus motivos como «judíos» y prohibieron la exhibición de las litografías que había hecho para ilustrar Les Chansons de Bilitis de Pierre Louÿs. Mammen, poco predispuesta hacia el «arte heroico», se retiró a una suerte de exilio interior, dejó de publicar ilustraciones en prensa y dejó de exponer sus cuadros y litografías. Solo después de la guerra pudo volver a mostrar su trabajo que se había orientado con los años hacia un estilo abstracto.

El reconocimiento de su aportación a la Historia del Arte, sobre todo por los trabajos realizados en su primera época, ha sido tardío y, lamentablemente, póstumo. Y aún así no ha sido, para la alta calidad de su trabajo, demasiado generalizado.

«El jugador de ajedrez» es una muestra perfecta de su estilo y ejemplo de un tema muy querido para la artista: los cafés de Berlín. Los amables lectores ya se habrán percatado que el tablero está mal aparejado, con un escaque negro a la derecha del jugador. Un ejemplo más del desbarajuste y la decadencia que se vivía en los últimos años de la república de Weimar. 



FICHA TÉCNICA
JEANNE MAMMEN
SCHACHSPIELER (EL JUGADOR DE AJEDREZ) 1929-1930
ÓLEO SOBRE LIENZO
BERLINISCHE GALERIE