domingo, 16 de febrero de 2014

LA CASTELLANA DE VERGY


La castellana de Vergy (Châtelaine de Vergy) es un romance francés de finales del siglo XIII que cuenta una trágica historia de amor y odio. Hela aquí.

Un caballero, vasallo del duque de Borgoña, ama a una bella castellana sobrina del duque, la dama de Vergy. Su amor es correspondido pero la dama impone una condición: sus amores deben permanecer secretos a los ojos de todos. Cuando el caballero la visite en su castillo, deberá a esperar una señal para saber que puede verla. La señal es la aparición del perrito de la castellana, entrenado para ir a buscarlo.

Sin embargo, la duquesa también ama al caballero y lo cita en su habitación con el propósito de seducirlo. El caballero, fiel a su dama y a su señor, rechaza a la duquesa quien, despechada, lo acusa de traición ante el duque y pide su destierro. Enfrentado a un exilio que significaría el alejamiento de su amada, el caballero rompe su palabra y se sincera con el duque, explicándole quien es realmente su amante. El duque aprueba la relación de su sobrina con el caballero y promete guardar el secreto.

Pero la duquesa sonsaca la verdad a su marido y enloquecida por los celos planea su venganza. Un día, con ocasión de un baile celebrado en palacio, la duquesa felicita a la castellana delante de toda la corte por su perrito tan bien entrenado. La castellana, creyéndose traicionada por el caballero, muere de dolor. El caballero, al descubrir el cadáver de su amante, desenvaina su espada y se da muerte.

El final no es menos terrorífico. El duque, que ha observado las intrigas de su mujer, espantado por la maldad de ésta, irrumpe en el baile y la decapita de un mandoble. Después pide a los cortesanos que entierren juntos a los jóvenes amantes y anuncia su intención de marchar a Tierra Santa para unirse a la cruzada como caballero templario.

El romance tuvo un enorme éxito en la Europa medieval y en particular en Italia donde Boccaccio hace una referencia a la historia en su Decamerón:
Dioneo y Fiameta comenzaron a cantar sobre micer Guglielmo y la dama del Vergel, Filomena y Pánfilo se pusieron a jugar al ajedrez.
(Giovanni Boccaccio. El Decamerón. Jornada tercera, narración décima) 
La versión italiana, además de dar nombre al caballero, Guglielmo, incluye un elemento que no podía faltar en ningún cortejo presidido por las normas del amor cortés: el ajedrez. La duquesa atrae al caballero a su cámara con el pretexto de jugar al ajedrez. Hace llevar trebejos y tablero, que dispone cerca de su lecho, y disputa tres partidas con Guglielmo antes de declararse a él

En 1395, el rico comerciante florentino Tomasso Davizzi va a contraer matrimonio con Caterina degli Alberti. En su residencia, el palazzo Davanzati, manda pintar una gran composición al fresco con el tema de la castellana de Vergy para decorar la estancia destinada a dormitorio de los esposos. El episodio en que la duquesa y Guglielmo juegan al ajedrez es uno de los pasajes escogidos por el anónimo artista. Dada la poca ejemplaridad de la historia y el terrible destino de las mujeres del romance, el regalo de Tomasso a Caterina parece, cuanto menos, inquietante.