jueves, 15 de octubre de 2009

TERESA DE ÁVILA


Teresa Sánchez Cepeda Dávila y Ahumada, Teresa de Jesús, cuya festividad celebra la Iglesia católica apostólica romana hoy 15 de Octubre, ha sido considerada habitualmente como la patrona de los ajedrecistas españoles y así se ha creído tradicionalmente aunque no conozco ninguna prueba de que tal patronazgo haya sido avalado por alguna autoridad eclesiástica competente.

Lo que no quita para que incluso para la Fabrica Nacional de Moneda y Timbre emitiera en 1982 un matasellos especial para conmemorar dicho patronazgo. (Información e imagen recogidos en Escacultura, el excelente blog de Javier Asturiano.)


En cualquier caso lo sería, lo de patrona digo, por extensión porque ya las Cortes de Castilla en 1617 la habían proclamado patrona de España, hecho ratificado por el papa Urbano VIII en 1622, lo que provocó serias disensiones entre los partidarios de Teresa y los del tradicional patrono de España, Santiago el Mayor, disensiones que más de una vez se zanjaron a palos. Hasta tal punto llegaron los palos que en 1630 un breve pontificio deja libertad a las distintas comunidades para que decidieran si consideraban a Teresa co-patrona de España o no. En 1812, las Cortes de Cádiz confirmaron el doble patronazgo.

Las razones para proponer a la santa como patrona de los ajedrecistas españoles están en que Teresa menciona el ajedrez en uno de sus libros: “Camino de Perfección”.

En el capítulo XVI, titulado: "De la diferencia que ha de haber en la perfección de la vida de los contemplativos, a los que se contentan con oración mental: y cómo es posible algunas veces subir Dios un alma distraída a perfecta contemplación, y la causa dello. Es mucho de notar este capítulo, y el que viene cabe él", podemos leer:

1. No os parezca mucho todo esto, que voy entablando el juego, como dicen. Pedítesme os dijese el principio de oración: yo hijas, aunque no me llevó Dios por este principio, porque aún no le debo tener destas virtudes, no sé otro. Pues creed que quien no sabe concertar las piezas en el juego del ajedrez, que sabrá mal jugar, y si no sabe dar jaque no sabrá dar mate. Aun si me habéis de reprender, porque hablo en cosa de juego, no le habiendo en esta casa, ni habiéndole de haber. Aquí veréis la madre que os dio Dios, que hasta esta vanidad sabia; mas dicen que es lícito algunas veces, y cuán lícita sería para nosotras esta manera de juego, y cuán presto si mucho lo usamos, daremos mate a este Rey divino, que no se nos podrá ir de las manos, ni querrá. La dama es la que más guerra le puede hacer en este juego, y todas las otras piezas ayudan. No hay dama que ansí le haga rendir como la humildad. Ésta le trajo del cielo en las entrañas de la Virgen, y con ella la traeremos nosotras de un cabello a nuestras almas. Y cree, que quien más tuviere, más le terná, y quien menos, menos. Porque yo no entiendo, ni puedo entender, como haya, ni pueda haber humildad sin amor, ni amor sin humildad. Ni es posible estar estas dos virtudes en su perfección, sin gran desasimiento de todo lo criado.

2. Diréis mis hijas, que ¿para qué os hablo de virtudes, que hartos libros tenéis que os las enseñen, que no queréis sino contemplación? Digo yo, que aun si pidiérades meditación, pudiera hablar della, y aconsejar a todas la tuvieran, aunque no tengan virtudes; porque es principio para alcanzar todas las virtudes, y cosa que nos va la vida en comenzarla todos los cristianos; y ninguno, por perdido que sea, si Dios le despierta a tan gran bien, lo había de dejar, como ya tengo escrito en otra parte, y otros muchos que saben lo que escriben, que yo por cierto no lo sé, Dios lo sabe. Mas contemplación es otra cosa, hijas, que éste es el engaño que todos traemos, que en llegándose uno un rato cada día a pensar sus pecados (que lo debe hacer si es cristiano de más que nombre) luego dicen es muy contemplativo, y luego le quieren con tan grandes virtudes, como está obligado a tener el muy contemplativo, y aun él se quiere; mas yerra. En los principios no supo entablar el juego, pensó bastaba conocer las piezas para dar mate, y es imposible, que no se da en este modo de que hablamos este Rey, sino a quien se le da del todo.
Se deduce claramente que Teresa no tenía en alta estima al juego y consideraba justificado que las monjas reprobasen que usara, aunque fuera metafóricamente, de un pasatiempo que estaba prohibido en el convento. El ajedrez es un juego mundano, aunque lícito en determinadas circunstancias, y la santa temía que lo mundano la hiciera indigna de dios. "Camino de perfección" es un libro en el que se pretenden dar avisos a las carmelitas descalzas sobre los valores que habían de guiar su vida: pobreza, amor al prójimo, humildad, mortificación y plegaria, sobre todo plegaria, y en este contexto encaja mal el "mundano" juego del ajedrez.

Además, existen serias dudas de que Teresa quisiera incluir los párrafos reseñados en la versión definitiva de su obra ya que ella misma los eliminó en la segunda redacción de la misma.

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