miércoles, 13 de abril de 2016

SABOR A CHOCOLATE


Mucho se ha hablado en este blog del ajedrez como juego de guerra. También se ha hablado mucho del ajedrez como juego de amor. En la novela Sabor a chocolate (José Carlos Carmona. Santillana. Madrid, 2009) el ajedrez es un vehículo que llevará a su protagonista hacia el amor.

Adrian Troadec, el protagonista, se enamora perdidamente de una joven violonchelista. Para conocerla el joven Troadec va a desarrollar una serie de insólitas estrategias: aprender música —ella era músico (¿ella era música?)—, obsequiarle dulces —ella era golosa— y aprender a jugar al ajedrez —su padre, el de ella, era aficionado—. Ninguna de sus estrategias dio fruto, pero se hizo profesional del ajedrez. Y lo hizo a lo grande además, de la mano del cuarto campeón del mundo: Alexander Alekhine.

Troadec eligió a Alekhine como su mentor y las enseñanzas de este lograron hacer de su pupilo campeón de Suiza. En lo que no pudo ayudarlo fue en lo del amor. Quizá su suerte hubiera sido distinta en el caso de haberse cruzado con el rival de Alekhine, el cubano José Raúl Capablanca, quien parecía saber bastante más de amores que el ruso. Pero eso hubiera sido otra novela.


FICHA TÉCNICA
JOSÉ CARLOS CARMONA
SABOR A CHOCOLATE
SANTILLANA EDICIONES GENERALES, S.L. MADRID, 2009