jueves, 4 de enero de 2018

FICCIONES EN LOS 64 CUADROS

Ficciones en los 64 cuadros es una antología de cuentos compilada por el escritor argentino Sergio Gaut Vel Hartman cuyo nexo de unión es el ajedrez; mejor, «la pasión profunda y duradera» que une a la literatura con el ajedrez, como insinúa el antólogo en el prólogo. 

En sus páginas encontramos un sutil coqueteo con el crimen perfecto, en el clásico y hermoso cuento La cuestión de la dama en el Max Lange, de Abelardo Castillo (ya visto en Artedrez aquí). 
En ajedrez nunca se está seguro de nada
Una exploración sobre los límites del pensamiento y la inteligencia artificial, en el todavía más clásico El maestro de Moxon, de Ambrose Bierce.
Luego pensé que se trataba de una máquina. ¡Un autómata jugador de ajedrez!
Una partida milenaria, disputada entre unos humildes pastores y un alienígena (o un dios), en El caballo de Dios, de Eduardo Sánchez.
—¿Qué le dijo el viejo
—Dice que lo usa para jugar al ajedrez con Dios.
Otra partida, esta centenaria, que disputan dos dinastías en un tablero que abarca toda la tierra, en El decimoquinto movimiento, de César Mallorquí.  
Que el ajedrez sea el campo de batalla.
Las postreras horas del Inca Atahualpa, en El tablero de la muerte, de Víctor Montoyaviendo como sus captores juegan al ajedrez...
...apostando esmeraldas y mariposas áureas que de un soplo se levantan del suelo.
Unas gafas de sorprendentes prestaciones, en El vejete, de David Vivancos Allepuz (de quien también hemos hablado aquí).
Un jaque siempre queda bien.

Ficciones en los 64 cuadros

Un baile que también es una partida en —y este sí que es un clásico— Gargantúa y Pantagruel, de François Rabelais. 
Después de la cena, en presencia de la reina, se celebró un baile a modo de torneo o partida, no solo digno de ser visto, sino de que de él se guarde memoria eterna.
Un repaso —y es una excepción en este libro de ficciones— al mucho ajedrez que habita en la obra de Borges, en Borges y el ajedrez, de Javier Vargas Pereira. 
Si las jugadas que se hacen en el tablero correspondieran a la realidad, las variantes imaginadas, pero no hechas, equivaldrían a ficciones literarias.
La extraña simbiosis de un ajedrecista ciego con su perro lazarillo, en Las palomas de Elista, de Vicente Herrasti.
Al igual que el diablo de las leyendas ucranianas, el ajedrez se cubre el rostro con incontables máscaras superpuestas.
Tres fotografías que cierran el círculo de la indignidad, en Mate en tres, de Ricardo Castrili.
¿Que clase de revolucionario sos que ni siquiera podés dejarte ganar con un poco de dignidad?
Y una turbia historia de amor con el paisaje de fondo de un club de ajedre en Tablero desierto, de Héctor Álvarez Castillo. 
Los otros, los que siempre buscan algo más que matar el tiempo, los que como Arnold, como yo mismo, anhelan restaurar el orden, esos no pueden dejar de sentir la herida, el dolor, la pérdida.
Interesante volumen, no solo necesariamente para los amantes del artedrez.

La ilustración de cubierta es obra del artista argentino Carlos Nine


FICHA TÉCNICA
FICCIONES EN LOS 64 CUADROS
SERGIO GAUT VEL HARTMAN (COMPILADOR)
EDICIONES DEL INSTITUTO MOVILIZADOR DE FONDOS COOPERATIVOS. BUENOS AIRES, 2004

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